Planeta Freud

Secreto a voces. Para poder borrar primero hay que escribir

Posted on: enero 7, 2012

Un secreto a voces

Secretoavoces

06–12–2009 / Hay secretos familiares, ocultamientos vergonzantes, humillaciones que se revelan en un momento dado acompañadas de actos y palabras violentas como única forma de detener la violencia mortífera del silencio.

La película danesa Celebración muestra como el suicidio de una hija empuja a decir una verdad, a interrumpir una farsa cómplice que pretende imponer un “aquí no ha pasado nada”.

Hay otros tipos de silencio, no menos violentos: se producen cuando en la infancia alguien ha sido privado de una explicación sobre hechos que ha percibido y han conmocionado su estabilidad.

Susana, nacida al poco tiempo de que sus padres emigraran, fue dejada en unas vacaciones, cuando tenía meses, al cuidado de su abuela paterna.

Esta la devolvió a sus padres al año y medio y desapareció una noche sin decirle nada “para que la niña no sufra”.

Susana se despertó en una familia que vivió como “adoptiva”, rodeada de extraños. Atenazada por el terror a una muerte sorpresiva, en su proceso de psicoanálisis se pregunta insistentemente de dónde es y cuál es su lengua: sintiéndose exiliada de las palabras, no encuentra términos ni en una lengua ni en otra para expresarse.

Como describió Freud, el niño pequeño, ante la ausencia de su madre, a través de la repetición del juego, tan familiar para todos, de acercar y alejar un objeto acompañándolo de sonidos, ese “cucutá”, va construyendo una representación que nombra esa ausencia.

Pero registrar lo que ocurre a su alrededor sin unas palabras explicativas, puede llevar a un niño a quedarse con una impresión que carece de soporte alguno al que agarrarse.

Ante el silencio de la partida de sus padres, Susana se queda con alguna imagen errática, un coche que parte, un sonido, un olor y muchas dudas sobre la existencia real de estos sucesos. Todo esto, captado en soledad, la sitúa en el mismo plano que a un extranjero excluido de la posibilidad de compartir una lengua.

No se trata de hechos olvidados: para poder borrar primero hay que escribir.

En el espacio de un análisis puede encontrar alguien que escuche, que dé una señal, que ayude a encontrar una forma de representar y legitimar esos acontecimientos de los cuales un niño puede haber sido apartado en un intento de sus padres de preservarlo y evitarle sufrimientos.

La inscripción de estos hechos, vividos pero “no vividos”, posibilitará que pierdan el carácter de sueño traumático siempre presente y sean incorporados a la historia particular de cada sujeto.

Graciela Strada
Psicoanalista, Madrid

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