Planeta Freud

Archive for marzo 17th, 2010

4.1 GENERALIDADES

En nuestra sección anterior habíamos examinado la Teoría de la Libido. Si separamos esta teoría de la teoría de las pulsiones es sobre todo (aunque no únicamente) por motivos didácticos: siempre es útil entender cada cosa por separado y después integrarlas. Anticipémonos un poco a esta integración:

    a) la teoría de la libido habla de una energía, la libido, que carga y descarga objetos, y la teoría de las pulsiones pone el énfasis en elementos llamados pulsiones, que buscan descargarse;

    b) A grandes rasgos la libido es, en la primera teoría de las pulsiones, la energía de las pulsiones sexuales, y en la segunda teoría, la energía de las pulsiones de vida.

En uno de sus artículos de Enciclopedia, «TEORIA DE LA LIBIDO» (1923), Freud llega a sostener que la libido es un concepto de la teoría de las pulsiones.

a) Pulsiones

En NUEVAS CONFERENCIAS DE PSICOANáLISIS (1932), refiere Freud:

«La teoría de las pulsiones es, por así decirlo, nuestra mitología. Las pulsiones son seres míticos, grandiosos en su indeterminación».

Examinaremos aquí la definición de pulsión, su diferencia con el instinto, y los 4 componentes básicos de la pulsión según Freud.

PULSION: Proceso dinámico consistente en un empuje (carga energética, facto de motilidad) que hace tender al organismo hacia un fin. Según Freud, una pulsión tiene su fuente en una excitación corporal (estado de tensión); su fin es suprimir el estado de tensión que reina en la fuente pulsional; gracias al objeto, la pulsión puede alcanzar su fin (Laplanche, 324). En «ESQUEMA DEL PSICOANALISIS (1938), Freud afirma: «llamamos pulsiones a las fuerzas cuya existencia postulamos en el trasfondo de las tensiones generadoras de las necesidades del ello».

Al preguntarse Freud si la pulsión es una fuerza somática o una energía psíquica, responde que se trata de un concepto límite entre lo psíquico y lo somático (Freud, TRES ENSAYOS SOBRE UNA TEORíA SEXUAL). Recurrirá al concepto de REPRESENTANTE para explicar esta situación (véase más adelante). entendiendo por tal una especie de delegación enviada por lo somático al psiquismo (Laplanche, 326).

Un concepto muy relacionado con ‘pulsión’ es ‘instinto’. El primero es un concepto del psicoanálisis, y el segundo un concepto clásico de la biología:

INSTINTO:

a) Clásicamente, esquema de comportamiento heredado, propio de una especie animal, que varía poco de un individuo a otro, se desarrolla según una secuencia temporal poco susceptible de perturbarse y que parece responder a una finalidad.

b) Término utilizado por algunos autores psicoanalíticos franceses como traducción o equivalente del término freudiano Trieb, para lo cual, en una terminología coherente, conviene recurrir al término francés ‘pulsión’ (Laplanche, 198).

Freud distingue instinto de pulsión no sólo terminológicamente (instinkt y trieb) sino también conceptualmente, aunque no haya hechos la diferencia en forma explícita o sistemática. Laplanche insiste en la importancia de esta distinción, para no confundir la teoría freudiana de las pulsiones con las concepciones psicológicas del instinto animal (Laplanche, 198).

Las siguientes consideraciones nos orientarán respecto de las diferencias:

1) Cuando Freud habla de instinto es para referirse a un comportamiento animal fijado por la herencia, característico de la especie, preformado en su desenvolvimiento y adaptado a su objeto (Laplanche, 324). Freud dice que si existen formaciones psíquicas hereditarias, algo similar al instinto animal, el equivalente no lo ve en las pulsiones sino más bien en las fantasías originarias (Laplanche, 198).

2) La idea freudiana de pulsión desmantela la noción clásica de instinto, y ello en dos direcciones opuestas.

a) Por una parte, el concepto de ‘pulsión parcial’ subraya la idea de que la pulsión sexual existe al principio en estado «polimorfo» y tiende sobretodo a suprimir la tensión a nivel de fuente corporal; que, en la historia del sujeto, se liga a representantes que especifican el objeto y el modo de satisfacción: el empuje interno, al principio indeterminado, experimentará un destino que le confiere rasgos altamente individualizados.

b) Pero por otra parte, Freud en lugar de ver detrás de cada tipo de actividad su correspondiente fuerza biológica, introduce el conjunto de las manifestaciones pulsionales dentro de una gran oposición fundamental: entre Hambre y Amor, y más tarde entre Amor y Discordia (Laplanche, 326), oposiciones que corresponden, respectivamente, a la primera y a la segunda teoría de las pulsiones. En cambio el instinto no tiene porqué reducirse a una sola oposición. Rycroft dice que no ninguna razón especial para preferir una teoría dual a una múltiple. Incluso la etología postula al menos siete instintos o pautas innatas de conducta (Rycroft, 69).

Una vez aclaradas las diferencias, examinemos ahora los COMPONENTES de toda pulsión, sexuales o no, aunque se apliquen especialmernte a estas (Laplanche, 168). Si bien Freud utilizó la expresión componentes para referirse a las pulsiones parciales de la sexualidad, aquí tomaremos dicha expresión como sinónimo de características de la pulsión (tomada ésta en general). Históricamente, encontramos dos etapas (Laplanche, 325):

a) 1905 (en TRES ENSAYOS SOBRE UNA TEORíA SEXUAL): Se introduce la palabra Trieb, y Freud señala tres componentes de la pulsión: fuente, objeto y fin.

b) 1915 (en LAS PULSIONES Y SUS DESTINOS): Introduce Freud el cuarto componente de la pulsión, el empuje, y da una definición de conjunto de pulsión con los cuatro componentes. Según las traducciones, la expresión ‘empuje’ también fue traducida como ‘presión’ o ‘perentoriedad’. Examinemos los cuatro componentes por separado.

EMPUJE: Factor cuantitativo variable que afecta a cada pulsión y que, en último análisis, explica la acción desencadenada para obtener la satisfacción; incluso cuando la satisfacción es pasiva (ser visto, ser pegado), la pulsión, en la medida que ejerce un ‘empuje’, es activa (Laplanche, 114).

El empuje está relacionado con las excitaciones endógenas, no exógenas: de éstas últimas el organismo puede huir, pero de las endógenas (del empuje que ejerce la pulsión) no puede hacerlo (Laplanche, 115). El empuje es variable según la época de la vida. Por ejemplo, durante la pubertad el empuje pulsional es mayor.

FUENTE: Origen interno específico de cada pulsión determinada, ya sea el lugar donde aparece la excitación (zona erógena, órgano, aparato), ya sea el proceso somático que se produciría en aquella parte del cuerpo y se percibiría como excitación (Laplanche, 167). La fuente es el status físico-químico del organismo a causa del cual un estímulo sensorial produce una excitación (Freud, LAS PULSIONES Y SUS DESTINOS).

Las excitaciones o estimulaciones endógenas son las fuentes de la pulsión. En este sentido interesa la definición de moción pulsional:

MOCION PULSIONAL: Término utilizado por Freud para designar la pulsión bajo su aspecto dinámico, es decir, en tanto que se actualiza y se especifica en una determinada estimulación interna (Laplanche, 226).

Ejemplos importantes de fuentes de la pulsión son las zonas erógenas y su excitación:

ZONA EROGENA: Toda región del revestimiento cutáneo-mucoso susceptible de ser asiento de una excitación de tipo sexual. De un modo más específico, ciertas regiones que son funcionalmente el asiento de tal excitación: zona oral, zona anal, uretro-genital, pezón (Laplanche, 475).

Otros ejemplos de fuente pulsional son la musculatura, para el caso de la pulsión de apoderamiento, el ojo para el caso de la ‘pulsión de ver’, etc. (Laplanche, 168,331). En cualquier caso, la fuente tiene siempre un carácter somático. Para que una zona del cuerpo funcione como zona erógena, debe tener erogeneidad:

EROGENEIDAD: Capacidad que posee toda región corporal de constituir la fuente de una excitación sexual, es decir, de comportarse como zona erógena (Laplanche, 120).

Según su fuente, las pulsiones pueden ser por ejemplo la pulsión oral y la pulsión anal.

FIN: El fin o meta pulsional es la actividad hacia la que empuja la pulsión y que conduce a una resolución de la tensión interna; esta actividad está sostenida y orientada por fantasías (Laplanche, 159). El fin de un instinto es su satisfacción, y para ser más precisos, el acto estrictamente específico de descarga que elimina el estado físico de excitación y origina, con ello, la satisfacción (Fenichel, 74).

Vemos así la relación entre fuente y fin: la excitación de la zona erógena (fuente) genera una tensión que debe ser descargada (fin).

La emoción que acompaña a la descarga de la pulsión se llama SATISFACCION (Rycroft, 104).

Asimismo, se llama MOTIVO a aquello que impulsa a una persona hacia un fin o una meta (Rycroft, 78). Esta definición, muy general, puede referirse a factores externos (incentivos) o internos (pulsionales). En el contexto de la teoría de las pulsiones sólo nos interesan estos últimos.

Si el fin de una pulsión de autoconservación es un ACCION ESPECIFICA que elimina un estado de tensión producido por una necesidad, localizable en una zona del cuerpo (por ejemplo boca) y que exige una realización efectiva (por ej. comer), el fin de la pulsión sexual es más difícil de determinar, ya que halla su satisfacción en una función vital que le sirvió de soporte pero profundamente pervertida (separada del fin original) en relación a aquella función vital. En este desplazamiento se inserta una actividad fantaseadora que puede incluir elementos a menudo alejados del prototipo corporal (Laplanche, 161).

Según su fin, las pulsiones pueden ser por ejemplo la pulsión de ver, la pulsión de apoderamiento, etc. (Laplanche, 331), donde los fines son mirar y apoderarse. La denominación del tipo ‘pulsión de ver’ apunta al fin, y la denominación del tipo ‘pulsión oral’ apunta a la fuente, pero obviamente estas últimas tienen también su fin, por ejemplo succionar (Laplanche 159-160), así como la pulsión de ver tiene también su fuente (el ojo como zona erógena).

Ejemplos más fundamentales de fines pulsionales son los pares antitéticos actividad-pasividad, como por ejemplo mirar-ser mirado (para la pulsión escoptofílica o pulsión de ver).

ACTIVIDAD-PASIVIDAD: Uno de los pares antitéticos fundamentales de la vida psíquica. Especifica determinados tipos de fines pulsionales. Desde un punto de vista genético, la oposición activo-pasivo figuraría en primer lugar con respecto a oposiciones ulteriores en las cuales viene a integrarse aquélla: fálico-castrado, masculino-femenino (Laplanche, 8).

PAR ANTITETICO: Término frecuentemente utilizado por Freud para designar algunas grandes oposiciones básicas, ora al nivel de las manifestaciones psicológicas o psicopatológicas (por ejemplo: sadismo-masoquismo, voyeurismo-exhibicionismo), ora al nivel metapsicológico (por ejemplo pulsiones de vida-pulsiones de muerte) (Laplanche, 268).

Hasta aquí vimos que toda pulsión tiene un fin. Pero este fin no es inexorable. Las pulsiones pueden cambiar de fin, y damos aquí tres ejemplos típicos: la transformación en lo contrario, la pulsión coartada o inhibida en su fin, y la sublimación.

TRANSFORMACION EN LO CONTRARIO: Proceso en virtud del cual el fin de una pulsión se transforma en su contrario, al pasar de la actividad a la pasividad (Laplanche, 446). Es la conversión directa del amor en odio, y un ejemplo es la actitud con el objeto abandonante en la melancolía (Bodni, 118).

Por ejemplo pasar del sadismo (pegar) al masoquismo (ser pegado), o del voyeurismo (mirar) al exhibicionismo (ser mirado). La transformación en lo contrario es por lo general pasar de la actividad a la pasividad, pero no siempre es así (Rycroft, 116).

COARTADO O INHIBIDO EN SU FIN: Califica una pulsión que, por efecto de obstáculos externos o internos, no alcanza su modo directo de satisfacción (o fin) y encuentra una satisfacción atenuada en actividades o relaciones que pueden considerarse como aproximaciones más o menos lejanas del primer fin (Laplanche, 54).

Bodni da un ejemplo: cuando el niño aprendió que el (otro) no es un carretel sino otro niño que va a contestar su violencia, puede defenderse de ello mediante la inhibición de la agresión (Bodni, 118). Sin embargo, los principales ejemplos de Freud tienen que ver con la inhibición de las pulsiones sexuales (véase más abajo).

SUBLIMACION: Se dice que una pulsión se sublima en la medida en que es derivada hacia un nuevo fin, no sexual, y apunta hacia objetos socialmente valorados como la ciencia o el arte (Laplanche, 415). Implica esencialmente un cambio de fin, pero también un cambio de objeto (Laplanche, 160).

La sublimación está emparentada pero no es equivalente a la pulsión coartada o inhibida en su fin. Freud parece ver en la inhibición como un inicio de sublimación, pero se preocupó por distinguir ambas cosas: la pulsión inhibida no ha abandonado su fin sexual directo, pero resistencias internas le impiden alcanzarlo, con lo cual se contentan con aproximarse en cierta medida a la satisfacción, lo que explica por ejemplo los sentimientos de ternura, los lazos duraderos de amistad, o los lazos afectivos en el matrimonio, nacidos originalmente de la atracción sexual (Laplanche, 54).

El 4º componente de la pulsión es el objeto. Esta palabra puede designar dentro del psicoanálisis tres cosas: como aquello que el sujeto percibe y conoce (lo que se ve en la segunda tópica, cuando se habla de las funciones del yo como percibir, etc.), como aquello que se ama o se odia (que se ve en la teoría de la libido, donde al respecto se usa el adjetivo ‘objetal’), y finalmente como correlato de la pulsión. Este último sentido es que aquí nos interesa.

OBJETO: Como correlato de la pulsión, es aquello en lo cual y mediante lo cual la pulsión busca alcanzar su fin, es decir, cierto tipo de satisfacción. Puede tratarse de una persona o de un objeto parcial, de un objeto real o de un objeto fantaseado (Laplanche, 258). Objeto es aquello hacia lo cual se dirige una acción o un deseo, aquello que el sujeto exige con el fin de obtener satisfacción instintiva (Rycroft, 82).

OBJETO PARCIAL: Tipo de objetos a los que apuntan las pulsiones parciales, sin que esto implique que se tome como objeto de amor a una persona en su conjunto. Se trata principalmente de partes del cuerpo, reales o fantasmáticas (pecho, heces, pene) y de sus equivalentes simbólicos. Incluso una persona puede identificarse o ser identificada con un objeto parcial). Si bien el término es específicamente kleiniano, Freud afirma su existencia y da variados ejemplos, sobre todo en «Sobre las transposiciones de las pulsiones y especialmente del erotismo anal» al hablar de las equivalencias y relaciones entre los diversos objetos parciales (niño= pene= heces= dinero= regalo) (Laplanche, 263).

Las pulsiones pueden mantenerse en el mismo objeto, o bien cambiar de objeto. Fenichel dice que los psicoanalistas saben cuán fácilmente intercambiables resultan ser los objetos y los fines (Fenichel, 74). En el caso donde las pulsiones se mantienen en el mismo objeto se habla de una constancia objetal, y en el caso de la variabilidad del objeto se habla de la vuelta hacia la propia persona, que es un ejemplo típico:

CONSTANCIA OBJETAL: Capacidad para mantener una relación a largo plazo con un objeto específico, individual; o inversamente, la tendencia a rechazar sustitutos de un objeto familiar, esto es, un bebé que despliega ‘constancia objetal’ rechaza el cuidado material de cualquier otra persona que no sea su madre (Rycroft, 82).

Desde esta perspectiva, el objeto es más bien entendido como correlato del amor y el odio, pero si lo entendemos como correlato de la pulsión, hay que pensar más bien en una variabilidad del objeto especialmente en el caso de las pulsiones sexuales, pero también de las pulsiones de muerte, lo que nos remite al segundo concepto:

VUELTA HACIA LA PROPIA PERSONA: Proceso mediante el cual la pulsión reemplaza un objeto independiente por la propia persona (Laplanche, 456). Un sinónimo es VUELTA SOBRE SI MISMO (Rycroft, 120)

Este concepto parece usarse solamente para explicar el MASOQUISMO MORAL, el fenómeno que se observa con mayor claridad en las neurosis obsesivas, donde el paciente dirige su sadismo contra sí mismo (Rycroft, 120). En efecto, la vuelta sobre sí mismo consiste en la mutación del sadismo en masoquismo, de lo activo en pasivo como forma de procesar la pulsión. La descarga hostil se realiza a costa de ofrendar al Yo como objeto. Este mecanismo, MASOQUISMO SECUNDARIO, se observa en numerosos cuadros narcisistas (Bodni, 118).

Cambiar de objeto y cambiar de fin son dos procesos inextricablemente unidos, como lo prueban los dos ejemplos principales: el sadismo-masoquismo y el voyeurismo-exhibicionismo. Por ejemplo, la vuelta del sadismo en masoquismo implica a la vez pasar de la actividad a la pasividad (cambio de fin), y también pasar de la otra a la propia persona (cambio de objeto (Laplanche, 446). De aquí que el pasaje del sadismo al masoquismo sea, al mismo tiempo y respectivamente, un ejemplo de transformación en lo contrario y de vuelta sobre la propia persona.

Cuatro eran los destinos que Freud había asignado en «Las pulsiones y sus destinos» (1915) a las pulsiones: la transformación en lo contrario, la sublimación, la vuelta hacia la propia persona y la represión. Todos estos caminos deben ser entendidos como estratagemas para evitar que la pulsión alcance su fin original, lo que puede obtener cambiando de fin (típicamente en la transformación en lo contrario), cambiando de objeto (típicamente en la vuelta hacia la propia persona), o cambiando a la vez de fin y objeto (típicamente en la sublimación). Decimos ‘típicamente’ porque en mayor o menor medida casi todos los destinos pulsionales implican a la vez un cambio de fin y de objeto.

El destino del cual aún no hemos hablado es la represión, un mecanismo fundamental para la comprensión tanto de la salud como de la neurosis, y del cual Freud se ocupó extensamente. La idea de represión está vinculada con otros conceptos importantes, afecto y representación, en tanto entendamos por represión la separación del afecto de la representación.

Sugerimos al lector que, antes de leer la sección correspondiente a la teoría de la represión, aborde previamente el siguiente ítem sobre afecto y representación.

b) Afecto y representación

Tanto en el lenguaje cotidiano como en la psicología puramente descriptiva, por afecto entendemos una emoción o un sentimiento que experimentan las personas, placentero o displacentero. Freud tomó ‘afecto’ en este sentido, pero luego buscó explicarlo metapsicológicamente en base a la idea de ‘quantum de afecto’, por lo que ambos conceptos están indisolublemente unidos.

AFECTO: Palabra tomada por el psicoanálisis de la terminología psicológica alemana y que designa todo estado afectivo, penoso o agradable, vago o preciso, ya se presente en forma de una descarga masiva, ya como una tonalidad general. Según Freud, toda pulsión se manifiesta en los dos registros del afecto y la representación. El afecto es la expresión cualitativa de la cantidad de energía pulsional y de sus variaciones (Laplanche, 11).

QUANTUM DE AFECTO: Factor cuantitativo postulado como substrato del afecto vivido subjetivamente, para designar lo que permanece invariable en las diversas modificaciones de éste: desplazamiento, separable de la representación, transformaciones cualitativas (Laplanche, 348).

En ‘PROYECTO DE UNA PSICOLOGíA PARA NEURóLOGOS’, ya Freud utilizaba la letra «Q» para representar energía cuantificable. «Q» (que proviene de quantum=cantidad), fue concebida como una energía incorporada a las neuronas y capaz de pasar de una neurona a otra. QUANTUM (Q) es el antecedente del concepto posterior freudiano de energía psíquica (Rycroft, 35-36) y, para lo que aquí nos interesa, de quantum de afecto o energía de la pulsión.

Tengamos presente además que el quantum de afecto es homologable a la pulsión, pero en tanto y en cuanto se ha desprendido o separado de la representación correspondiente, y encuentra una expresión adecuada a su cantidad en procesos que percibimos como afectos (Freud, LA REPRESIóN, 1915).

Vamos sacando así una importante conclusión: la pulsión se expresa en los registros de la representación y el afecto. Cuando el afecto se separa de la representación, pasa a denominarse quantum de afecto (aspecto cuantitativo), el cual se manifiesta corporal o subjetivamente como afecto (aspecto cualitativo). O sea, una cierta cantidad de energía pulsional se desprende de la representación y tendrá diferentes destinos, adquirirá cualidades distintas, como por ejemplo transformarse en angustia, o en una parálisis histérica, etc. Todos estos destinos son los afectos propiamente dichos, con lo cual vemos que se trata de un concepto amplio porque incluye modificaciones corporales (en la angustia también, pues se siente como opresión en la garganta).

Examinemos ahora el concepto de representación.

REPRESENTACION (en sentido clásico): Término utilizado clásicamente en filosofía y psicología para designar ‘lo que uno se representa, lo que forma el contenido concreto de un acto de pensamiento’ y ‘especialmente la reproducción de una percepción anterior’ (Laplanche, 367).

Notemos que ‘representación’ viene de ‘re-presentación’, es decir presentar algo de nuevo. Cuando percibo a una persona hay una presentación de la persona, pero después me ha quedado cierta impresión o recuerdo de ella, que es la forma como me la presento de nuevo (o sea, es una re-presentación). Tal es el sentido que utiliza Rycroft cuando define representación como aquello que permite a la mente que se presente ante ella misma la imagen de algo que en realidad no está presente. Una ‘representación mental’ es una imagen relativamente permanente de algo que ha sido percibido previamente, y también designa el proceso por el cual se construyen tales imágenes (Rycroft, 102).

Esta idea de representación en el sentido clásico está relacionada directamente con el concepto de huella mnémica, el cual nos permitirá articular la primera con la idea de representación en el sentido psicoanalítico:

HUELLA MNEMICA: Término utilizado por Freud, a lo largo de toda su obra, para designar la forma en que se inscriben los acontecimientos en la memoria. Las huellas mnémicas se depositan en diferentes sistemas; persisten de un modo permanente, pero sólo son reactivadas una vez catectizadas. (Laplanche, 177).

Freud no tomará esta idea en el sentido empirista, según el cual la huella mnémica sería una ‘débil impresión’ que guarda una relación de similitud con el objeto percibido (Laplanche, 368), sino en el sentido propiamente psicoanalítico, según el cual no interesa tanto la relación de la huella mnémica con el objeto sino las relaciones mutuas de esas huellas entre sí, formando sistemas de huellas mnémicas donde, en virtud de ciertas características (simultaneidad, causalidad, etc.), una huellas pueden asociarse a otras, siendo esto lo que permite por ejemplo la asociación libre en el análisis. Así, un cierto recuerdo puede ser reactualizado dentro de un determinado contexto asociativo (Laplanche, 178).

El hecho de afirmar que las huellas mnémicas constituyen sistemas, hizo que se comparara esa idea con el concepto de ‘significante’ en el sentido de De Saussure.

En sí, la idea clásica de representación es sencilla, pero Freud la desmenuzará, la diversificará y la vinculará con el quantum de afecto y el afecto en sí, con el fin de explicar el proceso de la represión. Una prueba de esta complejización del concepto original la tenemos en las diferentes ideas que registró Laplanche en relación al término en cuestión, como resultado de su lectura de Freud: representación-fin, representante-representativo, representante de la pulsión, representante psíquico, representación de cosa, representación de palabra. Incluso se habla también de representaciones inconscientes, representaciones patógenas (Laplanche, 368), representaciones compensatorias (Wyss, 93), y representaciones de objeto (Rycroft, 102)

Iremos definiendo todas estas ideas y relacionándolas entre sí para presentar un cuadro lo más sencillo, entendible y al mismo tiempo fiel al pensamiento freudiano tanto como nos sea posible.

