Planeta Freud

Guia Freud. 05. Teoría de la Libido

Posted on: marzo 17, 2010

3.1 CONCEPTOS GENERALES

LIBIDO: Energía postulada por Freud como substrato de las transformaciones de la pulsión sexual en cuanto al objeto (desplazamiento de las catexis), en cuanto al fin (por ejemplo, sublimación) y en cuanto a la fuente de excitación sexual (diversidad de las zonas erógenas) (Laplanche, 210).

Forma hipotética de energía mental mediante la cual se invierten (invisten) los procesos, las estructuras, y las representaciones de los objetos (Rycroft, 74).

LIBIDINAL: Es el adjetivo correcto para el término ‘libido’. No usar ‘libidinoso’ (Rycroft, 74).

Freud caracteriza la libido desde un punto de vista cualitativo y uno cuantitativo.

    a) Cualitativamente, la libido no designa cualquier tipo de energía en forma inespecífica (como planteaba Jung) sino energía específicamente sexual, aún cuando posteriormente pueda ser desexualizada. Dentro de la primera teoría de los instintos (que distingue instintos del yo e instintos sexuales), la libido designa entonces la energía de los instintos sexuales, pero nunca llegó a una opinión clara respecto de si los instintos del yo también utilizaban la energía de la libido o alguna otra (Rycroft, 51).

    Dentro de la segunda teoría de los instintos (que distingue instintos de vida e instintos de muerte), la libido designa la energía de los instintos de vida, pero nunca acuñó el nombre de la energía correspondiente para el instinto de muerte (Rycroft, 51). Para este último tipo de energía se propusieron nombres como ‘mortido’ o ‘destrudo’, pero no tuvieron éxito (Rycroft, 74).

    b) Cuantitativamente, la libido es energía cuantificable (aunque hasta hoy no pueda medirse en forma precisa), es decir, puede aumentar, disminuir, desplazarse de un objeto a otro distribuyéndose de diversas formas, todo lo cual debería poder explicar los distintos fenómenos psicosexuales (Laplanche, 210-211).

Freud asignaba a la libido dos características básicas: plasticidad y viscosidad.

PLASTICIDAD: Capacidad de la libido de cambiar más o menos fácilmente de objeto y de modo de satisfacción. Esta propiedad puede considerarse como la inversa de la viscosidad de la libido (Laplanche, 276).

VISCOSIDAD: Cualidad postulada por Freud para explicar la mayor o menor capacidad de la libido para fijarse a un objeto o a una fase y su mayor o menor dificultad en cambiar sus catexis una vez que éstas se han producido. La viscosidad es variable según los individuos (Laplanche, 455).

Muy esquemáticamente, plasticidad y viscosidad son inversas en este sentido: plasticidad significa poder cambiar de objeto, y viscosidad significa tendencia a permanecer en el objeto cargado. Plasticidad es tendencia al cambio, y viscosidad tendencia a la permanencia.

Dentro de la teoría de la libido, el concepto de catexis (o también catexia) ocupa un lugar central. Pero vayamos por partes, y empecemos con un ejemplo familiar.

Un cuerpo cualquiera puede adquirir energía. Por ejemplo un cuerpo puede cargarse con electricidad. Del mismo modo un objeto puede cargarse con energía libidinal, como cuando nos enamoramos de alguien. Esa cantidad de libido que está cargando por ejemplo un objeto se llama catexis. Veamos definiciones más técnicas:

CATEXIS: Cantidad de energía incorporada a cualquier representación objetal o estructura mental (Rycroft, 37). Concepto económico, la catexis hace que cierta energía psíquica se halle unida a una representación o grupo de representaciones, una parte del cuerpo, un objeto, etc. (Laplanche, 49).

