Planeta Freud

Lacan. Breve discurso a los psiquiatras

Posted on: enero 8, 2012

Mientras que en muchos casos está completamente claro que alguien recién salido de su psicoanálisis es capaz de ver cosas que el psicoanalista veterano, ¿no es cierto? – quien desde hace rato ha tenido tiempo para olvidar completamente su experiencia, que he llamado precariadeja pasar tranquilamente.

Entonces, es muy cierto que, en todo eso, yo podría pensar que, después de todo, no he hablado para obtener con ello grandes resultados.

Aunque he hablado tanto tiempo, es claro que todo un orden de costumbres en cuanto a la transmisión de la experiencia psicoanalítica se comprueba no solamente no alterarse para nada, sino que conserva todo su prestigio, todo su poder de atracción sobre los jóvenes genios que son cosquilleados por las ganas de consagrarle su existencia.

Sí, en verdad, yo podría pensar que, en efecto, he hablado largamente, y hablado para no gran cosa, si finalmente queda este obstáculo que me permitirá, será fácil, mostrar la misma ausencia de progreso en lo que concierne a las verdades analíticas, que aquellas que había designado recién en la experiencia psiquiátrica.

Evidentemente, no basta con servirse de mi vocabulario para poner de relieve, en fin… unas cosas que se decían antes de mí de otro modo, para que eso tenga el menor efecto sobre lo que es efectivamente la práctica psicoanalítica.

Sí, incluso no basta, diré, con repetir de una manera, tampoco simplemente de vocabulario – ustedes comprenden, incluso uno ya no se da cuenta de ello, pero, en fin, desde hace un tiempo, el deseola demandase ha olvidado completamente que nadie había hablado del deseo y de la demanda antes que yo haya enseñado a que se los distingapero esto no tiene ninguna importancia, porque se puede hablar del deseo y de la demanda y eso puede no tener ningún tipo de efecto en la práctica analítica, incluso tampoco el más pequeño comienzo de iluminación en el pensamiento del psicoanalista que los emplea.

Se puede también transcribir más inteligentemente, si puedo expresarme así – hoy quisiera darles una teoría inteligente, pero, ustedes ven, estoy desbordado por el tiempo – se puede hablar más inteligentemente de lo que yo cuento, e incluso transcribirlo de una manera mucho más interesante.

Hay ahí una pequeña cosita, cuyo descubrimiento sólo he hecho recientemente, y que se las comunico así, porque estoy de buen humor – eso no forma parte de mi plan; he observado eso después de que yo haya – debo decirles que en seguida he formulado como principio, al comienzo, que no hay propiedad intelectualeso lo he dicho siempre, lo he dicho desde los primeros días, desde los primeros minutos de mi enseñanza 14 – en fin, ¿no es cierto?, lo que yo cuento, ¿por qué no lo retomaría algún otro?, e incluso, si quiere retomarlo como siendo de él, no veo en ello absolutamente ningún obstáculo.

14“…si hay por lo menos un prejuicio del que el psicoanalista debería desprenderse por medio del psicoanálisis, es el de la propiedad intelectual” – cf. Jacques LACAN, «Respuesta al comentario de Jean Hyppolite sobre la Verneinung de Freud» (Sainte-Anne, 1954 – La Psychanalyse, 1956), en Escritos 1, p. 379.

En este orden de cosas, ¿por qué se diría que eso pertenece al Señor Fulano? Pero, vean, [en función de un objetivo] secundario, he vuelto sobre mis posiciones.

Están, pues, los que hacen eso, y luego, bueno, uh… en fin… está bien, hecho apropiadamente… los hay muchos ahora, eso se hace mucho… en fin… algunos de mis alumnos piensan que incluso, en fin, ahora… sí… “Bueno, ¡ahora hagamos otra cosa!

La doctrina de Lacan, y bien, se sabe que es verdadera, está establecida, se da por adquirida… después de todo, ¡todo el mundo está de acuerdo!, está en circulación!”… sí…

Hay una cosa muy impactante, y es que aquéllos que hacen muy bien el trabajo de la transmisión, sin citarme, regularmente pierden la ocasión que es a menudo visible, así, que aflora en su texto, ¡de efectuar justamente el pequeño hallazgo que podrían hacer más allá!

Pequeño, o incluso grande. Porque, por supuesto, yo no he tenido tiempo para decir todo, para amonedar todo, en fin, no crean que, en tanto que yo viva, podrán tomar ninguna de mis fórmulas como definitiva, todavía tengo otros truquitos en mi bolsa de malicias.

Y algunas veces nada es más visible que el hecho de que ellos están muy cerca de encontrarlo antes que yo, y cuánto placer me daría eso, que un tipo haga un hallazgo en mi bolsa de malicias antes que yo [risas]. ¡Y bien, de ningún modo!

Ellos no me citan, ¿por qué?

Para que todo el mundo crea que es de ellos. Están tan fascinados por ese hecho, porque quieren haber sido ellos quienes lo hayan dicho todo el mundo sabe efectivamente que es mío, pero poco importaque eso les impide dar el pasito siguiente – no puedo – se hace tarde esta noche – hubiera podido aportarles unos ejemplos, y después de todo, no quiero ser malo, ¿no es cierto? [risas en la sala] entonces… sí…

¿Y por qué, por qué harían ellos el pequeño hallazgo, eh, si me citaran?

No es porque me citarían, sino porque, por el hecho de citarme, presentificaríanes lo mismo que para los nombres propios en un psicoanálisis, que ustedes saben que es tan útil que la gente los diga.

Ellos evocarían el contexto, a saber, el contexto de pelea en el cual yo impulso todo eso.

Por el sólo hecho de enunciarlo en ese contexto de pelea, eso me remitiría a mi lugar, eso les permitiría, a ellos, hacer justamente el pequeño hallazgo posterior, y decir: “pero, veamos, eso… es groseramente incompleto, ¡se puede decir algo tanto más inteligente!”…

Pero vean, pero vean, hay un obstáculo, así, que hace que… que hace que – eso tiene cierta relación, en fin… Les explicaré eso en otra ocasión, eso se llama la alienación – ¿no es cierto? [risas].

Hay cosas así, ustedes comprenden, que… en las cuales no se tiene elección. La última vez que les dí un breve discurso, les hablé de una cosa divertida, así, sobre el psicoanálisis, que ha pasado, porque, en el fondo, ¡todo lo que yo digo pasa!

Puedo decir todo lo que quiera, en fin, ¡¿no es cierto?! Eso no les da frío ni calor… Hablé de la tontería y de la canallada, así, entre otras cosas…

Y bien, el psicoanálisis – no puedo desarrollárselos esta noche – es un dominio completamente extraordinario y específico, eso es lo que podría, de hecho, hacer pensar que es verdaderamente de la naturaleza de la ciencia, todavía no me había atrevido a decirlo: esto es, que la canallada no tiene en él ningún lugar.

No puede manifestarse en él. Entonces, es como ustedes saben, para la bolsa o la vida, ¿eh?, no se tiene elecciónUno elige naturalmente la vida: uno queda desmochado en cuanto a la bolsa.

Bien, ahí donde no se puede elegir, eso es lo que yo llamo la alienación – ustedes ven, llegamos con eso a una definición muy distinta que la corriente – ahí donde no se puede elegir la alternativa se elige forzosamente la tontería, un poquitito desmochada de canallada.

Bueno, hasta la vista.


establecimiento del texto, traducción y notas:

RICARDO E. RODRÍGUEZ PONTE
para circulación interna de la ESCUELA FREUDIANA DE BUENOS AIRES

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