Afortunadamente muchos de estos términos son a grandes rasgos sinónimos, como por ejemplo ‘representación de cosa’ y ‘representación de objeto’. También resultan ser prácticamente sinónimos los vocablos ‘representante de la pulsión’, ‘representante-representativo’ y ‘representante psíquico’: el mismo Laplanche reconoce que se trata del mismo concepto y que son términos intercambiables entre sí en la mayor parte de los textos freudianos (Laplanche, 372).

Tal vez la única diferencia significativa sea que a veces Freud utiliza ‘representante-representativo’ en un sentido más amplio, al incluir también al afecto (Laplanche, 371). En las traducciones de las obras de Freud que hizo Etcheverry, ‘representante-representativo’ aparece con el nombre de ‘delegado pulsional’.

Designaremos aquí, por razones de simplificación didáctica, a todos estos sinónimos bajo la denominación ‘representación’ en sentido psicoanalítico, que es el sentido que utilizaremos de aquí en más:

REPRESENTACION (sentido psicoanalítico): Representación o grupo de representaciones a las cuales se fija la pulsión en el curso de la historia del sujeto, y por medio de las cuales se inscribe en el psiquismo. En este sentido Freud contrapone la representación al afecto, siguiendo cada uno de estos elementos, en los procesos psíquicos, un diferente destino.

Interesa destacar que, en el proceso de la represión, lo que se reprime no es la pulsión ni el afecto sino la representación (Laplanche, 378), como enseguida veremos.

Otro punto destacable es el siguiente: dentro del sistema de representaciones, hay alguna o algunas de ellas que son especialmente importantes, que están privilegiadas en el sentido que ejercen una atracción sobre las demás, como por ejemplo la tarea a realizar en el caso de pensamientos conscientes, o el fantasma inconsciente en el caso de someterse el sujeto a la regla de la asociación libre. Cada una de estas representaciones privilegiadas reciben el nombre de REPRESENTACION-FIN (Laplanche, 370).

Relación entre representación en sentido psicoanalítico y huella mnémica: la representación recatectiza, reaviva la huella mnémica, que en sí misma no es más que la simple inscripción del acontecimiento (Laplanche, 369).

Completemos nuestra visión de las representaciones diciendo que éstas pueden ser de dos tipos: representaciones de cosa y representaciones de palabra.

REPRESENTACION DE COSA-REPRESENTACION DE PALABRA: Términos usados por Freud en sus textos metapsicológicos para distinguir dos tipos de representaciones, uno esencialmente visual que deriva de la cosa, y otro esencialmente acústico que deriva de la palabra. Esta distinción tiene para él un alcance metapsicológico, caracterizándose el sistema preconciente-conciente por la ligazón de la representación de cosa a la representación de palabra correspondiente, a diferencia del sistema inconsciente, que sólo comprende representaciones de cosa (Laplanche, 369).

En la representación consciente coinciden cosa y palabra; en el inconsciente no sólo se separan una de la otra, sino que el inconsciente guarda exclusivamente las representaciones de cosa (Wyss, 94).

a) Las representaciones de cosa están en una relación más inmediata con la cosa, con el objeto percibido: en la ALUCINACION PRIMITIVA, la representación de cosa sería considerada por el niño como el equivalente del objeto percibido, y catectizada en ausencia de éste (Laplanche, 368).

Mientras no sea catectizada la representación no es tal, sino sólo una huella mnémica que incluso puede ser no sólo visual sino también táctil, sonora, cenestésica, etc. Además, cabe pensar que las primeras tentativas de un niño antes de poder hablar, para comprender una cosa -por ejemplo una pelota o una muñeca-, dejan impresiones en el inconsciente que preceden a la representación verbal o de palabra (Wyss, 94).

Con el advenimiento del lenguaje, la representación de cosa quedará ligada a la correspondiente representación de palabra en el sistema Preconciente, y sobre esta articulación entre ambas actuará la represión.

b) Respecto de las representaciones de palabra: una idea inconsciente es una representación del objeto mismo, de la cosa, mientras que una idea consciente ha incorporado a sí misma una imagen verbal, que fue aprendida de los otros (Rycroft, 91) ya que el lenguaje es un producto cultural. Enlazar representación de cosa con representación de cosa es, para dar un ejemplo muy simple, relacionar una pelota percibida visualmente (cosa) con el sonido o imagen acústica ‘pelota’ (palabra).

Dice Freud: «la representación consciente engloba la representación de cosa más la representación palabra correspondiente» (Freud S., LO INCONSCIENTE, 1915).

Las representaciones de palabra se instalan mediante el proceso de VERBALIZACION, o sea el acto de poner nombre a las cosas o sus imágenes. Por ejemplo, contar un sueño es convertir el pensamiento del proceso primario del sueño en sí, en el pensamiento verbal del estado consciente.

Al respecto, Rycroft indica que el psicoanálisis constituye un intento de verbalizar lo que no es verbalizable ya que su tema básico, la actividad mental inconsciente, es intrínsecamente no verbal y es distorsionada, en consecuencia, por las formulaciones verbales (Rycroft, 118).

No obstante, la verbalización es condición sine qua non para la toma de conciencia (Laplanche, 369) y, por ende, para el proceso de la cura.

Tengamos presente por último, que las representaciones de cosa son significantes pre-verbales y están regidas por el proceso primario, mientras que las representaciones de palabra son significantes verbales, y están regidas por el proceso secundario.

c) Teoría de la represión

En este último ítem examinaremos qué es represión, cuáles son los tiempos o etapas de este proceso y, dentro de este último contexto, qué tipos de represión ha distinguido Freud.

REPRESION: En sentido propio, es una operación por medio de la cual el sujeto intenta rechazar o mantener en el inconsciente representaciones (pensamientos, imágenes, recuerdos) ligados a una pulsión. La represión se produce en aquellos casos en que la satisfacción de una pulsión (susceptible de procurar por sí misma placer) ofrecería el peligro de provocar displacer en virtud de otras exigencias.

La represión es particularmente manifiesta en la histeria, si bien desempeña también un papel importante en las restantes afecciones mentales, así como en la psicología normal. Puede considerarse como un proceso psíquico universal, en cuanto se hallaría en el origen de la constitución del inconsciente como dominio separado del resto del psiquismo (Laplanche, 375). Hay otro sentido más vago de represión, en relación con la defensa, que examinaremos en una próxima entrega («Formaciones patológicas del inconsciente«).

La represión es la que arrebata la suma de excitación a la representación, la que disocia la carga afectiva. Este proceso se realiza en el inconsciente o, la mayoría de las veces, en el preconsciente. La representación queda entonces ya sin carga afectiva o bien la recibe del inconsciente (Wyss, 92).

La operación de represión puede considerarse:

a) desde el punto de vista tópico: si bien la represión se describe, en la primera teoría del aparato psíquico, como mantenimiento fuera de la conciencia, Freud no asimila la instancia represora a la conciencia. El modelo lo proporciona la censura. En la segunda tópica, la represión se considera como una operación defensiva del yo (parcialmente inconsciente);

b) desde el punto de vista económico, la represión supone un juego complejo de retiro de catexis, recatectización y contracatexis que afectan a los representantes de la pulsión;

c) desde el punto de vista dinámico, la cuestión principal es la de los motivos de la represión: cómo una pulsión cuya satisfacción, por definición, engendra placer, llega a suscitar un displacer que obliga a la represión (Laplanche, 379).

CENSURA: Función que tiende a impedir, a los deseos inconscientes y a las formaciones que de ellos derivan, el acceso al sistema preconciente-conciente. La censura es una barrera permanente y selectiva entre el inconsciente, por un lado, y el sistema preconciente-conciente por la otra, y se halla en consecuencia en el origen de la represión (Laplanche, 53).

También se suele hablar de una ‘segunda censura’, que Freud sitúa entre el consciente y el preconsciente (Laplanche, 422).

Antes de pasar a los tiempos de la represión, diferenciemos antes represión de supresión.

SUPRESION: En sentido amplio, operación psíquica que tiende a hacer desaparecer de la conciencia un contenido displacentero o inoportuno: idea, afecto, etc. En este sentido, la represión sería un tipo especial de supresión.

En sentido más estricto, designa ciertas operaciones del sentido anterior distintas de la represión:

a) ya sea por el carácter consciente de la operación y por el hecho de que el contenido suprimido se convierte en preconsciente y no en inconsciente;

b) ya sea, en el caso de la supresión de un afecto, porque éste no es traspuesto al inconsciente, sino inhibido, abolido (Laplanche, 422).

La supresión es entonces consciente, ocurre a nivel de la segunda censura. La represión en cambio ocurre a nivel de la ‘primera censura’, por lo que en esta última, tanto la instancia represora (el yo, etc.) como la misma operación y su resultado son inconscientes.

En cuanto a los afectos, éstos pueden suprimirse pero no reprimirse, pues estrictamente lo que se reprime es la representación ligada al mismo. Además de suprimirse, los afectos pueden transformarse en otro afecto, como veremos pronto (Laplanche, 422-423 y 372).

d) Tiempos de la represión

Sistematizaremos los tiempos de la represión siguiendo los planteos de Freud tal como aparecen en varios de sus artículos, pero sobretodo en ‘La Represión’ (1915), donde se describen tres tiempos:

1º tiempo: represión originaria, también llamada represión primaria, primordial, o primera represión.

2º tiempo: represión con posterioridad, llamada también represión secundaria, posterior, segunda represión o represión propiamente dicha.

3º tiempo: retorno de lo reprimido.

En general, cuando se habla de represión en la enseñanza de Freud, se alude a la represión con posterioridad. En lo que sigue habremos de distinguir explícitamente los dos tipos de represión, utilizando las denominaciones represión primaria y represión secundaria.

a) 1º tiempo: Este primer tiempo tiene lugar esencialmente en la primera infancia, durante la cual las pulsiones sexuales buscarán una descarga rápida e inmediata tal como lo exige el principio del placer. Al principio el niño tiene un cierto éxito, cuando puede descargar sus impulsos por medio de una realización alucinatoria. Este recurso sin embargo dura poco, ya que el niño comprueba que el objeto alucinado (por ejemplo el pecho) no es real. Sin embargo aún cuando el niño pueda encontrar un objeto externo por medio del cual satisfacer sus pulsiones, la inminencia de la descarga pulsional generará angustia (sea porque teme no encontrar el objeto satisfactor, según experiencias pasadas de frustración, sea porque hay una instancia moral).

Esta angustia es el estímulo detonante de la represión: al representante psíquico de la pulsión le es negado su acceso a la conciencia, y esto constituye la represión primaria.

Como vemos, el mecanismo básico de esta represión primaria es una contracarga (o contracatexis, o contrainvestidura), es decir a la fuerza de la pulsión se le opone otra fuerza, la fuerza represora primaria (contracarga).

Esta represión primaria no recae sobre la pulsión como tal, sino sobre sus signos, sus ‘representantes’ (ideas, imágenes, etc.), que no llegan a la conciencia y a los cuales queda fijada la pulsión. Se crea así un primer núcleo inconsciente que funciona como polo de atracción respecto de los elementos a reprimir. Estas representaciones inconscientes son lo que anteriormente habíamos calificado como representaciones de cosa.

La represión no recae tampoco sobre el afecto (ver Supresión). Sólo se reprimen los elementos representativos, los cuales van ligados a lo reprimido originario, ya porque provengan de éste, ya porque entren en conexión fortuita con él. La represión reserva a cada uno de ellos un destino diferente, ‘completamente individual’ según su grado de deformación, su distancia respecto al núcleo inconsciente o su valor afectivo.

Freud había caracterizado al inconsciente como un reservorio pulsional (el inconsciente que hunde sus raíces en lo biológico), y también como el conjunto de contenidos reprimidos.

Esto último es lo que aquí nos interesa especialmente por cuanto Freud intentará explicar la constitución del inconsciente por el proceso de la represión primaria (Laplanche, 433). En 1915, Freud considera a las representaciones no sólo como los contenidos del inconsciente, sino como constitutivos de éste: en un solo y mismo acto, la represión primaria, la pulsión en lugar de descargarse se fija a una representación que ve rehusado su acceso a la conciencia, y se constituye el inconsciente.

Freud refiere al respecto que «así se produce una fijación y el representante perdura, a partir de este momento, en forma inalterable, quedando la pulsión ligada a él». La fijación se encuentra entonces en el origen de la represión y puede considerársela incluso como el primer tiempo de la represión (Laplanche, 157).

Veamos entonces como define Laplanche la represión primaria u originaria:

REPRESION ORIGINARIA: Proceso hipotético descripto por Freud como primer tiempo de la operación de represión. Tiene por efecto la formación de un cierto número de representaciones inconscientes, o ‘reprimido originario’. Los núcleos inconscientes así constituidos contribuyen seguidamente a la represión propiamente dicha o represión con posterioridad, por la atracción que ejercen sobre los contenidos a reprimir, junto con la repulsión proveniente de las instancias superiores (Laplanche, 379).

b) 2º tiempo: La última parte de esta definición ya nos introduce en el segundo tiempo de la represión, donde tiene lugar la represión secundaria. Si la represión primaria ocurría en la primera infancia, la secundaria ocurrirá durante el resto de la vida en una forma permanente, sea en forma fallida o excesiva (dando lugar a la patología), sea en forma exitosa (como en las sublimaciones).

Lo esencial del 2º tiempo será lo siguiente: lo que fue reprimido en el primer tiempo tiende siempre a irrumpir de nuevo en la conciencia en forma de derivados, siendo sometidos entonces a una segunda represión o represión con posterioridad (Laplanche, 94), o represión secundaria.

Las representaciones de cosa son siempre inconscientes, y si tienden a hacerse preconscientes o conscientes lo harán bajo la forma de una representación de palabra. La represión secundaria actúa sobre estas representaciones separando o disociando de ellas el afecto, es decir, realizando una descatectización o desinvestidura de las representaciones de palabra.

En el 1º tiempo no es posible nombrar aquello que debe reprimirse pues no está constituido el lenguaje, pero en el segundo tiempo sí: el significante ‘representación de palabra’, que es verbal, representa lo que debe ser reprimido, representa aquello de lo cual debe separarse el afecto, porque es este afecto displacentero en última instancia el motivo y el fin de la represión.

Vemos así entonces que mientras el mecanismo central de la represión primaria es una contracarga o contrainvestidura, el mecanismo central de la represión secundaria es una desinvestidura, un retiro de catexis de la representación palabra.

Pero como la energía no se pierde sino que se transforma, debemos preguntarnos por último cuál o cuales serán los destinos de los quanta de afecto separados de su representación, y al respecto Freud plantea varios caminos posibles, calificables como los DESTINOS DEL AFECTO.

Estos posibles destinos son, entre los más significativos:

a) El quantum de afecto es desplazado a otra representación lo suficientemente alejada de la original como para no provocar angustia. Esta nueva representación no estará, sin embargo, totalmente desconectada de la reprimida, y habrá entre ambas lazos asociativos. Justamente durante el análisis, la interpretación lo que hace es recorrer estas vías asociativas en sentido inverso, o sea partiendo de la representación de palabra e intentando llegar por asociación libre hasta la original representación reprimida (cosa que en rigor no puede hacerse por ser esta un significante pre-verbal, es decir, innombrable, inefable).

Las asociaciones que va haciendo el paciente lo van llevando entonces hacia lo reprimido primordial (hacia lo reprimido en el primer tiempo) sin alcanzarlo nunca. El hecho que las asociaciones vayan llevando hacia lo reprimido nos muestra que las representaciones primordiales ejercen una especie de atracción sobre el resto de las representaciones, funcionando entonces como representaciones-fin.

El desplazamiento del afecto sobre otra representación se ve por ejemplo en las obsesiones (la escrupulosidad como reacción a los impulsos sádicos). En la neurosis obsesiva, refiere Laplanche (367), el quantum de afecto se ha desplazado desde la representación patógena ligada al acontecimiento traumatizante, a otra representación que el sujeto considera insignificante.

También vemos un similar mecanismo de desplazamiento en las fobias, donde una nueva representación, el caballo, recibe el afecto displacentero (angustia, miedo) de la original representación del padre, para referirnos al caso Juanito. El niño puede así en este caso soportar la presencia del padre sin angustia, angustia que además puede controlar mediante el recurso de evitar la presencia del caballo. El caballo funciona entonces, en palabras de Wyss (92-94) como una representación compensatoria.

b) El quantum de afecto original se transforma en otro afecto, apareciendo por ejemplo como angustia (neurosis de angustia). Esto también se puede ver en las fobias, donde la angustia frente al objeto fobígeno es el afecto resultante.

Este, consciente, puede a su vez ser evitado mediante el recurso de la supresión (véase más arriba Supresión). También puede verse este segundo destino del quantum de afecto en la melancolía (Laplanche, 11-12).

c) El quantum de afecto puede también convertirse en energía somática, y la representación reprimida pasa a ser simbolizada mediante una zona o una actividad corporal (Laplanche, 368). Tal lo que ocurre en la histeria de conversión.

c) 3º tiempo: Los mecanismos represores no son 100 % eficaces, y siempre se producirá un RETORNO DE LO REPRIMIDO, como ocurre por ejemplo en los sueños, los síntomas, los actos fallidos y en general en lo que en psicoanálisis suelen llamarse las formaciones del inconsciente. El retorno de lo reprimido no equivale a la disolución de la represión. Como indica Fenichel (175), en realidad este retorno no es más que la involuntaria irrupción en el estado consciente de derivados inaceptables de los impulsos.


4.2 PRIMERA TEORíA DE LAS PULSIONES

Esquemáticamente, Freud planteó 2 teorías sobre las pulsiones.

La aparece claramente explicitada en 1915 (Las pulsiones y sus destinos), y las divide en pulsiones de autoconservación y pulsiones sexuales (hambre y amor, como dice el mismo Freud para clarificar su explicación).

La teoría aparece formulada en 1920 (MáS ALLá DEL PRINCIPIO DEL PLACER), y las divide en pulsiones de vida y pulsiones de muerte (más literariamente, Amor y Discordia). Como se ve, la teoría de las pulsiones en Freud fue, salvo en muy breves periodos de duda, siempre dualista.

En esta sección examinaremos la primera teoría de las pulsiones.

a) Pulsiones de autoconservación

En relación con las pulsiones de autoconservación se habla también de pulsiones del yo. En un primer momento ambas expresiones eran sinónimas, pero luego Freud introdujo una distinción, la que de todas maneras no es tan neta, pues las pulsiones del yo apuntan a la autoconservación del individuo (Laplanche, 345):

PULSIONES DE AUTOCONSERVACION: Término mediante el cual Freud designa el conjunto de las necesidades ligadas a las funciones corporales que se precisan para la conservación de la vida del individuo; su prototipo viene representado por el hambre. Dentro de su primera teoría de las pulsiones, Freud contrapone las pulsiones de autoconservación a las pulsiones sexuales (Laplanche, 333).

Si bien toma como prototipo el hambre, Freud parece admitir que hay otras muchas pulsiones de autoconservación vinculadas a las correspondientes funciones orgánicas (nutrición, defecación, emisión de orina, actividad muscular, visión, etc.) (Laplanche, 334-335).

PULSIONES DEL YO: Dentro del marco de la primera teoría de las pulsiones (tal como fue formulada por Freud en los años 19101915), las pulsiones del yo designan un tipo específico de pulsiones cuya energía se sitúa al servicio del yo en el conflicto defensivo: son asimiladas a las pulsiones de autoconservación y se oponen a las pulsiones sexuales (Laplanche, 344).

La contracción ‘del’, en la expresión ‘pulsiones del yo’ significa dos cosas: por un lado son pulsiones que emanan o derivan del yo y son dirigidas hacia objetos exteriores, y por el otro lado son pulsiones que toman al yo como objeto, se fijan a él (Laplanche, 345).

En relación con las pulsiones de autoconservación o del yo (a grandes rasgos aquí las tomaremos como sinónimos), Laplanche define 3 conceptos freudianos: interés del yo, egoísmo, y concorde con el yo:

INTERES DEL YO: Término utilizado por Freud en el marco de su primer dualismo pulsional: energía de las pulsiones de autoconservación, en contraposición a la libido o energía de las pulsiones sexuales (Laplanche, 200).

EGOISMO: Interés del yo por sí mismo. Suele diferenciarse egoísmo y narcisismo: el egoísmo se define como una catexis por las pulsiones del yo, y el narcisismo como catexis del yo por las pulsiones sexuales (Laplanche, 105).

CONCORDE CON EL YO: Término que sirve para calificar las pulsiones o las representaciones aceptables por el yo, es decir, compatibles con su integridad y sus exigencias.

Las pulsiones concordes con el yo se oponen a las pulsiones sexuales, en la medida en que estas están destinadas a ser reprimidas cuando se muestran inconciliables con el yo (Laplanche, 75).

b) Pulsiones sexuales

PULSION SEXUAL: Empuje interno que el psicoanálisis ve actuar en un campo mucho más extenso que el de las actividades sexuales en el sentido corriente del término. Laplanche completa su definición de la siguiente manera:

Allí se verifican eminentemente algunos de los caracteres de la pulsión, que la diferencian de un INSTINTO: su objeto no está predeterminado biológicamente, sus modalidades de satisfacción (fines) son variables, más especialmente ligadas al funcionamiento de determinadas zonas corporales (zonas erógenas), pero susceptibles de acompañar a las más diversas actividades, en las que se apoyan.

Esta diversidad de las fuentes somáticas de la excitación sexual implica que la pulsión sexual no se halla unificada desde un principio, sino fragmentada en pulsiones parciales, que se satisfacen localmente (placer de órgano).

El psicoanálisis muestra que la pulsión sexual en el hombre se halla íntimamente ligada a un juego de representaciones o fantasías que la especifican. Sólo al final de una evolución compleja y aleatoria, se organiza bajo la primacía de la genitalidad y encuentra entonces la fijeza y la finalidad aparentes del instinto.

Desde el punto de vista económico, Freud postula la existencia de una energía única en las transformaciones de la pulsión sexual: la LIBIDO.

Desde el punto de vista dinámico, Freud ve en la pulsión sexual un polo necesariamente presente del conflicto psíquico: es el objeto privilegiado de la represión en el inconsciente (Laplanche, 332).

En el concepto de pulsión sexual destacamos dos ideas especialmente importantes, vinculadas entre sí:

a) las pulsiones sexuales se refieren a algo mucho más amplio a la sexualidad como se la entiende corrientemente, y

b) las pulsiones sexuales son originalmente parciales, y luego se organizan bajo la supremacía genital. En relación con la primera idea está el concepto freudiano de sexualidad, y en relación con la segunda idea la idea de pulsión parcial:

SEXUALIDAD: En la experiencia y la teoría psicoanalíticas, esta palabra no designa solamente las actividades y el placer dependientes del funcionamiento del aparato genital, sino toda una serie de excitaciones y de actividades, existentes desde la infancia, que producen un placer que no puede reducirse a la satisfacción de una necesidad fisiológica fundamental (respiración, hambre, excreción, etc.) y que se encuentran también a título de componentes en la forma llamada normal del amor sexual (Laplanche, 401).

Incluso los impulsos sexuales infantiles o adultos tienen efectos sobre la conducta no sexual, efectos mediatizados por la simbolización y la sublimación. Por lo tanto, sexualidad en psicoanálisis engloba también los fenómenos que son manifiestamente no sexuales pero que son derivados o análogos latentes (o inferenciales) de los fenómenos sexuales (Rycroft, 105).

PULSION PARCIAL: Se designan con este término los elementos últimos a los que llega el psicoanálisis en el análisis de la sexualidad. Cada uno de estos elementos viene especificado por una fuente (por ejemplo pulsión oral, pulsión anal) y un fin (por ejemplo pulsión de ver, pulsión de apoderamiento).

La palabra ‘parcial’ no significa solamente que las pulsiones parciales constituyan especies pertenecientes a la clase de la pulsión sexual en general; debe tomarse sobre todo en un sentido genético y estructural: las pulsiones

parciales funcionan al principio independientemente y tienden a unirse en las diferentes organizaciones libidinales (Laplanche, 331). Este modo de organización de las pulsiones desde el nacimiento en adelante lo veremos en una sección posterior, bajo el título de ‘Desarrollo psicosexual’.

c) Relaciones entre pulsiones del yo y pulsiones sexuales

Dos conceptos importantes nos permiten articular las pulsiones de autoconservación con las pulsiones sexuales: apoyo (las pulsiones sexuales se ‘apoyan’ en las pulsiones de autoconservación), y conflicto (ambos tipos de pulsión pueden entrar en conflicto).

