Planeta Freud

Lacan. Breve discurso a los psiquiatras

Posted on: enero 8, 2012

El resultado, es que durante su período de formación, precisamente, que es el del internado, él no piensa en absoluto en lo que es de su posición de psiquiatra: él se considera como psicoanalista en formación. Es en un porvenir venturoso, que se esperará el resultado.

Además, un cierto número de malentendidos existen en la base, por ejemplo los que florecen en la boca de los candidatos… – debo decir que en el curso de una existencia ya prolongada, ya vi presentarse ante mí no pocos candidatos a la posición de psicoanalista, y que, como una manera de empezar la entrevista, les pregunto: “en fin, ¿qué lo impulsa a seguir ese camino?”…

Desde luego, se trata de una pregunta para la cual sobreabundan las respuestas, pero hay una que siempre se adelanta, porque es evidentemente la más noble, es el deseo de comprender a sus enfermos.

Evidentemente, no puedo decir que eso no sea un motivo completamente aceptable, la primera cosa, en efecto, que aparece, que puede manifestarse muy bien, es que hay algo que no anda del lado de la comprensión cuando uno está en presencia de lo que, de todos modos hay que decirlo, es el corazón, el centro del campo del psiquiatra, y que es preciso llamar por su nombre: es el loco. Psicótico, si ustedes quieren.

Salvo que no es sólo eso lo que hay en la experiencia de un psiquiatra, también hay un montón de otros enfermos que, por razones policiales, vienen en el mismo marco, pero, en fin, afinemos nuestros violines, sepamos de qué tenemos que hablar, es del loco.

Podemos hablar de un montón de otras cosas que no son los locos, aunque sean personas que vienen a los mismos lugares que aquellos donde cuidamos al loco, son los dementes, personas debilitadas, desintegradas, disgregadas, puestos de manera pasajera en estado de minusvalía mental; eso no es lo que, para hablar con propiedad, es el objeto del psiquiatra.

Es por eso que hay que hacer una gran diferencia entre cierta teoría que puede llamarse, más o menos justamente, desestructuración de la conciencia, u otro modo de órgano-dinamismo que juegue en el sentido de una menor función, sigue siendo cierto que parece – y justamente, en toda la medida en que dicho órgano-dinamismo ha tenido todo el tiempo… en fin… para extender sus luces – que es preciso cambiar de registro, cuando hablamos, para hablar con propiedad, del loco.

Por otra parte, los propios representantes los mismos de este órgano-dinamismo, experimentan bien la necesidad de este cambio de registro, y no pueden clasificar de manera unívoca las demencias y las locuras, en el mismo registro, digamos, jacksoniano.

Hay que hacer intervenir otra cosa, a la que se apela cuando se está de ese lado a título de la personalidad, para comenzar a… y no ya sólamente de la conciencia, cuando se trata del loco.

Ahora bien, ese loco, es cierto que no se lo comprende, y que se viene a encontrar al psicoanalista, declarándole que… es la esperanza, en fin, la… la certeza, pues se expandió el ruido de que el psicoanálisis ayuda a comprender, y es así que se entra a buen paso en ese camino del psicoanálisis; de aquí a, por eso, comprender al loco, está claro que uno puede esperarlo, por la razón de que es completamente un mal reparto de las cartas creer que sea en ese registro de la comprensión que el análisis deba jugar.

Quiero decir, lo que el análisis puede aprehender del loco, eso va de suyo, desde luego, pero igual, en sí mismo, el psicoanálisis no es de ningún modo una técnica cuya esencia sea extender la comprensión, establecer, incluso, aunque sea entre el analizado y el analista, lo que sería de ese orden, si damos a la palabra “comprensión” un sentido, que es el sentido jaspersiano, por ejemplo; esta comunidad de registro, ese algo que va a enraizarse en una especie de Einfühlung, de empatía, que haría que el otro se nos volvería transparente, a la manera ingenua en que nosotros nos creemos transparentes a nosotros mismos, aunque más no sea por el hecho de que, justamente, ¡el psicoanálisis consiste en descubrir que no somos transparentes a nosotros mismos!

Entonces, ¿por qué los otros se nos volverían así?

Si hay algo que el psicoanálisis está hecho para destacar, para valorizar, eso no es ciertamente el sentido, en el sentido, en efecto, en que las cosas producen sentido, en que creemos comunicarnos un sentido, sino justamente por señalar en qué fundamentos radicales de sin-sentido y en qué sitios los sin-sentidos decisivos existen, sobre lo cual se funda la existencia de un cierto número de cosas que se llaman los hechos subjetivos.

Es más bien en la localización de la no-comprensión, por el hecho de que se disipa, se borra, se pulveriza el terreno de la falsa comprensión, que puede producirse algo que sea ventajoso en la experiencia analítica.

