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Guia Freud. 08. Formaciones Normales del Icc

Posted on: marzo 19, 2010

6.1 NORMALIDAD Y SALUD

Consideremos previamente los conceptos de ‘normalidad‘ y ‘salud‘ en psicoanálisis. La normalidad se opone a la anormalidad, y la salud se opone a la enfermedad.

NORMALIDAD: Si tomamos como norma un ser humano ideal, designaremos como normal a toda aquella persona real que se acerque a ese ideal, y como anormal a cualquiera otra que se desvíe apreciablemente de dicha norma ideal.

ANORMALIDAD: Sociólogos, psicólogos y psicoanalistas consideran que una conducta es anormal “cuando se desvía de la conducta considerada normal, tanto por parte de la sociedad donde el sujeto vive, o bien por parte de la teoría a la cual el científico adhiere. La conducta homosexual, por ejemplo, es descripta como anormal tanto porque la sociedad considera como norma a la heterosexualidad, como porque la teoría la considera una perversión del desarrollo. En el primer caso anormal significa ‘desviado socialmente’, y en el segundo significa ‘enfermo'” (Rycroft,81).

Aquellos que dan más importancia al primer criterio, tienden a considerar enferma a la persona desviada de la norma social, y por lo tanto entenderán la salud como ajuste y conformismo.

“Los vínculos entre el psicoanálisis y la biología obligan a los psicoanalistas a definir la normalidad en términos de salud (es decir en términos de integración y liberación del conflicto), y no en términos de ajustes exitosos a cualquier sociedad en particular” (Rycroft,81).

Dentro del psicoanálisis, quienes siguieron esta última línea que lo aleja de la biología y lo acerca a la sociología, están K. Horney, E. Fromm y H. S. Sullivan.

SALUD: Estrictamente, es “un estado de totalidad e integración, en cambio ‘normal’ es un estado muy próximo a cierta norma, cualquiera que esta fuere y que cada autor toma como standard de comparación” (Rycroft,104).

Cuando a continuación hablemos de formaciones normales del inconsciente, consideremos especialmente la normalidad en términos de salud, es decir como integración y liberación del conflicto patógeno.

6.2 FORMACIONES DEL INCONSCIENTE

El psicoanálisis sostiene que las pulsiones, tanto sexuales como agresivas, buscan descargarse permanentemente, pero también dice que existen barreras que obstaculizan esas descargas. Frente a esta situación conflictiva, el sujeto buscará producir de alguna forma la descarga, a pesar de la barrera.

FORMACIONES DEL INCONSCIENTE: La continua presión pulsional, las barreras que se oponen a su descarga y la instrumentación de soluciones a ese conflicto son en buena medida inconscientes: el sujeto no se da cuenta, no es consciente de estos procesos. Lo único que aflora a la conciencia son los resultados o productos de esos intentos por resolver el conflicto, exteriorizaciones de la actividad inconsciente llamadas producciones, derivados o formaciones del inconsciente.

La expresión ‘formaciones del inconsciente’ no es un término técnico específico del psicoanálisis, pero permite englobar los significados de ‘formación sustitutiva’ y ‘formación transaccional’ incluyendo en una misma idea el carácter sustitutivo y transaccional de las producciones inconscientes. En relación con este tema, consideremos los significados precisos de tres conceptos: ‘formaciones sustitutivas’, ‘formaciones transaccionales’ y ‘formaciones reactivas’.

FORMACION DE COMPROMISO O TRANSACCIONAL: “Forma que adopta lo reprimido para ser admitido en lo consciente, retornando en el síntoma, en el sueño y, de un modo más general, en toda producción del inconsciente: las representaciones reprimidas se hallan deformadas por la defensa hasta resultar irreconocibles. De este modo, en la misma formación pueden satisfacerse (en un mismo compromiso) a la vez el deseo inconsciente y las exigencias defensivas” (Laplanche, 161).

Vemos entonces que en toda formación transaccional el deseo y la defensa contra éste, los dos polos del conflicto, deben llegar a un acuerdo. Si como resultado del mismo es el deseo quien más ganó, tendremos ‘formaciones sustitutivas’, y si en cambio lo que predomina es la defensa tendremos ‘formaciones reactivas’ (Laplanche, 163 y 165). El deseo y la defensa están ambos siempre presentes, y según cada caso predominará uno u otra. De aquí que una formación de compromiso sea definido también como ‘cualquier fenómeno mental que es el producto de un conflicto, y quien expresa parcialmente a ambas partes de dicho conflicto” (Rycroft, 59).

Definamos entonces las formaciones sustitutivas, como derivados donde prevalece el deseo, y las formaciones reactivas, como derivados donde prevalece la defensa.

FORMACION SUSTITUTIVA: “Designa los síntomas o formaciones equivalentes, como los actos fallidos, los chistes, etc., en tanto que reemplazan los contenidos

inconscientes. Esta sustitución debe entenderse en un doble sentido: económico, por cuanto el síntoma aporta una satisfacción que reemplaza al deseo inconsciente; y simbólico, al ser sustituido el contenido inconsciente por otro siguiendo ciertas líneas asociativas” (Laplanche, 165).

En la formación sustitutiva el deseo busca realizarse, y para ello aflora a la conciencia sustituido por otra cosa, que se convierte entonces en una satisfacción sustitutiva. Un deseo inconsciente por ejemplo, aparece en la conciencia veladamente realizado como un chiste.

Cuando, como en los casos que estamos viendo, lo que predomina es el deseo sobre la defensa, hablamos también de un ‘cumplimiento o realización del deseo’.

CUMPLIMIENTO O REALIZACION DE DESEO: “Formación psicológica en la cual el deseo se presenta imaginariamente como cumplido. Las producciones del inconsciente (sueño, síntoma y, por excelencia, la fantasía) constituyen cumplimientos de deseo en los que éste se expresa en una forma más o menos disfrazada” (Laplanche, 87).

La representación disfrazada de un deseo es un caso particular de SIMBOLISMO: “en sentido amplio, modo de representación indirecta y figurada de una idea, de un conflicto, de un deseo inconscientes; en este sentido, puede considerarse en psicoanálisis como simbólica toda formación sustitutiva” (Laplanche, 406).

