Planeta Freud

Archive for agosto 29th, 2009

FreudDe las numerosas enseñanzas que en su época (18851886) me prodigó el maestro Charcot en la Salpêtrieré, dos me han dejado una impresión muy profunda: primera, que jamás debemos cansarnos de volver a considerar de nuevo los mismos fenómenos (o de sentir sus efectos); segunda, que no debemos preocuparnos de la contradicción de ambas partes cuando uno ha trabajado con sinceridad.

FreudEl doctor Otto Rank ha sido, desde su fundación en 1913, el secretario de redacción de esta revista, si bien sólo a partir de 1920 se le nombra con tal carácter exclusivo en la portada de la misma.

Durante el período de su incorporación a filas fue reemplazado por el doctor Hanns Sachs, quien a la sazón residía en Viena; desde el comienzo del presente volumen (1924) también el doctor S. Ferenczi ha participado en las labores de redacción.

A comienzos del año actual respondió a una invitación que le llevó a ejercer sus actividades en Nueva York, y a su regreso nos comunicó haber resuelto desplazar a Estados Unidos, por lo menos durante una parte del año, su actuación como psicoanalista didáctico y clínico. De ahí surgió la necesidad de transferir a otros colaboradores la responsabilidad de la redacción.

El director no tiene el derecho de opinar públicamente con respecto a la calidad y a las funciones que ha cumplido esta revista; pero todo aquel que se sienta inclinado a encomiarlas no dejará de reconocer ni podrá olvidar en momento alguno que parte de su éxito se debe a la infatigable dedicación y a la labor ejemplar del secretario de redacción renunciante.

El lugar del doctor Rank lo ocupará ahora el doctor S. Radó, de Berlín, a quien asistirán en calidad de consejeros y colaboradores los doctores M. Eitingon (Berlín) y S. Ferenczi (Budapest). Por tanto, todas las comunicaciones y colaboraciones destinadas a la redacción deberán remitirse a las siguientes señas:

Doctor Sándor Radó, BerlínSchöneberg, Am Park 20.

La administración de la revista seguirá funcionando, como hasta ahora, en la sede de la Editorial Psicoanalítica Internacional (Internationaler Psychoanalyticher Verlag), en Viena (director: A. J. torfer).

FreudHacia mediados del año 1918, un miembro de la Asociación Psicoanalítica de Budapest me comunicó que del producto de ciertas empresas industriales realizadas durante la guerra habíase reservado un fondo destinado a fines culturales, cuya disposición hallábase mancomunada en él y en el alcalde de la ciudad de Budapest, doctor Stephan Bárczy.

Ambos habrían resuelto destinar esa apreciable suma a los objetivos perseguidos por el movimiento psicoanalítico, transfiriéndome su administración.

Acepté esa misión, y cumplo ahora con el deber de agradecer públicamente al alcalde de Budapest, que al poco tiempo dio al Congreso Psicoanalítico celebrado en esa ciudad una recepción tan honrosa, así como al miembro anónimo de la Asociación, que se ha hecho acreedor a tan alto mérito en la causa del psicoanálisis.

El fondo, al cual se dio mi nombre y que fue puesto a mi disposición, lo destinó a la fundación de una Editorial Psicoanalítica Internacional, por considerarla de primordial necesidad en nuestra situación presente.

Nuestras dos publicaciones periódicas –Internationale Zeitschrift für Aerztliche Psychoanalyse e Imago– no han desaparecido, como tantas otras empresas científicas, en el curso de la guerra mundial.

Hemos logrado mantenerlas; pero a causa de las múltiples dificultades, del bloqueo y del aumento de precios en el curso de la guerra, han debido soportar amplias restricciones de su volumen e intervalos desagradablemente dilatados entre sus entregas.

De los cuatro secretarios de redacción de ambas revistas –Ferenczi, Jones, Rank y Sachs-, uno hallábase aislado de nosotros como ciudadano de una potencia enemiga, otros dos estaban incorporados a filas y dedicados enteramente a sus deberes militares, de modo que sólo el doctor Sachs pudo proseguir su labor, cuyo peso entero tomó abnegadamente sobre sí.