‘Catexis’ es un neologismo que usaron los traductores de Freud para designar la palabra alemana ‘Besertzung’, que significa ‘inversión’ (Rycroft, 37). Inversión no quiere decir por ejemplo «dos cosas son inversas entre sí», sino «libido que se invierte en un objeto o en un proceso con algún fin, por ejemplo mantener la represión». En este último caso la cantidad de libido destinada a ese fin se llama CONTRACATEXIA.

Catexis o catexia tiene a grandes rasgos como sinónimo ‘investidura’:

INVESTIDURA: Otro vocablo para designar la catexis. Por ejemplo investidura libidinal equivale a catexia libidinal, investidura de objeto a catexia de objeto, desinvestidura a descatectización, investidura del yo a catexia del yo, etc. ‘Investidura’ también puede designar el proceso de formación de catexias. Por ejemplo: investidura del yo equivale a catectizar al yo.

Otro concepto vinculado a catexis es:

ENERGIA DE CATEXIS: Sustrato energético postulado como factor cuantitativo de las operaciones del aparato psíquico (Laplanche, 115). Es la energía destinada o destinable a cargar objetos, representaciones, etc., y las operaciones del aparato psíquico a que se refiere Laplanche son básicamente operaciones de carga y descarga de libido de unos elementos a otros.

La energía tiene un origen: viene del sol, y tiene diversos destinos: por ejemplo los seres vivos, que quedan ‘cargados’ con esa energía. Muy esquemáticamente, del mismo modo podemos decir que la libido tiene un origen, el ello (y en última instancia del cuerpo, por ejemplo las zonas erógenas), y a partir de allí puede fluir hacia varios destinos diferentes (véase esquema 3.1), destinos entre los cuales a su vez puede transferirse libido de uno a otro.

En dicho esquema notemos que la libido puede quedar libre o ‘flotante’, es decir no estar cargando ningún objeto, zona o representación, o bien, lo más común debido a su viscosidad, estará cargando algo, en cuyo caso esa cantidad de libido cargada se llama catexia.

Por tanto hay que relacionar catexia con libido fija o ligada, y no con libido flotante. Hasta donde sabemos, no existe en el vocabulario psicoanalítico una denominación para el elemento catectizado o cargado de libido, denominación que englobaría zonas erógenas, el yo, objetos externos, representaciones, etc. Como denominación podríamos utilizar la expresión ‘objeto libidinal en sentido amplio’ (pues no incluye sólo objetos en el sentido de objeto externo sino también procesos, representaciones, instancias, etc.

Del esquema 3.1 debemos concluir entonces los diversos TIPOS DE LIBIDO que hay, que aparecen sintetizados en el esquema 3.2. Dentro de la libido fija se destacan especialmente la libido del yo y la libido objetal (aunque también hay una libido de zonas erógenas, etc.). Es posible relacionar libido libre-libido fijada con energía libre-energía ligada (véanse estos conceptos en nuestro capítulo anterior).

LIBIDO FLOTANTE: Cantidad de libido que no está catectizada, es decir, que no carga ningún objeto, instancia, representación, etc. Un ejemplo típico es el proceso del duelo, donde la libido separada del objeto perdido no encuentra aún un nuevo destino, permaneciendo ‘flotante’ o libre.

LIBIDO FIJA: Cantidad de libido fijada en un elemento determinado, y por lo tanto coincide con catexia o catexis. Dentro de la libido fija se suelen oponer dos tipos: la libido del yo y la libido objetal.

LIBIDO DEL YO: Libido que es invertida en el yo. No siempre está claro si está referida a la energía disponible para las funciones del yo, o para el autoamor o narcisismo (Rycroft, 122). En este último caso se habla de LIBIDO NARCISISTA (Rycroft, 82). El término libido del yo es ambiguo en el sentido que puede referirse a la libido que carga otros objetos y que provendría del yo, o la libido directamente cargada sobre el yo. Otro tanto ocurre con la expresión LIBIDO DEL ELLO (Rycroft, 37).