FORMACION REACTIVA: “Actitud o hábito psicológico de sentido opuesto a un deseo reprimido y que se ha constituido como reacción contra éste (por ejemplo, pudor que se opone a tendencias exhibicionistas)” (Laplanche, 162). “Proceso defensivo (mecanismo de defensa) por el cual un impulso inaceptable es dominado por la exageración o hipertrofia de la tendencia opuesta. La cortesía puede ser una formación de reacción contra la crueldad, la limpieza contra la coprofilia, etc.” (Rycroft, 59).

“En términos económicos, la formación reactiva es una contracatexis de un elemento consciente, de fuerza igual y dirección opuesta a la catexis inconsciente. Las formaciones reactivas pueden ser muy localizadas y manifestarse por un comportamiento particular, o generalizadas hasta constituir rasgos de carácter más o menos integrados en el conjunto de la personalidad” (Laplanche, 162).

La formación reactiva puede aparecer en la enfermedad o en la salud.

Desde el punto de vista clínico, “las formaciones reactivas pueden adquirir valor de síntoma por lo que representan de rígido, de forzado, de compulsivo, por sus fracasos accidentales, y por el hecho de que a veces conducen directamente a un resultado opuesto al que conscientemente se busca” (Laplanche, 162).

“La formación reactiva es considerada en la teoría clásica como una defensa obsesiva y por lo general se admite que el impulso inconsciente, rechazado, sobrevive en forma original, infantil. Algunas veces, sin embargo, se prevé la posibilidad de una formación reactiva sobre la base de la sublimación, donde el impulso infantil deja de ser reprimido para ser transformado” (Rycroft, 59).

La solución sublimatoria tiene relación con la formación reactiva como fenómeno no patológico, en la medida en que la sublimación permite el desarrollo normal del yo, como indicaron S. Freud y A. Freud (Rycroft, 102 y 109).

6.3 FORMACIONES NORMALES Y PATOLOGICAS

Los conflictos entre el deseo y la defensa están presentes en todos los sujetos, sean sanos o enfermos. Tanto unos como otros buscarán resolver ese conflicto mediante formaciones normales o patológicas, respectivamente. Las primeras son soluciones exitosas, y las segundas fallidas.

Más específicamente, hablamos de formaciones normales cuando la resolución del conflicto implica un adecuado control de las pulsiones sin demasiado gasto energético en la actividad defensiva, con lo cual el sujeto podrá derivar energía hacia actividades productivas tales como el desarrollo de su yo, o también amar y trabajar. Una formación patológica implica un inadecuado control de la actividad pulsional que obliga al sujeto a organizar su vida alrededor de una permanente acción defensiva. El síntoma es el ejemplo típico de formación patológica.

Las formaciones normales del inconsciente están también relacionadas con la preeminencia del principio de realidad sobre el principio de placer original, es decir, el sujeto que, sin dejar de buscar el placer, aprendió a dar ciertos rodeos y modos sustitutivos aceptables para disfrutarlo, sobre la base de las restricciones que le impone la realidad exterior.

A los efectos de sistematizar de alguna forma nuestros conocimientos, clasificaremos las formaciones normales en cinco grupos:

1) Fantasías

2) Sueños

3) Actos fallidos

4) Chistes

5) Sociedad y cultura

Como vemos, se trata de conductas o características socialmente aceptadas, y que de alguna forma permiten la canalización de los impulsos, o pulsiones, o deseos en una forma exitosa y eficaz. Estas formaciones normales las vemos también en los enfermos: esto significa que una formación normal no se define en términos de quién la realiza, sino en función de la definición teórica vista precedentemente. 

6.4 FANTASIAS

Consideraremos aquí las fantasías en general, sean normales o patológicas, pero haciendo especial hincapié en las primeras.

FANTASIA: “Guión imaginario donde se halla presente el sujeto y que representa, en forma más o menos deformada por los procesos defensivos, la realización de un deseo y, en último término, de un deseo inconsciente” (Laplanche, 138).

Si cierro los ojos y me imagino una escena donde una mujer está seduciendo a un hombre, esta producción imaginaria es un ejemplo de fantasía. El sujeto (yo mismo) aparezco en la escena en este caso como espectador, y mi deseo de ser seducido aparece disfrazado porque, también en este caso particular, no soy yo quien aparece sino otro.

“La fantasía se presenta bajo distintas modalidades: fantasías conscientes o sueños diurnos, fantasías inconscientes que descubre el análisis como estructuras subyacentes a un contenido manifiesto, y fantasías originarias” (Laplanche, 138). También, “las fantasías pueden ser profundas o superficiales, orales, anales, fálicas, genitales, conscientes o inconscientes, libidinales o agresivas, creativas o neuróticas, histéricas, obsesivas, depresivas, esquizoides, paranoides, etc.” (Rycroft, 58).

Si bien Freud distingue entre los diversos tipos de fantasía, a él le interesó resaltar más sus semejanzas que sus diferencias (Laplanche, 140-141): la actividad fantasmática, generadora de fantasías, es constitutiva del ser humano y, como quedó dicho, apunta a la realización de un deseo.

Podemos considerar como casos particulares de fantasías a los sueños diurnos (ensoñaciones) y a los sueños propiamente dichos, o sueños nocturnos, que se constituyen mientras dormimos.

SUEñO DIURNO:Freud designa con este nombre un guión imaginario en estado de vigilia, subrayando así la analogía entre este ensueño y el sueño. Los sueños diurnos constituyen, como el sueño nocturno, cumplimientos de deseos; sus mecanismos de formación son idénticos, con predominio de la elaboración secundaria” (Laplanche, 417).

La enorme importancia de los sueños nocturnos dentro del psicoanálisis clásico nos obliga a considerarlos separadamente, como sigue a continuación.

6.5 SUEÑOS

a) Generalidades

Nos referiremos aquí a los sueños nocturnos, o simplemente sueños, o sueños propiamente dichos, que son aquellos que aparecen cuando el sujeto está durmiendo. Empecemos entonces por distinguir ‘dormir’ y ‘soñar’.

