Planeta Freud

Ninguna felicidad hay en el programa de la naturaleza

Posted on: agosto 3, 2010

Psicoanálisis – El porvenir del lacanismo argentino

Sigmund Freud -hijo de su época- participa de los ideales de la Ilustración, pero no se lo puede ubicar en serie porque se sitúa -al decir de Lacan- en un vuelco de la historia en el que Freud mismo y su reflexión se alojan, allí donde Freud cambia la relación del hombre con el logos, allí donde el hombre -antes que pensar- habla.

La Ilustración no sólo produjo ideales. Si en La Fenomenología del Espíritu Hegel desarrolla el momento del terror en el capítulo “La Ilustración” no es sino porque el terror político es su producto.

Hegel introduce -bajo el recurso de la parodia- una sentencia tomada de la Biblia: “El miedo al Señor es el comienzo de la sabiduría» (Proverbios 1.7). No es el miedo a Dios sino al ente inmanente de la cara macabra.

Al final de la Primera Guerra Mundial, Freud postulará la pulsión de muerte en disyunción con cualquier ilusión homeostática y hablará de la pérdida de los valores ilustrados.

Ninguna felicidad en el programa de la naturaleza, dirá Freud. Nada en el cosmos está preparado para eso, dirá Lacan.

En pleno siglo XX, Adorno y Horkheimer -cuyo heredero es
Habermas– en Dialéctica de la Ilustración la critican en un intento por salvarla. No la salvaron, se tuvieron que exiliar no bien asumió el nazismo. No correrá mejor suerte Freud.

Se puede rastrear retroactivamente en la trivialidad de la muerte hegeliana la banalidad del mal arentdiana. Acaso porque los valores kantianos estaban perdidos, en la Argentina la cara macabra cobró la más macabra de sus caras. Padecemos aún sus consecuencias. La historia del psicoanálisis en la Argentina no quedó exenta. De relatar esta historia –sin reducirla a una cronología- se ocupa Marcelo Izaguirre en su libro Jacques Lacan: El anclaje de su enseñanza en la Argentina (Ed. Catálogos).

Voy a ser contundente: no se puede no leer este libro.

A partir del mismo nadie podrá refugiarse en el “pecado de la ignorancia”, quedando bajo responsabilidad de los “malintencionados” seguir sosteniendo aquello que lzaguirre, con un trabajo fundamentado y documentado, desmitifica.

Hay en este autor lúcido, comprometido y con coraje, una posición política y ética, hasta de singular mirada si se quiere. Obtiene partiendo de las pequeñas y grandes historias, de los silencios y lo silenciado, de los malentendidos, e incluso de operaciones adversas, algo que sin duda permite pensar no sólo el anclaje de las enseñanzas de Jacques Lacan en la Argentina, sino también su reverso no simétrico: el anclaje de la Argentina en la enseñanza de Jacques Lacan.

Hay en este libro una tesis demostrada: son falaces tanto la afirmación de que el lacanismo se desarrolló y creció a partir de 1976 bajo el imperio del terror, como la imputación de complicidad con el régimen.

Izaguirre demuestra que el anclaje de la enseñanza de Lacan se produjo con mucha antelación, y su crecimiento exponencial se produjo a partir del retomo a la democracia. Para alcanzar su demostración hace hablar a vivos y muertos, basta decir que el índice onomástico ocupa 17 páginas y que hay un libro dentro del libro en sus notas.

Izaguirre sitúa el anclaje de la enseñanza en una 1º charla que Oscar Masotta dio en 1964 referida a Lacan. «Cabecera de playa” es el término a retener.

Fue “ese golpe táctico” el que “daría lugar a una estrategia” con la conformación del 1º grupo lacaniano en 1967, subordinado a “una política psicoanalítica” a partir de 1972.

Nuestro autor remarca que, así como Masotta es el nombre princeps pero no el único responsable de la introducción del lacanismo en Argentina, Germán García -tampoco el único- es un actor privilegiado en su sostenimiento. No es sólo su modo de rendirle homenaje.

Marcó su encuentro con el psicoanálisis, permitiéndole «entender que es una práctica atravesada por multiplicidad de discursos, en la que se anudan clínica, cultura y política». Este libro lo prueba.

La historia del psicoanálisis institucional en la Argentina a partir de 1942; la de la hegemonía del klieinismo y la escisión de la APA en Plataforma y Documento; la de la confrontación psicoanálisis-médico/psicoanálisis-laico; la del psicoanálisis en la universidad y el hospital público; la de los grupos marxistas y los freudo-marxistas; la de la dystichia (mal encuentro) de los grupos freudo-marxistas con el psicoanálisis lacaniano; la del exilio de los psicoanalistas lacanianos y la consecuente propagación de la enseñanza de Lacan en los países de habla hispana; la del encuentro con Lacan en Venezuela, recibido por jóvenes psicoanalistas argentinos; la de la fundación de la Escuela de Orientación Lacaniana en Buenos Aires; la del psicoanálisis francés; y la historia política de la Argentina de la 2º mitad del siglo XX; todas estas historias y otras se anudan en el texto casi de un modo borromeico; alcanza con cortar una cuerda para que se desanuden todas.

No es lengua muerta, toca lo más vivo de lo actual. Así como hubo quienes atacaron al lacanismo vinculándolo a lo peor, hoy están los que quieren acallarlo en complicidad con grandes intereses que pretenden “curar” desde una concepción del hombre de la cual Primo Levi daría cuenta perfectamente.

Corría 1974 (10 años después de que Lacan hiciera lo propio en París) cuando Masotta funda la escuela, en la parodia, «La audacia -dice Izaguirre– radicaba en que se trataba de gente ‘en formación’ más que de psicoanalistas ya formados”.

Masotta con su acto fundó el porvenir del psicoanálisis lacaniano en la Argentina. El libro de lzaguirre es sin duda una importante contribución a ese proceso.

Viviana Fruchtnicht para Revista Ñ, 5 Jun 2010

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