La libido del yo o libido narcisista es uno de los dos modos de catexis de la libido, donde ésta toma como objeto a la propia persona (Laplanche, 212).

LIBIDO OBJETAL: Libido del objeto es la libido que se invierte en objetos, en oposición a la libido narcisista, que es invertida en el sí mismo. Asimismo, CATEXIA DEL OBJETO designa la inversión de energía en un objeto externo, en contraste con una inversión en el propio yo o CATEXIA NARCISISTA (Rycroft, 82).

Libido objetal designa uno de los dos modos de catexis de la libido, donde ésta toma como objeto a un objeto exterior (Laplanche, 212).

La suma del interés vuelto hacia el propio yo (libido del yo), más el que se dirige hacia los objetos externos (libido objetal) es, para cierto momento, constante. Aquel que se ama más a sí mismo se interesa menos por los objetos externos, y viceversa.

Freud comparó al hombre con una ameba, pues puede emitir pseudópodos hacia los objetos exteriores y luego retraerlos hacia sí, lo cual habla de un proceso de interconvertibilidad entre libido del yo y libido objetal: se trata de la misma libido sólo que cargando diferentes elementos, y por tanto no hay diferencia cualitativa entre ambas, como si fueran dos tipos diferentes de libido (Freud, Introducción al narcisismo).

Al sustantivo ‘catexia’ le corresponden varios verbos diferentes, referidos a diferentes operaciones de movilización de la libido. En el esquema 3.3 aparecen estas operaciones en forma de resumen, pero el detalle lo indicamos a continuación.

a) CATECTIZACION: Cargar de libido algún elemento. Por ejemplo en el enamoramiento cargamos de libido el objeto de amor. Otro ejemplo es el estancamiento de la libido (en un objeto interno, en el yo), y que Laplanche caracteriza así:

ESTANCAMIENTO DE LA LIBIDO: Proceso económico que Freud supuso podía hallarse en el origen de la entrada en las neurosis o las psicosis: la libido que no encuentra camino hacia la descarga se acumula en las formaciones intrapsíquicas; la energía acumulada se utilizará en la constitución de los síntomas (Laplanche, 132).

2) DESCATECTIZACION y RECATECTIZACION: Retirar la libido de un elemento, y cargar otro. Dos ejemplos son el duelo y el narcisismo secundario. En el duelo se descatectiza el mundo externo por sobrecatectización del objeto perdido, pero luego este objeto es descatectizado y se carga uno nuevo. En el narcisismo secundario se descatectizan los objetos externos y la libido retorna al yo, el cual entonces resulta recatectizado. En relación con la descatectización, encontramos en Laplanche otras dos ideas:

RETIRO O AUSENCIA DE CATEXIS: Retiro de la catexis anteriormente unida a una representación, a un grupo de representaciones, a un objeto, a una instancia, etc. El término también designa el estado en que se encuentra tal representación como resultado de ese retiro o en ausencia de toda catexis (Laplanche, 387).

TRABAJO DE DUELO: Proceso intrapsíquico, consecutivo a la pérdida de un objeto de fijación, y por medio del cual el sujeto logra desprenderse progresivamente de dicho objeto (Laplanche, 435).

c) SOBRECATECTIZACION: Agregar libido a un objeto previamente catectizado. En un estado como el duelo, el manifiesto empobrecimiento de la vida de relación del sujeto halla su explicación en una sobrecatexis del objeto perdido, como si estableciera un verdadero equilibrio energético entre las diferentes catexis de los objetos exteriores o fantaseados, del propio cuerpo, del yo, etc. (Laplanche, 53). Rycroft utiliza el término HIPERCATECTIZACION (Rycroft, 37). En relación a la sobrecatectización, Laplanche define:

SOBRECATEXIS: Aporte de una catexis suplementaria a una representación, a una percepción, etc., ya catectizadas. Este término se aplica sobretodo al proceso de atención, dentro de la teoría freudiana de la conciencia (Laplanche, 411).

d) CONTRACATECTIZACION: Freud emplea este término especialmente en el contexto de su teoría de la represión, y significa catectizar cierto elemento para impedir que otro aflore a la conciencia.