Algunos de los grupos psicoanalíticos locales viéronse aún obligados a interrumpir totalmente sus reuniones; disminuyó el número de los contribuyentes como el de los suscriptores; podíase prever que el comprensible pesimismo del editor no tardara en poner en tela de juicio la prosecución de nuestras revistas, tan valiosas para todos nosotros.

No obstante, múltiples testimonios, que hasta nos llegaban del frente de batalla, indicaban que el interés por el psicoanálisis no había menguado en el público.

Creo, por tanto, que se justificaba plenamente dar término a esas dificultades y a esos peligros mediante la fundación de una Editorial Psicoanalítica Internacional.

Dicha editorial ya existe hoy como Sociedad de Responsabilidad Limitada, estando dirigida por el doctor Otto Rank, desde hace muchos años secretario de la Asociación Psicoanalítica de Viena y colaborador de ambas revistas analíticas, quien después de varios años de ausencia, por hallarse bajo las armas, ha reanudado su anterior actividad al servicio del psicoanálisis.

La nueva editorial, apoyada en los recursos de la Fundación de Budapest, tiene por objeto asegurar la regular entrega y la distribución ininterrumpida de ambas revistas.

En cuanto la dificultad de las condiciones exteriores lo permita, han de recuperar su anterior extensión o aun ha de poder excederla en caso de necesidad, sin mayor cargo para los suscriptores.

Además, sin esperar a que se haya cumplido dicho objeto, la editorial dará a la imprenta todos aquellos libros y folletos que tengan injerencia en el psicoanálisis médico o aplicado, y como no se trata de una empresa destinada a obtener beneficios comerciales cabe suponer que defenderá los intereses de los autores mejor de lo que suelen hacerlo los editores libreros.

Simultáneamente con la creación de la editorial psicoanalítica, resolvióse premiar cada año, con los intereses devengados por la Fundación de Budapest, dos trabajos de valor sobresaliente, uno del sector del psicoanálisis médico y otro dedicado al psicoanálisis aplicado.

Estos premios, que ascienden a mil coronas austríacas cada uno, no debían ser acordados a los autores, sino a cada trabajo en particular, de modo que fuera posible premiar repetidamente a un mismo autor.

La decisión respecto de los trabajos que debían distinguirse con el premio, de entre los publicados en el curso de determinado período, no fue confiada a una comisión, sino a una sola persona: al respectivo administrador de la Fundación.

De otro modo, si el jurado se hubiese integrado con los analistas de mayor experiencia y de juicio más idóneo, sus trabajos habrían quedado excluidos del concurso y la institución fácilmente habría visto frustrado su propósito de distinguir las obras ejemplares de la literatura psicoanalítica.

Si el jurado individual se viera en la disyuntiva de discernir entre dos obras más o menos equivalentes, estábale permitido dividir el premio entre ambas, sin que ello significara una menor valoración de ninguno de ambos trabajos.

Se tiene el propósito de repetir el concurso, en principio, anualmente, tomándose en consideración la totalidad de la literatura publicada en dicho período que tenga importancia para el psicoanálisis, sin tomar en cuenta si el autor del respectivo trabajo es miembro o no de la Asociación Psicoanalítica Internacional.

La primera distribución de premios ya ha tenido lugar, extendiéndose a las publicaciones efectuadas durante la guerra, de 1914 a 1918.

El premio para obras de psicoanálisis médico fue dividido entre el trabajo de K. Abraham Investigaciones sobre la primera fase pregenital de la libido y el folleto de Ernst Simmel Neurosis de guerra y trauma psíquico, mientras que el de psicoanálisis aplicado correspondió al estudio de Theodor Reik sobre Los ritos de pubertad de los salvajes.

FreudPocos años después de su aparición, en 1900, LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS llegó también a las manos de un joven médico de Budapest, que, si bien ya, era neurólogo, psiquiatra y médico legista, aún buscaba ansiosamente nuevos campos en su ciencia. No llegó muy lejos en su lectura, y pronto arrojó de sí el libro, no sabemos si aburrido o repugnado.

Sin embargo, nuevas perspectivas de trabajo y de conocimiento lo condujeron a Zurich, y de allí acudió a Viena para comunicarse con el autor del libro que otrora había rechazado despectivamente.

Con esa visita se inició una larga, íntima y hasta hoy límpida amistad, que también lo indujo a tomar parte en el viaje a Estados Unidos, en 1909, cuando pronuncié las conferencias en la Clark University, de Worcester, Massachusetts.