DORMIR: Freud considera el dormir simplemente como una necesidad fisiológica. Recientes investigaciones han mostrado que el dormir comprende dos fases sucesivas: el dormir normal, y el dormir paradojal. El sueño ocurre en esta última etapa (Rycroft,48).

SUEñO, SOñAR: “Actividad mental que tiene lugar durante el dormir, [por la cual producimos] una serie de imágenes o hechos imaginados. El psicoanálisis supone que los sueños tienen significado psicológico, que pueden conducir a una interpretación de los mismos” (Rycroft, 109).

En ‘LA INTERPRETACION DE LOS SUEñOS’, Freud concluyó que los sueños, “como el síntoma neurótico, son la expresión consciente de una fantasía o deseo inconsciente que no es fácilmente accesible al estado de vigilia. Aunque los sueños eran considerados una de las manifestaciones normales de la actividad inconsciente, se demostró más adelante que se parecían a los pensamientos patológicos de los pacientes psicóticos en estado de vigilia” (Kaplan, 78).

Podríamos redondear una definición del sueño desde la teoría psicoanalítica, diciendo que los sueños son una realización alucinatoria y disfrazada de deseos infantiles reprimidos (inconscientes), tanto de tipo sexual como agresivos. Más adelante, Freud admitió que había excepciones, constituidas por los sueños traumáticos (véase recuadro). Más abajo volveremos sobre esta importante caracterización del sueño.

Didácticamente, podemos decir que los sueños atraviesan por diferentes etapas: el sueño soñado, el sueño recordado, el sueño relatado y el sueño interpretado. Esto significa que primero soñamos (sueño soñado), y luego, al despertar, podemos o no recordarlo. Si lo recordamos, luego podremos o no relatarlo. Y al relatarlo, el analista procede a interpretarlo, es decir a identificar el deseo inconsciente que buscó su realización en el sueño.

En sentido amplio, interpretar un sueño es asignarle un significado que incluso podemos dar nosotros, no sólo fuera de la sesión sino aún fuera de la teoría psicoanalítica, como cuando interpretamos un sueño como un presagio o una solución a algún problema irresoluble en la vigilia. En la teoría clásica, sin embargo, lo que tiene importancia es la interpretación realizada dentro del contexto de la sesión analítica, en el proceso de la cura.

El sueño puede ser descripto como un proceso que tiene, en sentido muy amplio, una serie de etapas que son las siguientes:

1) Iniciación del sueño

2) Trabajo del sueño

3) Interpretación del sueño

1) Iniciación del sueño: “En opinión de Freud, diversos estímulos iniciaban la actividad soñadora: estímulos sensoriales nocturnos, residuos diurnos, e impulsos infantiles reprimidos” (Kaplan, 78).

De todos ellos, especialmente importante son los deseos infantiles reprimidos, y particularmente los sexuales. Simultáneamente, mientras dormimos se relaja la censura, de manera que se debilita la represión que en la vigilia controlaba la emergencia de dichos deseos sexuales infantiles.

Los residuos o restos diurnos, por su parte, son definidos de esta manera:

RESTOS DIURNOS: “Dentro de la teoría psicoanalítica del sueño, elementos del estado de vigilia del día anterior que se encuentran en la narración del sueño y en las asociaciones libres del individuo que ha soñado; se hallan en una relación más o menos lejana con el deseo inconsciente que se realiza en el sueño” (Laplanche, 386)

2) Trabajo del sueño: Esencialmente, es un proceso por el cual los pensamientos y deseos inconscientes son disfrazados para que puedan tener acceso a la conciencia, lo que se realiza bajo la forma de imágenes, sobretodo visuales.

TRABAJO DEL SUEñO se define como el “conjunto de las operaciones que transforman los materiales del sueño (estímulos corporales, restos diurnos, pensamientos del sueño) en un producto: el sueño manifiesto. El efecto de este trabajo es la deformación (Laplanche, 438).

La DEFORMACION es el “efecto global del trabajo del sueño: los pensamientos latentes se transforman en un producto manifiesto difícil de reconocer” (Laplanche, 93). Tales pensamientos latentes son transformados en imágenes:

REPRESENTABILIDAD (CONSIDERACION DE LA): “Exigencia a la que se someten los pensamientos del sueño: experimentan una selección y una transformación que los sitúan en condiciones de ser representados por imágenes, especialmente visuales”. (Laplanche, 366).

El trabajo del sueño “utiliza diversos mecanismos, incluido el simbolismo, el desplazamiento, la condensación, la proyección y también la elaboración secundaria” (Kaplan, 78). Examinemos brevemente cada uno, teniendo presente que todos esos mecanismos sirven a un solo propósito: ocultar o disfrazar el deseo inconsciente lo suficiente como para que sea aceptable.

DESPLAZAMIENTO: “Transferencia de emociones del objeto original, a un sustituto o representación simbólica de este objeto en el sueño. Por ejemplo, la madre puede ser representada visualmente en el sueño por una mujer desconocida o alguien que tiene menor importancia emocional para el que sueña” (Kaplan, 78).

O también puede decirse que el desplazamiento “consiste en que el acento, el interés, la intensidad de una representación puede desprenderse de ésta para pasar a otras representaciones originalmente poco intensas, aunque ligadas a la primera por una cadena asociativa” (Laplanche, 98). En general, es “el proceso por el cual la energía (catexia) es transferida de una imagen mental a otra. En los sueños es lo que hace que una imagen pueda simbolizar a otra” (Rycroft, 47).

No obstante esta última afirmación, no es lo mismo desplazamiento que SIMBOLIZACION: “mientras que el simbolismo es la sustitución de un objeto por otro, el desplazamiento es la transferencia de afectos de un objeto a otro” (Kaplan, 78).

CONDENSACION: “Mecanismo por el cual varios deseos, impulsos o actitudes inconscientes se combinan y expresan en una sola imagen. Un monstruo que ataca en el sueño de un niño puede representar no sólo al padre del que sueña, sino también a algunos aspectos de la madre, y hasta también sus propios impulsos primitivos” (Kaplan, 79)

En la condensación, “una representación única representa por sí sola varias cadenas asociativas, en la intersección de las cuales se encuentra. Desde el punto de vista económico, se encuentra catectizada de energías que, unidas a estas diferentes cadenas, se suman sobre ella” (Laplanche, 76). También podría decirse que la condensación es “el proceso según el cual dos (o más) imágenes se combinan (o pueden combinarse) para formar una imagen compuesta que está investida de significado y energía derivados de ambas” (Rycroft, 40).