CONTRACATEXIS: Proceso económico postulado por Freud como soporte de numerosas actividades defensivas del yo. Consiste en la catexis por el yo de representaciones, actitudes, etc., susceptibles de obstaculizar el acceso de las representaciones y deseos inconscientes a la conciencia y a la motilidad. El término puede designar también el resultado, más o menos permanente, de tal proceso (Laplanche, 82).

En síntesis hasta aquí:

A pesar de las dificultades que presenta el concepto de ‘catexis’ (no mencionadas en esta Guía), difícilmente los psicoanalistas pueden prescindir de él para explicar numerosos datos clínicos e incluso para apreciar la evolución de la cura.

Ciertas afecciones parecen evidenciar la idea de que el sujeto tiene a su disposición una cierta cantidad de energía, que él repartiría en forma variable en su relación con sus objetos y consigo mismo (Laplanche, 53).

Tales lugares donde se reparte la libido están indicados en el esquema 3.1. Debemos también tener presente que la cantidad total de libido no se pierde, de forma tal que si un objeto es descatectizado o descargado, dicha cantidad de libido o bien quedará flotante o bien cargará un nuevo elemento.


3.2 EVOLUCION DE LA LIBIDO

La carga y descarga de elementos parece seguir un orden predeterminado desde el nacimiento en adelante, razón por la cual bien se puede hablar de ciertas etapas en la evolución de la libido.

Las etapas del desarrollo de la libido pueden ser entendidas como las fases oral, anal, fálica, etc., si nuestra atención recae sobre las pulsiones, o como las etapas del autoerotismo, el narcisismo y la elección objetal, si nuestra atención recae sobre los objetos y las relaciones objetales. El primer sentido lo examinaremos en una próxima entrega («Desarrollo psicosexual»). Aquí explicaremos el segundo sentido.

El esquema 3.4 ilustra las etapas normales de la evolución de la libido, deducidas a partir de ciertos textos de Freud y de algunos párrafos de Laplanche, entre los cuales mencionamos tres:

a) Freud indicó una sucesión temporal en cuanto al acceso al objeto libidinal, pasando el sujeto sucesivamente por el autoerotismo, el narcisismo, la elección homosexual y la elección heterosexual (Laplanche, 151).

b) Freud habla del yo como un ‘gran reservorio de la libido’. La interpretación más coherente que puede hacerse al respecto es la siguiente: la libido, como energía pulsional, tiene su fuente en las diversas zonas erógenas; el yo, como persona total, almacena esta energía libidinal, de la cual es el primer objeto; pero, a continuación, el ‘reservorio’ se comporta, respecto a los objetos exteriores, como una fuente, puesto que de él emanan todas las catexis (Laplanche, 213).

c) En relación al objeto, Freud descubre un modo de organización de la sexualidad que él intercala entre el estado desorganizado de las pulsiones (autoerotismo) y la plena elección de objeto: el narcisismo. El objeto es entonces el yo como unidad (Laplanche, 266).

a) Autoerotismo

El autoerotismo puede entendérselo en sentido amplio (como lo hizo Havelock Ellis), en quien Freud se basó para plantear el autoerotismo en un segundo sentido, más específico:

AUTOEROTISMO: a) En sentido amplio, cualidad de un comportamiento sexual donde el sujeto obtiene satisfacción recurriendo únicamente a su propio cuerpo, sin objeto exterior. Por ejemplo la masturbación; b) Más específicamente, cualidad de un comportamiento sexual infantil precoz mediante el cual una pulsión parcial, ligada al funcionamiento de un órgano o a la excitación de una zona erógena, encuentra su satisfacción en el mismo lugar, es decir:

1) sin recurrir a un objeto exterior, y

2) sin referencia a una imagen unificada del cuerpo, a un primer esbozo del yo, como el que caracteriza el narcisismo (Laplanche, 40).