Tales fueron los comienzos de Ferenczi, que desde entonces ha llegado a ser, a su vez, un maestro y difusor del psicoanálisis, y que en este año, 1923, cumple simultáneamente el quinto decenio de su vida y el primero en la conducción del grupo psicoanalítico de Budapest.

Ferenczi también intervino repetidas veces en los azares exteriores del psicoanálisis. Todos conocemos su actuación en el Segundo Congreso de los Analistas, celebrado en Nuremberg en 1910, donde propuso y contribuyó a realizar la fundación de la Asociación Psicoanalítica Internacional como medida de protección contra el anatema impuesto al análisis por la medicina oficial.

En el Quinto Congreso Psicoanalítico, reunido en Budapest en septiembre de 1918. Ferenczi fue elegido presidente de la Asociación.

Designó a Anton von Freund como su secretario, y la aunada energía e iniciativa de ambos, junto con los magnánimos propósitos filantrópicos de Anton von Freund, seguramente habrían convertido a Budapest en la capital analítica de Europa, de no haber sido implacablemente aniquiladas estas hermosas esperanzas por catástrofes políticas y azares personales.

Von Freund enfermó y falleció en enero de 1920; en octubre de 1919, debido al aislamiento de Hungría, Ferenczi había renunciado a su cargo transmitiendo a Ernest Jones, de Londres, la presidencia de la Asociación internacional.

Durante el dominio de la república soviética en Hungría, Ferenczi había asumido las funciones de profesor universitario, y los estudiantes colmaban las aulas en que pronunciaba sus conferencias.

Pero el grupo local que fundó en 1913 pudo sobrevivir a todas las conmociones y se convirtió con su dirección, en un lugar de trabajo intenso y fructífero, brillando en él un número de talentos como no se pudo reunir en ningún otro lugar.

Ferenczi que como miembro intermedio de una larga serie de hermanos hubo de combatir en sí al principio un intenso complejo fraterno, se convirtió, bajo la influencia del psicoanálisis, en un excelente hermano mayor, en un bondadoso educador y promotor de talentos jóvenes.

Los escritos analíticos de Ferenczi son ampliamente conocidos y apreciados.

Sus Conferencias populares sobre psicoanálisis fueron publicadas en 1922 por nuestra editorial como tomo XIII de la Biblioteca Psicoanalítica Internacional.

Claras y acabadas en su forma, escritas de manera cautivante, son en realidad la mejor «Introducción al psicoanálisis» para quien esté alejado de dicha ciencia.

Aún carecemos de una compilación de sus escritos estrictamente médicos, parte de los cuales E. Jones tradujo al inglés (Contributions to Psycho-Analysis, 1916). La editorial remediará este atraso en cuanto dejen de impedírselo las dificultades de la época. Los libros y folletos publicados en húngaro tuvieron numerosas ediciones y familiarizaron con el psicoanálisis a las esferas cultas de Hungría.

La obra científica de Ferenczi nos asombra, ante todo, por su multiplicidad.

A felices hallazgos casuísticos y a comunicaciones clínicas agudamente observadas (Un pequeño quiquiriquí, Formaciones sintomáticas pasajeras durante el tratamientos, Observaciones de la práctica analítica) se agregan ejemplares trabajos críticos, como los referentes a Transformaciones y símbolos de la libido, de Jung, y a la crítica del psicoanálisis por Régis y Hésnard; acertadas polémicas, como la emprendida con Bleuler a propósito del alcoholismo, y con Putnam sobre la relación entre el psicoanálisis y la filosofía, polémica mesurada y digna, pese a toda su decisión.

Además, están los trabajos en los cuales reposa principalmente la fama de Ferenczi, en los que logra tan grata expresión su originalidad, la riqueza de sus ideas y su don de una imaginación científica bien orientada, en los que perfeccionó importantes sectores de la teoría psicoanalítica y propulsó la comprensión de fenómenos fundamentales de la vida psíquica (Introyección y transferencia, incluyendo una revisión de La teoría del hipnotismo, Las fases evolutivas del sentido de la realidad, Estudios sobre el simbolismo, entre otros).