APOYO: Término introducido por Freud para designar la relación primitiva de las pulsiones sexuales con las pulsiones de autoconservación: las pulsiones sexuales, que sólo secundariamente se vuelven independientes, se apoyan sobre las funciones vitales que les proporcionan una fuente orgánica, una dirección y un objeto. En consecuencia, se hablará también de apoyo para designar el hecho de que el sujeto se apoya sobre el objeto de las pulsiones de autoconservación en su elección de un objeto amoroso; esto es lo que denominó Freud el tipo de elección de objeto por apoyo, o elección anaclítica (Laplanche, 31).

Un ejemplo típico es la actividad oral del bebé: al principio succiona el pecho simplemente para satisfacer su necesidad de hambre, pero bien pronto el mismo acto de succionar se convierte en placentero, más allá de si alimenta o no: es el momento donde la satisfacción sexual se separa de la necesidad nutritiva, donde se había apoyado (Freud, Tres ensayos sobre una teoría sexual).

Así, la sexualidad sólo secundariamente se vuelve autónoma y, una vez abandonado el objeto exterior, funciona en forma autoerótica (Laplanche,31). Efectivamente, las pulsiones sexuales se satisfacen en forma autoerótica antes de recorrer la evolución que las conducirá a la elección objetal. En cambio las pulsiones de autoconservación se hallan desde un principio en relación con el objeto (por ej. el pecho) (Laplanche, 33).

Una vez que las pulsiones sexuales se han independizado de las pulsiones de autoconservación, veamos la posibilidad de un conflicto entre ambas.

En una primera etapa de su pensamiento, Freud había visto el conflicto psíquico como una oposición entre la sexualidad y una instancia represora (ética), que hacía de las representaciones sexuales algo incompatible para el yo y generador de displacer para éste.

En una segunda etapa (primera teoría de las pulsiones), Freud buscó un soporte pulsional a la instancia represora, con lo cual el conflicto quedaba reducido a una oposición entre dos pulsiones: las sexuales y las de autoconservación o del yo (Laplanche, 78).

Freud intentaba así explicar el conflicto psíquico afirmando que el yo encuentra en las pulsiones de autoconservación la mayor parte de la energía necesaria para la defensa contra la sexualidad (Laplanche, 326).

Como dijimos antes, las pulsiones sexuales están destinadas a ser reprimidas cuando se muestran inconciliables con el yo (Laplanche, 75). El conflicto entre pulsiones sexuales y de autoconservación proporcionaría la clave para la comprensión de las neurosis de transferencia (Laplanche, 334).

Con la introducción del concepto de narcisismo en 1915, las pulsiones de autoconservación siguen oponiéndose a las sexuales, si bien estas últimas se encuentran ahora subdivididas, según que apunten al objeto exterior (libido objetal) o al yo (libido del yo o libido narcisista) (Laplanche, 335).

La energía de las pulsiones del yo no es libido, sino interés, aunque como dice Rycroft, Freud nunca fue claro respecto de si las pulsiones del yo también usaban la energía de la libido o alguna otra (Rycroft, 51).

La importancia que otorga pronto Freud a la oposición libido del yo-libido objetal, diluirá la importancia de la oposición pulsiones del yo-pulsiones sexuales. En efecto, Freud cree poder referir la autoconservación al amor de sí mismo, o sea a la libido del yo, lo cual habla un poco de un monismo pulsional (todas las pulsiones son reductibles a pulsiones libidinales, que luego llamará de vida), con lo cual entramos en una tercera etapa de su pensamiento, donde reinstaura el dualismo pulsional, pero ahora en términos de pulsiones de vida-pulsiones de muerte (Laplanche, 346-347).

En esta tercera etapa, (segunda teoría de las pulsiones), prescinde ya del conflicto pulsional, concibiéndose al ello como un reservorio pulsional que incluye las pulsiones de vida y muerte. La energía utilizada por el yo la toma de aquel fondo común, especialmente en forma de energía ‘desexualizada y sublimada’ (Laplanche, 326).

d) Relaciones entre la primera y la segunda teoría de las pulsiones

En un esquema aparte, podemos apreciar a grandes rasgos la diferencia entre la primera y la segunda teoría de las pulsiones. En ese esquema destacamos especialmente tres novedades introducidas en la segunda teoría:

a) El reconocimiento que las pulsiones de autoconservación y las sexuales no son en rigor de naturaleza diferente, y pueden ser englobadas ambas como pulsiones de vida, o bien como pulsiones de muerte;

b) La introducción de las pulsiones de muerte como las más arcaicas y fundamentales de todas las pulsiones.

c) El nuevo dualismo pulsional está dado por el par pulsiones de vida-pulsiones de muerte.

Pero, ¿qué es lo que llevó a Freud a pasar de la primera teoría a la segunda teoría de las pulsiones? Básicamente dos cosas:

1) la autocrítica que hizo de su primera teoría pulsional; y

2) el descubrimiento de razones (tanto teóricas como clínicas) para avalar la existencia de las pulsiones de muerte.

Veamos estas cuestiones separadamente.

1) La crítica a la primera clasificación de las pulsiones surgió a raíz del descubrimiento del narcisismo, o sea del carácter libidinal (léase sexual) de ciertos deseos hasta entonces atribuidos a las pulsiones del yo. Una parte del ‘egoísmo’ resultó ser de la misma naturaleza que las pulsiones sexuales con que son amados los objetos, lo cual se evidencia en que se puede desplazar la energía del yo a los objetos, y viceversa. Incluso la suma de ambas energías es, para cierto momento, constante: en Introducción al Narcisismo Freud dice que aquel que se ama más a sí mismo se interesa menos por los objetos, y viceversa.

Conclusión: las pulsiones del yo y las sexuales no son radicalmente distintas, sino la manifestación de una misma energía, la libido, con lo cual habrá entonces una libido del yo y otra objetal, interconvertibles entre sí por un proceso de desplazamiento. Y si las pulsiones del yo y las sexuales no son cualitativamente diferentes, entonces no sirve la primera clasificación de las pulsiones (Fenichel, 77).

2) La idea de la existencia de pulsiones de muerte encuentra su justificación en razones teóricas y razones clínicas.

Las razones teóricas o especulativas apuntan a considerar que las pulsiones tienden a regirse por el principio de constancia y, más aún, por el principio de nirvana, pues buscan reducir al máximo la tensión. Pero por otro lado ciertas otras pulsiones parecen actuar en sentido opuesto, (tienen un ‘hambre de estímulos’, buscan el aumento de la tensión), lo que se ve con mayor claridad en las pulsiones sexuales (Fenichel, 77-78). Lo primero sugirió la idea de pulsiones de muerte, y lo segundo la idea de pulsiones de vida.

Metapsicológicamente hablando, a Freud le resultaba inconcebible pensar que el odio pudiese derivarse de las pulsiones sexuales, que tienden hacia el amor y la unión (Laplanche, 337), lo que también le llevó a afirmar la existencia de las pulsiones de muerte.

La base clínica de la 2º teoría pulsional es la existencia de la agresión, parte bastante considerable de las tendencias humanas.

Tal agresión se ve por ejemplo en:

a) Como respuesta a las frustraciones, con el fin de superarlas;

b) tendencias agresivas vinculadas a ciertas pulsiones sexuales, especialmente la oral y anal (pregenitales);

c) tendencias agresivas sin ninguna vinculación aparente con la sexualidad;

d) el enigma del masoquismo, donde parece no regir el principio del placer, ya que en él afloran las tendencias autodestructivas (Fenichel, 78).

A todo ello debemos agregar las reacciones terapéuticas negativas y los sentimientos de culpabilidad de los neuróticos (Laplanche, 339).

Laplanche por su lado invoca como otras razones clínicas el fenómeno de la COMPULSION A LA REPETICION (difícilmente reducible a una simple búsqueda de satisfacción libidinal o a una simple tentativa de dominar experiencias displacenteras), y a las nociones de ambivalencia, agresividad, sadismo y masoquismo extraídas sobre todo de la clínica de la neurosis obsesiva y la melancolía (Laplanche, 337).

Todo lo dicho no significa obviamente que Freud recién se haya dado cuenta que había agresividad en el hombre cuando postuló su segunda teoría pulsional. Por ejemplo, cuando aún recién formulaba su primera teoría pulsional, Kaplan indica que reconoció un componente sádico en las pulsiones sexuales, y sólo luego, progresivamente, Freud advirtió el componente sádico como independiente del libidinal, separando ambos en forma gradual (Kaplan, 76).

Además de las razones teóricas y clínicas, también se invoca la fuerte impresión que causaron en Freud los estragos de la primera guerra mundial, y que lo motivó para pensar en la agresión como una tendencia destructiva con fuerza propia (Wyss, 113).


4.3 SEGUNDA TEORíA DE LAS PULSIONES

a) Generalidades

En nuestra sección anterior habíamos hablado de cómo Freud pasó de la primera teoría de las pulsiones a la segunda teoría, y habíamos indicado las principales novedades que incorporaba ésta última: a) entre las pulsiones del yo y las pulsiones sexuales de la primera teoría ya no hay diferencia cualitativa, y son englobadas dentro de las pulsiones de vida; y b) el establecimiento de las pulsiones de muerte, con lo cual el nuevo dualismo pulsional está dado por el par pulsiones de vida-pulsiones de muerte.

Freud introdujo su teoría dual de las pulsiones de vida y muerte en 1920. De acuerdo a Kaplan, esta nueva clasificación de las pulsiones es más abstracta y tiene implicaciones más amplias que su anterior concepto de impulsos libidinales y agresivos. Pensaba que las pulsiones de vida y muerte representaban las fuerzas subyacentes a las pulsiones sexuales y agresivas (Kaplan, 76).

En la visión de Fenichel, la segunda teoría de las pulsiones establece la existencia de dos cualidades en la psique: una, autodestructiva, el ‘instinto de muerte’ (que puede volverse contra el mundo externo y transformarse así en un ‘instinto destructivo’), y otra, Eros, que persigue la búsqueda de objetos, y empeñada en lograr unidades cada vez más elevadas (Fenichel, 78).

b) Pulsiones de vida

PULSIONES DE VIDA: Gran categoría de pulsiones que Freud contrapone, en su última teoría, a las pulsiones de muerte. Tienden a constituir unidades cada vez mayores y a mantenerlas. Las pulsiones de vida, que se designan también con el término ‘Eros’, abarcan no sólo las pulsiones sexuales propiamente dichas, sino las pulsiones de autoconservación (Laplanche, 342).

Mediante el término EROS, los griegos designaban el amor y el dios Amor. Freud lo utiliza en su última teoría de las pulsiones para designar el conjunto de las pulsiones de vida, oponiéndolo a las pulsiones de muerte (Laplanche, 121). La utilización del este vocablo por parte de Freud es una metáfora poética más que una designación científica, y su vinculación con las pulsiones de vida tiene que ver con el hecho de que el rol del dios Eros era traer armonía al caos y permitir el desarrollo de la vida (Rycroft, 51-52).

Expresiones vinculadas a este término son ‘erógeno’ y ‘erótico’. EROGENO significa capaz de producir excitación sexual, como por ejemplo una zona erógena, o el masoquismo erógeno (Laplanche, 121).

Aclaramos aquí que una zona es erógena en relación con la propia persona poseedora: cuando un niño o un hombre succiona el pecho femenino, la zona erógena activada del hombre es la zona oral, y la zona erógena activada en la mujer, el pezón. De idéntica manera, la zona erógena es la mucosa anal, no por ejemplo las heces.

EROTICO, por su parte significa sexual, libidinal, agradable. Tomando el sentido ‘sexual’, erótico es un placer que se experimenta como si tuviese calidad sexual (Rycroft, 52).

Otro término vinculado a Vida y Eros es ‘amor’:

AMOR: En la literatura analítica puede aparecer como a) Eros, un principio o fuerza personificados (en un dios); b) una pulsión o grupo de pulsiones propensas a entrar en conflicto tanto con las pulsiones de conservación como con las destructivas; c) un afecto más a menudo contrastado con el odio que con el miedo; y d) una capacidad o función propensa a la inhibición, la perversión y la sublimación (Rycroft, 30).

Respecto del punto (b) hacemos dos aclaraciones: primero, Rycroft utiliza la expresión ‘instintos’ en lugar de ‘pulsiones’. En secciones anteriores ya hemos indicado la conveniencia de utilizar la segunda expresión. Segundo, cuando Rycroft dice que la pulsión amorosa puede entrar en conflicto con la pulsión de conservación, se refiere al posible conflicto entre pulsiones sexuales y pulsiones de autoconservación, respectivamente (Rycroft, 34).

c) Pulsiones de muerte

Se trata de la gran novedad introducida por Freud en su segunda y última teoría pulsional. Acerca de los motivos (teóricos y clínicos) que tuvo para instituir este concepto, véase nuestra sección anterior (El Observador número 6, página 269).

PULSIONES DE MUERTE: Dentro de la última teoría freudiana de las pulsiones, designan una categoría fundamental de pulsiones que se contraponen a las pulsiones de vida y que tienden a la reducción completa de las tensiones, es decir, a devolver al ser vivo al estado inorgánico. Las pulsiones de muerte se dirigen primeramente hacia el interior y tienden a la autodestrucción; secundariamente se dirigirían hacia el exterior, manifestándose entonces en forma de pulsión agresiva o destructiva (Laplanche, 336).

Freud definió la pulsión de muerte como la tendencia de los organismos y de sus células a volver al estado inanimado (Kaplan, 76), o, para usar las mismas expresiones de Freud, las pulsiones de muerte son aquellas que tratan de conducir lo que está vivo a la muerte (Freud, MáS ALLá DEL PRINCIPIO DEL PLACER).

Freud indica que la tendencia de la pulsión de muerte aparece expresada en el PRINCIPIO DE NIRVANA, que designa algo distinto al principio de constancia u homeostasis: el nirvana es la tendencia radical a llevar la excitación a nivel cero, es decir a la muerte (Freud, El problema económico del masoquismo).

Así como ‘Eros’ tiene relación con las pulsiones de vida, ‘Tanatos’ tiene relación con las pulsiones de muerte:

TANATOS: Palabra griega (la Muerte) utilizada en ocasiones para designar las pulsiones de muerte, por simetría con el término de Eros; su empleo subraya el carácter radical del dualismo pulsional, confiriéndole una significación casi mítica. Federn habría introducido el término en psicoanálisis, aunque Jones dice que Freud lo usaba en sus conversaciones (Laplanche, 425).

Freud había indicado que las pulsiones de muerte se dirigen primero hacia el interior, en una dirección autodestructiva, y sólo secundariamente, después, se dirigen hacia el exterior, en una dirección agresiva. A grandes rasgos, podemos esquematizar los diversos destinos o vicisitudes de las pulsiones de muerte en tres etapas:

1- Originalmente las pulsiones de muerte están dirigidas hacia el interior, hacia el propio sujeto (masoquismo primario).

2- Luego son desviadas hacia el exterior, hacia las otras personas (sadismo).

3- Después pueden retornar nuevamente sobre el sujeto (masoquismo secundario).

Como vemos, las pulsiones de muerte pueden estar dirigidas hacia el interior o hacia el exterior. Podemos tomar esta idea sobre las vicisitudes de las pulsiones de muerte para organizar nuestra exposición de las mismas.

Pulsiones de muerte dirigidas hacia el interior

El concepto central es aquí la idea de masoquismo.

MASOQUISMO: Perversión sexual en la cual la satisfacción va ligada al sufrimiento o a la humillación experimentados por el sujeto. Freud extiende la noción de masoquismo más allá de la perversión descrita por los sexólogos: por una parte, al reconocer elementos masoquistas en numerosos comportamientos sexuales, y rudimentos del mismo en la sexualidad infantil, y, por otra, al describir formas que de él derivan, especialmente el ‘masoquismo moral’ (Laplanche, 218).

Una acepción del término, que usa Rycroft, ve en el masoquismo un rasgo de carácter que presentan las personas que provocan un mal tratamiento, humillación, y sufrimiento, sobre sí mismas. El masoquismo es tanto una real como una aparente excepción del principio del placer. Tiende a ser explicado ya sea en términos de

(a) transformación en lo contrario del sadismo;

(b) identificación con el compañero sádico;

(c) como un paliativo de la culpa al experimentar castigo y dolor simultáneamente con el placer;

(d) erotización de un rol sumiso originalmente adoptado para apaciguar a las figuras autoritarias, y

(e) la pulsión de muerte (Rycroft, 76).

En Freud aparecen dos clasificaciones de masoquismo:

a) masoquismo erógeno, femenino y moral, y

b) masoquismo primario y secundario.

En 1924, Freud distingue tres formas de masoquismo: erógeno, femenino y moral

(Freud, EL PROBLEMA ECONóMICO DEL MASOQUISMO):

MASOQUISMO EROGENO: Condición que se halla en la base de la perversión masoquista y que se encuentra también en el masoquismo moral: la ligazón del placer sexual al dolor. Como se ve, es un concepto más amplio que la simple perversión sexual como cuadro clínico (Laplanche, 219).

MASOQUISMO FEMENINO

Condición en la que el sujeto experimenta placer adoptando una posición pasiva, vale decir, quedando a merced del otro (por ejemplo en la sumisión y la docilidad). Puede darse tanto en el hombre como en la mujer. El adjetivo ‘femenino’ deriva de la homologación entre feminidad y pasividad, y si puede darse tanto en hombres como en mujeres, ello es debido a la condición bisexual de todo ser humano.

Rycroft indica que la teoría analítica clásica supone una conexión intrínseca entre el masoquismo, la pasividad y la feminidad. Al proceder de esta manera confunde el abandono de uno mismo a la voluntad de otro, con la experimentación del dolor (Rycroft, 76).

MASOQUISMO MORAL

Forma de masoquismo en la cual el sujeto, debido a un sentimiento de culpabilidad inconsciente, busca la posición de víctima, sin que en ello se halle directamente implicado un placer sexual (Laplanche, 218). Término utilizado por Freud para describir la tendencia a someterse al propio superyó sádico. El concepto se apoya en la idea de que el superyó obtiene su fuerza moral de la energía agresiva pulsional que es descargada (Rycroft, 76).

En relación con el masoquismo moral, encontramos los siguientes conceptos psicoanalíticos: sentimiento de culpabilidad, necesidad de castigo, reacción terapéutica negativa, compulsión a la repetición y neurosis de destino.

SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD

Término utilizado en psicoanálisis con una acepción muy amplia. Puede designar un estado afectivo consecutivo a un acto que el sujeto considera reprensible, pudiendo ser la razón que para ello se invoca más o menos adecuada (remordimientos del criminal o autorreproches de apariencia absurda), o también un sentimiento difuso de indignidad personal sin relación con un acto preciso del que el sujeto pudiera acusarse. Por lo demás, el sentimiento de culpabilidad se postula en psicoanálisis como sistema de motivaciones inconscientes que explican comportamientos de fracaso, conductas delictivas, sufrimientos que se infringe en sujeto, etc.» (Laplanche, 397).

En este último sentido, la palabra sentimiento sólo puede utilizarse con reservas, ya que el sujeto puede no sentirse culpable a nivel de experiencia consciente. En efecto, no escapó a Freud la paradoja que representa el hablar de sentimiento de culpabilidad inconsciente. En este sentido, admitió que podía parecer más adecuado el término de ‘necesidad de castigo’ (Laplanche, 397-398):

NECESIDAD DE CASTIGO

Exigencia interna que, según Freud, se hallaría en el origen del comportamiento de ciertos sujetos en los que la investigación psicoanalítica pone de manifiesto que buscan situaciones penosas y humillantes y se complacen en ellas (masoquismo moral). Lo que hay de irreductible en tales comportamientos debería relacionarse, en último análisis, con la pulsión de muerte (Laplanche, 232). Desde el punto de vista tópico, Freud explica las conductas autopunitivas por la tensión entre un superyó singularmente exigente y el yo (Laplanche, 233), o sea, por un conflicto superyó-yo.

Los fenómenos que implican autocastigo son, por ejemplo:

a) sueños de castigo, especie de tributo pagado a la censura por la realización de un deseo;

b) autorreproches y comportamientos autopunitivos en la neurosis obsesiva;

c) compulsión al autocastigo en la melancolía, que puede llegar al suicidio;

d) criminales por autocastigo: el autocastigo aparece como una consecuencia no deseada de acciones agresivas y delictivas;

e) la reacción terapéutica negativa (Laplanche, 232):

REACCION TERAPEUTICA NEGATIVA

Fenómeno observado en algunas curas psicoanalíticas y que constituye un tipo de resistencia a la curación singularmente difícil de vencer: cada vez que cabría esperar, del progreso del análisis, una mejoría, tiene lugar una agravación, como si ciertos individuos prefirieran el sufrimiento a la curación. Freud atribuye este fenómeno a un sentimiento de culpabilidad inconsciente inherente a ciertas estructuras masoquistas (Laplanche, 350).

La gran variedad de comportamientos masoquistas que hemos visto presentan la característica de reiterarse o repetirse a lo largo de la vida, no apareciendo como acontecimientos aislados o circunstanciales. Para explicar esto Freud recurre al concepto de compulsión a la repetición:

COMPULSION A LA REPETICION

Término utilizado por Freud para describir lo que él creía una tendencia innata a la reversión hacia condiciones previas. El concepto fue utilizado por él en apoyo del concepto de pulsión de muerte. Teniendo en cuenta que lo animado se desarrolla a partir de lo inanimado, Freud creyó que había un impulso innato, la pulsión de muerte, a regresar a lo inanimado (Rycroft, 39).

Laplanche nos suministra dos acepciones del término: el clínico y el teórico.

a) A nivel de la psicopatología concreta, proceso incoercible y de origen inconsciente, en virtud del cual el sujeto se sitúa activamente en situaciones penosas, repitiendo así experiencias antiguas, sin recordar el prototipo de ellas, sino al contrario, con la impresión muy viva de que se trata de algo plenamente motivado en lo actual.

b) En la elaboración teórica que Freud da de ella, la compulsión a la repetición se considera como un factor autónomo, irreductible, en último análisis, a la dinámica conflictual de la interacción principio del placer-principio de realidad. Se atribuye fundamentalmente a la característica más general de las pulsiones: su carácter conservador (Laplanche, 68).

A nivel clínico, la compulsión a la repetición se manifiesta también en las neurosis de destino (o compulsión de destino, para usar el término propiamente freudiano):

NEUROSIS DE DESTINO: Designa una forma de existencia caracterizada por el retorno periódico de las mismas concatenaciones de acontecimientos, generalmente desgraciados, concatenaciones a las cuales parece hallarse sometido el sujeto como a una fatalidad exterior, mientras que, según el psicoanálisis, se deben buscar los factores de este fenómenos en el inconsciente y, específicamente, en la compulsión a la repetición (Laplanche, 245).

Ejemplo: una mujer que, casada tres veces consecutivas, vio a sus maridos caer enfermos poco después de la boda y hubo que cuidarlos hasta su muerte (Laplanche, 246).

La segunda clasificación del masoquismo en masoquismo primario y secundario, nos remite a la evolución cronológica de las pulsiones de muerte:

MASOQUISMO PRIMARIO-SECUNDARIO

Freud entiende por masoquismo primario un estado en el que la pulsión de muerte todavía se dirige sobre el propio sujeto, aunque ligada por la libido y unida a ésta. Se denomina ‘primario’ porque no sigue a una fase en que la agresividad se dirigiría hacia un objeto exterior, y también para diferenciarlo de un masoquismo secundario, consistente en una vuelta del sadismo hacia la propia persona, que se añade al masoquismo primario (Laplanche, 219).

La idea de un masoquismo irreductible a una vuelta del sadismo hacia la propia persona sólo fue admitida por Freud una vez establecida la hipótesis de la pulsión de muerte (Laplanche, 219).