En relación con la idea de autoerotismo, aparece en Laplanche también la de ‘placer de órgano’:

PLACER DE ORGANO: Modalidad de placer que caracteriza la satisfacción autoerótica de las pulsiones parciales: la excitación de una zona erógena se apacigua en el lugar mismo en que se produce, independientemente de la satisfacción de las otras zonas y sin relación directa con la realización de una función (Laplanche, 275).

a) El paso del autoerotismo al narcisismo: El narcisismo se distingue del autoerotismo en que éste se refiere al erotismo en relación con el propio cuerpo de la persona o sus partes; el narcisismo se refiere al amor a algo más abstracto, el amor a sí mismo, o al yo de la persona (Kaplan, 76). En el narcisismo es el Yo, como imagen unificada del cuerpo, el objeto de la libido narcisista, y el autoerotismo es un estado anárquico que precede a esta convergencia de las pulsiones parciales sobre un objeto común (Laplanche, 41).

Para explicar este pasaje del autoerotismo al narcisismo Freud hablaba en 1914 de ‘un nuevo acto psíquico’, fundado en una identificación primaria, Ese nuevo acto psíquico es la organización de las pulsiones parciales, antes fragmentadas y desorganizadas, en una nueva organización unitaria de las zonas erógenas que dan lugar a la constitución del yo. Si antes la actividad autoerótica se satisfacía en las mismas fuentes (zonas erógenas), ahora lo hará sobre un objeto (objeto en sentido amplio) que es el Yo, que se ofrece como objeto de amor de las pulsiones parciales.

Desde el punto de vista de la evolución del Yo, el pasaje del autoerotismo al narcisismo es correlativo del pasaje del Yo de Realidad Primitivo, al Yo de Placer Purificado (véase recuadro).

b) Narcisismo

Freud define el narcisismo de dos maneras. Cronológicamente primero habla del narcisismo como la etapa siguiente al autoerotismo, y tal es la acepción que aquí desarrollaremos. Más tarde, la distinción entre ambas fases del desarrollo se irá borrando y Freud hablará en 1917 de un NARCISISMO PRIMARIO presente ya desde la vida intrauterina (Laplanche, 42), definible como un estado precoz donde el niño catectiza toda su libido sobre sí mismo (Laplanche, 230).

No obstante, se emplea también la denominación ‘narcisismo primario’ para designar la fase subsiguiente al autoerotismo, por lo que no es posible dar una definición unívoca de este término. Fenichel sostiene que por estado narcisístico primario debe entenderse aquel estado donde no existen objetos, y donde los fines sexuales son íntegramente autoeróticos (Fenichel, 105)

Freud postuló que existía un estado de narcisismo primario en el momento de nacer: es decir, que el recién nacido es completamente narcisista; sus energías libidinales están dedicadas completamente a la satisfacción de sus necesidades y a la preservación de su bienestar. Más tarde la libido pasará a la persona que lo cuida y alivia, generalmente su madre (Kaplan, 76).

Además del narcisismo primario, existe también un NARCISISMO SECUNDARIO, al cual nos referiremos más adelante, a propósito de la evolución patológica de la libido.

NARCISISMO: En alusión al mito de Narciso, amor a la imagen de sí mismo. Si bien Freud introduce el termino oficialmente en 1914 (Introducción al narcisismo) ya está esbozada la idea en 1911 y 1913 (Caso Schreber, Y TóTEM Y TABú) donde plantea el narcisismo como fase intermedia entre el autoerotismo y el amor objetal (Laplanche, 228).