De manera que, como ustedes ven, esta experiencia del candidato psiquiatra que viene como candidato a hacerse analizar, ven ustedes ya que desde los primeros pasos, el primer minuto, el primer segundo del abordaje, eso se compromete sobre el plano del malentendido, que bien puedo calificar de más radical, porque, en verdad, les he dicho recién que es una enorme mayoría de las personas que he visto, entre los candidatos que escuché, hacer esta declaración de intención, como se dice, pero… es porque… en fin, ya se los he dicho al verlos tan numerosos, me he enternecido un poco, había venido aquí con un discurso hecho de rugidos, entonces atempero… pero en realidad ¡no hubo uno solo que no me haya dicho, también: “vengo para comprender mejor a mis pacientes”!

Puedo decir que todos arrancan a partir de este error de principio. Es decir todo… Naturalmente, yo no estoy ahí, así, frente a los candidatos, para enseñar la doctrina, la teoría, para enderezar las cosas o discutir, estoy ahí para registrar con qué pie parten.

Todos parten, como ustedes ven, con el pie que no conviene. En fin, ellos no están, de ningún modo, para nada esclarecidos. Uno puede preguntarse, hasta cierto punto, cómo es posible, porque, en fin, lo que acabo de decirles, así, no se los digo sólo por primera vez.

Yo le doy vueltas a eso, mi Dios, entre otras cosas, desde hace ahora… ¡vaya!… ahora entramos en el décimo séptimo año de mi enseñanza. 5

5 – Como en tantas otras ocasiones, Lacan incluye en el cómputo los 2 o 3 seminarios dictados en su consultorio, dedicados a los historiales clínicos de Freud (Dora, el Hombre de los Lobos, el Hombre de las Ratas), antes del primero que dictó en Sainte-Anne, publicado finalmente como Seminario 1, Los escritos técnicos de Freud. Esta conferencia se sitúa entre el Seminario 14, La lógica del fantasma, y el Seminario 15, El acto psicoanalítico.

Como ustedes ven, el efecto, en fin, es… ¡magistral, es el caso decirlo!, lo que es decirles que, seguramente, hay cosas que no entran simplemente por ser enseñadas así, ex cathedra.

Quizá hay gente que, de lo que acabo de decir, tiene una sospecha, de la validez de lo que acabo de decir. Pienso que éste es el caso, en general, de la gente que he analizado yo mismo, y también por otra parte de todos aquéllos que hayan pasado por un verdadero psicoanálisis.

Si el psicoanálisis debe enseñarles algo, esto es evidentemente, que lo que se recoge al final no es del orden, tenido por sublime, de la intersubjetividad del sentido.

Es una experiencia de un orden muy diferente. Lo que se ha ganado, es precisamente el ver que lo que se creía comprender tan bien, justamente, uno no comprendía nada de eso.

Y eso no quiere decir, sin embargo, que uno ha conquistado otra cosa que esté enteramente caracterizada por la nota de que esté constituida por el hecho de lo que se podría llamar una comprensión más profunda.

Si no es más que eso lo que uno recoge al final, e incluso, ciertamente, diría que uno no sale de ahí generalmente intacto.

El hecho, pues, de que el prejuicio continúa circulando en el discurso común, es muy precisamente algo de una naturaleza como para hacernos palpar la falla que puede haber entre el discurso común y esta experiencia, esta experiencia que es la del análisis, y de la que parece, pues, que si ustedes se remiten a todo lo que acabo de decir, a mis palabras precedentes, naturalmente yo he insistido mucho sobre esto… esta cosita del umbral, porque después de todo considero que es lo que está más inmediatamente a vuestro alcance, puesto que no supongo que todos ustedes, aquí, hayan entrado ya en esta vía del umbral, y luego del resultado final, que he situado recién en el nivel de lo colectivo como, en fin, como… no sé qué, no sé qué…. que es ciertamente el objeto de cuestiones válidas y que podemos llamar, designar con un término que no es mío, que tomo prestado de un joven interno, que vino a mí a tratar de decirme, en fin, lo que experimentaba, él, quien efectivamente era, de las personas que he encontrado, de las más sensibles a lo que constituye la experiencia de la posición del médico que aborda el campo del loco, la realidad del loco, la confrontación con el loco, el afrontamiento con el loco.

Debo decir que esto es bastante excepcional, él seguía siendo bastante… bastante vivo, bastante fresco, bastante nuevo, para lo que hay, digamos la palabra de angustia en este encuentro, en este afrontamiento a él no le parecía que el psicoanálisis disminuyera en nada esta nota del encuentro con el loco.

Para caracterizar lo que pasaba con eso, en fin, en lo que se llama la sala de guardia, a saber, una masa colectiva, en la cual él estaba, y la relación de lo que allí sucedía con el psicoanálisis, él había encontrado un término que yo encuentro, se los juro, excelente, y que fecha completamente lo que resulta el efecto de la introducción del psicoanálisis en el campo digamos desde hace una treintena de años en el campo francés, el resultado es una cosa que él llamó: un profundo [y… tanto] acentuado pasivo.

De hecho, es muy sorprendente, es muy sorprendente que desde hace un cierto número… un cierto tiempo que corresponde a esta treintena de años de la que acabo de hablarles, no ha habido, en el campo de la psiquiatría, el campo de esta relación con este objeto: el loco, no ha habido el menor, ¡el menor descubrimiento!

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