Planeta Freud

Lacan. Breve discurso a los psiquiatras

Posted on: enero 8, 2012

Un lenguaje, más bien que ser signo de las cosas, diremos más bien algo, para aquéllos que jamás habrían escuchado, en fin, naturalmente, aquello de lo que he dado, en fin… la enunciación mucho más elaborada, diremos, ¿no es cierto?, para hacernos entender hoy, que su función esdar la vuelta a, no a las cosas ¿eh?, a la cosa.

En todo caso, esto es bien sensible para nosotros, cuando se trata de la experiencia analítica. La cosa, que un día llamé La Cosa Freudiana,7 que está ahí en el corazón y que no se toca fácilmente, en todo caso, se los aseguro, que jamás se llega a comprender – el lenguaje la rodea, la cosa.

7 – Jacques LACAN, «La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis» (Viena, 7 de Noviembre de 1955), en Escritos 1, décimo tercera edición en español, corregida y aumentada, Siglo Veintiuno Editores, 1985.

Y la cosa {la chose}, que incluso, si ustedes quieren, escribiré así: [Lacan escribe en el pizarrón: lacosa {l’achose}] para indicar bien que ella no se distingue ahí por su presencia.

Y luego, el lenguaje es algo completamente necesario. Hablo, naturalmente, del primer desbrozamiento, una cosa completamente necesaria…

En todo caso, para que ustedes comprendan mi hilito: el inconsciente está estructurado como un lenguaje; esto es que el lenguaje, todo el mundo lo sabe, en fin, vivimos ahí adentro, pero es bastante curioso, es muy curioso incluso, cuando se habla del lenguaje especialmente, uno se cree siempre obligado a ir a lo que es exactamente lo contrario de la experiencia más común: el lenguaje no está hecho para la comunicación.

La prueba de esto está a nuestro alcance a todo instante; a pesar de todo ustedes deben darse cuenta, cuando ustedes están con vuestro cónyuge o vuestra cónyuge, por ejemplo, que cuando ustedes comienzan a estar forzados a explicar las cosas, en primer lugar no es solamente que eso anda mal, sino que, en segundo lugar, ¡no hay esperanzas!

Y cuanto más se pongan en eso, menos se comunicará… en fin… [risas en la sala] ¡es matador! [risas].

Sin embargo hace 17 años que me he esforzado por inform… por recomenzar siempre las mismas cosas, por otra parte con el mismo resultado, ¿no es cierto?, que es verdaderamente formidable, a saber, que si esto los divierte un momento, si ustedes encuentran que, seguramente, estos son unos juegos de ingenio, ¿no es cierto? ? yo intelectualizo, parece – ¡vaya…! una escena doméstica, por ejemplo, en efecto, he ahí un procedimiento de intelectualización que es bien conocido [risas], se los informo.

Entonces, ¿para qué sirve el lenguaje?

¿Si no está ni hecho para significar las cosas expresamente, quiero decir que ése no es de ningún modo su primer destino, y si la comunicación tampoco?

Y bien, es simple, es simple y es capital: hace el sujeto. Eso es extremadamente suficiente. Porque, de otro modo, se los pregunto, cómo pueden ustedes justificar la existencia en el mundo de lo que llamamos el sujeto.

Entonces, ¿es que uno puede comprenderse? La respuesta es completamente accesible: uno puede comprenderse in-ter-cam-bian-do lo que fabrica el lenguaje.

¿Acaso no está claro que, la comunicación…? a saber, esto: que uno se imaginaría que, cuando ustedes dicen una frase, eso representa un mensaje, y que del otro lado, la frase, es la misma que la que ustedes han pronunciado

En verdad, no es la que ustedes han pronunciado la que es importante, es la que está del otro lado, desde luego.

Es justamente por eso que ustedes no saben lo que han dicho. Es capital que lo sepan: que cada vez que ustedes hablan, al menos a algún otro, no saben lo que dicen, cuando ustedes están absolutamente solos, todavía menos.

Pero el resultado del lenguaje es de todos modos que algo sucede desde que se ha encontrado ese sagrado medium, algo sucede, algunas veces en el otro, en verdad siempre en el otro, y por este hecho siempre les devuelven bastonazos.

Y es incluso así que lo que se llama el ser humano tiene su primera experiencia: uno se da cuenta de que suceden cosas cuando se habla.

Esas cosas pueden muy bien ser delimitadas en sí mismas, es incluso eso cuya teoría me esfuerzo por escribir desde los hace 17 años que he evocado suficientemente.

Lo que fabrica el lenguaje, por ejemplo, es el deseo, ¡eh! El deseo, después de todo, no es algoque sea… que sea muy conocido.

Entre los filósofos, siempre se ha considerado que eso era más bien el objeto a apartar para llegar a lo que se llama el conocimiento: el conocimiento se ve turbado, supuestamente, por el deseo… por otra parte, es cierto.

¡Pero eso se sostiene en que se creía en el conocimiento!

No quiero entrar en el detalle de todo eso, hacer el… un dibujo sobre lo que distingue a lo que ha prevalecido durante siglos en lo que concierne a la función del conocimiento, con las posiciones bien diferentes que son las que debemos adoptar ahora, por el hecho de haber creado una ciencia que no debe absolutamente nada a las categorías del conocimiento, y que no está más mal por eso; nosotros, quizá, nos encontramos más mal por eso; pero no es eso lo que está en cuestión.

Es que la ciencia funciona y… una multitud de dimensiones que suscitaba, que sugería esta [psicología] del conocimiento, están perfectamente perimidas y fuera de juego.

Lo que es interesante, es que al considerar como siendo absolutamente coextensivo con el registro cada vez más elaborado de la ciencia, lo que recién he llamado el sujeto, podemos llegar a dar una teoría completamente diferente, completamente distinta y manejable de muy otro modo que todo lo que se ha hecho hasta ahora, de lo que es, hablando propiamente, el deseo.

E incluso tenemos, dado el caso, la dicha de percatarnos de que hubo, en fin, en algunas personas muy raras, entre los filosofantes del pasado, no sé qué que podría denominarse un presentimiento de eso.

Es en Spinoza que pienso. Como quiera que sea, esta teoría, como cualquiera sabe, o cree saber, yo la he dado, incluso la he afinado durante años, desde luego que estoy lejos de pensar que he dado su formulación definitiva, pero hay, en lo que he enunciado al respecto, algo que me parece bastante prometedor, esto es que hay ahí, merced a mis desvelos, un pequeñito comienzo de formalización.

A saber, algo que puede expresarse por lo que hay de más puro y de más manejable en la función como tal del significante, a saber, un manejo de letras minúsculas.

Es por una cierta manera de manejar esas letras minúsculas y de ponerlas entre sí en unas conexiones definidas que está fundada esta teoría del deseo, en lo cual ella deja la esperanza de un desarrollo ulterior mucho más preciso por poco que pongamos allí esa suerte de capacidad mental que resulta de la combinatoria.

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