Planeta Freud

018. Dos corrientes de amor

Posted on: diciembre 26, 2009

lunes, noviembre 27, 2006

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El amor se divide en dos tendencias que podemos diferenciar como la tierna y la sensual o pasional. Lo único que asegura una conducta amorosa «normal» es la reunión de estas dos corrientes en una sola. La primera tiende al cuidado y respeto, y la segunda ayuda a gustar y desear sexualmente a la persona amada.

De las dos corrientes, la tierna es la más antigua y proviene de la infancia. Se dirige a las personas que integran la familia y a las que tienen a su cargo la crianza del niño. En esta corriente tierna se ponen en juego intereses eróticos. Todo esto tiene que ver con la elección que hace todo niño de una persona a la que amará primeramente, la cual, en la mayoría de los casos, no es otra que la madre. La ternura de ésta, de los integrantes de la familia y de las personas a cargo del cuidado del niño, contribuyen a acrecentar la corriente tierna del amor.

Cuando esta ternura es exacerbada, sucede que el niño se aferra a ella y a su madre que se la brinda, creándose una fijación tierna que puede continuar a lo largo de la infancia y de la vida. Pero llega un momento, en la pubertad, en la que se despierta la otra corriente del amor: la poderosa corriente sensual, la cual se añade a la tierna en la búsqueda y elección de una persona a quien amar.

Para que el adolescente pueda llegar a elegir una novia o compañera, él deberá dar un paso importante: ser capaz de dirigir su ternura y pasión a esta nuevo sujeto con quien pueda cumplir una real vida sexual, sin quedar fijado en sus sentimientos de ternura a los padres. Es, en cierto sentido, un abandono de los primeros amores de la infancia.

El paso que tiene que dar el adolescente, de la fijación a la ternura de los padres a la elección de un sujeto amado, puede ser algo muy difícil y llegar hasta fracasar; esto debido a dos factores: el primero tiene que ver con la dificultad que pueda tener el adolescente para encontrar una persona a quien amar, y el segundo, con el monto de apego que el individuo llegue a tener a la ternura de los padres y demás personas queridas en la infancia.

Publicado por Hernando en 5:43 PM
Etiquetas: amor, elección de objeto, pubertad

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