Lo visto hasta ahora, incluyendo los masoquismos primario y secundario, tienen relación con las pulsiones de muerte dirigidas hacia el interior de la persona. Examinemos ahora las pulsiones de muerte dirigidas hacia el exterior (sadismo, agresividad, etc.), y que corresponde a la segunda etapa o etapa intermedia entre el masoquismo primario y el secundario.

Pulsiones de muerte dirigidas hacia el exterior

El concepto de sadismo ocupa aquí un lugar central.

SADISMO

Perversión sexual donde la satisfacción va ligada al sufrimiento o a la humillación inflingidos a otro. El psicoanálisis extiende el concepto de sadismo más allá de la perversión descrita por los sexólogos, reconoce numerosas manifestaciones del mismo, más larvadas, especialmente infantiles, y lo considera como uno de los componentes fundamentales de la vida pulsional (Laplanche, 390).

La expresión sadismo puede significar una perversión sexual, o también el placer en la crueldad. Alude asimismo a varias formas, como el sadismo oral (placer en morder), el sadismo anal, etc. No está muy claro -señala Rycroft– si el sadismo es un puro y simple componente del instinto, o si es una fusión de impulsos libidinales y agresivos; o si el elemento agresivo es una manifestación de tendencias destructivas innatas o una respuesta a la frustración y/o humillación. Tampoco está muy claro si el ‘placer’ derivado de la actividad sádica reside en la observación del dolor del otro, o en la sensación de poder derivada de estar en condiciones de inflingir dolor (Rycroft, 104).

Buena parte de la incertidumbre de la que habla Rycroft con respecto a este término deriva de las numerosas idas y vueltas que dio Freud a lo largo de su obra, a propósito del tema de la relación entre sadismo y masoquismo (véase esquema aparte, donde intentamos una simplificación de este complejo problema).

En la bibliografía consultada, existen otros términos vinculados a la pulsión de muerte dirigida hacia el exterior:

AGRESIVIDAD

Tendencia o conjunto de tendencias que se actualizan en conductas reales o fantasmáticas, dirigidas a dañar a otro, a destruirlo, a contrariarlo, a humillarlo, etc.. (Laplanche, 13).

La agresión puede adoptar modalidades distintas de la acción motriz violenta y destructiva; no hay conducta, tanto negativa (rechazo de ayuda, por ejemplo) como positiva, tanto simbólica (por ejemplo, ironía) como efectivamente realizada, que no pueda funcionar como agresión.

El psicoanálisis ha concedido una importancia cada vez mayor a la agresividad, señalando que actúa precozmente en el desarrollo del sujeto y subrayando el complejo juego de su unión y desunión con la sexualidad. Esta evolución de las ideas ha culminado en el intento de buscar para la agresividad un sustrato pulsional único y fundamental en el concepto de pulsión de muerte (Laplanche, 13).

Según Rycroft la agresividad, que él designa como AGRESION y que aquí consideraremos como sinónimo, es una fuerza hipotética, instinto, o principio que se supone actúa sobre una amplia gama de actos y sentimientos. Se lo considera, con frecuencia, como antitético de sexo o libido, en cuyo caso es utilizado para hacer referencia a impulsos destructivos. Freud concibió la agresión, en sus últimos textos, como un derivado de la pulsión de muerte (Rycroft, 29).

PULSION DESTRUCTIVA (o destructora)

Término utilizado por Freud para designar las pulsiones de muerte, desde una perspectiva más cercana a la experiencia biológica y psicológica. En ocasiones su extensión es la misma que la del término ‘pulsión de muerte’, pero más a menudo califica la pulsión de muerte en tanto que orientada hacia el mundo exterior. En este sentido más específico, Freud utiliza también el término ‘pulsión agresiva’ (Laplanche, 330).

PULSION AGRESIVA: Designa, para Freud, las pulsiones de muerte, en tanto que dirigidas hacia el exterior. El fin de la pulsión agresiva es la destrucción del objeto (Laplanche, 327).

PULSION DE APODERAMIENTO

Término utilizado ocasionalmente por Freud, sin que su empleo pueda codificarse con precisión. Entiende por tal una pulsión no sexual, que sólo secundariamente se une a la sexualidad, y cuyo fin consiste en dominar el objeto por la fuerza (Laplanche, 328).

Al principio Freud recurrió a este concepto para explicar la crueldad infantil. Luego lo relacionó con otros conceptos, y finalmente dentro de la segunda teoría pulsional, vio en la pulsión de apoderamiento una forma que adopta la pulsión de muerte cuando esta entra ‘al servicio’ de la pulsión sexual (Laplanche, 328-329).

ODIO: Según Freud (1915) el odio es el responsable de las amenazas al yo, pero en sus especulaciones posteriores expuso el punto de vista de que es una manifestación de la pulsión de muerte. Los analistas influidos por estas ideas posteriores tienden a considerar el amor y el odio como opuestos, y a considerar a la psiquis como un campo de batalla entre estos dos principios opuestos (Rycroft, 83).

Críticas al concepto de pulsión de muerte.- Desde la más radical a la más moderada, podemos agrupar las críticas en dos direcciones principales:

1) No existe la pulsión de muerte y nacemos solamente con un solo tipo de pulsión, La agresividad entonces, se explica ya sea haciendo de ésta un elemento correlativo, al comienzo, de toda pulsión, en la medida en que ésta se realiza en una actividad que el sujeto impone al objeto, ya sea considerándola como una reacción secundaria a la frustración proveniente del objeto (Laplanche, 340).

Desde un punto de vista metapsicológico, al nacer no habría un grupo especial de pulsiones que busca la reducción de la tensión (Laplanche, 340), pues todas las pulsiones tienden, en el fondo a dicha reducción, con lo cual no hay porqué discriminar dos tipos de pulsiones al nacer (Fenichel,78-79).

2) Nacemos con pulsiones de vida y muerte, pero éstas últimas no son autodestructivas, sino agresivas. Existe desde un principio una ambivalencia pulsional, pero la oposición amor-odio, tal como se manifiesta desde los comienzos en la incorporación oral, sólo debería entenderse en la relación con un objeto exterior (Laplanche, 340).

d) Relaciones entre pulsiones de vida y de muerte

Encaremos esta cuestión tomando como referencia los conceptos de UNION-DESUNION ó, según otras traducciones, FUSION-DEFUSION de las pulsiones. En efecto, las pulsiones de vida y de muerte pueden estar entre sí fusionadas (unidas) o defusionadas (desunidas).

FUSION-DEFUSION

‘Unión-desunión’ son términos usados por Freud, dentro de su última teoría de las pulsiones, para describir las relaciones entre las pulsiones de vida y las pulsiones de muerte, tal como se traducen en una determinada manifestación concreta. La unión de las pulsiones constituye una verdadera mezcla, donde cada uno de los dos componentes puede entrar en proporciones variables; la desunión designa un proceso que, en el caso extremo, conduciría a un funcionamiento independiente de las dos clases de pulsiones, persiguiendo cada una por separado su propio fin (Laplanche, 452).

Según los últimos escritos de Freud, las pulsiones no sólo están en conflicto sino que también están en condiciones de fusionarse y defusionarse (Rycroft, 60). En efecto, Freud dice por ejemplo que «nunca tenemos que tratar con los instintos de vida e instintos de muerte puros, sino sólo con combinaciones de ellos en diferentes grados.

En correspondencia con una fusión de instintos puede haber, bajo ciertas condiciones, una defusión de ellos» (Freud, Más allá del principio del placer). Cuando Freud habla de defusión o desunión intenta designar, explícita o implícitamente, el hecho de que la agresividad habría logrado romper todo nexo con la sexualidad (Laplanche, 452).

Interesa destacar que, sea que estén fusionadas o defusionadas, las pulsiones de vida y muerte actúan siempre ambas: juntas o independientemente, pero siempre las dos. Esto significa que no existe una conducta puramente autodestructiva (pulsiones de muerte) ni puramente buscadora de objetos (pulsiones de vida), sino que siempre hay una ‘mezcla’, tanto si están fusionadas como no.

Respecto del término ‘buscadora de objetos’ como fin de los impulsos de vida, valga la aclaración de Fenichel: la segunda teoría pulsional de Freud establece dos cualidades en la psique: una, autodestructiva, el ‘instinto de muerte’ (que puede volverse contra el mundo externo y transformarse así en un ‘instinto destructivo’), y otra, Eros, que persigue la búsqueda de objetos, y empeñada en lograr unidades cada vez más elevadas (Fenichel, 78).

En el esquema sobre «Algunos ejemplos de relaciones entre pulsiones de vida y muerte» ilustramos algunas posibilidades (las que suele citar el psicoanálisis con alguna frecuencia) de fusión y defusión de pulsiones.

Cerraremos nuestra breve exposición de las relaciones entre pulsiones de vida y de muerte, mediante un esquema que hemos diseñado para clarificar ciertos conceptos freudianos (ver esquema de «Series complementarias»).

Antes que nada aclaramos que la idea de SERIES COMPLEMENTARIAS fue utilizada originalmente por Freud para referirse específicamente a los factores etiológicos de las neurosis, pero Laplanche dice que también puede aplicarse dicha idea a otros campos, en que interviene igualmente una multiplicidad de factores que varían inversamente entre sí (Laplanche, 401).

Uno de esos campos es precisamente la relación entre los factores pulsión de vida y pulsión de muerte.

Cabría considerar 2 series complementarias, cada una con su correspondiente gradiente (o variación gradual): una cuantitativa, dada por las distintas proporciones en que pueden estar ambas pulsiones (mucha pulsión de vida, cantidad pareja de ambas, mucha pulsión de muerte), y otra cualitativa, dada por el grado de unión o desunión de ambas pulsiones (muy fusionadas, medianamente fusionadas, defusionadas).

Hay una relación entre ambas series:

a) puesto que la pulsión de vida tiende a unir, cuando hay un predominio de pulsión de vida (primera serie) hay concomitantemente una fusión o unión entre pulsiones (segunda serie); y

b) alternativamente, puesto que las pulsiones de muerte tienden a desunir, cuando hay un predominio de la pulsión de muerte (primera serie), hay concomitantemente una defusión o desunión entre las pulsiones (segunda serie). Todo esto equivale a decir que cuanto más prevalezca la libido, más se realizará la unión, y a la inversa, cuanto más predomine la agresividad, más tenderá a desintegrarse la unión pulsional (Laplanche, 454).

ESQUEMA 4.1 – DEL OBJETO A LA PALABRA ESQUEMA 4.2 – TIEMPOS DE LA REPRESION

TIEMPOS DE LA REPRESION

DEFINICION

MECANISMO IMPLICADO

1) Represión Primaria

Constitución de representaciones inconscientes o reprimido originario

Contrainvestidura (contracatexia)

2) Represión secundaria

Segunda represión

(descatectización) Desinvestidura que sufre lo reprimido originario cuando intenta nuevamente tornarse consciente.

3) Retorno de los reprimido

irrupción a nivel consciente de lo reprimido,

Involuntaria
bajo la forma
de síntomas, sueños, etc.

ESQUEMA 4.3 – ASPECTOS DE LA REPRESIóN

QUIEN REPRIME?

El yo, el superyó

QUE SE REPRIME?

Las representaciones, no las pulsiones o los afectos.

PORQUE SE REPRIME?

Por haber una experiencia de displacer vinculada con la representación.

CUANDO SE REPRIME?

En la primera infancia (primer tiempo) y luego el resto de la vida (segundo tiempo).

ESQUEMA 4.4 – PRIMERA Y SEGUNDA TEORíA DE LAS PULSIONES

PRIMERA TEORIA SEGUNDA TEORIA 1915

«Las pulsiones y sus destinos» 1920 «MAS ALLA DEL PRINCIPIO DEL PLACER» PULSIONES DEL YO PULSIONES DE VIDA EROS (1)

PULSIONES SEXUALES

Reconocimiento de componentes sádicos en estadios pregenitales. PULSIONES DE MUERTE (2)

Pulsiones del yo – Pulsiones sexuales

(1) La idea de reunir bajo las pulsiones de vida a las pulsiones del yo y las sexuales se desprende, entre otros de párrafos como el siguiente: «La oposición entre pulsión de autoconservación y pulsión de conservación de la especie, al igual que la existente entre amor al yo y amor objetal, debe situarse todavía dentro del Eros» (Freud, ESQUEMA DEL PSICOANALISIS, 1938).

(2) Vemos aquí una llave que engloba las pulsiones del yo y las sexuales bajo la pulsión de muerte, pero aclaramos que en su segunda teoría Freud ya no diferencia cualitativamente pulsiones del yo y sexuales.

Las razones para relacionar pulsiones del yo y sexuales con instinto de muerte son, entre otras, las siguientes:

a) Freud advirtió que parecía que había un sadismo asociado con las pulsiones del yo y también con las libidinales (Kaplan, 76).

b) En cuanto a la relación pulsión de muerte-pulsión del yo, un ejemplo es el masoquismo, y especialmente el masoquismo moral, donde el sujeto busca la posición de víctima debido a un sentimiento inconsciente de culpabilidad (Laplanche,218).

c) En cuanto a la relación pulsión de muerte-pulsión sexual, Fenichel dice que las tendencias agresivas aparecen (siempre según Freud) íntimamente vinculadas a ciertas pulsiones sexuales, especialmente en los niveles pregenitales de la libido (Fenichel, 78).

Por ejemplo, en la fase anal-sádica, donde se constituye la polaridad ACTIVIDAD-PASIVIDAD, Freud hace coincidir la actividad con el sadismo y la pasividad con el erotismo anal (Laplanche, 146). En 1920, Freud al describir la evolución de la sexualidad, muestra cómo en ella la agresividad entra al servicio de la pulsión sexual (Laplanche, 453).

http://sites.google.com/site/pcazau/

3.1 CONCEPTOS GENERALES

LIBIDO: Energía postulada por Freud como substrato de las transformaciones de la pulsión sexual en cuanto al objeto (desplazamiento de las catexis), en cuanto al fin (por ejemplo, sublimación) y en cuanto a la fuente de excitación sexual (diversidad de las zonas erógenas) (Laplanche, 210).

Forma hipotética de energía mental mediante la cual se invierten (invisten) los procesos, las estructuras, y las representaciones de los objetos (Rycroft, 74).

LIBIDINAL: Es el adjetivo correcto para el término ‘libido’. No usar ‘libidinoso’ (Rycroft, 74).

Freud caracteriza la libido desde un punto de vista cualitativo y uno cuantitativo.

    a) Cualitativamente, la libido no designa cualquier tipo de energía en forma inespecífica (como planteaba Jung) sino energía específicamente sexual, aún cuando posteriormente pueda ser desexualizada. Dentro de la primera teoría de los instintos (que distingue instintos del yo e instintos sexuales), la libido designa entonces la energía de los instintos sexuales, pero nunca llegó a una opinión clara respecto de si los instintos del yo también utilizaban la energía de la libido o alguna otra (Rycroft, 51).

    Dentro de la segunda teoría de los instintos (que distingue instintos de vida e instintos de muerte), la libido designa la energía de los instintos de vida, pero nunca acuñó el nombre de la energía correspondiente para el instinto de muerte (Rycroft, 51). Para este último tipo de energía se propusieron nombres como ‘mortido’ o ‘destrudo’, pero no tuvieron éxito (Rycroft, 74).

    b) Cuantitativamente, la libido es energía cuantificable (aunque hasta hoy no pueda medirse en forma precisa), es decir, puede aumentar, disminuir, desplazarse de un objeto a otro distribuyéndose de diversas formas, todo lo cual debería poder explicar los distintos fenómenos psicosexuales (Laplanche, 210-211).

Freud asignaba a la libido dos características básicas: plasticidad y viscosidad.

PLASTICIDAD: Capacidad de la libido de cambiar más o menos fácilmente de objeto y de modo de satisfacción. Esta propiedad puede considerarse como la inversa de la viscosidad de la libido (Laplanche, 276).

VISCOSIDAD: Cualidad postulada por Freud para explicar la mayor o menor capacidad de la libido para fijarse a un objeto o a una fase y su mayor o menor dificultad en cambiar sus catexis una vez que éstas se han producido. La viscosidad es variable según los individuos (Laplanche, 455).

Muy esquemáticamente, plasticidad y viscosidad son inversas en este sentido: plasticidad significa poder cambiar de objeto, y viscosidad significa tendencia a permanecer en el objeto cargado. Plasticidad es tendencia al cambio, y viscosidad tendencia a la permanencia.

Dentro de la teoría de la libido, el concepto de catexis (o también catexia) ocupa un lugar central. Pero vayamos por partes, y empecemos con un ejemplo familiar.

Un cuerpo cualquiera puede adquirir energía. Por ejemplo un cuerpo puede cargarse con electricidad. Del mismo modo un objeto puede cargarse con energía libidinal, como cuando nos enamoramos de alguien. Esa cantidad de libido que está cargando por ejemplo un objeto se llama catexis. Veamos definiciones más técnicas:

CATEXIS: Cantidad de energía incorporada a cualquier representación objetal o estructura mental (Rycroft, 37). Concepto económico, la catexis hace que cierta energía psíquica se halle unida a una representación o grupo de representaciones, una parte del cuerpo, un objeto, etc. (Laplanche, 49).

‘Catexis’ es un neologismo que usaron los traductores de Freud para designar la palabra alemana ‘Besertzung’, que significa ‘inversión’ (Rycroft, 37). Inversión no quiere decir por ejemplo «dos cosas son inversas entre sí», sino «libido que se invierte en un objeto o en un proceso con algún fin, por ejemplo mantener la represión». En este último caso la cantidad de libido destinada a ese fin se llama CONTRACATEXIA.

Catexis o catexia tiene a grandes rasgos como sinónimo ‘investidura’:

INVESTIDURA: Otro vocablo para designar la catexis. Por ejemplo investidura libidinal equivale a catexia libidinal, investidura de objeto a catexia de objeto, desinvestidura a descatectización, investidura del yo a catexia del yo, etc. ‘Investidura’ también puede designar el proceso de formación de catexias. Por ejemplo: investidura del yo equivale a catectizar al yo.

Otro concepto vinculado a catexis es:

ENERGIA DE CATEXIS: Sustrato energético postulado como factor cuantitativo de las operaciones del aparato psíquico (Laplanche, 115). Es la energía destinada o destinable a cargar objetos, representaciones, etc., y las operaciones del aparato psíquico a que se refiere Laplanche son básicamente operaciones de carga y descarga de libido de unos elementos a otros.

La energía tiene un origen: viene del sol, y tiene diversos destinos: por ejemplo los seres vivos, que quedan ‘cargados’ con esa energía. Muy esquemáticamente, del mismo modo podemos decir que la libido tiene un origen, el ello (y en última instancia del cuerpo, por ejemplo las zonas erógenas), y a partir de allí puede fluir hacia varios destinos diferentes (véase esquema 3.1), destinos entre los cuales a su vez puede transferirse libido de uno a otro.

En dicho esquema notemos que la libido puede quedar libre o ‘flotante’, es decir no estar cargando ningún objeto, zona o representación, o bien, lo más común debido a su viscosidad, estará cargando algo, en cuyo caso esa cantidad de libido cargada se llama catexia.

Por tanto hay que relacionar catexia con libido fija o ligada, y no con libido flotante. Hasta donde sabemos, no existe en el vocabulario psicoanalítico una denominación para el elemento catectizado o cargado de libido, denominación que englobaría zonas erógenas, el yo, objetos externos, representaciones, etc. Como denominación podríamos utilizar la expresión ‘objeto libidinal en sentido amplio’ (pues no incluye sólo objetos en el sentido de objeto externo sino también procesos, representaciones, instancias, etc.

Del esquema 3.1 debemos concluir entonces los diversos TIPOS DE LIBIDO que hay, que aparecen sintetizados en el esquema 3.2. Dentro de la libido fija se destacan especialmente la libido del yo y la libido objetal (aunque también hay una libido de zonas erógenas, etc.). Es posible relacionar libido libre-libido fijada con energía libre-energía ligada (véanse estos conceptos en nuestro capítulo anterior).

LIBIDO FLOTANTE: Cantidad de libido que no está catectizada, es decir, que no carga ningún objeto, instancia, representación, etc. Un ejemplo típico es el proceso del duelo, donde la libido separada del objeto perdido no encuentra aún un nuevo destino, permaneciendo ‘flotante’ o libre.

LIBIDO FIJA: Cantidad de libido fijada en un elemento determinado, y por lo tanto coincide con catexia o catexis. Dentro de la libido fija se suelen oponer dos tipos: la libido del yo y la libido objetal.

LIBIDO DEL YO: Libido que es invertida en el yo. No siempre está claro si está referida a la energía disponible para las funciones del yo, o para el autoamor o narcisismo (Rycroft, 122). En este último caso se habla de LIBIDO NARCISISTA (Rycroft, 82). El término libido del yo es ambiguo en el sentido que puede referirse a la libido que carga otros objetos y que provendría del yo, o la libido directamente cargada sobre el yo. Otro tanto ocurre con la expresión LIBIDO DEL ELLO (Rycroft, 37).

La libido del yo o libido narcisista es uno de los dos modos de catexis de la libido, donde ésta toma como objeto a la propia persona (Laplanche, 212).

LIBIDO OBJETAL: Libido del objeto es la libido que se invierte en objetos, en oposición a la libido narcisista, que es invertida en el sí mismo. Asimismo, CATEXIA DEL OBJETO designa la inversión de energía en un objeto externo, en contraste con una inversión en el propio yo o CATEXIA NARCISISTA (Rycroft, 82).

Libido objetal designa uno de los dos modos de catexis de la libido, donde ésta toma como objeto a un objeto exterior (Laplanche, 212).

La suma del interés vuelto hacia el propio yo (libido del yo), más el que se dirige hacia los objetos externos (libido objetal) es, para cierto momento, constante. Aquel que se ama más a sí mismo se interesa menos por los objetos externos, y viceversa.

Freud comparó al hombre con una ameba, pues puede emitir pseudópodos hacia los objetos exteriores y luego retraerlos hacia sí, lo cual habla de un proceso de interconvertibilidad entre libido del yo y libido objetal: se trata de la misma libido sólo que cargando diferentes elementos, y por tanto no hay diferencia cualitativa entre ambas, como si fueran dos tipos diferentes de libido (Freud, Introducción al narcisismo).

Al sustantivo ‘catexia’ le corresponden varios verbos diferentes, referidos a diferentes operaciones de movilización de la libido. En el esquema 3.3 aparecen estas operaciones en forma de resumen, pero el detalle lo indicamos a continuación.

a) CATECTIZACION: Cargar de libido algún elemento. Por ejemplo en el enamoramiento cargamos de libido el objeto de amor. Otro ejemplo es el estancamiento de la libido (en un objeto interno, en el yo), y que Laplanche caracteriza así:

ESTANCAMIENTO DE LA LIBIDO: Proceso económico que Freud supuso podía hallarse en el origen de la entrada en las neurosis o las psicosis: la libido que no encuentra camino hacia la descarga se acumula en las formaciones intrapsíquicas; la energía acumulada se utilizará en la constitución de los síntomas (Laplanche, 132).

2) DESCATECTIZACION y RECATECTIZACION: Retirar la libido de un elemento, y cargar otro. Dos ejemplos son el duelo y el narcisismo secundario. En el duelo se descatectiza el mundo externo por sobrecatectización del objeto perdido, pero luego este objeto es descatectizado y se carga uno nuevo. En el narcisismo secundario se descatectizan los objetos externos y la libido retorna al yo, el cual entonces resulta recatectizado. En relación con la descatectización, encontramos en Laplanche otras dos ideas:

RETIRO O AUSENCIA DE CATEXIS: Retiro de la catexis anteriormente unida a una representación, a un grupo de representaciones, a un objeto, a una instancia, etc. El término también designa el estado en que se encuentra tal representación como resultado de ese retiro o en ausencia de toda catexis (Laplanche, 387).