PROYECCION: Mediante este proceso, “los impulsos o deseos inaceptables de la persona que sueña son percibidos en el sueño como procedentes de otra persona. Además, la persona a la cual se atribuyen estos impulsos inaceptables es, con frecuencia, la persona a quien van dirigidos los propios impulsos inconscientes del que sueña. Por ejemplo, una persona que tiene un deseo intenso, pero reprimido, de ser infiel a su cónyuge, puede soñar que aquél le ha sido infiel a él” (Kaplan, 78).

Tal es el sentido propiamente psicoanalítico de proyección, que también puede caracterizarse como “la operación por la cual el sujeto expulsa de sí y localiza en el otro (persona o cosa) cualidades, sentimientos, deseos, incluso ‘objetos’, que no reconoce o que rechaza en sí mismo” (Laplanche, 306).

Al despertar, podemos recordar y relatar el sueño. En este momento comienza a funcionar el último mecanismo de disfrazamiento onírico, que es la elaboración secundaria.

ELABORACION SECUNDARIA: “Recomposición del sueño destinada a presentarlo en forma de un guión relativamente coherente y comprensible” (Laplanche, 107). Más específicamente, “las características absurdas, ilógicas y extrañas del sueño (los efectos distorsionantes del simbolismo, el desplazamiento y la condensación) adquieren la coherencia y la racionalidad retenidas por el soñador” (Kaplan, 79).

O sea, por la elaboración secundaria “un sueño es modificado por la necesidad del soñador de darle una mayor coherencia y consistencia interna. Representa la contribución de los procesos secundarios al texto de un sueño” (Rycroft, 40).

Observemos las diferencias entre los primeros mecanismos (condensación, desplazamiento, etc.) y el último mecanismo (la elaboración secundaria). Los primeros ocurren mientras la persona está dormida y soñando, y constituyen un proceso primario, mientras que el segundo ocurre cuando la persona ya se despertó y relata su sueño, siendo este relato dirigido por un proceso secundario.

En función de estas diferencias, proponemos denominar a los primeros mecanismos de’ elaboración primaria’, para distinguirlos de los segundos, ya calificados como mecanismos de ‘elaboración secundaria’ por la teoría clásica. A todos juntos podemos calificarlos de mecanismos de elaboración en general, con la precaución de no entender ‘elaboración’ como descubrimiento del paciente de las connotaciones de alguna interpretación, sentido éste que nada tiene que ver con la elaboración en el primer sentido.

El relato manifiesto del sueño es breve en comparación con su contenido latente. Esto se debe al trabajo previo de la condensación. “Sin embargo, la condensación no debe considerarse sinónimo de resumen: así como cada elemento manifiesto viene determinado por varias significaciones latentes, también sucede a la inversa, es decir, que cada una de éstas puede encontrarse en varios elementos; por otra parte, el elemento manifiesto no representa bajo una misma relación cada una de las significaciones de que deriva, de forma que no las engloba como lo haría un concepto” (Laplanche, 76).

3) Interpretación del sueño: Así como el trabajo del sueño disfraza o tapa los contenidos inconscientes, la interpretación es el proceso inverso que permitirá quitar esos disfraces e identificar los deseos, fantasías, recuerdos, pensamientos inconscientes reprimidos. Podemos entonces decir que el trabajo del sueño parte de un contenido latente y lo transforma en manifiesto, mientras que la interpretación. al revés, parte de ese contenido manifiesto para averiguar el contenido latente. Aclaremos entonces esta terminología.

El sueño posee un contenido manifiesto y un contenido latente.

CONTENIDO MANIFIESTO: Es “el sueño antes de haber sido sometido a la investigación analítica, tal como se presenta al sujeto soñador que hace la narración del mismo. Por extensión se habla de contenido manifiesto en relación con toda producción verbalizada (desde la fantasía a la obra literaria) que se intenta interpretar por el método analítico” (Laplanche, 82).

“El sueño manifiesto, que encarna el contenido experimentado del sueño y que la persona que sueña puede o no ser capaz de recordar al despertarse, es el producto de la actividad del sueño” (Kaplan, 78).

CONTENIDO LATENTE: “Los pensamientos y deseos inconscientes que, según Freud, amenazan con despertar al que sueña, son descritos como el contenido latente del sueño” (Kaplan, 78).

El contenido latente es el “conjunto de significaciones a las que conduce el análisis de una producción del inconsciente, especialmente el sueño. Una vez descifrado, el sueño no aparece ya como una narración formada por imágenes, sino como una organización de pensamientos, un discurso, expresando uno o varios deseos” (Laplanche, 81).

Qué función cumplen los sueños? Básicamente dos, interrelacionadas entre sí: realizan deseos, y son el guardián del dormir. En primer lugar mediante el sueño podemos realizar nuestros deseos infantiles reprimidos Freud afirmó que “cada sueño representa de algún modo la satisfacción de un deseo, una forma de gratificación de un impulso instintivo inconsciente en forma fantaseada” (Kaplan, 78). Se trata de un fenómeno esencialmente regresivo (véase recuadro: “Sueño y regresión“).

Los deseos aparecen realizados pero en forma disfrazada. Si apareciesen directamente generarían en la persona un monto de afecto (por ejemplo angustia o ansiedad) que la despertaría, interrumpiendo así un proceso fisiológico vital como es el dormir. Los sueños, entonces, tomados como realizaciones disfrazadas o desfiguradas de deseos, aseguran el dormir, o son el ‘guardián del dormir’ .

Según Freud la función de los sueños es preservar el dormir por medio de la representación de los deseos cumplimentados que, de otra manera, despertarían al soñador” (Rycroft, 110).