Aún antes, en 1910, habla por primera vez de narcisismo para referirse a una perversión: la elección de objeto en los homosexuales, que buscan personas que se le parezcan en cuanto a sexo para poder amarlos como su madre los amó a ellos (Laplanche, 228).

c) Elección objetal

Elección objetal significa elección de objeto, y aquí objeto no se toma en sentido amplio (por ejemplo el mismo Yo sería un objeto) sino en un sentido más específico, como objeto exterior (otra persona) (Laplanche, 212). En este sentido objeto se opone a sujeto.

SUJETO: Señala Rycroft que todos los textos psicoanalíticos hablan acerca de un sujeto, o sea de una determinada persona (paciente, niño, etc.), siendo sus objetos todas las otras personas que lo rodean (madre, padre, amigo, novia, etc.) (Rycroft, 110).

OBJETO: Aquello hacia lo cual se dirige una acción o un deseo, aquello que el sujeto exige para su satisfacción instintiva; aquello con lo que el sujeto se relaciona. En los textos analíticos, los objetos son casi siempre personas, partes de personas, o símbolos de unas u otras (Rycroft, 82)La noción de objeto se considera en psicoanálisis bajo tres aspectos principales:

a) como correlato de la pulsión: es aquello en lo cual y mediante lo cual la pulsión busca alcanzar su fin, es decir, cierto tipo de satisfacción. Puede tratarse de una persona o de un objeto parcial, de un objeto real o de un objeto fantaseado.

b) Como correlato del amor (o del odio): se trata entonces de la relación de la persona total, o de la instancia del yo, con un objeto al que se apunta como totalidad (persona, entidad, ideal, etc.), y el adjetivo correspondiente sería ‘objetal’.

c) En el sentido tradicional de la filosofía y de la psicología del conocimiento, como correlato del sujeto que percibe y conoce: es lo que se ofrece con caracteres fijos y permanentes, reconocibles por todos los sujetos más allá de sus deseos y opiniones.

Aquí el adjetivo correspondiente sería ‘objetivo’ (Laplanche, 258).

Al hablar de elecciones objetales, nos referimos fundamentalmente a la acepción B (en especial al objeto de amor), y en algún sentido también a la acepción A, pero nunca a la C.

En efecto, lo que se catectiza no es el objeto en sí sino nuestra representación mental del mismo, es decir, su REPRESENTACION DE OBJETO, obtenida por internalización del objeto externo real. (Rycroft, 83).

INTERNALIZACION: Proceso por el cual los objetos del mundo exterior adquieren permanente representación mental, esto es, por el cual las percepciones son convertidas en imágenes que entran a formar parte de nuestra mente (Rycroft, 70).

Veamos aquí dos conceptos importantes: relación objetal y elección objetal, ambos utilizados por Freud, aunque el primero no forma parte de su aparato conceptual y pasó a tener más importancia en desarrollos psicoanalíticos posteriores Laplanche, 360).

RELACION OBJETAL: Término usado frecuentemente en el psicoanálisis contemporáneo para designar el modo de relación del sujeto con su mundo, relación que es el resultado complejo y total de una determinada organización de la personalidad, de una aprehensión más o menos fantaseada de los objetos y de unos tipos de defensa predominantes.

Se habla de las relaciones de objeto de un determinado individuo, pero también de tipos de relaciones de objeto, refiriéndose, ora a los momentos evolutivos (ejemplo: relación de objeto oral), ora a la psicopatología (ejemplo: relación de objeto melancólica) (Laplanche, 359).

La relación del objeto es la relación del sujeto con un objeto, no la relación entre el sujeto y el objeto, que es una relación ‘interpersonal’. Esto se debe a que el psicoanálisis es una psicología del individuo, y por tanto examina objetos y relaciones sólo desde el punto de vista de un sujeto por sí mismo (Rycroft, 83).

ALOEROTISMO: Término usado algunas veces, en oposición a autoerotismo: actividad sexual que encuentra su satisfacción gracias a un objeto exterior (Laplanche, 18). Consiguientemente, el aloerotismo es característico de la etapa de la elección objetal.