TRABAJO DE DUELO: Proceso intrapsíquico, consecutivo a la pérdida de un objeto de fijación, y por medio del cual el sujeto logra desprenderse progresivamente de dicho objeto (Laplanche, 435).

c) SOBRECATECTIZACION: Agregar libido a un objeto previamente catectizado. En un estado como el duelo, el manifiesto empobrecimiento de la vida de relación del sujeto halla su explicación en una sobrecatexis del objeto perdido, como si estableciera un verdadero equilibrio energético entre las diferentes catexis de los objetos exteriores o fantaseados, del propio cuerpo, del yo, etc. (Laplanche, 53). Rycroft utiliza el término HIPERCATECTIZACION (Rycroft, 37). En relación a la sobrecatectización, Laplanche define:

SOBRECATEXIS: Aporte de una catexis suplementaria a una representación, a una percepción, etc., ya catectizadas. Este término se aplica sobretodo al proceso de atención, dentro de la teoría freudiana de la conciencia (Laplanche, 411).

d) CONTRACATECTIZACION: Freud emplea este término especialmente en el contexto de su teoría de la represión, y significa catectizar cierto elemento para impedir que otro aflore a la conciencia.

CONTRACATEXIS: Proceso económico postulado por Freud como soporte de numerosas actividades defensivas del yo. Consiste en la catexis por el yo de representaciones, actitudes, etc., susceptibles de obstaculizar el acceso de las representaciones y deseos inconscientes a la conciencia y a la motilidad. El término puede designar también el resultado, más o menos permanente, de tal proceso (Laplanche, 82).

En síntesis hasta aquí:

A pesar de las dificultades que presenta el concepto de ‘catexis’ (no mencionadas en esta Guía), difícilmente los psicoanalistas pueden prescindir de él para explicar numerosos datos clínicos e incluso para apreciar la evolución de la cura.

Ciertas afecciones parecen evidenciar la idea de que el sujeto tiene a su disposición una cierta cantidad de energía, que él repartiría en forma variable en su relación con sus objetos y consigo mismo (Laplanche, 53).

Tales lugares donde se reparte la libido están indicados en el esquema 3.1. Debemos también tener presente que la cantidad total de libido no se pierde, de forma tal que si un objeto es descatectizado o descargado, dicha cantidad de libido o bien quedará flotante o bien cargará un nuevo elemento.


3.2 EVOLUCION DE LA LIBIDO

La carga y descarga de elementos parece seguir un orden predeterminado desde el nacimiento en adelante, razón por la cual bien se puede hablar de ciertas etapas en la evolución de la libido.

Las etapas del desarrollo de la libido pueden ser entendidas como las fases oral, anal, fálica, etc., si nuestra atención recae sobre las pulsiones, o como las etapas del autoerotismo, el narcisismo y la elección objetal, si nuestra atención recae sobre los objetos y las relaciones objetales. El primer sentido lo examinaremos en una próxima entrega («Desarrollo psicosexual»). Aquí explicaremos el segundo sentido.

El esquema 3.4 ilustra las etapas normales de la evolución de la libido, deducidas a partir de ciertos textos de Freud y de algunos párrafos de Laplanche, entre los cuales mencionamos tres:

a) Freud indicó una sucesión temporal en cuanto al acceso al objeto libidinal, pasando el sujeto sucesivamente por el autoerotismo, el narcisismo, la elección homosexual y la elección heterosexual (Laplanche, 151).

b) Freud habla del yo como un ‘gran reservorio de la libido’. La interpretación más coherente que puede hacerse al respecto es la siguiente: la libido, como energía pulsional, tiene su fuente en las diversas zonas erógenas; el yo, como persona total, almacena esta energía libidinal, de la cual es el primer objeto; pero, a continuación, el ‘reservorio’ se comporta, respecto a los objetos exteriores, como una fuente, puesto que de él emanan todas las catexis (Laplanche, 213).

c) En relación al objeto, Freud descubre un modo de organización de la sexualidad que él intercala entre el estado desorganizado de las pulsiones (autoerotismo) y la plena elección de objeto: el narcisismo. El objeto es entonces el yo como unidad (Laplanche, 266).

a) Autoerotismo

El autoerotismo puede entendérselo en sentido amplio (como lo hizo Havelock Ellis), en quien Freud se basó para plantear el autoerotismo en un segundo sentido, más específico:

AUTOEROTISMO: a) En sentido amplio, cualidad de un comportamiento sexual donde el sujeto obtiene satisfacción recurriendo únicamente a su propio cuerpo, sin objeto exterior. Por ejemplo la masturbación; b) Más específicamente, cualidad de un comportamiento sexual infantil precoz mediante el cual una pulsión parcial, ligada al funcionamiento de un órgano o a la excitación de una zona erógena, encuentra su satisfacción en el mismo lugar, es decir:

1) sin recurrir a un objeto exterior, y

2) sin referencia a una imagen unificada del cuerpo, a un primer esbozo del yo, como el que caracteriza el narcisismo (Laplanche, 40).

En relación con la idea de autoerotismo, aparece en Laplanche también la de ‘placer de órgano’:

PLACER DE ORGANO: Modalidad de placer que caracteriza la satisfacción autoerótica de las pulsiones parciales: la excitación de una zona erógena se apacigua en el lugar mismo en que se produce, independientemente de la satisfacción de las otras zonas y sin relación directa con la realización de una función (Laplanche, 275).

a) El paso del autoerotismo al narcisismo: El narcisismo se distingue del autoerotismo en que éste se refiere al erotismo en relación con el propio cuerpo de la persona o sus partes; el narcisismo se refiere al amor a algo más abstracto, el amor a sí mismo, o al yo de la persona (Kaplan, 76). En el narcisismo es el Yo, como imagen unificada del cuerpo, el objeto de la libido narcisista, y el autoerotismo es un estado anárquico que precede a esta convergencia de las pulsiones parciales sobre un objeto común (Laplanche, 41).

Para explicar este pasaje del autoerotismo al narcisismo Freud hablaba en 1914 de ‘un nuevo acto psíquico’, fundado en una identificación primaria, Ese nuevo acto psíquico es la organización de las pulsiones parciales, antes fragmentadas y desorganizadas, en una nueva organización unitaria de las zonas erógenas que dan lugar a la constitución del yo. Si antes la actividad autoerótica se satisfacía en las mismas fuentes (zonas erógenas), ahora lo hará sobre un objeto (objeto en sentido amplio) que es el Yo, que se ofrece como objeto de amor de las pulsiones parciales.

Desde el punto de vista de la evolución del Yo, el pasaje del autoerotismo al narcisismo es correlativo del pasaje del Yo de Realidad Primitivo, al Yo de Placer Purificado (véase recuadro).

b) Narcisismo

Freud define el narcisismo de dos maneras. Cronológicamente primero habla del narcisismo como la etapa siguiente al autoerotismo, y tal es la acepción que aquí desarrollaremos. Más tarde, la distinción entre ambas fases del desarrollo se irá borrando y Freud hablará en 1917 de un NARCISISMO PRIMARIO presente ya desde la vida intrauterina (Laplanche, 42), definible como un estado precoz donde el niño catectiza toda su libido sobre sí mismo (Laplanche, 230).

No obstante, se emplea también la denominación ‘narcisismo primario’ para designar la fase subsiguiente al autoerotismo, por lo que no es posible dar una definición unívoca de este término. Fenichel sostiene que por estado narcisístico primario debe entenderse aquel estado donde no existen objetos, y donde los fines sexuales son íntegramente autoeróticos (Fenichel, 105)

Freud postuló que existía un estado de narcisismo primario en el momento de nacer: es decir, que el recién nacido es completamente narcisista; sus energías libidinales están dedicadas completamente a la satisfacción de sus necesidades y a la preservación de su bienestar. Más tarde la libido pasará a la persona que lo cuida y alivia, generalmente su madre (Kaplan, 76).

Además del narcisismo primario, existe también un NARCISISMO SECUNDARIO, al cual nos referiremos más adelante, a propósito de la evolución patológica de la libido.

NARCISISMO: En alusión al mito de Narciso, amor a la imagen de sí mismo. Si bien Freud introduce el termino oficialmente en 1914 (Introducción al narcisismo) ya está esbozada la idea en 1911 y 1913 (Caso Schreber, Y TóTEM Y TABú) donde plantea el narcisismo como fase intermedia entre el autoerotismo y el amor objetal (Laplanche, 228).

Aún antes, en 1910, habla por primera vez de narcisismo para referirse a una perversión: la elección de objeto en los homosexuales, que buscan personas que se le parezcan en cuanto a sexo para poder amarlos como su madre los amó a ellos (Laplanche, 228).

c) Elección objetal

Elección objetal significa elección de objeto, y aquí objeto no se toma en sentido amplio (por ejemplo el mismo Yo sería un objeto) sino en un sentido más específico, como objeto exterior (otra persona) (Laplanche, 212). En este sentido objeto se opone a sujeto.

SUJETO: Señala Rycroft que todos los textos psicoanalíticos hablan acerca de un sujeto, o sea de una determinada persona (paciente, niño, etc.), siendo sus objetos todas las otras personas que lo rodean (madre, padre, amigo, novia, etc.) (Rycroft, 110).

OBJETO: Aquello hacia lo cual se dirige una acción o un deseo, aquello que el sujeto exige para su satisfacción instintiva; aquello con lo que el sujeto se relaciona. En los textos analíticos, los objetos son casi siempre personas, partes de personas, o símbolos de unas u otras (Rycroft, 82)La noción de objeto se considera en psicoanálisis bajo tres aspectos principales:

a) como correlato de la pulsión: es aquello en lo cual y mediante lo cual la pulsión busca alcanzar su fin, es decir, cierto tipo de satisfacción. Puede tratarse de una persona o de un objeto parcial, de un objeto real o de un objeto fantaseado.

b) Como correlato del amor (o del odio): se trata entonces de la relación de la persona total, o de la instancia del yo, con un objeto al que se apunta como totalidad (persona, entidad, ideal, etc.), y el adjetivo correspondiente sería ‘objetal’.

c) En el sentido tradicional de la filosofía y de la psicología del conocimiento, como correlato del sujeto que percibe y conoce: es lo que se ofrece con caracteres fijos y permanentes, reconocibles por todos los sujetos más allá de sus deseos y opiniones.

Aquí el adjetivo correspondiente sería ‘objetivo’ (Laplanche, 258).

Al hablar de elecciones objetales, nos referimos fundamentalmente a la acepción B (en especial al objeto de amor), y en algún sentido también a la acepción A, pero nunca a la C.

En efecto, lo que se catectiza no es el objeto en sí sino nuestra representación mental del mismo, es decir, su REPRESENTACION DE OBJETO, obtenida por internalización del objeto externo real. (Rycroft, 83).

INTERNALIZACION: Proceso por el cual los objetos del mundo exterior adquieren permanente representación mental, esto es, por el cual las percepciones son convertidas en imágenes que entran a formar parte de nuestra mente (Rycroft, 70).

Veamos aquí dos conceptos importantes: relación objetal y elección objetal, ambos utilizados por Freud, aunque el primero no forma parte de su aparato conceptual y pasó a tener más importancia en desarrollos psicoanalíticos posteriores Laplanche, 360).

RELACION OBJETAL: Término usado frecuentemente en el psicoanálisis contemporáneo para designar el modo de relación del sujeto con su mundo, relación que es el resultado complejo y total de una determinada organización de la personalidad, de una aprehensión más o menos fantaseada de los objetos y de unos tipos de defensa predominantes.

Se habla de las relaciones de objeto de un determinado individuo, pero también de tipos de relaciones de objeto, refiriéndose, ora a los momentos evolutivos (ejemplo: relación de objeto oral), ora a la psicopatología (ejemplo: relación de objeto melancólica) (Laplanche, 359).

La relación del objeto es la relación del sujeto con un objeto, no la relación entre el sujeto y el objeto, que es una relación ‘interpersonal’. Esto se debe a que el psicoanálisis es una psicología del individuo, y por tanto examina objetos y relaciones sólo desde el punto de vista de un sujeto por sí mismo (Rycroft, 83).

ALOEROTISMO: Término usado algunas veces, en oposición a autoerotismo: actividad sexual que encuentra su satisfacción gracias a un objeto exterior (Laplanche, 18). Consiguientemente, el aloerotismo es característico de la etapa de la elección objetal.

ELECCION OBJETAL: O elección de objeto, acto de elegir a una persona (por ej. el padre) o un tipo de persona (por ej. la elección homosexual) como objeto de amor. Se distingue una elección de objeto infantil y una elección de objeto puberal; la primera marca el camino para la segunda.

Según Freud, la elección de objeto se efectúa según dos modalidades principales: el tipo de elección de objeto por apoyo (o anaclítica) y el tipo de elección de objeto narcisista (Laplanche, 109).

En el esquema 3.5 resumimos las explicaciones que dan los diferentes autores sobre la distinción freudiana entre elección objetal anaclítica y narcisista. Como se ve, en dicho esquema se toma elección objetal en un sentido amplio, pues incluye también el narcisismo, donde el objeto elegido es el propio yo. Por tanto, la etapa de la elección objetal en este sentido amplio incluye también a la etapa anterior, narcisista.

La secuencia de etapas que hemos indicado (autoerotismo, narcisismo, elección objetal) corresponde a las pulsiones sexuales, pues respecto de las pulsiones del yo o autoconservación existe una relación objetal ya desde el comienzo.

En efecto, a veces se plantea el problema de si al principio del desarrollo libidinal hay un amor objetal o simplemente un estado de autoerotismo o de narcisismo. Respuesta de Freud: las pulsiones sexuales se satisfacen en forma autoerótica antes de recorrer la evolución que los conduce a la elección objetal.

Pero, en contrapartida, las pulsiones de autoconservación se hallan desde un principio en relación con el objeto; así, mientras la sexualidad funciona en apoyo sobre aquéllas, existe igualmente para las pulsiones sexuales una relación objetal; sólo cuando se separan, la sexualidad se vuelve autoerótica (Laplanche, 33).

d) El yo y las fases de la libido

A grandes rasgos, existe un paralelismo entre las etapas de la libido y el desarrollo del Yo:

* Autoerotismo = Yo de Realidad Primitivo

* Narcisismo = Yo de Placer Purificado

* Elección objetal = Yo de Realidad Definitivo, o Yo Oficial

Caractericemos estas 3 etapas del desarrollo del Yo, resumiendo lo que nos dice al respecto O. Bodni (Psicopatología General, 105-108).

* Yo de Realidad Primitivo: Es aquel capaz de distinguir con bastante objetividad entre los estímulos internos que le resultan displacenteros, y el mundo exterior que le es indiferente. Este Yo es sujeto de las pulsiones de autoconservación y de los automatismo biológicos. Sólo percibe ritmos y cantidades.

* Yo de Placer Purificado: Aparece a partir de la unificación narcisista. El mundo exterior ya no le es indiferente sino hostil en tanto fuente de displacer, o incorporado en tanto que placer. Este Yo sólo busca satisfacer su deseo, aunque para ello deba recurrir a la alucinación. Es un Yo aliado de la pulsión, y sus defensas se orientan hacia la realidad en tanto esta pone límites a su satisfacción pulsional. Elimina el displacer rechazando la percepción.

Hay una coincidencia entre el JUICIO DE ATRIBUCION y el juicio de existencia: por el primero puede discriminar lo que es placentero o displacentero, y por el segundo atribuye existencia sólo a lo placentero, rechazando la percepción de los displacentero.

* Yo de Realidad Definitivo: Ya implica la posibilidad de aceptar como real lo displacentero. Su principal función es el JUICIO DE EXISTENCIA, comparando la representación psíquica con la representación empírica sensorial. Separado del juicio de atribución, consiste en determinar si algo existe o no en la realidad empírica, a diferencia de la presencia ilusoria. Pone límites a la satisfacción pulsional irrestricta. Como acepta la diferencia sexual anatómica, hace creíble la amenaza de castración, por lo cual este Yo es condición para la angustia de castración, la represión, y la formación del superyó.

3) DESARROLLOS PATOLOGICOS

La normal evolución de la libido debe desembocar en la elección de objeto heterosexual.

Pero existen desarrollos patológicos de la libido, explicables a partir de las ideas de fijación y regresión libidinales. Tales desarrollos pueden verse en las neurosis, las psicosis y las perversiones.

Examinemos primero dos conceptos centrales dentro de la teoría de la libido: fijación y regresión.

FIJACION: La fijación hace que la libido se una fuertemente a personas o a imagos, reproduzca un determinado modo de satisfacción, permanezca organizada según la estructura característica de una de sus fases evolutivas. La fijación puede ser manifiesta y actual o constituir una virtualidad prevalente que abre al sujeto el camino hacia una regresión (Laplanche, 156).

Fijación es el proceso por el cual una persona comienza a estar o permanece vinculada en forma ambivalente al mismo objeto que fue apropiado para una etapa anterior del desarrollo (Rycroft, 58).

La fijación es, en consecuencia, una prueba de fracaso en el progreso satisfactorio a través de las etapas del desarrollo libidinal. El concepto supone que una persona fijada:

(a) tiene una tendencia a realizar pautas de conducta infantiles, anticuadas, o a regresar a tales pautas bajo estado de ‘stress’;

(b) a elegir objetos compulsivamente, sobre la base de sus semejanzas con el objeto al que quedó fijada; y

(c) sufre un empobrecimiento de la energía disponible como resultado de su inversión en el objeto pasado. La excesiva frustración y satisfacción, el excesivo amor y odio, son todos factores considerados como causas de fijación. De aquí ‘fijación oral’, ‘fijación anal’, ‘fijación paternal’, ‘fijación maternal’ (Rycroft, 58).

FIJACION, PUNTO DE: Fase, periodo o punto del desarrollo infantil donde una persona determinó su fijación, a través del cual no ha pasado completamente, y al cual permanece dispuesto a regresar (Rycroft, 59)

Una vez que el sujeto atravesó el punto de fijación, más tarde puede hacer una regresión a él. De las tres clases de regresión que distingue Freud (tópica, temporal y formal), nos interesa aquí especialmente la regresión temporal:

REGRESION: En general, y dentro de un proceso psíquico que comporta una trayectoria o un desarrollo, se designa por regresión un retorno en sentido inverso, a partir de un punto ya alcanzado, hasta otro situado anteriormente. Específicamente en su sentido temporal, la regresión supone una sucesión genética y designa el retorno del sujeto a etapas superadas de su desarrollo (fases libidinales, relaciones de objeto, identificaciones, etc.) (Laplanche, 357).

En las neurosis, Freud describe (por ejemplo en Introducción al Narcisismo) el proceso de introversión:

INTROVERSION: consiste en el paso de la catexis de un objeto real a la catexis de un objeto imaginario intrapsíquico (Laplanche, 51).

Freud tomó este concepto de Jung, pero lo aplicó específicamente a una retirada de la libido que conduce a la catexis de formaciones intrapsíquicas imaginarias (fantasías), lo cual se debería diferenciar de una retirada de la libido hacia el yo (narcisismo secundario) (Laplanche, 204).

Precisamente introversión es distinto a retracción, proceso típico de las psicosis esquizofrénicas, también descripto en Introducción al Narcisismo:

RETRACCION: Designa una vuelta sobre el yo de la libido, retirada de sus catexis objetales. Es el fenómeno definitorio del narcisismo secundario.

En la melancolía, por otro lado, que según Rycroft (76) es la fase depresiva de la psicosis maníaco-depresiva, el sujeto se identifica según un modo oral con el objeto perdido, por regresión a la relación objetal típica de la fase oral (Laplanche, 186).

Entre las perversiones, por último, citamos por ejemplo el caso de la homosexualidad, donde el sujeto ha depositado o cargado la libido sobre un objeto en virtud de su semejanza con él mismo, en cuanto tiene su mismo sexo.

http://sites.google.com/site/pcazau/

2. Metapsicologia

2.1 IDEA GENERAL

La metapsicología es la parte más abstracta y teórica del psicoanálisis y, por ello, la más fundamental en el sentido de que proporciona un marco de referencia para la comprensión de los temas restantes, más concretos, tales como por ejemplo las neurosis, los sueños o la cura analítica.

METAPSICOLOGIA: Término creado por Freud para designar la psicología por él fundada, considerada en su dimensión más teórica. La metapsicología elabora un conjunto de modelos conceptuales más o menos distantes de la experiencia, tales como la ficción de un aparato psíquico dividido en instancias, la teoría de las pulsiones, el proceso de represión, etc. La metapsicología considera tres puntos de vista: dinámico, tópico y económico (Laplanche, 225).

Las formulaciones metapsicológicas describen los fenómenos mentales en términos del aparato psíquico ficticio y contienen idealmente referencias a los aspectos topográficos, dinámicos y económicos del fenómeno en cuestión; los primeros hacen referencia a su localización dentro del aparato psíquico, esto es, tanto en el ello, el yo o el superyó; los segundos a los instintos implicados, y los últimos a la distribución de la energía dentro del aparato (Rycroft, 77).

Examinaremos sucesivamente los puntos de vista económico, dinámico, y tópico o topográfico. En relación con este último se habla también del punto de vista estructural, pero estas distinciones terminológicas serán planteadas más adelante (véase Punto de Vista Tópico).


2.2 PUNTO DE VISTA ECONOMICO

ECONOMICO (adjetivo): Califica todo lo relacionado con la hipótesis según la cual los procesos psíquicos consisten en la circulación y distribución de una energía cuantificable (energía pulsional), es decir, susceptible de aumento, de disminución y de equivalencias (Laplanche, 102).

‘Económico’ es el adjetivo correspondiente al sustantivo ‘energía’. Los conceptos y formulaciones económicas se refieren a la distribución de energía, libido, catexias dentro del aparato psíquico (Rycroft, 49). Esta energía puede incorporarse a una estructura (energía ligada o limitada), puede moverse de una estructura a otra (energía libre), o puede ser descargada en la acción (descarga) (Rycroft, 40).

ENERGIA: Suponemos que en la vida mental hay alguna clase de energía trabajando, pero no tenemos datos que nos permitan acercarnos a un conocimiento de ella por una analogía con otras formas de energía (Freud, Esquema del Psicoanálisis).

El concepto de energía fue creado por Freud para aclarar cambios de atención, interés y compromiso de un objeto a otro o de una actividad a otra (Rycroft, 50).

A la teoría clásica parece interesarle más la cantidad que la calidad de la energía: no interesa tanto qué tipo de energía circula en el psiquismo, sino cuánto circula (CUANTO o quantum), a pesar de que el psicoanálisis no tiene medios para medirla en un nivel cuantitativo.

La teoría clásica postula la existencia de cuantos de energía psíquica, que se genera en el ello, que están en condiciones de ser descargadas en acción, y de estar ligadas (vinculadas) a esas estructuras mentales que constituyen el yo (Rycroft, 43).

Esquemáticamente, podemos decir que la energía sigue una secuencia de tres etapas:

a) ingresa en el aparato psíquico,

b) es transportada por el mismo, y

c) es descargada para retornar al equilibrio inicial, lo cual es una situación bastante ideal porque la energía suele quedar ligada dentro mismo del aparato psíquico, a la espera de una descarga ulterior. En otras palabras, primero hay un aumento de energía (cuando entra), y luego una tendencia a disminuir esa cantidad (cuando es evacuada).

En relación con cada una de estas etapas, hay varios términos técnicos que aclaramos a continuación. Respecto de del ingreso de energía al aparato psíquico, encontramos las ideas de suma de excitación y estímulo.

SUMA DE EXCITACION: Uno de los términos usados por Freud para designar el factor cuantitativo cuyas transformaciones constituyen el objeto de la hipótesis económica. El término pone el énfasis en el origen de este factor: las excitaciones externas y, sobre todo, las internas (o pulsiones) (Laplanche,418). Tales excitaciones externas e internas funcionan como estímulos:

ESTIMULO: Los estímulos son tanto internos como externos, siendo los primeros impulsos instintivos que vienen de adentro del organismo pero que violan [irrumpen en] el aparato psíquico, y los últimos, impresiones sensoriales derivadas del ambiente (Rycroft, 54).

En relación con la segunda etapa, encontramos la idea de inervación:

INERVACION: Término usado por Freud en sus primeros trabajos para designar el hecho de que cierta energía es transportada a una determinada parte del cuerpo, produciendo allí fenómenos motores o sensitivos. La inervación, fenómeno fisiológico, podría producirse por conversión de energía psíquica en energía nerviosa (Laplanche,196).

