Planeta Freud

Cuentito Zen para despertar a algunos analistas

Posted on: agosto 1, 2011

Cuento Zen – Saber del Analista

por Marcelo Augusto Pérez

27–07–2011 / Vaya este cuentito Zen para dormir a aquellos analistas que aún no entienden que la Transferencia es Sujeto-SUPUESTO-Saber: es decir, que incluso es un Saber al que se le supone un Sujeto.

Es conocida la historia de Nan-in, un Maestro japonés que vivió en la era Meiji, y lo que le sucedió con un profesor universitario que fue a visitarlo intrigado por la afluencia de jóvenes que acudían al jardín del Maestro.

Nan-in era admirado por su sabiduría, por su prudencia y por la sencillez de su vida, a pesar de haber sido en su juventud un personaje que había brillado en la Corte. Aceptaba en silencio que algunos se sentaran con él al caer de la tarde, pero no debían importunarlo después de la meditación.

Entonces, parecía algo serio y hasta hosco, pero no era más que la necesaria readaptación mientras trabajaba en su jardín, pelaba patatas o remendaba la ropa.

El prestigioso profesor se hizo anunciar con antelación haciendo saber que no disponía de mucho tiempo, pues tenía que regresar a sus tareas en la universidad.

Cuando llegó, saludó al Maestro y, sin más preámbulos, le preguntó por el Zen. Nan-in le ofreció el té y se lo sirvió con toda la calma del mundo. Y aunque la taza del visitante ya estaba llena, el Maestro siguió vertiéndolo. El profesor vio que el té se derramaba y ya no pudo contenerse.

– ¿Pero no se da cuenta de que está completamente llena? ¡Ya no cabe ni una gota más!

– Al igual que esta taza, – respondió Nan-in sin perder la compostura ni abandonar su amable sonrisa -, usted está lleno de sus opiniones. ¿Cómo podría mostrarle lo que es el camino del Zen si primero no vacía su taza?

Airado, el profesor se levantó y con una mera inclinación de cabeza se despidió sin decir palabra.

Mientras el Maestro recogía los trozos de porcelana y limpiaba el suelo, un joven se acercó para ayudarle.

– Maestro, ¡cuánta suficiencia! Qué difícil debe de ser para los letrados comprender la sencillez del Zen.

– No menos que para muchos jóvenes que llegan cargados de ambición y no se han esforzado por cultivar las disciplinas del estudio. Al menos, los estudiosos ya han hecho una parte del camino y tienen algo de lo que desprenderse.

– ¿Entonces, Maestro, cual es la actitud correcta?

No juzgar, y permanecer atento.

Aquí termina este cuento zen. Y aquí comienza el trabajo del analista: vaciar su taza de preconceptos, de manuales, de saberes (del saber del profesional que deriva y que informa, del saber del electrocardiograma, del saber que aprendió en la universidad, etc.) para dar lugar al saber inconsciente. Obviamente estamos hablando del Acto, es decir, de vaciar la taza al estar FRENTE al analizante.

Permanecer atento en términos freudianos quiere decir Atención Flotante. Quiere decir también no-juzgar (no pre-conceptualizar) porque si prejuzgo, manejo un saber previo y si sé entonces el que no sabe es el analizante.

Y ahí estamos en el mismo nivel del paciente con el médico:

“Muéstreme el hepatograma y el urocultivo; ahí está el saber.”

Es decir: si el analizante enuncia: “Me duele mi corazón” y si yo no estoy atento, en atención-flotante y sin juzgar; puedo suponer muchas cosas: por ejemplo que tiene un problema de amor; o que le duele (suponiendo que yo dé por entendido qué es el dolor) algo en el orden de las vísceras que vaya a saber quién sabe de los dos dónde está y cómo es ese órgano; y quizás el analizante me quiere informar que Corazón se llama su gatito que últimamente se enferma mucho y eso le causa dolor (¿a él, a su gatito?).

Incluso decir “… mi corazón” puede estar queriendo decir “micoraza no” : qué se yo lo que uno como analista sentado frente a cada analizante puede escuchar sin querer… así, de refilón, ¿vió Don?

El cuento zen: la metáfora del Acto Analítico: vaciar la taza.

Esto no es poco cuando es lo que más se escucha como obstáculo en los tratamientos; cuando el analista imprime su saber sobre el saber del analizante.

Y es paradójico, incluso, que los analistas en formación (¿y quién no lo está? el analista también es anali-siendo) estén muy preocupados porque su taza ocupe mucho saber (y cuánto antes, mejor) en vez de estar atentos al Saber que el fantasma del analizante hace escuchar sesión tras sesión: minuto a minuto, como dice cierto relator de fútbol.

Metáfora mediante: un dispositivo no dista mucho de ser algo parecido a una cancha, a un fútbol. Toda regla puede ser estudiada y hasta bienvenida, hasta que el gol define el partido.

Ese gol lo hace el analizante -sorprendido incluso de que patee también un fultbito- y nosotros lo llamamos Asociaciòn Libre y, junto a la Atención Flotante del analista, son las únicas dos reglas que valen para Freud. Como expresó alguna vez Roberto Harari: todo lo demás son consejos.

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