El mismo autor señala que “recientes investigaciones fisiológicas sugieren que no soñamos con el objeto de preservar el dormir, sino que, por el contrario, dormimos con el objeto de soñar” (Rycroft, 100). Efectivamente, “parece probable que la función del dormir-soñar (fase paradojal del dormir) sea la de permitir el procesamiento de los datos ingresados el día previo” (Rycroft, 48), con lo cual el dormir estaría simplemente para procesar la información mediante el sueño.

Los diferentes contenidos que aparecen en el sueño son entendidos como SIMBOLOS, es decir, como elementos que representan contenidos inconscientes. Freud utiliza (Rycroft, 107) este vocablo para referirse también a los síntomas como expresiones simbólicas.

En el caso de los sueños, el significado de los símbolos debe descifrarse según la experiencia y situación individual de cada persona. “La aparente excepción a esto, los ‘símbolos universales’ que están en los sueños, la mitología y el folklore, se explican por referencia a la uniformidad de los intereses fundamentales y perennes de la humanidad” (Rycroft, 107).

b) Sueños displacenteros

Si clásicamente los sueños expresan una realización de deseos, es decir algo en principio placentero, es preciso explicar porqué entonces hay sueños de angustia, pesadillas, sueños de castigo y sueños traumáticos

Los sueños expresan en forma disfrazada los deseos, porque en una expresión directa el displacer de la prohibición es mayor que el placer de su realización.

Cuando los mecanismos de disfraz fallan, entonces aparecen los sueños de angustia y las pesadillas, y cuando no fallan pero amenazan con fallar, aparecen los sueños de castigo. Por último, de los cuatro casos los sueños traumáticos constituirían la única excepción a la teoría del sueño como realización de deseos. Definamos cada concepto.

SUEñOS DE ANGUSTIA: Los mecanismos del trabajo del sueño sirven para descargar los impulsos evitando su descarga directa, protegiendo así al que sueña de la intensidad y dolor excesivos que acompañarían dicha descarga. Si estos mecanismos fallan, el yo reacciona angustiándose (Kaplan, 79, donde figuran como ‘sueños de ansiedad’).

PESADILLAS: “Las pesadillas y los sueños de angustia constituyen fallas en la elaboración de los sueños que normalmente convierten el deseo inaceptable del sueño latente en un sueño manifiesto ‘inofensivo'” (Rycroft, 100). La diferencia reside en el afecto liberado: terror o angustia, respectivamente.

SUEñOS DE CASTIGO: En estos, “el yo prevé la condenación del superyó si los impulsos reprimidos encuentran expresión directa en el sueño. Anticipándose a las terribles consecuencias [de esta directa expresión], en el sueño las exigencias del superyó son satisfechas y expresan fantasías de castigo” (Kaplan, 79).

SUEñOS TRAUMATICOS: En lugar de expresar la realización de deseos, estos sueños “simplemente repiten una experiencia traumática” y Freud los reconoció como una excepción (Rycroft,100,109), atribuyéndolos a la acción de una compulsión a la repetición (Laplanche, 451).

c) Sueño y regresión

En ‘LA INTERPRETACIóN DE LOS SUEÑOS’, en un agregado de 915 Freud introduce tres formas de regresión, con la idea de mostrar que el sueño es un fenómeno esencialmente regresivo, cosa que explica porqué tiene un carácter alucinatorio (regresión tópica, suspensión del examen de realidad), porqué retrotrae al sujeto a su infancia (regresión temporal o cronológica), y porqué el sueño utiliza medios de expresión y comportamientos más primitivos tipificados como procesos primarios, como por ejemplo el lenguaje en imágenes. (regresión formal).

REGRESION TOPICA: Regresión “que se efectúa a lo largo de una sucesión de sistemas psíquicos que la excitación recorre normalmente según una dirección determinada” (Laplanche,357).

“La teoría expresa que la energía que durante la vigilia va a la musculatura y es descargada en la acción, está compelida por las inhibiciones que operan en el dormir, a regresar a los órganos sensoriales provocando alucinaciones. El supuesto subyacente… es que la psiquis está construida como un arco reflejo con impulsos psíquicos que se mueven ‘normalmente’ desde las terminaciones sensoriales a las motoras, y compelidos solo durante el dormir a moverse en la dirección opuesta, regresiva” (Rycroft, 101).

El llamado ‘esquema del peine’ de Freud, intenta graficar el mecanismo de la regresión tópica.

REGRESION TEMPORAL: “En sentido temporal, la regresión supone una sucesión genética y designa el retorno del sujeto a etapas superadas de su desarrollo (fases libidinales, relaciones de objeto, identificaciones, etc.)” (Laplanche, 357). En 1916, Freud llega incluso a considerar el dormir como una regresión al estado uterino: necesitamos dormir porque al parecer “no estamos en condiciones de tolerar ininterrumpidamente el mundo exterior”.

REGRESION FORMAL: “En sentido formal, la regresión designa el paso a modos de expresión y de comportamiento de un nivel inferior, desde el punto de vista de la complejidad, de la estructuración y de la diferenciación” (Laplanche, 357) Por ello hacer una regresión significa por ejemplo desestructurarse. En términos más técnicos, regresión formal implica un retorno del proceso secundario al proceso primario (Laplanche, 358), vale decir, del reinado del principio de realidad al del principio del placer (Laplanche, 302).

6.6 ACTOS FALLIDOS

Freud desarrolla su hipótesis sobre los actos fallidos principalmente en “EL MECANISMO PSÍQUICO DEL OLVIDO” (1898), y luego, más sistemáticamente, en “PSICOPATOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA” (1901) y en el capítulo segundo de “INTRODUCCIÓN AL PSICOANÁLISIS” (1916).

ACTO FALLIDO: “Acto en el cual no se obtiene el resultado explícitamente perseguido, sino que aparece reemplazado por otro. Se habla de actos fallidos no para designar el conjunto de los errores de la palabra, de la memoria y de la acción, sino aludiendo a aquellas conductas que el individuo habitualmente es capaz de realizar con éxito, y cuyo fracaso tiende a atribuir a la falta de atención o al azar” (Laplanche, 9).