En el PROYECTO DE UNA PSICOLOGIA PARA NEUROLOGOS (1985), Freud intenta basar directamente la psicología en el movimiento de energía de una neurona a otra. Efectivamente, la actividad neural consiste en el movimiento de cuantos de energía de una neurona a otra, de modo tal que ‘ideas’, ‘representaciones mentales’ e ‘imágenes’ son tratadas como estructuras unitarias (neuronas) de un aparato psíquico análogas al sistema nervioso (Rycroft, 79).

En relación a la 3º etapa, encontramos la idea de descarga:

DESCARGA: Término económico usado por Freud que designa la evacuación hacia el exterior de la energía aportada al aparato psíquico por las excitaciones, sean estas de origen interno o externo. Esta descarga puede ser total o parcial (Laplanche,96).

Ejemplos de descarga son la abreacción, las descargas emocionales en general y las actividades instintivas. Un AFECTO DE DESCARGA es una emoción que ocurre cuando un impulso está siendo descargado, en contraste con el AFECTO DE TENSION, que acompaña a la represión de un impulso (Rycroft, 46).

En relación con el punto de vista económico, examinemos por último los principios metapsicológicos.

PRINCIPIO: Enunciado teórico que se considera verdadero, y que sirve como explicación ‘última’ de los demás enunciados menos generales de la teoría, así como de los hechos de los cuales ésta se ocupa.

En psicoanálisis, los principios son básicamente los principios metapsicológicos, y más específicamente económicos porque describen como aumentan, se ‘almacenan’ y disminuyen las cantidades de energía. Por esta razón incluimos la explicación de los principios dentro del punto de vista económico.

Estos principios que muestran las visicitudes de la energía (o la tensión, o la excitación, para usar términos aproximados, menos físicos y más psico-fisiológicos) son los siguientes: inercia, nirvana, constancia, placer y realidad.

PRINCIPIO DE INERCIA (neurónica): principio de funcionamiento del sistema neurónico, postulado por Freud en EL «PROYECTO DE PSICOLOGÍA CIENTÍFICA» de 1895: las neuronas tienden a evacuar completamente las cantidades de energía que reciben (Laplanche, 293). Suponemos que Laplanche coloca ‘neurónica’ entre paréntesis, para distinguirlo del clásico principio de inercia de la mecánica newtoniana.

En relación con este principio, encontramos el concepto de facilitación:

FACILITACION: término usado por Freud cuando da un modelo neurológico del aparato psíquico (1895): la excitación, al pasar de una neurona a otra, debe vencer cierta resistencia; cuando este paso implica una disminución permanente de esa resistencia, se dice que hay facilitación: la excitación escogerá la vía facilitada con preferencia a la que no lo ha sido (Laplanche, 135). Así, las neuronas tienden a evacuar completamente la energía que reciben.

PRINCIPIO DE NIRVANA: Término propuesto por Bárbara Low y recogido por Freud para designar la tendencia del aparato psíquico a reducir a cero o, por lo menos, a disminuir lo más posible en sí mismo toda cantidad de excitación de origen externo o interno (Laplanche, 295).

PRINCIPIO DE CONSTANCIA: principio enunciado por Freud, según el cual el aparato psíquico tiende a mantener la cantidad de excitación en él contenida a un nivel tan bajo, o, por lo menos, tan constante como sea posible. Esta constancia se obtiene, por una parte, mediante la descarga de energía ya existente; por otra, mediante la evitación de lo que pudiera aumentar la cantidad de excitación, y la defensa contra este aumento (Laplanche, 287).

Especialmente en relación con este principio (y en general, con todos los principios metapsicológicos), encontramos las ideas de ‘tensión’ y ‘umbral’, puesto que la tensión, al aumentar y cuando alcanza cierto umbral o techo, se descarga.

TENSION: ‘Estado de tensión’ es un término diagnóstico para una condición donde el paciente está tenso, bajo presión psíquica, etc., ya sea como resultado de una presión externa o de un conflicto interno. Las concepciones de Freud acerca de los principios de constancia y placer consideran a la ‘tensión instintiva’ como el motor básico de toda conducta (Rycroft, 113).

Psicoanalíticamente podemos considerar la tensión como el estado en el cual se encuentra el sujeto como consecuencia de la existencia, en el aparato psíquico, de una cierta cantidad de energía que necesita evacuar.

UMBRAL (o limen): En fisiología y psicología, intensidad de la estimulación que evoca una respuesta. Las teorías psicoanalíticas del instinto, la angustia, la frustración, etc., implican (generalmente sin expresarlo) la idea de un umbral, esto es, la tensión instintivas causa displacer, conduciendo a la descarga sólo si la tensión ha pasado un cierto umbral (Rycroft, 118).

Si bien el principio de constancia fue enunciado por Freud, había sido formulado por Fechner para describir la tendencia de los organismos a mantener un nivel constante de tensión. Se corresponde con el concepto fisiológico de ‘homeostasis’, establecido por el fisiólogo W. Cannon (Rycroft, 92):

HOMEOSTASIS: Los organismos, compuestos de material que se caracteriza por la más extrema inconstancia e inestabilidad, han aprendido de alguna manera los métodos para mantenerse constantes y estables ante la presencia de condiciones que podrían suponerse, razonablemente, como profundamente perturbantes (Cannon).

PRINCIPIO DE PLACER: uno de los dos principios que, según Freud, rigen el funcionamiento mental: el conjunto de la actividad psíquica tiene por finalidad evitar el displacer y procurar el placer. Dado que el displacer va ligado al aumento de las cantidades de excitación, y el placer a la disminución de las mismas, el principio de placer constituye un principio económico (Laplanche, 296).

El principio de placer, que Freud consideró en gran medida innato, se refiere a la tendencia del organismo a evitar el dolor y a buscar placer mediante la descarga de tensión (Kaplan, 76). El principio no implica que el placer es buscado positivamente sino que el displacer es evitado (Rycroft, 92). Placer se opone así a dolor o displacer. Aclaremos una diferencia entre dolor y displacer:

DISPLACER Y DOLOR: En los textos psicoanalíticos, el dolor es físico, mientras que el displacer es un dolor mental debido a la tensión instintiva y es, por consiguiente, lo que más relación tiene con el principio del placer enunciado.

En los escritos de Freud, el dolor físico es Schmerz y el dolor mental debido a la tensión es Unlust, que Strachey traduce como displacer. Otras traducciones, sin embargo, utilizan ‘dolor’ para ambas palabras alemanas (Rycroft, 48).

La psiquis, inicialmente, está bajo la influencia del principio del placer y lo obtiene alucinando la satisfacción necesaria para reducir la tensión (Rycroft, 92). En esencia, el principio del placer persiste toda la vida, pero tiene que ser modificado por el principio de realidad (Kaplan, 76).

PRINCIPIO DE REALIDAD: Uno de los dos principios que, según Freud, rigen el funcionamiento mental. Forma un par con el principio del placer, al cual modifica: en la medida en que logra imponerse como principio regulador, la búsqueda de la satisfacción ya no se realiza por los caminos más cortos sino mediante rodeos, y aplaza su resultado en función de las condiciones impuestas por el mundo exterior (Laplanche, 299).

PRUEBA DE REALIDAD: Capacidad para distinguir entre las imágenes mentales y las percepciones externas, entre la fantasía y la realidad externa, de corregir las impresiones subjetivas por referencia a hechos externos (Rycroft, 99). La vigencia del principio de realidad depende de si el sujeto es capaz o no de llevar a cabo esta prueba.

Considerado desde el punto de vista económico, el principio de realidad corresponde a una transformación de la energía libre en energía ligada; desde el punto de vista tópico, caracteriza esencialmente el sistema preconciente-conciente; y desde el punto de vista dinámico, el psicoanálisis intenta basar el principio de realidad sobre cierto tipo de energía pulsional que estaría más especialmente al servicio del yo (Laplanche, 299).

Podríamos también agregar un punto de vista genético: el principio de realidad deriva y es una modificación del principio del placer, al cual sustituye sin suprimir (Laplanche, 299-300).

Según las formulaciones originales de Freud, el principio de realidad se adquiere y aprende durante el desarrollo (Rycroft, 92). Según Kaplan en cambio, dicha función es sólo en gran parte aprendida (Kaplan, 76).

El principio de realidad busca la gratificación o descarga instintiva pero acomodándose a las posibilidades de la realidad exterior y, consecuentemente, provee los medios para el aplazamiento de la descarga. Mediante la percepción externa examinamos las posibilidades del mundo exterior, y mediante el pensamiento como proceso secundario, podemos aplazar la descarga.

En relación con el principio de realidad, finalmente, no podemos dejar de aclarar qué significa ‘realidad’ en ese contexto:

REALIDAD: El psicoanálisis utiliza ‘real’ tanto para dar a entender algo objetivamente presente como algo subjetivamente significativo. Supone que todos los fenómenos objetivos ocupan un espacio exterior al sujeto (‘realidad externa’), y que existen imágenes, pensamientos, fantasías, sentimientos, etc., que ocupan un espacio dentro del sujeto (‘realidad interna o psíquica’) (Rycroft, 99).

Cuando se habla del principio de realidad o de prueba de realidad, nos estamos refiriendo a la realidad externa o ambiente.

DESREALIZACION, sin embargo, se refiere a la realidad psíquica, ya que los pacientes con este síntoma se quejan de que, pese a percibir el mundo exterior correctamente, este ya no significa nada para ellos, les parece ‘irreal’ (Rycroft, 99, 30).

Por último, intentaremos ahora relacionar estos cinco principios entre sí a partir de algunos comentarios de Laplanche y Rycroft, pero sobretodo a partir de ciertos textos decisivos como ‘Proyecto de una psicología científica’ (1895), ‘Más allá del principio del placer’ (1920) y ‘El problema económico del masoquismo’ (1924).

Para ello recurriremos a un gráfico de coordenadas cartesianas (Esquema 2.2).

En el eje de las ordenadas (Y) hemos ubicado la cantidad de energía, tensión o excitación. Por ejemplo la tensión 0 equivale al estado inorgánico, a la ausencia de vida, mientras que una cierta cantidad de excitación (por ejemplo 5, por citar una cifra cualquiera) es la mínima imprescindible para el mantenimiento y desarrollo de las funciones vitales.

En el eje de las abscisas (X) ubicamos el tiempo transcurrido, con lo cual cualquiera de las dos curvas dibujadas nos están indicando que a medida que transcurre el tiempo a lo largo de X, en un principio la excitación va aumentando, luego alcanza un punto máximo y después empieza a decrecer (curvas ascendente y descendente, respectivamente).

La curva de línea continua expresa gráficamente lo que dicen los principios de inercia y de nirvana que, en el fondo, se refieren a la misma situación: que la tensión termina evacuándose completamente, es decir hasta llegar a la tensión 0.

De hecho, Freud habló primero del principio de inercia alrededor de 1895, y luego lo reafirma hacia 1920 describiéndolo como principio de Nirvana.

Las diferencias entre ambos tienen que ver simplemente con sus ámbitos de aplicabilidad: la inercia explicaba el funcionamiento del sistema nervioso, o sea a un nivel puramente fisiológico, mientras que el nirvana explica el mismo funcionamiento a nivel psíquico, equivalencia que se funda sobre el hecho de que el funcionamiento mental tiene su base en un funcionamiento neurológico.

Como estamos en un contexto psicoanalítico, de aquí en más hablaremos de un principio de nirvana. Este principio, según Freud, es el primero en el sentido del más arcaico, pero también es el más fundamental en el sentido de que todos los demás principios (constancia, placer, realidad) son derivados de él, simples modificaciones de la tendencia primordial hacia la tensión cero (nirvana).

Consiguientemente, desde que el ser humano es concebido en la fecundación, ya trae como bagaje este principio de nirvana. Pero si este principio actuara en forma libre y exclusiva, el organismo reduciría su tensión a cero y entonces moriría.

Por lo tanto el organismo comienza a funcionar según el principio de constancia (esquema 2.2, curva de línea discontinua), que permite la descarga en forma parcial, no total, por ejemplo hasta el nivel de tensión 5, compatible con la vida. Esto no significa que haya desaparecido el principio de nirvana: de hecho tiende a reaparecer durante la existencia del individuo hasta que finalmente termina por prevalecer sobre el principio de constancia, ya que la muerte a la larga resulta inevitable. Si el organismo sigue viviendo es porque aún sigue teniendo prioridad el principio de constancia.

Al comienzo de sus desarrollos teóricos, en 1895 Freud plantea solamente un principio de inercia (léase Nirvana), pero deja entrever un esbozo del principio de constancia cuando supone que efectivamente, hay una tendencia a mantener la excitación constante y distinta a cero, pero verá en esto algo secundario impuesto por la necesidad de vivir.

Desde esta perspectiva inercia y constancia se oponen, pues la constancia se opondría a la descarga a cero (podemos pensar que al menos una parte de la energía que ingresa al organismo, serviría para contrarrestar la tendencia a cero impuesto por el principio de nirvana: una especie de energía de mantenimiento de las funciones vitales).

Más adelante, en ‘Más allá del principio del placerFreud equipara ambos principios, e incluso dentro de ese mismo artículo da prácticamente la misma definición del principio de constancia y del principio de nirvana. Laplanche habla entonces aquí de una ambigüedad en el texto de Freud.

Sin embargo, esta ambigüedad se diluye cuando más tarde, EN ‘EL PROBLEMA ECONóMICO DEL MASOQUISMO’, relaciona el principio de nirvana con la pulsión de muerte, o sea con la reducción de la tensión a cero, algo evidentemente distinto a lo que afirma el principio de constancia.

Dice Rycroft que pese a que Freud usa a veces el principio de constancia para implicar que los organismos tratan de abolir toda tensión interna (tienen un instinto de muerte), su mejor uso se produce cuando hace referencia a la necesidad de mantener un nivel óptimo de tensión (Rycroft, 92).

Veamos ahora la relación de estos principios con el principio del placer.

Si observamos el esquema 2.2, veremos que la última parte de ambas curvas es descendente, lo que significa que tanto el principio de nirvana como el principio de constancia postulan una reducción o disminución final de la tensión. Sabemos por otro lado que el principio del placer relaciona la disminución de la tensión con un afecto placentero.

La pregunta inevitable es la siguiente: ¿con qué debemos relacionar el principio del placer? ¿Con el principio del nirvana o con el de constancia, habida cuenta de que en ambos hay una reducción de la tensión?

A lo largo de su pensamiento Freud consideró ambas posibilidades:

a) Numerosas formulaciones de Freud asimilan el principio del placer al principio de constancia. Más concretamente, el principio de constancia es el fundamento económico del principio del placer: el aumento de tensión es experimentado como displacentero y su reducción como placentera, es decir, ciertos niveles de tensión guardan una correspondencia con ciertas percepciones subjetivas de displacer o placer.

No obstante esto, Freud dirá que la equivalencia no es exacta pues en ciertos casos, como por ejemplo en la unión sexual, el aumento de tensión se acompaña de placer, lo cual llevará a la distinción entre placer preliminar y placer final.

b) En otras formulaciones, especialmente en ‘Más allá del principio del placer‘, Freud relaciona el principio de placer con el principio de nirvana, llegando incluso a preguntarse si el principio de placer no se encuentra tal vez al servicio de la pulsión de muerte (nirvana), ya que el principio de nirvana sugiere una profunda ligazón entre el placer y la aniquilación (las personas pueden disfrutar agrediendo o destruyendo). El vínculo entre estos dos principios fue de todas maneras, siempre muy problemático para Freud.

Por lo dicho, si se asimila el principio de placer al de nirvana, entonces el primero se opone al principio de constancia pues buscaría la reducción de la tensión a cero. Y alternativamente, si se asimila el principio de placer al de constancia, entonces el principio de placer se opone al principio de nirvana, es decir a la muerte, quedando entonces del lado de las pulsiones de conservación o de vida.


2.3 PUNTO DE VISTA DINAMICO

En física, la dinámica estudia el movimiento de los cuerpos en relación a las fuerzas que lo producen. De aquí deriva la concepción dinámica freudiana: en el psiquismo se supone que actúan fuerzas, siendo especialmente importantes aquellas que se enfrentan u oponen entre sí, generando el llamado conflicto.

DINAMICO (adjetivo): califica un punto de vista que considera los fenómenos psíquicos como resultantes del conflicto y de la composición de fuerzas que ejercen un determinado empuje siendo éstas, en último término, de origen pulsional (Laplanche, 100).

En relación con el punto de vista dinámico, están los conceptos de ‘conflicto psíquico’ y ‘represión’.

CONFLICTO: Oposición entre fuerzas aparente o evidentemente incompatibles (Rycroft, 41). Los conflictos pueden ser externos, cuando se oponen una fuerza exterior y una fuerza interna del sujeto, y pueden ser internos o intrapsíquicos, cuando se oponen internamente dos fuerzas.

Estos últimos son de especial interés para el psicoanálisis, y pueden ser calificados indistintamente como conflictos internos, psíquicos o intrapsíquicos:

CONFLICTO PSIQUICO (o intrapsíquico): en psicoanálisis se habla de conflicto cuando, en el sujeto, se oponen exigencias internas contrarias. El conflicto puede ser manifiesto (por ejemplo entre un deseo y una exigencia moral, o entre dos sentimientos contradictorios) o latente, pudiendo expresarse éste último de un modo deformado en el conflicto manifiesto y traducirse especialmente por la formación de síntomas, trastornos de la conducta, perturbaciones del carácter, etc. (Laplanche, 77).

El psicoanálisis considera al conflicto como constitutivo del ser humano y ello desde distintos puntos de vista: entre el deseo y la defensa, entre los diferentes sistemas o instancias, entre las pulsiones, conflicto edípico, etc. En este último caso no sólo se enfrentan deseos contrarios, sino que estos a su vez se enfrentan con lo prohibido (Laplanche,77).

Los conflictos intrapsíquicos se refieren a los que tienen lugar entre dos partes de la misma mente, en contraste con el conflicto entre personas (Rycroft, 71). Ejemplos son el conflicto entre impulsos instintivos (por ejemplo libidinal y agresivo), o entre estructuras (por ejemplo yo y ello) (Rycroft, 41).

REPRESION: Es considerada por Laplanche en dos sentidos.

a) En sentido propio: operación por medio de la cual el sujeto intenta rechazar o mantener en el inconsciente representaciones (pensamientos, imágenes, recuerdos) ligados a una pulsión. La represión se produce en aquellos casos donde la satisfacción de una pulsión (susceptible de procurar por sí misma placer) ofrecería el peligro de provocar displacer en virtud de otras exigencias.

La represión es particularmente manifiesta en la histeria, si bien desempeña también un papel importante en las restantes afecciones mentales, así como en la psicología normal. Puede considerársela como un proceso psíquico universal, en cuanto se hallaría en el origen de la constitución del inconsciente como dominio separado del resto del psiquismo.

b) En sentido más vago: el término ‘represión’ es usado en ocasiones por Freud en un sentido que lo aproxima a ‘defensa’ debido, por una parte, a que la operación de la represión en el sentido a) se encuentra, al menos como un tiempo, en numerosos procesos defensivos complejos (en cuyo caso la parte es tomada como el todo) y, por otro lado, debido a que el modelo teórico de la represión es usado por Freud como el prototipo de otras operaciones defensivas (Laplanche, 375).

Habría dos tiempos en la represión: lo que ha sido reprimido en el primer tiempo (represión originaria) tiende a irrumpir de nuevo en la conciencia en forma de derivados, siendo sometido entonces a una segunda represión (represión con posterioridad) (Laplanche, 94).

Relacionamos el punto de vista dinámico con conflicto y represión porque punto de vista dinámico significa fuerzas que se oponen (conflicto), y porque un ejemplo fundamental de esta oposición ocurre en la represión, donde hay una fuerza pulsional que pugna por descargarse, y otra fuerza de sentido contrario que la reprimirá.

Podemos ir sintetizando la vinculación entre los tres puntos de vista metapsicológicos del siguiente modo:

La energía fluye libremente y busca descargarse (aspecto económico), pero existen barreras que se oponen a esa descarga, o sea se producen enfrentamientos entre fuerzas contrarias (aspecto dinámico). Todo esto acontece en un escenario, en un ‘lugar’, metafóricamente hablando, llamado ‘aparato psíquico’ y diferenciado en sistemas o instancias (aspecto tópico), diferenciación que va ocurriendo paulatinamente a lo largo de la vida y especialmente durante los primeros cinco años (esto último es un punto de vista genético, que Freud suele agregar también en su metapsicología, en especial en la segunda tópica).


2.4 PUNTO DE VISTA TOPICO

En relación con este punto de vista, se suelen emplear los calificativos de TOPICO, TOPOGRAFICO y ESTRUCTURAL. No existe un acuerdo estricto en el empleo de estos términos para calificar la teoría freudiana del aparato psíquico, pero valgan las siguientes consideraciones:

a) Los calificativos de ‘tópico’ y ‘topográfico’ destacan el aspecto espacial del aparato psíquico, como si sus diversas instancias ocupasen un lugar en él. En cambio la denominación ‘estructural’ destaca el hecho de que esas instancias están interrelacionadas entre sí, influyéndose mutuamente.

b) Compiladores como Kaplan denominan modelo topográfico a la primera teoría del aparato psíquico, y modelo estructural a la segunda teoría (Kaplan, 77 y 79). Otros en cambio, como Rycroft, denominan por ejemplo a la segunda teoría como punto de vista topográfico y estructural, simultáneamente (Rycroft, 40). Por su parte Laplanche habla de las dos tópicas freudianas para referirse a ambas teorías (Laplanche, 431).

c) Hay aún otras opiniones. Sólo destacaremos que ambos adjetivos, tópico y estructural, son igualmente aplicables tanto a la primera como a la segunda teoría por cuanto en ambas se habla de ‘lugares’ y de ‘interrelaciones’.

TOPICA: Teoría o punto de vista que supone una diferenciación del aparato psíquico en cierto número de sistemas dotados de características o funciones diferentes y dispuestos en un determinado orden entre sí, lo que permite considerarlos metafóricamente como lugares psíquicos de los que es posible dar una representación espacial figurada (Laplanche, 431).

El punto de vista tópico insiste sobre las ideas de ‘lugar’ y ‘ficción’. Aquí se habla de la ficción de un aparato psíquico extendido en el espacio y cuyas instancias son localizables en un diagrama visual.

Corrientemente se habla de dos tópicas freudianas: la primera donde se establece una distinción fundamental entre los sistemas inconsciente, preconsciente y consciente, y la segunda tópica que distingue tres instancias: el ello, el yo y el superyó (Laplanche, 431).

Freud incluyó también dentro de esta última el ideal del yo.

SISTEMA: Se toma como sinónimo de instancia.

INSTANCIA: Alguna de las diferentes sub-estructuras, dentro de una concepción a la vez tópica y dinámica del aparato psíquico.

Ejemplos: instancia de la censura (1º tópica), instancia del superyó (2º tópica) (Laplanche, 197).

El conjunto de todas las instancias constituyen el aparato psíquico, concepto que es central dentro del punto de vista tópico. Este punto de vista no es otra cosa que la teoría freudiana del aparato psíquico:

APARATO PSIQUICO: término que subraya ciertos caracteres que la teoría freudiana atribuye al psiquismo: su capacidad de transmitir y transformar una energía determinada y su diferenciación en sistemas o instancias (Laplanche, 30). Freud dice: «suponemos que la vida mental es la función de un aparato al cual atribuimos las características de estar extendido en el espacio y de estar formado por diversas porciones (o sea el ello, el yo y el superyó)» (Freud, ESQUEMA DEL PSICOANáLISIS).

El aparato psíquico está regido por dos modos de funcionamiento: el proceso primario y el proceso secundario (véase esquema 2.3).

Freud desarrolló sucesivamente dos tópicas. La primera viene ya perfilándose en ‘PROYECTO DE UNA PSICOLOGIA PARA NEUROLOGOS’ (1895), pero aparece formulada en el capítulo 7 de ‘LA INTERPRETACION DE LOS SUEÑOS’ (1900), mientras que la segunda empieza a surgir a partir de 1920 y queda explícitamente planteada en ‘EL YO Y EL ELLO ‘(1923).