ELECCION OBJETAL: O elección de objeto, acto de elegir a una persona (por ej. el padre) o un tipo de persona (por ej. la elección homosexual) como objeto de amor. Se distingue una elección de objeto infantil y una elección de objeto puberal; la primera marca el camino para la segunda.

Según Freud, la elección de objeto se efectúa según dos modalidades principales: el tipo de elección de objeto por apoyo (o anaclítica) y el tipo de elección de objeto narcisista (Laplanche, 109).

En el esquema 3.5 resumimos las explicaciones que dan los diferentes autores sobre la distinción freudiana entre elección objetal anaclítica y narcisista. Como se ve, en dicho esquema se toma elección objetal en un sentido amplio, pues incluye también el narcisismo, donde el objeto elegido es el propio yo. Por tanto, la etapa de la elección objetal en este sentido amplio incluye también a la etapa anterior, narcisista.

La secuencia de etapas que hemos indicado (autoerotismo, narcisismo, elección objetal) corresponde a las pulsiones sexuales, pues respecto de las pulsiones del yo o autoconservación existe una relación objetal ya desde el comienzo.

En efecto, a veces se plantea el problema de si al principio del desarrollo libidinal hay un amor objetal o simplemente un estado de autoerotismo o de narcisismo. Respuesta de Freud: las pulsiones sexuales se satisfacen en forma autoerótica antes de recorrer la evolución que los conduce a la elección objetal.

Pero, en contrapartida, las pulsiones de autoconservación se hallan desde un principio en relación con el objeto; así, mientras la sexualidad funciona en apoyo sobre aquéllas, existe igualmente para las pulsiones sexuales una relación objetal; sólo cuando se separan, la sexualidad se vuelve autoerótica (Laplanche, 33).

d) El yo y las fases de la libido

A grandes rasgos, existe un paralelismo entre las etapas de la libido y el desarrollo del Yo:

* Autoerotismo = Yo de Realidad Primitivo

* Narcisismo = Yo de Placer Purificado

* Elección objetal = Yo de Realidad Definitivo, o Yo Oficial

Caractericemos estas 3 etapas del desarrollo del Yo, resumiendo lo que nos dice al respecto O. Bodni (Psicopatología General, 105-108).

* Yo de Realidad Primitivo: Es aquel capaz de distinguir con bastante objetividad entre los estímulos internos que le resultan displacenteros, y el mundo exterior que le es indiferente. Este Yo es sujeto de las pulsiones de autoconservación y de los automatismo biológicos. Sólo percibe ritmos y cantidades.

* Yo de Placer Purificado: Aparece a partir de la unificación narcisista. El mundo exterior ya no le es indiferente sino hostil en tanto fuente de displacer, o incorporado en tanto que placer. Este Yo sólo busca satisfacer su deseo, aunque para ello deba recurrir a la alucinación. Es un Yo aliado de la pulsión, y sus defensas se orientan hacia la realidad en tanto esta pone límites a su satisfacción pulsional. Elimina el displacer rechazando la percepción.

Hay una coincidencia entre el JUICIO DE ATRIBUCION y el juicio de existencia: por el primero puede discriminar lo que es placentero o displacentero, y por el segundo atribuye existencia sólo a lo placentero, rechazando la percepción de los displacentero.

* Yo de Realidad Definitivo: Ya implica la posibilidad de aceptar como real lo displacentero. Su principal función es el JUICIO DE EXISTENCIA, comparando la representación psíquica con la representación empírica sensorial. Separado del juicio de atribución, consiste en determinar si algo existe o no en la realidad empírica, a diferencia de la presencia ilusoria. Pone límites a la satisfacción pulsional irrestricta. Como acepta la diferencia sexual anatómica, hace creíble la amenaza de castración, por lo cual este Yo es condición para la angustia de castración, la represión, y la formación del superyó.

