Planeta Freud

141. A Sandor Ferenczi – 1923

Posted on: agosto 29, 2009

FreudPocos años después de su aparición, en 1900, LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS llegó también a las manos de un joven médico de Budapest, que, si bien ya, era neurólogo, psiquiatra y médico legista, aún buscaba ansiosamente nuevos campos en su ciencia. No llegó muy lejos en su lectura, y pronto arrojó de sí el libro, no sabemos si aburrido o repugnado.

Sin embargo, nuevas perspectivas de trabajo y de conocimiento lo condujeron a Zurich, y de allí acudió a Viena para comunicarse con el autor del libro que otrora había rechazado despectivamente.

Con esa visita se inició una larga, íntima y hasta hoy límpida amistad, que también lo indujo a tomar parte en el viaje a Estados Unidos, en 1909, cuando pronuncié las conferencias en la Clark University, de Worcester, Massachusetts.

Tales fueron los comienzos de Ferenczi, que desde entonces ha llegado a ser, a su vez, un maestro y difusor del psicoanálisis, y que en este año, 1923, cumple simultáneamente el quinto decenio de su vida y el primero en la conducción del grupo psicoanalítico de Budapest.

Ferenczi también intervino repetidas veces en los azares exteriores del psicoanálisis. Todos conocemos su actuación en el Segundo Congreso de los Analistas, celebrado en Nuremberg en 1910, donde propuso y contribuyó a realizar la fundación de la Asociación Psicoanalítica Internacional como medida de protección contra el anatema impuesto al análisis por la medicina oficial.

En el Quinto Congreso Psicoanalítico, reunido en Budapest en septiembre de 1918. Ferenczi fue elegido presidente de la Asociación.

Designó a Anton von Freund como su secretario, y la aunada energía e iniciativa de ambos, junto con los magnánimos propósitos filantrópicos de Anton von Freund, seguramente habrían convertido a Budapest en la capital analítica de Europa, de no haber sido implacablemente aniquiladas estas hermosas esperanzas por catástrofes políticas y azares personales.

Von Freund enfermó y falleció en enero de 1920; en octubre de 1919, debido al aislamiento de Hungría, Ferenczi había renunciado a su cargo transmitiendo a Ernest Jones, de Londres, la presidencia de la Asociación internacional.

Durante el dominio de la república soviética en Hungría, Ferenczi había asumido las funciones de profesor universitario, y los estudiantes colmaban las aulas en que pronunciaba sus conferencias.

Pero el grupo local que fundó en 1913 pudo sobrevivir a todas las conmociones y se convirtió con su dirección, en un lugar de trabajo intenso y fructífero, brillando en él un número de talentos como no se pudo reunir en ningún otro lugar.

Ferenczi que como miembro intermedio de una larga serie de hermanos hubo de combatir en sí al principio un intenso complejo fraterno, se convirtió, bajo la influencia del psicoanálisis, en un excelente hermano mayor, en un bondadoso educador y promotor de talentos jóvenes.

Los escritos analíticos de Ferenczi son ampliamente conocidos y apreciados.

Sus Conferencias populares sobre psicoanálisis fueron publicadas en 1922 por nuestra editorial como tomo XIII de la Biblioteca Psicoanalítica Internacional.

Claras y acabadas en su forma, escritas de manera cautivante, son en realidad la mejor «Introducción al psicoanálisis» para quien esté alejado de dicha ciencia.

Aún carecemos de una compilación de sus escritos estrictamente médicos, parte de los cuales E. Jones tradujo al inglés (Contributions to Psycho-Analysis, 1916). La editorial remediará este atraso en cuanto dejen de impedírselo las dificultades de la época. Los libros y folletos publicados en húngaro tuvieron numerosas ediciones y familiarizaron con el psicoanálisis a las esferas cultas de Hungría.

La obra científica de Ferenczi nos asombra, ante todo, por su multiplicidad.

A felices hallazgos casuísticos y a comunicaciones clínicas agudamente observadas (Un pequeño quiquiriquí, Formaciones sintomáticas pasajeras durante el tratamientos, Observaciones de la práctica analítica) se agregan ejemplares trabajos críticos, como los referentes a Transformaciones y símbolos de la libido, de Jung, y a la crítica del psicoanálisis por Régis y Hésnard; acertadas polémicas, como la emprendida con Bleuler a propósito del alcoholismo, y con Putnam sobre la relación entre el psicoanálisis y la filosofía, polémica mesurada y digna, pese a toda su decisión.

Además, están los trabajos en los cuales reposa principalmente la fama de Ferenczi, en los que logra tan grata expresión su originalidad, la riqueza de sus ideas y su don de una imaginación científica bien orientada, en los que perfeccionó importantes sectores de la teoría psicoanalítica y propulsó la comprensión de fenómenos fundamentales de la vida psíquica (Introyección y transferencia, incluyendo una revisión de La teoría del hipnotismo, Las fases evolutivas del sentido de la realidad, Estudios sobre el simbolismo, entre otros).

Por fin, las obras de los años últimos (Neurosis de guerra, Histeria y patoneurosis, Sobre el psicoanálisis y los trastornos psíquicos de la psicosis paralítica [con Hollós]), en las cuales su interés médico lo impulsa de los fenómenos psicológicos al condicionamiento somático.

Cabe mencionar también su iniciativa de una terapia «activa». Pese a que esta enumeración ha resultado incompleta, sus amigos saben que Ferenczi se guardó más de lo que se resolvió a publicar.

En ocasión de su quincuagésimo cumpleaños nos aunamos en el deseo de que le sea deparado el ánimo, la energía y el tiempo necesarios para realizar sus propósitos científicos en nuevas obras.

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