Veámoslas separadamente.

a) Primera tópica

Según la primera tópica, el aparato psíquico está formado por tres instancias: el inconsciente, el preconsciente y el consciente, constituyendo las dos últimas el llamado sistema preconciente-conciente (véase esquema 2.10). El consciente aparece también en relación con los nombres de conciencia o SISTEMA PERCEPCION-CONCIENCIA, y ello porque una función básica de este sistema es la percepción:

PERCEPCION: Proceso de comenzar a estar consciente de algo. El psicoanálisis distingue entre percepción externa e interna, siendo la base de la primera las sensaciones derivadas de los órganos sensoriales, y de la última el estado consciente de comenzar a advertir progresivamente los procesos mentales internos (Rycroft, 88).

La distinción entre estas instancias se basa especialmente en el grado de actualización de los recuerdos. En el inconsciente están inscriptos todos aquellos hechos que, por más esfuerzo que hagamos no podemos recordarlos, y sólo aparecen bajo hipnosis, o bien luego de un trabajo analítico que atenúe las resistencias, generalmente arduo.

Ejemplos de estos hechos: qué hicimos el 23 de agosto de 1990 a las 6 de la tarde.

Este es un recuerdo banal: el psicoanálisis destaca especialmente los hechos que resultaron altamente displacenteros o traumáticos para el sujeto, generalmente infantiles, razón por la cual fueron reprimidos y entonces no tienen fácil acceso a la conciencia.

Por ejemplo, haber sufrido una violación. También resultan de difícil acceso las pulsiones, en la medida en que estas son consideradas peligrosas o amenazantes (fuente de angustia) Indica Kaplan que las ideas reprimidas pueden alcanzar la conciencia cuando la censura está dominada (como en la formación del síntoma neurótico), cuando se debilita (como en el sueño), o cuando es engañada (como en las bromas) (Kaplan, 77).

Otra forma de acceso es por el trabajo analítico. El mismo autor explica que en el inconsciente, los recuerdos han perdido su conexión con la expresión verbal, y cuando se vuelven a aplicar las palabras al vestigio del recuerdo olvidado, pueden alcanzar la conciencia una vez más (Kaplan, 77).

En el preconsciente están los recuerdos fácilmente actualizables mediante un simple acto de voluntad, por lo cual no están tan sometidos a la influencia de la represión. Por ejemplo, si en este momento recordamos nuestro número telefónico, este recuerdo ha pasado del preconsciente al consciente, es decir, se ha actualizado.

Finalmente el consciente no es otra cosa que lo que captamos en este momento, aquí y ahora, sea que se trate de un recuerdo ahora actualizado, sea que se trate de un dato de la percepción actual, en especial si es visual o auditivo.

Rycroft indica que, en sentido amplio, los procesos y datos preconscientes e inconscientes pueden ser calificados como inconscientes. Los primeros son ‘descriptivamente inconscientes’ (o preconscientes), y los últimos ‘dinámicamente inconscientes’ (o inconscientes).

Los recuerdos, la información, las habilidades, etc., que pueden ser recordadas cuando son necesitadas, son descriptivamente inconscientes;; los recuerdos, fantasías, deseos, etc., cuya existencia sólo puede ser inferida, o que solo se hacen conscientes luego de la erradicación de alguna resistencia, son dinámicamente inconscientes (Rycroft, 66).

En los esquemas 2.4, 2.5, y 2.6 se indican las definiciones de conciencia, preconsciente e inconsciente. Las mismas deben complementarse con las siguientes observaciones:

a) En los 3 esquemas se incluyen en 1º lugar un punto de vista ‘descriptivo’, que apunta a mostrar qué se entendía por conciencia e inconsciente antes del psicoanálisis, y en los cuales Freud se apoyó originalmente. Antes del psicoanálisis no existía el vocablo ‘preconsciente’, pero sí ‘subconsciente’ o ‘subconciencia’:

SUBCONSCIENTE o subconciencia: término usado en psicología para designar, ora lo que es débilmente consciente, ora lo que se halla por debajo del umbral de la conciencia actual o es incluso inaccesible a ésta; usado por Freud en sus primeros trabajos, como sinónimo de inconsciente, el término fue rápidamente rechazado a causa de los equívocos a que se prestaba (Laplanche, 414).

b) En el esquema 2.4, ‘conciencia’ está definida como conciencia psicológica, no moral.

c) En relación con el consciente, se habla de un estado consciente:

ESTADO CONSCIENTE:

1. El estado de advertir las cosas, en oposición a estar dormido, anestesiado o en coma.

2. La facultad de autoconciencia, ausente en los animales (Rycroft, 54).

Los ensayos de Freud sobre el estado consciente se han perdido, y por ello sabemos poco de sus opiniones al respecto. Sabemos que Freud le asignaba la función de la prueba de realidad, que estaba regido por el proceso secundario, que tenía una función integrativa, y que ‘acercarlo para su conexión con las imágenes verbales’ era un requisito esencial para el ingreso del pensamiento inconsciente al estado consciente (Rycroft, 54).

d) El preconsciente y el inconsciente están separados por la censura:

CENSURA: función que tiende a impedir, a los deseos inconscientes y a las formaciones que de ellos derivan, el acceso al sistema preconciente-conciente (Laplanche, 53). Censor o censura fue, en las primeras formulaciones de Freud, el organismo mental responsable de la distorsión de los sueños y de la represión. El censor es el antecedente teórico del superyó (Rycroft, 38).

e) En relación con el inconsciente, definimos otro concepto:

DERIVADO DEL INCONSCIENTE: término usado a menudo por Freud (sobretodo en los textos metapsicológicos de 1915) dentro de su concepción dinámica del inconsciente: éste tiende a hacer resurgir en la conciencia y en la acción producciones que se hallan en conexión más o menos lejana con aquél. Estos derivados de lo reprimido son, a su vez, objeto de nuevas medidas de defensa (Laplanche, 94).

f) Siempre en el contexto de la primera tópica se puede plantear un punto de vista genético. Al respecto señala Laplanche que de un modo muy esquemático aparecen en Freud dos versiones muy distintas: una, de matiz genético que será reforzada por la segunda tópica, consistente en suponer la aparición y diferenciación progresiva de las instancias a partir de un sistema inconsciente, cuyas raíces se hunden en lo biológico («todo lo que es consciente ha sido primariamente inconsciente»); la otra intenta explicar la constitución de un inconsciente por el proceso de la represión, solución que conduce a Freud a postular, en un primer tiempo, una represión originaria (Laplanche, 433).

g) Laplanche usa y menciona las siguientes ABREVIATURAS: Ics (inconsciente), Pcs (preconsciente), Pc-Cs (percepción-conciencia), y Pcs-Cs (sistema preconciente-conciente). Todas ellas empiezan con mayúsculas, lo que indica que se trata de sustantivos, y entonces designan sistemas o instancias. En cambio las abreviaturas en minúsculas, como ‘ics’, designan, como en este caso, el inconsciente como adjetivo, o sea califica contenidos inconscientes.

b) Pasaje de la primera tópica a la segunda tópica

Qué llevó a Freud a pasar de la primera a la segunda tópica? Indica Kaplan que las principales deficiencias de la primera tópica radican en no poder explicar dos importantes características del conflicto mental:

a) Muchos de los mecanismos de defensa que los pacientes usaban contra el sufrimiento no eran, al principio, accesibles a la conciencia. Evidentemente, por tanto, la fuerza de la represión no puede atribuirse al preconsciente considerando que esta región de la mente era, por definición, accesible a la conciencia (Kaplan, 77). En este sentido, Laplanche refiere que el principal motivo que clásicamente se invoca para el pasaje de la primera a la segunda tópica es la consideración creciente de las defensas inconscientes, lo que impide hacer coincidir los polos del conflicto defensivo con los sistemas anteriormente establecidos: lo reprimido con el Inconsciente, y el yo con el sistema Preconciente-conciente (Laplanche, 434).

b) Los pacientes demostraban con frecuencia una necesidad inconsciente de castigo. Sin embargo, según la primera tópica, la fuerza moral que hacía esta demanda estaba asociada con las fuerzas anti-instintivas accesibles al conocimiento en el preconsciente (Kaplan, 77).

Ambas críticas se encontraban entre las importantes consideraciones que llevaron a Freud a descartar la primera tópica en el punto que se preocupaba por atribuir procesos específicos a regiones específicas de la mente. Llegó a comprender que lo más importante era si estos procesos eran primarios o secundarios. Los conceptos de la primera tópica que siguieron siendo útiles se refieren a las características de los procesos primario y secundario, a la importancia esencial de la satisfacción de los deseos, a la tendencia a la regresión en situaciones de frustración, y a la existencia de un inconsciente dinámico (Kaplan, 77).

Veamos la versión de Rycroft. En el consciente rige el proceso secundario. Sin embargo a veces los pensamientos conscientes pueden ser inconscientes, con lo cual es posible que la actividad mental sea a la vez ‘descriptivamente inconsciente’ y ‘dinámicamente consciente’.

Tal actividad se llama ‘preconsciente’. La situación inversa aparece en los sueños, donde somos conscientes de manifestaciones del inconsciente. Las contradicciones de este tipo llevaron a Freud a cambiar la terminología durante la década del 20, cuando el consciente se convirtió en el yo y el inconsciente en el ello (Rycroft, 41).

Más específicamente, la teoría psicoanalítica de las defensas implica el supuesto de percepción ‘inconsciente’, tanto de percepciones externas como internas, pues dice que las defensas están para prevenir que impulsos o recuerdos se hagan conscientes. Esto implica que el organismo mental que inicia una defensa, debe percibir la percepción amenazante antes de hacerlo perceptible al estado consciente. Tal una de las razones que llevaron a Freud a reemplazar lo consciente por el yo.

Con anterioridad a este cambio de terminología, fue necesario asegurar que el consciente era inconscientemente consciente de algún impulso prohibido. El yo, sin embargo, es definido como parcialmente inconsciente y se sostiene que es capaz de realizar ajustes automáticos, inconscientes, a los cambios en la tensión interna. No es difícil, sin embargo, encontrarse con textos analíticos que caen en la trampa de asegurar que un paciente estaba inconscientemente consciente (o advertido) de algo (Rycroft, 88).

Podríamos decir que las cosas podrían simplificarse si convenimos en llamar yo al consciente, y ello al inconsciente. En este caso el pasaje de la primera a la segunda tópica hubiera sido sólo un cambio en la terminología, no en las ideas. Pero desgraciadamente las cosas se complican cuando se constata que hay ciertas percepciones y ciertas descargas motrices (funciones yoicas) que…¡son inconscientes!…

Por ejemplo, como indica Fenichel, hay estímulos que están ‘por debajo del umbral’, y que demuestran haber sido percibidos sin haber sido jamás conscientes. Existe también una motilidad inconsciente, como sucede en el sonambulismo (Fenichel, 31).

Es así que el yo ya no puede ser homologado al consciente, y debe abarcar también capas más profundas, preconscientes e inconscientes, con lo cual deja de haber una coincidencia entre yo y consciente.

Otro ejemplo de actividad inconsciente del yo son el empleo de los mecanismos de defensa, ejemplo especialmente importante en la medida que es una de las principales razones que justificaron, como quedó dicho, el pasaje de la primera a la segunda tópica.

c) 2º tópica

De acuerdo a la segunda tópica, el aparato psíquico está constituido por el ello, el yo y el superyó (véase esquema 2.10). Sus definiciones y características aparecen en las esquemas 2.7, 2.8 y 2.9, y deben complementarse con las siguientes observaciones:

a) Al referirse al yo, Freud discrimina a lo largo de su obra un yo-placer y un yo-realidad:

YO-PLACER, YO-REALIDAD: Términos utilizados por Freud aludiendo a una génesis de la relación del sujeto con el mundo exterior y del acceso a la realidad. Ambos términos se oponen siempre entre sí, pero con acepciones demasiado distintas como para dar una definición unívoca de ellos, y con significaciones que se imbrican demasiado para ser fijadas en múltiples definiciones (Laplanche, 472).

La oposición entre yo-placer y yo-realidad fue adelantada por Freud sobre todo EN ‘FORMULACIONES SOBRE LOS DOS PRINCIPIOS DEL FUNCIONAMIENTO PSíQUICO’ (1911), ‘LAS PULSIONES Y SUS DESTINOS’ (1915), y ‘LA NEGACIóN’ (1925) (Laplanche, 472).

En rigor, Freud habla de tres etapas en el yo: el yo-realidad primitivo, propio de la etapa autoerótica, el yo-placer o yo de placer purificado, propio del narcisismo, y finalmente el yo-realidad definitivo, regido ya por el principio de realidad. El primero percibe todo lo displacentero dentro de sí, mientras que la realidad exterior le es indiferente.

En una segunda etapa el yo introyecta lo placentero que advierte en la realidad exterior y proyecta hacia afuera todo lo displacentero (‘quedó purificado’), constituyéndose así el yo-placer, donde todo lo placentero está dentro de él y todo lo displacentero queda afuera.

Y finalmente en una tercera etapa, el yo intentará encontrar afuera una fuente de placer: un objeto real que corresponda a la representación del objeto primitivamente satisfactor y perdido: esto corresponde a la prueba de realidad: el yo-realidad definitivo se ha instalado (Laplanche, 473-474).

b) Respecto del superyó, se suele mencionar su severidad. En relación con esta SEVERIDAD DEL SUPERYó cabe afirmar, con Rycroft, lo siguiente: el superyó no es una réplica fiel de las figuras reales introyectadas, porque el yo también incorpora a ellas sus propias características, con lo cual la severidad o intolerancia del superyó deriva, al menos en parte, de la violencia de los propios sentimientos del sujeto en la infancia (Rycroft, 110-111).

c) Además de las 3 instancias clásicas, Freud habló también de un ‘ideal del yo’:

IDEAL DEL YO: Término usado por Freud en su segunda tópica. Instancia de la personalidad que resulta de la convergencia del narcisismo (idealización del yo) y de las identificaciones con los padres, con sus sustitutos y con los ideales colectivos. Como instancia diferenciada, el ideal del yo constituye un modelo al que el sujeto intenta adecuarse (Laplanche, 180).

De acuerdo a Rycroft, es la concepción del sí mismo de cómo desea ser. Algunas veces usado como sinónimo de superyó, pero con mayor frecuencia se hace la distinción de que la conducta que está en conflicto con el superyó provoca culpa, mientras que aquella que está en conflicto con el ideal del yo provoca vergüenza (Rycroft, 121). Aclaremos que la vergüenza deriva también de la emergencia de los impulsos anales.

Al respecto, se habla de conductas y deseos YO-DISTONICOS cuando son incompatibles con los ideales del individuo o su concepción de sí mismo. En caso contrario se los califica como YO-SINTONICOS. Se trata siempre de juicios de valor hechos por el mismo sujeto (Rycroft, 121-122).

d) Integración de las dos tópicas

Según Laplanche, Freud no renunció a armonizar las dos tópicas. En varios lugares de su obra da una representación sobre un modelo espacialmente presentado del conjunto del aparato psíquico, en la cual coexisten las divisiones yo-ello-superyo y las divisiones inconciente-preconciente-conciente.

Esto puede verse por ejemplo en ‘EL YO Y EL ELLO’, pero la exposición más precisa al respecto está en el capítulo 4 de ‘ESQUEMA DEL PSICOANáLISIS’ (Laplanche, 434).

En el esquema 2.10 presentamos un modo en que pueden quedar resumidas las vinculaciones entre ambas tópicas en base a las afirmaciones de Freud. Como allí vemos, en el modelo final del aparato psíquico el ello es totalmente inconsciente, mientras que el yo y el superyó tienen partes conscientes, preconscientes e inconscientes.

En la 1º tópica, ‘consciente, ‘preconsciente’ e ‘inconsciente’ funcionan como sustantivos, o sea designan instancias o sistemas, pero en el modelo definitivo pasan a ser adjetivos calificativos, o sea califican los contenidos del ello, del yo y del superyó.

Por ejemplo: en la 1º tópica se dice «el inconsciente es una instancia o lugar del aparato psíquico…» (‘inconsciente’ es sustantivo y está en el sujeto gramatical), mientras que en la formulación final se dice «el ello es inconsciente», o «las defensas yoicas son inconscientes» (‘inconsciente’ es adjetivo y está en el predicado).

e) Las instancias y sus conflictos

El punto de vista tópico tomado aisladamente nos muestra la parte estática del aparato psíquico. Pero este aparato tiene su dinámica, que aparece cuando entre las instancias surgen los conflictos (y que también involucran simultáneamente alianzas con otras instancias).

No se puede aislar una de otra las 4 funciones del yo: trabarse en lucha con las exigencias instintivas, con el superyó y con las exigencias del mundo externo: deben unificarse estas tres esferas interdependientes de acuerdo con el principio de la «función múltiple» (Fenichel, 533). Incluso hay trastornos que derivan de la forma de coordinar los impulsos provenientes de las tres fuentes, es decir, la función múltiple del yo puede estar a su vez perturbada (Fenichel, 582).

Aclaramos que este principio de la función múltiple no es de Freud sino de Waelder, pero ayuda a la comprensión del tema: habla de una tendencia a lograr el máximo resultado con el mínimo esfuerzo. Por ejemplo, un acto que satisface una exigencia ambiental puede, también, gratificar el instinto y satisfacer al superyó (Fenichel, 522).

Las relaciones entre las instancias influyen a su vez sobre las relaciones con otras instancias. Por ejemplo, los conflictos entre el yo y el ello o entre el yo y el superyó, obligan al yo a cambiar su conducta con los objetos externos (Fenichel, 566).

A pesar de esta complejidad en las interrelaciones, expondremos brevemente cada conflicto por separado, por razones didácticas.

El esquema 2.11 muestra que hay dos tipos de conflictos, a los que podemos calificar como intersistémicos (entre instancias) e intrasistémicos (dentro de cada instancia).

Como puede verse, se ha considerado también como instancia a la realidad externa: por varias razones Freud mismo se vio inducido a atribuir a la realidad misma el papel de una verdadera fuerza autónoma, casi como el de una instancia del aparato psíquico (Laplanche, 323).

Examinemos ejemplos de cada tipo de conflicto.

1 YO-ELLO Es el conflicto central en las neurosis, donde el superyó puede aliarse con el ello o bien con el yo, según el tipo de trastorno neurótico. También está involucrada una alianza yo-realidad externa contra el ello, de manera que, a partir del conflicto de base yo-ello, tenemos las siguientes variantes:

a) Yo+Realidad versus Ello: el yo del neurótico obedece al mundo externo y se vuelve contra el ello mediante la iniciación de una represión (Fenichel, 492).

b) Yo+Realidad+Superyo versus Ello: en las neurosis el yo obedeciendo las exigencias de la realidad (y del superyó), reprime las reivindicaciones pulsionales (Laplanche, 323).

c) Yo versus Ello+Superyo: Especialmente en las neurosis obsesivas, todas las defensas yoicas usadas contra los instintos pueden terminar también dirigidas contra los sentimientos de culpa provenientes del superyó (Fenichel, 157).

En esta fórmula vemos también otro aspecto: una alianza ello-superyo. Esto sucede en los casos de una reacción regresiva grave, cuando las funciones del superyó pueden sexualizarse una vez más o pueden resultar impregnadas por la agresión, adoptando una calidad de destructividad primitiva (habitualmente anal), que refleja la calidad de los impulsos destructivos en cuestión (Kaplan, 82).

Además, se supone que las energías del superyó derivan del ello, esto es, que la tendencia a la autoagresión del superyó proporciona un escape a los impulsos agresivos propios del sujeto. Tal es un ejemplo de vuelta contra sí mismo (Rycroft, 111).

El conflicto yo-ello no implica necesariamente neurosis: el yo en su función defensiva normal ejerce cierto control sobre la vida instintiva (Kaplan, 81), y sólo cuando la intensidad de esta oposición conflictiva pasa cierto umbral, se crean las condiciones para la instalación de la neurosis.

2. YO-REALIDAD EXTERNA

Es el conflicto central en las psicosis. El yo del psicótico se aparta del mundo externo, que pone límites a su libertad instintiva. Fenichel indica que esta fórmula simplista en rigor se aplica a una minoría de casos de psicosis alucinatorias (Fenichel, 493).

En realidad casi siempre ocurre, como en la esquizofrenia, que apartarse de la realidad no sirve al propósito de lograr mayor placer instintivo, sino al de combatir las tendencias instintivas hacia los objetos. La realidad es repudiada más por las tentaciones que encierra que por sus efectos de frustración (Freud, El principio de realidad en las neurosis y psicosis, ejemplo de la joven enamorada del cuñado).

3. YO-SUPERYO

Hemos visto como yo y superyó pueden entrar en conflicto en el contexto de las neurosis (caso 1-c, arriba), pero aquí indicaremos el conflicto yo-superyo como característico de la melancolía (ubicada por Freud como neurosis narcisista). Indica Laplanche que fue la consideración de los delirios de autoobservación, de la melancolía y del duelo patológico lo que llevó a Freud a plantearse la oposición entre yo y superyó (Laplanche, 420).

En la melancolía, el objeto perdido es introyectado, formando parte del yo, es decir una parte del yo se identifica con el objeto perdido (Freud, DUELO Y MELANCOLíA). A partir de aquí pueden darse dos posibilidades, según que el objeto introyectado se ponga del lado del yo, o del lado del superyó:

a) Yo+objeto introyectado versus superyó;

b) Yo versus superyo+objeto introyectado.

(Véase Fenichel, 443, 447-448).

4. SUPERYO-REALIDAD EXTERNA

Alexander plantea la posibilidad de que un ambiente infantil desusado haya dado lugar a la formación de un superyó cuyas valoraciones son contrarias a las del superyó corriente en una sociedad determinada (Fenichel, 563).

5. ELLO-REALIDAD EXTERNA

Es necesario que previamente un conflicto originario entre el ello y el mundo externo sea transformado en un conflicto entre el ello y el yo, para que pueda producirse un conflicto neurótico (Fenichel, 155; Kaplan, 79-80). En rigor, entonces, el conflicto Ello-mundo externo revela (o es reducible a) un conflicto Ello-yo (Fenichel, 156).

6. ELLO-SUPERYO

La descarga pulsional del ello es contrarrestada o regulada, además del yo, por el superyó, que contiene internalizados los valores morales (Kaplan, 79).

7. ELLO-ELLO Hablamos aquí de la posibilidad de conflictos entre pulsiones. Por ejemplo, el eterno conflicto entre las pulsiones de vida y muerte (o entre pulsiones libidinales y agresivas).

Sin embargo, por otro lado Freud indica que en la esfera del ello no hay contradicciones, y que instintos de fin contradictorio pueden ser satisfechos uno tras otro o hasta simultáneamente (Fenichel, 155).

Hechos clínicos parecen probar que unos instintos pueden coartar otros instintos, como en la sobrecompensación de un impulso mediante un impulso opuesto, y más concretamente, cuando la homosexualidad puede reprimir impulsos heterosexuales, o el sadismo reprimir el masoquismo (Fenichel, 154 y 582).

En rigor, en tales casos el conflicto es intersistémico (yo-ello), pues uno de los instintos representa al yo, es decir es apoyado por una defensa yoica o fortalecido para servir a esa defensa. Uno de los instintos aparece entonces como defensa frente al otro, con lo cual los conceptos de ‘instinto’ y ‘defensa’ pasan a ser relativos. Fenichel concluye, a partir de esto, que el hecho de que existen conflictos entre instintos no obliga a cambiar la fórmula conocida de que el conflicto neurótico tiene lugar entre el Ello y el yo (Fenichel, 155).

Con tales comentarios, Fenichel busca un esclarecimiento de las formulaciones de Freud, cuando este sostiene que el conflicto neurótico tiene lugar entre pulsiones, es decir, entre el Ello y el Yo (Freud, EL YO Y EL ELLO; NEUROSIS Y PSICOSIS).