3) DESARROLLOS PATOLOGICOS

La normal evolución de la libido debe desembocar en la elección de objeto heterosexual.

Pero existen desarrollos patológicos de la libido, explicables a partir de las ideas de fijación y regresión libidinales. Tales desarrollos pueden verse en las neurosis, las psicosis y las perversiones.

Examinemos primero dos conceptos centrales dentro de la teoría de la libido: fijación y regresión.

FIJACION: La fijación hace que la libido se una fuertemente a personas o a imagos, reproduzca un determinado modo de satisfacción, permanezca organizada según la estructura característica de una de sus fases evolutivas. La fijación puede ser manifiesta y actual o constituir una virtualidad prevalente que abre al sujeto el camino hacia una regresión (Laplanche, 156).

Fijación es el proceso por el cual una persona comienza a estar o permanece vinculada en forma ambivalente al mismo objeto que fue apropiado para una etapa anterior del desarrollo (Rycroft, 58).

La fijación es, en consecuencia, una prueba de fracaso en el progreso satisfactorio a través de las etapas del desarrollo libidinal. El concepto supone que una persona fijada:

(a) tiene una tendencia a realizar pautas de conducta infantiles, anticuadas, o a regresar a tales pautas bajo estado de ‘stress’;

(b) a elegir objetos compulsivamente, sobre la base de sus semejanzas con el objeto al que quedó fijada; y

(c) sufre un empobrecimiento de la energía disponible como resultado de su inversión en el objeto pasado. La excesiva frustración y satisfacción, el excesivo amor y odio, son todos factores considerados como causas de fijación. De aquí ‘fijación oral’, ‘fijación anal’, ‘fijación paternal’, ‘fijación maternal’ (Rycroft, 58).

FIJACION, PUNTO DE: Fase, periodo o punto del desarrollo infantil donde una persona determinó su fijación, a través del cual no ha pasado completamente, y al cual permanece dispuesto a regresar (Rycroft, 59)

Una vez que el sujeto atravesó el punto de fijación, más tarde puede hacer una regresión a él. De las tres clases de regresión que distingue Freud (tópica, temporal y formal), nos interesa aquí especialmente la regresión temporal:

REGRESION: En general, y dentro de un proceso psíquico que comporta una trayectoria o un desarrollo, se designa por regresión un retorno en sentido inverso, a partir de un punto ya alcanzado, hasta otro situado anteriormente. Específicamente en su sentido temporal, la regresión supone una sucesión genética y designa el retorno del sujeto a etapas superadas de su desarrollo (fases libidinales, relaciones de objeto, identificaciones, etc.) (Laplanche, 357).

En las neurosis, Freud describe (por ejemplo en Introducción al Narcisismo) el proceso de introversión:

INTROVERSION: consiste en el paso de la catexis de un objeto real a la catexis de un objeto imaginario intrapsíquico (Laplanche, 51).

Freud tomó este concepto de Jung, pero lo aplicó específicamente a una retirada de la libido que conduce a la catexis de formaciones intrapsíquicas imaginarias (fantasías), lo cual se debería diferenciar de una retirada de la libido hacia el yo (narcisismo secundario) (Laplanche, 204).

Precisamente introversión es distinto a retracción, proceso típico de las psicosis esquizofrénicas, también descripto en Introducción al Narcisismo:

RETRACCION: Designa una vuelta sobre el yo de la libido, retirada de sus catexis objetales. Es el fenómeno definitorio del narcisismo secundario.

En la melancolía, por otro lado, que según Rycroft (76) es la fase depresiva de la psicosis maníaco-depresiva, el sujeto se identifica según un modo oral con el objeto perdido, por regresión a la relación objetal típica de la fase oral (Laplanche, 186).

Entre las perversiones, por último, citamos por ejemplo el caso de la homosexualidad, donde el sujeto ha depositado o cargado la libido sobre un objeto en virtud de su semejanza con él mismo, en cuanto tiene su mismo sexo.

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