Freud demostró que los actos fallidos son, como los síntomas, formaciones de compromiso entre la intención consciente del sujeto y lo reprimido (Laplanche, 9). En otras palabras, los actos fallidos son actos generalmente insignificantes, breves y de escasa importancia en la vida cotidiana, donde el sujeto intenta deliberada o conscientemente realizar una acción, pero hace otra distinta (su acción deliberada ‘falla’) debido a la interferencia de una intención inconsciente.

Ejemplos: equivocaciones verbales, olvidos y pérdidas.

Si al iniciar su conferencia, el orador dice “Vamos a terminar… perdón, a comenzar estas charlas…”, en su equivocación aparece la intención inconsciente (desea terminar la conferencia), y luego la corrige explicitando su intención consciente (comenzar la conferencia). El sujeto puede o no advertir su error y rectificarlo.

Sinónimos: acciones fallidas, actividades fallidas, parapraxias.

PARAPRAXIA: “Una acción defectuosa debido a la interferencia de algún deseo, conflicto o cadena de pensamientos inconscientes. Los lapsus de la lengua y de la pluma son las parapraxias clásicas”, y son expuestos por Freud para demostrar la existencia de procesos mentales inconscientes en la persona sana (Rycroft, 86).

Esto significa que quedan excluidos de los actos fallidos todos aquellas conductas debidas a causa orgánica (por ejemplo las afasias motoras o sensitivas). También se excluyen acciones derivadas de fallas en la atención o la memoria consideradas normales (por ejemplo: nadie puede recordar textualmente una página recién leída).

Clasificación de los actos fallidos.- Freud establece una clasificación definitiva en “INTRODUCCION AL PSICOANáLISIS“, dividiéndolos en tres grandes grupos (esquema 1):

1) Equivocaciones verbales, que pueden cometerse al hablar (equivocación oral), al escribir (equivocaciones en la escritura), al leer (equivocaciones en la lectura) o al escuchar (falsa audición).

2) Olvidos temporales, que abarcan cuatro ejemplos importantes: el olvido de nombres propios, el olvido de palabras extranjeras, el olvido de propósitos (“no recuerdo que tenía que hacer”) y el olvido de impresiones (“no recuerdo qué pasó cuando estuve con tal persona o cuando presencié tal evento”).

3) Actos de término erróneo o pérdidas, con dos ejemplos centrales: la imposibilidad de encontrar un objeto que habíamos guardado, y perder definitivamente un objeto. Este tercer grupo de actos fallidos se caracteriza porque falta el carácter temporal, donde el olvido o la pérdida son definitivos y constituyen especial motivo de asombro o irritación por parte de quien los padecen.

Existen también actos fallidos que son una combinación de los anteriores, como por ejemplo un olvido y un error vinculados con la misma situación.

6.7 CHISTES

Esta temática aparece en Freud por ejemplo EN “EL CHISTE Y SU RELACION CON EL INCONSCIENTE” (1905) y en “EL HUMOR” (1927).

En este último texto, Freud dice que desde un punto de vista económico, el humor resulta placentero, y la fuente de este placer reside en el ahorro del despliegue afectivo: uno se ahorra los afectos que la situación hubiese provocado normalmente, eludiendo mediante un chiste la posibilidad de semejante despliegue emocional.

Mediante el humor el yo logra triunfar sobre la adversidad de la realidad. Ambos rasgos -el repudio de las exigencias de la realidad y la imposición del principio del placer- aproxima al humor a los procesos regresivos o reaccionarios que vemos en la psicopatología.

Al rechazar la posibilidad de sufrir, el humor es otro método en la larga serie de métodos usados por el aparato psíquico para rehuir aquel sufrimiento (método neuróticos, psicóticos, embriaguez, ensimismamiento, éxtasis, etc.) pero sin pagar el precio de la enfermedad.

En este proceso juega un papel importante el superyó, quien al generar el humor ‘consolaría’ al yo protegiéndolo del sufrimiento, como si le dijese “¡el mundo no es tan cruel! Es un juego de niños bueno para ser tomado en broma”.

En “EL CHISTE Y SU RELACIóN CON EL INCONSCIENTEFreud relaciona el chiste, entre otras cosas, con los sentimientos de culpa. El motivo por el cual se relata un chiste es siempre el intento de lograr la aprobación del auditorio para la culpa subyacente en los impulsos censurables ocultos en el chiste. En los términos de Fenichel, se trata de una defensa contra los sentimientos de culpa donde esta culpa es compartida, y por ende aliviada.

Fenichel refiere también que otro tanto ocurre con la creación artística y con la formación de grupos.

Así, “el artista obtiene el alivio de su sentimiento de culpa al inducir al auditorio a participar en el hecho que él, el artista, comete en la fantasía, y el espectador siente igual alivio al darse cuenta de que el artista se atreve a expresar impulsos prohibidos. El compartir la culpa tiene también una importancia básica en la formación de grupos” (Fenichel, 194).

Podemos ir advirtiendo entonces la semejanza entre el humor y otras manifestaciones de la actividad humana como el arte y la sociedad, lo que nos lleva a explicar, por último, estas manifestaciones, también como formaciones del inconsciente.

6.8 SOCIEDAD Y CULTURA

Dentro de las formaciones normales del inconsciente incluiremos, también, las llamadas manifestaciones culturales del ser humano: el arte, la filosofía, la ciencia, el juego, el deporte, las actividades recreativas, la literatura, la religión, etc., y, especialmente, las instituciones sociales (sociedad). En su dimensión como arte, también podemos incluir al humor, ya examinado anteriormente.

Si bien la RELIGION puede considerársela como una formación normal, es, de los ejemplos citados, un caso que Freud relaciona especialmente con una patología: la neurosis obsesiva.

En 1907, Freud indicaba que, dadas las muchas semejanzas entre los actos obsesivos y las prácticas religiosas, “uno puede arriesgarse a considerar a la neurosis obsesiva como una contraparte patológica de la formación de una religión, y a describir a las neurosis como una religiosidad individual, y a la religión como una neurosis obsesiva universal” (Freud, LOS ACTOS OBSESIVOS Y LAS PRACTICAS RELIGIOSAS).

A lo largo de su obra Freud ha insistido en que todas estas manifestaciones culturales y sociales no son independientes de la actividad pulsional inconsciente, y más aún: la cultura en todas sus facetas es el producto o el resultado de procesos tales como la sublimación, y ciertas descargas pulsionales coartadas o inhibidas en su fin.