En efecto, preocupado por dar al yo, simétricamente a la sexualidad, un soporte pulsional, Freud se ve inducido a describir el conflicto como la oposición entre las pulsiones sexuales y las pulsiones del yo (Laplanche, 464).

8. YO-YO

No hablaremos aquí del tradicional jueguito que desveló nuestras horas infantiles, y porqué no adultas. Si partimos de la base que el yo produce síntomas, estos síntomas pueden a su vez alcanzar cierto monto de displacer, y entonces el mismo yo puede montar defensas contra ellos.

Así por ejemplo, Fenichel indica que el yo puede montar defensas contra sus propios síntomas cuando advierte que estos expresan con demasiada evidencia instintos rechazados. Mientras no sean muy intensos o mientras predomine su significado de defensa, podrán ser tolerados (Fenichel, 512).

En rigor el yo monta su defensa contra el síntoma en tanto este representa la pulsión emergente, con lo cual este conflicto intrasistémico podría traducirse o hacerse derivar de un conflicto intersistémico yo-ello.

9. SUPERYO-SUPERYO

Después de la instauración de un superyó ‘normal’, circunstancias ulteriores pueden dar lugar a la creación de un doble ‘parasitario’ de este superyó, de tendencia opuesta al primero (Fenichel, 563; Freud, Introduction to Psychoanalysis of War Neuroses, 1921).

Laplanche da otro ejemplo, cuando habla de un posible conflicto entre los polos de identificación paterno y materno, dentro del superyó (Laplanche, 79).

En síntesis, muchos conflictos intrasistémicos pueden reducirse a conflictos intersistémicos, y muchos de estos últimos, a conflictos del yo con las demás instancias.

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1. Generalidades

1.1 QUE NO ES EL PSICOANALISIS

Distinguiremos el psicoanálisis de otras disciplinas y ámbitos con él vinculados: la psicología, la psicología profunda, la psicopatología, la psicoterapia y la psiquiatría.

PSICOLOGIA: Tradicionalmente definida como la ‘ciencia de la mente’, pero, en los últimos años y en forma cada vez más acentuada, como ‘la ciencia de la conducta’. Esta última definición pasa por alto los problemas filosóficos acerca de la naturaleza de la mente, pero hace necesario considerar el pensamiento como una forma de conducta (Rycroft, 95).

Como clásicamente el objeto de estudio de la psicología es la psiquis, o mente, definamos estos términos:

MENTE: En la traducción de Strachey de las obras de Freud, ‘seele’ se traduce ‘mente’ y ‘psyche’ se traduce ‘psiquis’. Los dos términos, sin embargo, son sinónimos, tanto como lo son ‘psíquico’ y ‘mental’. El psicoanálisis considera a la mente como un proceso (dinámico) y no como una cosa (estática), y además considera los procesos mentales como si estuvieran intrínsecamente conectados con el cuerpo (procesos corporales) (Rycroft,77). Mientras que ‘mente’ tiende a usarse como lo opuesto a ‘cuerpo’, ‘psiquis’ se opone generalmente a ‘soma’ (Rycroft,98).

La psicología es más abarcativa que el psicoanálisis. Por ejemplo según Henry Ey, existen dentro de la psicología contemporánea cuatro grandes corrientes, en una de las cuales está incluido el psicoanálisis:

PSICONEUROBIOLOGIA: Tendencias que intentan reducir el ‘psiquismo’ a sus funciones neurobiológicas y más concretamente a los procesos físico-biológicos de base (psicofísica). También lo intentan reducir a las conductas (reflexología, cibernética, behaviorismo), o a las ‘formas’ que integran los estímulos y las respuestas (psicología de la gestalt) (Ey,37).

PSICOLOGIA PROFUNDA (psicoanálisis y psicología del inconsciente): explican la actividad psíquica por sus determinaciones inconscientes, y sus producciones o proyecciones simbólicas (Ey,39). En la opinión de Rycroft, la psicología profunda es simplemente un término obsoleto para psicoanálisis, o para psicología del inconsciente (Rycroft,95).

PSICOLOGIA ESTRUCTURALISTA, DE LA CONCIENCIA Y DE LA EXISTENCIA: Tendencias que intentan aprehender la vida psíquica en su dinamismo y en su estructura e intencionalidad globales. Entre ellas cabe incluir a la psicología subjetivista del acto psíquico, la psicología comprensiva, y la fenomenología y el análisis existencial del ‘Dasein’ (Ey,40).

SOCIOPSICOLOGIA: Tienden a hacer depender el psiquismo del medio social. Un ejemplo importante es la teoría del campo sociológico y de la naturaleza social y cultural de la personalidad (Ey. 41).

Delimitemos por último al psicoanálisis de la psicopatología, la psicoterapia y la psiquiatría:

PSICOPATOLOGIA: Designa tanto a) el estudio del funcionamiento mental anormal, como b) la formulación teórica de las elaboraciones anormales de la mente de alguna persona en particular (Rycroft, 96).

Mientras la psicopatología estudia lo anormal, el psicoanálisis es más amplio, porque también estudió lo considerado normal (por ejemplo los chistes, sueños, actos fallidos, etc.). La psicopatología psicoanalítica es un capítulo dentro del psicoanálisis, del mismo modo que también lo es la psicoterapia psicoanalítica:

PSICOTERAPIA: Cualquier forma de ‘cura hablada’. El término procura diferenciar siempre esta cura del tratamiento físico, y según el contexto tanto puede incluir como excluir al psicoanálisis (Rycroft, 97). Es decir, psicoterapias las hay psicoanalíticas y no psicoanalíticas.

PSIQUIATRIA: Rama de la medicina que estudia a los pacientes cuyos síntomas presentes son mentales, al margen de si los síntomas son de origen mental o físico (Rycorft, 97).

La equivalencia popular entre psiquiatría y psicoanálisis es infundada por varias razones:

(a) La práctica psiquiátrica incluye el tratamiento de un número de enfermedades cuyo origen conocido es físico, esto es, la parálisis general de los insanos, la demencia senil, las psicosis orgánicas, la deficiencia mental.

(b) Su repertorio de tratamientos incluye un número de técnicas que no son ni psicoanalíticas ni psicoterapéuticas, como la terapia electroconvulsiva y el uso de tranquilizantes, antidepresivos y sedantes.

(c) Muchos psiquiatras se oponen activamente al psicoanálisis y nunca lo recomiendan aún en esa clase de enfermedades para las que el psicoanálisis se considera apto.

(d) La naturaleza de las psicosis funcionales (esquizofrenia y psicosis maníaco-depresivas), que son las responsables de la mayor parte de las admisiones en los hospitales mentales, sigue siendo problemática; la ‘escuela orgánica’ habla de causas físicas todavía no descubiertas, y la ‘escuela dinámicamente orientada’ expresa que son psicogénicas (sin indicar, empero, que son tratables por técnicas psicoanalíticas y psicoterapéuticas existentes).

(e) En Inglaterra, al menos, solo una pequeña proporción de psiquiatras han tenido algún entrenamiento en psicoanálisis (Rycroft,97-98).

En el esquema 1.1 se sintetizan las relaciones del psicoanálisis con los demás ámbitos próximos a él.


1.2 QUE ES EL PSICOANALISIS

Resumamos las definiciones que nos dan Laplanche y Rycroft.

PSICOANALISIS: Según Laplanche, es la disciplina fundada por S. Freud y en la cual, con él, es posible distinguir tres niveles:

a) Es un método de investigación que consiste esencialmente en evidenciar la significación inconsciente de las palabras, actos, producciones imaginarias (sueños, fantasías, delirios) de un individuo. Este método se basa principalmente en las asociaciones libres del sujeto, que garantizan la validez de la interpretación. La interpretación psicoanalítica puede extenderse también a producciones humanas para las que no se dispone de asociaciones libres. Laplanche alude aquí seguramente a las producciones literarias, pictóricas, escultóricas, etc., donde no haya un sujeto presente para escuchar de él sus asociaciones.

b) Un método psicoterapéutico basado en esta investigación y caracterizado por la interpretación controlada de la resistencia, la transferencia y el deseo. En este sentido se usa la palabra ‘psicoanálisis’ como sinónimo de cura psicoanalítica. Por ejemplo: emprender un psicoanálisis (o un análisis). c) Un conjunto de teorías psicológicas y psicopatológicas donde se sistematizan los datos aportados por el método psicoanalítico de investigación y tratamiento (Laplanche, 316).

Según Rycroft, el psicoanálisis es:

1. La forma de tratamiento de las neurosis, creada por Freud en la década de 1890, y elaborada a partir de entonces por él mismo, sus discípulos y seguidores. Los conceptos definitorios clásicos son aquí ‘asociación libre’, ‘interpretación’ y ‘transferencia’.

2. Las teorías psicoanalíticas del origen de las neurosis y (más tarde) del desarrollo mental general, formuladas por Freud, sus discípulos y seguidores, simultáneamente con la creación y elaboración del tratamiento psicoanalítico. Los conceptos definitorios claves son aquí ‘inconsciente’, ‘resistencia’, y ‘transferencia’.

3. Los legos suelen usar el término en sentido más amplio e incluyen las teorías y terapias de todos los psicoterapeutas que siguen a Freud, Jung y Adler, a pesar del hecho de que los junguianos se llaman a sí mismo ‘psicólogos analíticos’ y los adlerianos ‘psicólogos individuales’ (Rycroft, 94-95).

La teoría psicoanalítica, como toda teoría de la personalidad, se interesa en primer lugar por dilucidar los factores que motivan la conducta. Sin embargo, solo el psicoanálisis considera que estas fuerzas de motivación derivan de procesos mentales inconscientes. La demostración de Freud de la existencia de una mente inconsciente y su concepto de determinismo psíquico se consideran generalmente sus mayores contribuciones y siguen siendo las hipótesis fundamentales de la teoría psicoanalítica (Kaplan, 68).

Dentro del conjunto del psicoanálisis, podemos distinguir dos partes:

1. El psicoanálisis tal y como lo planteó Sigmund Freud, y que aquí llamaremos PSICOANALISIS CLASICO, psicoanálisis ortodoxo, o psicoanálisis freudiano. Esta parte es la que desarrollamos en la presente guía de consulta. No debemos confundir psicoanálisis clásico con teoría analítica clásica, que Rycroft define en estos términos:

TEORIA ANALITICA CLASICA: Concepto que tiende a usarse tendenciosamente y que significa tanto ‘teoría que está de acuerdo con los insights básicos de Freud‘ o ‘teoría tal como es entendida por los analistas vieneses de la década del 20’. Para Rycroft, la teoría analítica clásica, para ser tal, debe incluir los siguientes conceptos:

(a) las formulaciones estructurales, topográficas y económicas de la metapsicología;

(b) el concepto de etapas del yo y del desarrollo libidinal infantil, existiendo una relación entre estos estados y la primacía de las zonas erógenas específicas;

(c) la idea de que las neurosis son fenómenos regresivos por medio de los cuales el paciente regresa a los puntos de fijación infantiles. Anna Freud en Inglaterra y Hartmann, en los EE.UU, son tanto los herederos como los exponentes de la teoría clásica (Rycroft, 113).

2. Los DESARROLLOS POSFREUDIANOS, a partir de otros autores como Jung, Adler, Klein, Lacan, Hartmann, Fromm, etc., etc., y que contribuyeron a ampliar, profundizar y/o criticar las ideas originales de S. Freud. Dentro de este conjunto estarían ubicados, según terminología de Rycroft, los neofreudianos:

NEOFREUDIANO: Término usado para describir a un número de autores norteamericanos que intentaron restablecer la teoría freudiana en términos sociológicos y a eliminar sus conexiones con la biología. Karen Horney, Erich Fromm y Harry Stack Sullivan son los neofreudianos más conocidos (Rycroft, 79).También se los conoce como los culturalistas.


1.3 CIENTIFICIDAD DEL PSICOANALISIS

Hay quienes consideran al psicoanálisis como científico, y otros que afirman que no es ciencia, como Eysenck o Bunge. Este último ubica al psicoanálisis como una pseudociencia, junto al espiritismo y otras cosas (Bunge, 54). Por su parte Jorge Luis Borges llegó a decir que el psicoanálisis era una novela pornográfica de ciencia-ficción.

Ubicar al psicoanálisis como ciencia o no depende de qué entendamos por ciencia, y al respecto veamos el análisis de Rycroft:

CIENCIA: Si uno define ciencia como conocimiento derivado del experimento y la medición, el psicoanálisis no es ciencia. Si uno la define como intento de establecer relaciones causales entre hechos, surge la cuestión de si uno cree que las leyes causales (determinismo) pueden aplicarse o no a los organismos vivos capaces de un estado consciente. Freud creyó que sí, y entonces el psicoanálisis sería ciencia. Si uno la define como ‘conocimiento sistemático y formulado’, el psicoanálisis también es una ciencia, y el problema es ahora decidir a qué rama de la ciencia pertenece, esto es, si a la ciencia natural o moral (Rycroft, 38).

Los diversos intentos por caracterizar al psicoanálisis como científico o no científico, han incluido por lo general la consideración de tres de sus características: su determinismo, su esencialismo y su ficcionalismo.

1) En psicoanálisis, el determinismo es determinismo psíquico:

DETERMINISMO PSIQUICO: Supuesto enunciado por Freud de que los fenómenos mentales tienen causas en cualquiera que sea el sentido físico que uno les de (Rycroft, 98).

Freud parece haber sostenido que la demostración de la existencia de procesos mentales inconscientes probaron el supuesto del determinismo, ya que fue posible asegurar que los procesos conscientes eran los efectos de procesos inconscientes. No consideró, sin embargo, al estado consciente como un mero epifenómeno, sino como un regulador capaz de un ‘control más estable y guía de los procesos mentales’ como dice Jones. El supuesto del determinismo psíquico no deja lugar en la teoría analítica para un sí mismo o agente iniciador de la acción o la defensa, o para el uso de otras explicaciones que no sean las causales (Rycroft, 98).

La mayoría de los analistas creen que los reclamos de que el psicoanálisis es una ciencia se basan en el uso de supuestos determinístico-causales con la idea de que se asemeja -al menos en algunas partes de su teoría- a disciplinas como la lingüística o la sociología, que reconocen pautas (Rycroft, 98).

En relación con la idea de determinismo psíquico, encontramos otros tres conceptos: causalidad, agente y voluntad.

CAUSALIDAD: La concepción según la cual los hechos pueden explicarse como la necesaria consecuencia de otros anteriores, siendo los primeros las causas, y los últimos, los efectos (Rycroft, 37).

El psicoanálisis es considerado, por lo general, como una teoría causal, ya que explica los hechos presentes, los síntomas, etc., en términos de experiencias previas del individuo. El hábito psicoanalítico de explicar los hechos mentales conscientes actuales en términos de motivos, fuerzas inconscientes actuales, es también un ejemplo de causalidad, ya que supone que la ‘causa’ inconsciente estuvo allí primero y que contiene la dinámica del pasado (Rycroft, 37).

Algunos aspectos de la teoría psicoanalítica, en especial aquellos que se nuclean alrededor de la interpretación de los sueños y la utilización de símbolos, están relacionados con el significado y la gramática del pensamiento inconsciente y no con la causación (Rycroft, 38).

AGENTE: Un individuo es agente en la medida en que es capaz de tomar decisiones y por tanto, ser responsable de sus propias acciones (Rycroft, 29).

El determinismo psicoanalítico niega implícitamente la posibilidad de que las personas sean agentes en el sentido apuntado. En consecuencia, no sólo tenemos enigmas generales acerca de la relación de las teorías causales de la conducta humana con los conceptos morales y legales, sino también enigmas psicoanalíticos específicos tales como:

(a) ¿Qué significación puede atribuirse a los actos de decidir, elegir, etc., si esos actos ya han sido predeterminados por las fuerzas inconscientes?

(b) ¿Quién o qué inicia una defensa? o

(c) si el yo es construido por la introyección, ¿quién o qué introyecta las introyecciones iniciales? (Rycroft, 29).

VOLUNTAD: Pese a que los primeros textos de Freud contienen referencias a la voluntad y la contra-voluntad, en especial en relación a la histeria, el concepto de voluntad no forma parte de la teoría psicoanalítica, por ser incompatible con el supuesto del determinismo psíquico, y con la idea de que la enfermedades mentales son causadas por procesos inconscientes a los cuales la noción de voluntad es obviamente inaplicable (Rycroft, 119).

De todas maneras, las prognosis se hacen con frecuencia sobre la suposición de una ‘voluntad de recuperación’, o tapada esta a menudo con frases como ‘alta motivación’. La actitud usual de la psiquiatría y el psicoanálisis hacia la voluntad se resume en el siguiente dicho:

«El paciente dice que no puede, sus parientes dicen que no quiere, pero el psiquiatra dice que no puede querer» (Rycroft, 119).

No obstante, la voluntad es algo demasiado humano como para ser eliminado totalmente. El mismo psicoanálisis hace alusión a ciertas formas de expresión de la voluntad, como el negativismo (oponerse a algo) y la actividad (iniciar una acción), esto último como opuesto a pasividad (Rycroft, 119-120).

2) El psicoanálisis ha sido también calificado de esencialista:

ESENCIALISMO: El psicoanálisis freudiano es esencialista ya que explica los fenómenos en términos de esencia, esto es, en términos de fuerzas que subyacen en los problemas. Esencialismo se opone aquí a existencialismo (Rycroft, 52).

Si concebimos a la ciencia como esencialista en el sentido indicado, entonces el psicoanálisis es ciencia.

3) La teoría psicoanalítica fue también calificada de ficcionalista, por cuanto compara un proceso mental con una cosa, comparación que es en realidad ficticia: se está reificando (cosificando) algo que es puramente mental.

Las ideas de ficción, modelo y reificación completarán esta idea:

FICCION: Algunos conceptos psicoanalíticos son ficciones, esto es, formulan fenómenos mentales ‘como’ si fueran fenómenos de alguna otra clase. La ficción central de la teoría clásica es el aparato psíquico, que permite concebir a los procesos mentales como funciones de una cosa hipotética o estructura (Rycroft, 58).

La tendencia a utilizar las ficciones parece derivar del supuesto de que las formulaciones que suenan objetivas son más científicas que las que admiten abiertamente que los fenómenos mentales son subjetivos (Rycroft, 58).

MODELO: Cuando los analistas hablan de la construcción de modelos, se están refiriendo a la formulación de un sistema de conceptos que pueden expresarse gráficamente. El ejemplo clásico es el aparato psíquico de Freud, donde las relaciones entre ello, yo, superyó y ambiente están representadas topográficamente (Rycroft, 78).

El peligro de los modelos es que pueden ser tomados muy en serio: el hecho de que la actividad mental y el conflicto puedan concebirse en términos de un diagrama visible, conduce rápidamente a la convicción de que existen cosas llamadas el yo, el ello y el superyó (Rycroft, 78).

Aclaramos este planteo: si algo es visible, tendemos a pensar que ocupa un espacio, y si algo ocupa un espacio tendemos a pensar que existe realmente. Consecuencia: hemos cosificado algo que solamente había empezado siendo un concepto.

REIFICACION: el proceso que trata a los conceptos como si fueran cosas. Pueden reificarse los conceptos estructurales metapsicológicos, ya que es fácil olvidar que el superyó, el yo y el ello son conceptos creados para explicar procesos y para examinar sus atributos físicos y sus relaciones en el espacio.

Las discusiones acerca de la cientificidad del psicoanálisis todavía siguen y, como hemos indicado, suelen provenir de diferentes ideas acerca de lo que es ciencia.


1.4 LOS TEMAS FUNDAMENTALES

Es posible sistematizar la teoría psicoanalítica sobre la base de los siguientes ejes temáticos (y sobre ellos organizaremos los restantes capítulos):

    1. Metapsicología
    2. Teoría de la libido
    3. Teoría de las pulsiones
    4. Desarrollo psicosexual
    5. El inconsciente: formaciones normales
    6. El inconsciente: formaciones patológicas
    7. Nosografía
    8. Psicoterapia

A continuación delineamos las relaciones básicas entre estos temas, en lo que el lector podrá considerar un esquema simplificado de la teoría psicoanalítica freudiana (esquema 1.2).

Para el psicoanálisis, el psiquismo es un sistema abierto, donde por un lado ingresa permanentemente una cierta cantidad de energía, y por el otro buscará descargarse para que el sistema restablezca su equilibrio original (punto de vista económico).

Sin embargo, esta descarga encuentra casi siempre obstáculos o barreras, especialmente de índole moral, generándose entonces el conflicto entre la tendencia a la descarga y el obstáculo que la impide (punto de vista dinámico).

Frente a esta situación, el individuo instrumentará una serie de medidas para producir una descarga sustitutiva o transaccional. El punto de vista tópico (o topográfico, o estructural) viene a describir cómo está organizado el psiquismo, (a saber, en un aparato psíquico) en el contexto del acontecer económico y dinámico: hay un lugar de donde provienen las pulsiones que buscan descargarse (ello), hay otra instancia que pone la barrera moral (superyó), y está también la instancia que oficiará de mediadora entre las exigencias del ello, del superyó y las limitaciones de la realidad externa (el yo), a los efectos de permitir una descarga sustitutiva y restablecer el equilibrio original. La descarga podrá ser normal o patológica.

Estos 3 puntos de vista, económico, dinámico y tópico, constituyen la

METAPSICOLOGIA, base teórica fundamental del psicoanálisis. En lo esencial, el psicoanálisis no es otra cosa que la narración de cómo las personas se las arreglan, casi siempre sin darse cuenta de ello, para producir la descarga sustitutiva del excedente de energía.

La TEORIA DE LA LIBIDO viene a mostrar cómo aquella energía, llamada ‘libido’, a lo largo de la vida de la persona va cargando y descargándose de diferentes objetos (partes del propio cuerpo, el mismo yo, otras personas), es decir cómo va movilizándose tanto normal como patológicamente.

La libido es fundamentalmente energía orientada hacia la conservación de la vida, y particularmente es energía sexual. Tal libido sexual aparece (Laplanche, 210) como sustrato de las transformaciones de la pulsión sexual. Sus características (fuente, objeto, fin, empuje), sus tipos (oral, anal, etc.) y sus modalidades de descarga son analizadas por Freud en su TEORIA DE LAS PULSIONES, donde también incluirá las pulsiones orientadas hacia la destrucción de la vida, o pulsiones de muerte.

Las visicitudes de las pulsiones sexuales, principalmente desde el nacimiento hasta la pubertad, son específicamente estudiadas por Freud en los temas referidos al desarrollo psicosexual.

La actividad pulsional, las barreras que se oponen a su descarga y la ejecución de soluciones transaccionales a ese conflicto son en buena medida inconscientes, o sea el individuo no advierte lúcidamente tales procesos. Lo único que habitualmente aflora a la conciencia son los productos o resultados de aquella actividad inconsciente, exteriorizaciones que, por ello, se denominan derivados o FORMACIONES DEL INCONSCIENTE.

Tales formaciones pueden ser NORMALES (sueños, chistes, actos fallidos, etc.) o PATOLOGICAS (síntomas, delirios, etc.) según que la resolución del conflicto implique un adecuado control de las pulsiones sin demasiado gasto energético en la actividad defensiva contra ellas (y entonces el sujeto podrá derivar energía hacia actividades productivas tales como amar y trabajar), o bien que impliquen un inadecuado control de la actividad pulsional, que obligará al sujeto a organizar su vida alrededor de una permanente actividad defensiva.

Frente a esta última alternativa, la NOSOGRAFIA PSICOANALITICA permitirá diagnosticar (identificar) los diferentes mecanismos patógenos, para luego iniciar una CURA PSICOANALITICA, consistente en la toma de conciencia de tales mecanismos y, sobre esa base, realizar una adecuada elaboración.

ESQUEMA 1.1 Superposición parcial del psicoanálisis con otras áreas, tanto teóricas (psicopatología) como prácticas (psiquiatría y psicoterapia).

1 Psiquiatría psicoanalítica

2 Psicoterapia psicoanalítica

3 Psicopatología psicoanalítica

ESQUEMA 1.2 Temas fundamentales del psicoanálisis.

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