Planeta Freud

Lacan. Breve discurso a los psiquiatras

Posted on: enero 8, 2012

Uno vuelve al discurso común, que se opone a este recentramiento. Este recentramiento, [yo lo he manifiestamente expresado de una manera…]. En fin…

Estamos obligados a repensar – como se dice – algo que en este caso no es poca cosa, ¡puesto que es el pensamiento mismo!

Nos es requerido repensar el pensamiento y… eso no se hace solito. En verdad, luego de que el mundo se haya asombrado mucho porque haya pensamiento inconsciente, eso verdaderamente provocó una especie de bloqueo general, durante 10 años, 20 años e incluso más.

Al comienzo de mi internado, todavía había un hombre de ingenio que se llamaba Charles Blondel, quien había articulado algunas cosas, justamente, sobre la conciencia mórbida, y para el cual era un argumento el de decir que el pensamiento y la conciencia son forzosamente de la misma dimensión y, por consiguiente, que el inconsciente con unos pensamientos adentro, eso era impensable. ¡Vaya…!

Desde entonces, se hicieron muchos progresos. Nadie piensa más en lo que es la conciencia, ni tampoco, por otra parte, en lo que es el pensamiento, por lo que las cosas se volvieron naturalmente más fáciles, ¡sobre todo que hay tanto ruido!

¿Eh? Están los existencialistas, están los fenomenólogos, están los… los… los filólogos, ahora están los estructuralistas.

Entonces, todo eso… todos esos discursos superponiéndose bien, de alguna manera todos cultivados para vuestra formación, ¿no es cierto?, ustedes están radicalmente formados en todo, es decir que, sea lo que sea lo que se les pueda decir, eso, en suma, les hace más o menos el mismo efecto, a saber, que todo eso es charlatanería.

Entonces, ya no hay objeción al inconsciente, el inconsciente es pensamiento, sí, todo el mundo lo sabe, ¡y qué puede hacer eso! ¿no es cierto? Entonces…

Debo decirles que la formación […] esos discursos bien construidos, no creo que sea dejándolos dar en ustedes, así, una especie de desfile, ¿no es cierto?, de circo… todos esos discursos, uno después del otro, cada uno funciona, corriendo uno detrás del otro, no creo que eso sea, de ninguna manera, lo que pueda tener un papel de formación.

En verdad, un hilito, ¡eh!, que ustedes encontrarían solitos, en esa relación de concernimiento con esa cosa verdaderamente única, problemática, que les es dada, no diré bajo el título de loco, porque eso no es un título… un loco, es a pesar de todo algo… eso resiste, vean, y que todavía no está cerca de desvanecerse simplemente en razón de la difusión del tratamiento farmacodinámico.

Si ustedes tuvieran un hilito, cualquiera que sea, eso les sería más valioso que cualquier cosa, tanto más cuanto que eso los llevaría de todos modos necesariamente a aquello de lo que se trata.

Para mí, el hilito ha sido éste – yo no era un gran listo – es esta cosa que se articula así, esto es: el inconsciente está estructurado como un lenguaje.

Yo hubiera podido partir de otro punto, pero ése me pareció serio. O el inconsciente no quiere decir nada de nada, o, desde que nos es presentado […] quiero decir no […] pero interrogándolo él mismo como psicoanalista, es a título de esto que es un lenguaje, con un cierto número de propiedades que sólo existen en la dimensión del lenguaje: la traducción, por ejemplo.

Entonces… evidentemente, esto no va de suyo, más que si a este respecto, por esta experiencia, y por este hilito que engancha eso, uno saca de ahí, tras un cierto número de preguntas, lo que quiere decir un cierto número de respuestas — y en particular sobre esto: ¿qué es un lenguaje?

Porque si, así, como primera aproximación, es imposible descartar eso: el lenguaje está allí: es incluso lo que domina, ésta es la más bella ocasión de preguntarsecuando comencé con este hilito todavía no se había llegado, les ruego que lo creanustedes lo olvidan porque, ante todo, ustedes nacieron ayer, no sabentodavía no se había llegado a que todo el mundo hable de lingüística y Dios sabe cómo, ¡en la confusión más total!

Porque la difusión de las ideas, no es eso lo que esclarece el espíritu, quien condiciona sin embargo las luces.

En fin, por el momento, no hay nadie en la boca del cual ustedes no vean llevar a rastras, en fin, esos términos de “significante”, de “significado”, de “comunicación”, de “mensaje”… andamos con eso, ya no tenemos otras semillas; cuando se hace fisiología se considera que la tiroides envía un mensaje a la hipófisis… uno llama a eso un mensaje…

Entiendo, es una cuestión de definición. Se trata de saber si eso es un lenguaje.

Lo que es muy difícil es que, a partir del momento en que ustedes introducen la palabra “mensaje”, ¡es difícil no imaginar que la hipófisis lo recibe!… ¡y responde a él!

Se habla también de mensaje más o menos a propósito de no sé qué objeto que ustedes descubren en el cielo. Se traduce en términos de mensaje el hecho de que, simplemente, ustedes lo ven, eso envía unas fotos… ¡como mensaje!

Esto es para decirles que eso sería un juego completamente inocente, ¿no es cierto?, si justamente el lenguaje no estuviera interesado, y primeramente, de una cierta manera, esto es que se vuelve cada vez más difícil hablar del lenguaje a causa de todo ese murmullo confuso que monopoliza las palabras que podrían servir para enganchar las cosas en este dominio suficientemente complejo, y que ya están tan difundidas por todas partes que, en verdad, en fin, una gata no encontraría a sus pequeños.

En fin… yo soy uno de los responsables, ¿eh?, de esta especie de gran confusión en la cual nadamos por el momento; porque comencé, yo, a hablar de lenguaje hace 17 años. En ese momento estábamos en la flor de… de la moral en situación, el compromiso… en fin… ustedes conocen… otras boludeces, ¡cómo!

En fin, a pesar de todo, hay personas que se ocupan del lenguaje. Y yo, lo que encuentro más alentador es que… es que en aquéllos que se ocupan verdaderamente de lenguaje, se emplea el lenguaje en el mismo sentido con que yo me encontré haber desarrollado sus dimensiones, a saber, lo que eso quería decir – en mi discurso.

Ahí donde se sabe de qué se habla: en primer lugar, todo el mundo se da cuenta de que un lenguaje no está hecho de signos. Lo que quiere decir que un lenguaje no tiene relación directa con las cosas.

Un signo, para definirlo de una manera clara y simple, yo lo hago como creo sin que nadie lo discuta, es lo que representa algo, justamente, y que representa para alguien.

Un lenguaje no sirve para eso, no está hecho de signos, eso puede estudiarse.

La función del signo, es incluso muy importante, como siempre, incluso perfectamente importante, además, no hay ninguna necesidad, por otra parte, como se lo ha visto hasta aquí desde el tiempo que hay una semiótica médica, nadie jamás había tenido el menor interés en el lenguaje.

Lo que enturbia el asunto, seguramente, es que el lenguaje tiene, en general, una significación, es decir que engendra significado.

Es justamente por eso que nos hemos dado cuenta de que la relación que puede tener el lenguaje, eventual, con las cosas, es una relación tercera, ternaria, y que es preciso distinguir el significante, el significado y eventualmente el referente, el que no siempre es fácil de encontrar, como tampoco, por otra parte, el significado es fácil de delimitar.

Es sin embargo ahí que se juega el juego de lo impreciso de las cosas, a saber, lo que hace que, por ejemplo, un lenguaje es o no es adecuado.

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