En efecto, las pulsiones, originalmente sexuales y agresivas, son canalizadas creativamente hacia nuevos fines constituyendo producciones culturales, de manera tal que quedan total o parcialmente desexualizadas y desagresivizadas. Definamos, entonces, estos conceptos.

SUBLIMACION: “Proceso postulado por Freud para explicar ciertas actividades humanas que aparentemente no guardan relación con la sexualidad, pero que hallarían su energía en la fuerza de la pulsión sexual. Freud describió como actividades de resorte principalmente la actividad artística y la investigación intelectual. Se dice que la pulsión se sublima, en la medida en que es derivada hacia un nuevo fin, no sexual, y apunta hacia objetos socialmente valorados” (Laplanche, 415), aunque “Freud sugirió también la posibilidad de una sublimación de las pulsiones agresivas” (Laplanche, 417).

También la sublimación es definible como un “proceso de desarrollo por el cual las energías instintivas son descargadas en formas no instintivas de conducta.

El proceso implica

(a) un desplazamiento de energía desde actividades y objetos de interés primario (biológico) hacia aquellos de menor interés instintivo;

(b) una transformación de la calidad de la emoción que acompaña a la actividad de modo tal que es ‘desexualizada’ y ‘desagresivizada'; y

(c) una liberación de la actividad de los dictados de la tensión instintiva (o sea las variaciones en la intensidad de la actividad cultural no se corresponden con la variación de la tensión instintiva). Algunas definiciones incluyen el elemento social, o sea que las verdaderas sublimaciones serían socialmente aceptables” (Rycroft).

La sublimación y la formación reactiva tienen algunas semejanzas, sólo que la primera es un mecanismo considerado normal, y la segunda un mecanismo patológico.

Sigamos el esquema 2, que nos muestra la diferencia entre ambos procesos, habida cuenta de que “no siempre se reconoce fácilmente, en la literatura psicoanalítica, la diferencia fundamental entre una formación reactiva…y una sublimación…” (Fenichel, 180).

El mismo esquema ya está mostrando las diferencias esenciales, y está mostrando también dos variantes de la sublimación (A y B) y dos variantes de la formación reactiva (C y D).

Un ejemplo del caso B, suministrado por el mismo Freud: en una persona normal, un interés anal primitivo es reemplazado por cierta repugnancia -no muy intensa- hacia las heces (dirección opuesta a la pulsión original), sin un intenso interés inconsciente residual hacia las mismas. En el caso D, la actitud ‘contrafóbica’ consiste en hacer la misma cosa que originariamente fue temida (misma dirección de la pulsión original), lo que sirve al propósito de mantener a raya (coartar) el intenso deseo originario (Laplanche, 180).

COARTADO O INHIBIDO EN SU FIN: “Califica una pulsión que, por efecto de obstáculos externos e internos, no alcanza su modo directo de satisfacción (o fin) y encuentra una satisfacción atenuada en actividades o relaciones que pueden considerarse como aproximaciones más o menos lejanas del primer fin” (Laplanche, 54).

Si bien son ideas muy similares, Freud marca una diferencia (Laplanche, 54) entre pulsiones sublimadas y pulsiones coartadas o inhibidas. Estas últimas parecen ser un inicio de sublimaciones, y no llegan a ser aún a ser sublimaciones porque no han abandonado todavía totalmente sus fines sexuales directos, como puede verse en los lazos de ternura entre padres e hijos (que en su origen eran sexuales), y los sentimientos de amistad o los lazos afectivos en el matrimonio, nacidos de la atracción sexual.

De acuerdo a Rycroft, “se dice que una relación está inhibida del fin si el sujeto no tiene interés erótico consciente en el objeto. Los ejemplos comunes son la amistad, el amor platónico y los afectos entre parientes. El concepto supone que, ante la ausencia de una inhibición, las amistades serían relaciones homosexuales abiertas, el amor platónico sería consumado y el incesto tendría lugar” (Rycroft, 68).

Cuando la pulsión coartada en su fin se desexualiza totalmente, pasa a denominarse pulsión sublimada. Definamos entonces dessexualización y desagresivización.

DESEXUALIZACION: “Proceso mediante el cual la energía libidinal infantil pierde su cualidad primitiva, erótica, cuando los impulsos pregenitales a los cuales está incorporada participan en la sublimación y en el desarrollo del yo” (Rycroft, 47).

Un ejemplo típico de desexualización aparece en el complejo de Edipo, cuando el niño, amenazado con la castración, decide abandonar sus objetos incestuosos desexualizándolos.

Otro ejemplo es la EPISTEMOFILIA, o “placer en la obtención de conocimiento. Existe una tendencia a considerar la sed de conocimientos tanto como un derivado de la escoptofilia, esto es como extensión de la curiosidad sexual, o como una sublimación de los impulsos orales” (Rycroft, 51).

DESAGRESIVIZACION: “Proceso por el cual la energía infantil agresiva pierde esa cualidad al participar en la sublimación los impulsos a los que se halla ligada” (Rycroft, 46).

Los procesos sublimatorios son indispensables para el desarrollo yoico, y contienen una dosis importante de creatividad.

CREATIVIDAD: “La capacidad de crear productos imaginarios que son apremiantes, convincentes, significativos, etc.” (Rycroft, 42).

Según este autor, el psicoanálisis clásico buscó explicar la creatividad comparándola con procesos neuróticos, por ejemplo, demostrando que el contenido de novelas o cuadros pueden interpretarse como fantasías edípicas, siendo entonces dicha actividad creadora un sueño neurótico durante la vigilia.

Al final de su vida, Freud terminó planteando que no creía que el psicoanálisis tuviera que hacer alguna contribución a la estética.

Entre las diversas creaciones culturales del hombre, está también la SOCIEDAD: el hombre ha creado instituciones sociales, y en su origen volvemos a encontrar una actividad pulsional que ha sido derivada hacia otros fines.