Por fin, las obras de los años últimos (Neurosis de guerra, Histeria y patoneurosis, Sobre el psicoanálisis y los trastornos psíquicos de la psicosis paralítica [con Hollós]), en las cuales su interés médico lo impulsa de los fenómenos psicológicos al condicionamiento somático.

Cabe mencionar también su iniciativa de una terapia «activa». Pese a que esta enumeración ha resultado incompleta, sus amigos saben que Ferenczi se guardó más de lo que se resolvió a publicar.

En ocasión de su quincuagésimo cumpleaños nos aunamos en el deseo de que le sea deparado el ánimo, la energía y el tiempo necesarios para realizar sus propósitos científicos en nuevas obras.

FreudEl 20 de enero de 1920, pocos días después de haber cumplido el cuarto decenio de su vida, falleció en un sanatorio de Viena el doctor Anton von Freund, secretario general de la Asociación Psicoanalítica Internacional desde el Congreso de Budapest, celebrado en septiembre de 1918: ¡el inspirador más activo y una de las mejores esperanzas de nuestra ciencia!

Nacido en Budapest en 1880, se doctoró en Filosofía, destinándose a sí mismo a la función docente; pero se dejó convencer más tarde a ingresar en las empresas industriales de su padre.

Sin embargo, los grandes éxitos que tuvo como fabricante y organizador no pudieron satisfacer dos necesidades arraigadas en lo más hondo de su esencia: la de asistencia social y la de actividad científica.

Modesto en lo que a su propia persona se refería, provisto de todos los dones que cautivan a los hombres y ganan su afecto, aplicó sus recursos de poderío material para ayudar al prójimo, para atenuar las durezas de su destino y para aguzar por doquier el sentido de la justicia social. Conquistó así un gran círculo de amigos, que sentirá profundamente su pérdida.

Cuando en los últimos años de su vida trabó conocimiento con el psicoanálisis, parecióle ver cumplidos al unísono sus dos grandes deseos.

Se impuso la misión de auxiliar a las masas con el análisis, de aprovechar la acción terapéutica de esta técnica médica, hasta entonces reservada a pocos afortunados, para la atenuación de la miseria neurótica de los desvalidos.

Ya que el Estado no se preocupaba por las neurosis del pueblo, ya que la mayor parte de las clínicas condenaban la terapia psicoanalítica, sin poder ofrecer un sucedáneo para la misma, y los escasos médicos psicoanalistas, atados al imperio de su sustento no podían hacerse cargo de tan gigantesca tarea, Anton von Freund se propuso abrir a todo el mundo, con su iniciativa personal, el camino a la realización de una tarea social tan importante. Durante los años de la guerra había recolectado más de un millón y medio de coronas -suma entonces muy considerable- para obras humanitarias de la ciudad de Budapest.

Esta suma la destinó, de conformidad con el doctor Stephan von Bárczy, a la sazón alcalde, a la fundación de un Instituto psicoanalítico en Budapest, donde se había de fomentar, enseñar y poner el psicoanálisis al alcance del pueblo.

Teníase el propósito de formar allí gran número de médicos aptos para la práctica psicoanalítica y a quienes el Instituto retribuiría el tratamiento de los neuróticos indigentes que les enviara el consultorio externo.

Además, el Instituto se habría convertido en un centro para el progreso científico del análisis.

El doctor Ferenczi estaba destinado a ser el director científico del Instituto; el propio Von Freund se habría hecho cargo de su organización y su sostén.

El fundador entregó al profesor Freud una suma proporcionalmente menor para la creación de la Editorial Psicoanalítica Internacional.

Mas «¿qué son las esperanzas, qué los proyectos forjados por el hombre, perecedero?» La muerte prematura de Von Freund puso fin a estos planes humanitarios, que tantas esperanzas ofrecían a la ciencia.

Aunque todavía existe el fondo que recolectó, la actitud de los actuales gobernantes en la capital húngara no permite esperar la realización de sus propósitos.

Sólo la Editorial Psicoanalítica pudo ser creada en Viena. No obstante, el ejemplo que el desaparecido quiso dar no dejó de tener repercusión.

Pocas semanas después de su muerte se inauguró en Berlín el primer policlínico psicoanalítico, gracias a la energía y al desprendimiento del doctor Max Eitingon.

Así, la obra de Von Freund halló continuadores; pero su persona seguirá siendo insustituible e inolvidable.


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