Freud desarrolló esta hipótesis principalmente en cinco trabajos, que, cronológicamente, son los siguientes:

1913 TOTEM Y TABú

1921 PSICOLOGíA DE LAS MASAS Y ANALISIS DEL YO

1928 EL PORVENIR DE UNA ILUSIóN

1930 EL MALESTAR EN LA CULTURA

1939 MOISES Y EL MONOTEíSMO

En “TOTEM Y TABU” Freud sostuvo que los sistemas sociales “basados en tabúes y el totemismo que se observan en sociedades primitivas derivan de un conflicto entre el padre y los hijos por la madre, conflicto que en la historia primitiva del hombre determinó que los hijos celosos se asociaran para matar y devorar al padre.

Este ‘pecado original’ originó el remordimiento, que erigió tabúes como medidas defensivas contra los sentimientos incestuosos prohibidos, y tótems para reforzar la identificación del hijo con el padre.

Según Freud el complejo de Edipo se origina en ese parricidio primitivo y las fobias infantiles a los animales son una repetición del totemismo (la rivalidad con el padre por el amor de la madre conduce al niño a desplazar su temor y odio hacia un animal)” (Deutsch y Krauss, 149).

Por su parte, Strachey dice que la principal contribución de Freud a la antropología social está en este artículo, especialmente en la cuarta parte donde plantea su hipótesis de que de la horda primordial y el asesinato del padre proceden todas las posteriores instituciones sociales y culturales.

TOTEM: “Término antropológico para el animal, planta u otro objeto que es venerado por una tribu o comunidad en especial, y que es tratado como un símbolo de ésta o como su protector. Para Freud el tótem simboliza al padre primario, que fue asesinado cuando sus hijos se rebelaron contra su dominio de la horda primaria” (Rycroft, 115).

TABU: En sentido amplio, designa “cualquier acción que está prohibida por la autoridad o por la presión social. En los textos psicoanalíticos, los tabús mencionados con mayor frecuencia son los del incesto, y la matanza del animal tótem, excepto en ocasiones ceremoniales.

En ‘TOTEM Y TABU’ Freud especula con la idea de que el tabú del incesto surgió como resultado de la necesidad subyacente de los varones de la horda primaria, de evitar luchas entre ellos después de haber asesinado al padre primario quien, con anterioridad a su muerte, había reservado para sí a todas las mujeres.

 La teoría supone que el tabú evitaba que los hijos poseyeran precisamente a esas mujeres que eran la razón del asesinato del padre” (Rycroft, 111).

Redondearemos lo dicho tomando como referencia una síntesis de Rycroft. Freud se basó en la hipótesis de Darwin, quien había conjeturado que la horda primaria fue la estructura original de la sociedad humana, un grupo donde un varón dominante, el padre primitivo, tenía varias hembras que reservaba para sí y mantenía bajo dominio al resto de los varones. Freud utilizó esta hipótesis para explicar tres cosas:

a) el origen de la exogamia y el tabú del incesto: el padre primitivo guardaba las mujeres para sí y forzaba a otros varones potentes a abandonar el grupo;

b) el origen de la culpa: los hijos acordaban matar al padre y se dividían las mujeres entre ellos, pero sentían y transmitían a sus descendientes sus culpas por haber cometido parricidio e incesto; y

c) el totemismo: el animal tótem simboliza al padre asesinado (Rycroft, 91-92). El planteo del PARRICIDIO es mencionado por Freud tanto en relación con la horda primitiva, como hemos visto, como en relación al Complejo de Edipo (deseos de muerte hacia el padre) (Rycroft, 86), existiendo entre ambos sentidos una vinculación.

En “PSICOLOGíA DE LAS MASAS Y ANALISIS DEL YOFreud analiza porqué las sociedades se mantienen unidas, y para ello recurre a dos ideas:

a) libido desexualizada: la gente se mantiene unida por amistad, considerado como un amor inhibido en su fin, desexualizado o sublimado, y

b) identificación: la gente se mantiene unida en un grupo primario porque ha elegido el mismo líder como ideal del yo, se ha identificado con él y por tanto se han identificado entre sí.

La identificación no presupone sentimientos solamente positivos hacia el líder, porque es también una defensa contra sentimientos hostiles hacia el superior (el padre) y como un medio indirecto de ‘llegar a ser’ el líder al identificarse con él. De este modo, según Freud, el sentimiento social se basa, hasta cierto punto, en una inversión de lo que inicialmente fue un sentimiento hostil (Deutsch y Krauss, 149).

La explicación psicoanalítica de las masas sociales es igualmente aplicable en términos generales a los grupos más pequeños. Habíamos ya indicado que, desde el psicoanálisis, la gente se reúne en grupos como medio de defensa contra los sentimientos de culpa. EN “PSICOLOGíA DE LAS MASASFreud enfatiza más bien los lazos libidinales como los factores cohesionantes del grupo.

En general, las “formulaciones psicoanalíticas destacan la identificación entre los miembros, la identificación de los miembros con un líder, y la relación con el enemigo común, desempeñando los tres factores un importante papel en la disminución de los efectos disociativos de la rivalidad entre los miembros” (Rycroft, 61).

En “EL PORVENIR DE UNA ILUSIONFreud indicó que como precio por su protección, la sociedad exige que el individuo controle o renuncie a ciertas gratificaciones instintivas. Tales exigencias generan hostilidad, que se neutraliza mediante la identificación con la autoridad que prohibe y la internalización de ésta.

Dios es para el adulto casi lo mismo que los padres para el niño desvalido, y creer en Dios le ayuda a sobrellevar sus sentimientos de impotencia frente a la naturaleza y, como pago de esta ayuda, está más dispuesto a controlar o renunciar a las gratificaciones instintivas, que podrían perjudicar a la sociedad (Deutsch y Krauss, 149-150).

En “EL MALESTAR EN LA CULTURA”, Freud vuelve a expresar que los fines del individuo y la sociedad no coinciden, Habló de una agresividad innata, principal fuerza desintegradora de la sociedad, por lo que ésta debe controlarla inrternalizándola en forma de superyó y dirigiéndola contra el yo, con lo cual, bajo la influencia de este superyó sádico, el yo puede volverse masoquista o autodestructivo (Deutsch y Krauss, 150).

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