Planeta Freud

Lacan. Breve discurso a los psiquiatras

Posted on: enero 8, 2012

13 – Este “(sic)” está en PEC y PTL, y acompaña a la palabra constitué, pero no entiendo si el señalamiento del transcriptor apunta a una posible sustitución por el femenino constituée, o por otro verbo, que me parecería más adecuado al contexto, como consister (consistir).

El hecho de que ahora tendamos a aislarlos cada vez menos, quiere decir que ponemos allí otras barreras, otras murallas… en particular ésta: que los consideramos mucho más – ésa es justamente la pendiente psiquiátrica – mucho más como objetos de estudio que como punto de interrogación a nivel de lo que remite a cierta relación del sujeto, a lo que sitúa al sujeto por relación a ese algo que calificamos de objeto extraño, parasitario, que es la voz, esencialmente. En tanto [que] voz, ella no tiene sentido aquí más que por ser soporte del significante.

A partir de ahí, lo que es la posición del psiquiatra, va a permitirnos entrever, si puedo decir, que eso no es una posición muy simple.

Además que por el hecho de [observarla] – es decir, por tomar una cierta posición de principio que es tan radicalmente contraria, si es posible, a lo que puede ser experimentado de eso en tanto que el psiquiatra sabría lo que es la consideración del sujeto – además de eso, lo que produce barrera, es, a saber, que el psiquiatra está integrado como tal a cierta relación jerárquica, que así lo quiera él o no, él está en posición de autoridad, de dignidad, de defensa de cierta posición que, de movida y ante todo, es la suya: se trata precisamente que sea por otra cosa que por la angustia que él responda a esta existencia del loco.

No iré más lejos en ese sentido esta noche, pues estarían equivocados si creyeran que yo quiera de ninguna manera cuestionar la posición del psiquiatra: ella no puede ser otra cosa que lo que es.

Lo que yo más bien cuestionaría es que mi dignidad, si podemos decir, [no acusara en ello] un escalón de voz en lo que constituye este tipo de reuniones, de las que desearíamos que fueran de sociedad científica, que son las que prueban que los psicoanalistas conservan en su jerarquía algo que es del mismo orden que esta distancia, que este escalonamiento, por relación a un objeto, que constituye justamente la imposibilidad en la cual está el psiquiatra para abordar la realidad del loco desde un nuevo punto de vista.

Lo que quiero simplemente valorizar esta noche, porque creo que es algo que, quizá – como los veo a todos aquí, conozco más o menos bien sus cabezas, veo bien a los que ya han escuchado hablar de algunas cosas, y a los otros que no – entonces, algo que, en suma, ustedes no han aprendido hasta ahora.

Es una consideración que es ésta: esta historia del sujeto, me dirán ustedes, no es una cosa para [entificarla] – eso podía ser en el tiempo de Freud – pero si ha ocurrido – de todos modos pienso que ustedes se dan cuenta de eso – una cierta transformación que conoce nuestro mundo, que es considerable, y que hace que el sujeto sea algo, en nuestro tiempo, que define como sujeto la existencia de la ciencia.

La ciencia que es la nuestra es la que no se constituye sino por una ruptura que es fechable en los siglos, y el suyo tampoco es otro que el siglo de oro, el XVII.

La ciencia nació precisamente el día en que el hombre rompió las amarras de todo lo que puede llamarse intuición, conocimiento intuitivo, y en que se remitió al puro y simple sujeto que es introducido, inaugurado ante todo bajo la forma perfectamente vacía que se enuncia en el cogito; pienso, entonces soy {je pense, donc je suis}.

Está completamente claro, ahora, a nuestros ojos, que esta fórmula no se tiene en pie, sin embargo ella es decisiva, pues es ella la que permitió… la que permitió esto: ya no se tenía ninguna necesidad de recurrir a la intuición corporal para comenzar a enunciar las leyes de la dinámica.

A partir de ese momento nació la ciencia, correlativa de un primer aislamiento del sujeto puro, si puedo decir.

Este sujetopuro – seguramente, no existe en ninguna parte, sino como sujeto del saber científico.

Es un sujeto del cual una parte está velada, aquella, justamente, que se expresa en la estructura del fantasma, a saber, la que comporta otra mitad del sujeto y su relación con el objeto a.

El hecho de que todo lo que hasta ahora ha estado interesado sin que se sepa por esta estructura real, a saber, la manera en que se la ha tratado hasta ahora, la manera en que eso se ha inscripto en las relaciones sociales, por las que, de alguna manera, toda la construcción social se fundó sobre esas realidades subjetivas pero sin saber nombrarlas; está claro que la expansión, la dominancia de ese sujeto puro de la ciencia es lo que llega a estos efectos cuyos actores y participantes son todos ustedes, a saber: esas profundas reelaboraciones de las jerarquías sociales que constituyen la característica de nuestro tiempo.

Y bien, lo que es preciso que ustedes sepan, porque van a verlo y lo verán cada vez más – naturalmente, si ustedes no lo han visto hasta ahora, aunque eso reviente los ojos – es que hay un precio con que se paga la universalización del sujeto, en tanto que es el sujeto hablante, el hombre.

El hecho de que se borren las fronteras, las jerarquías, los grados, las funciones reales y otras, incluso si eso permanece bajo unas formas atenuadas, cuanto más sigue eso, más va tomando eso un sentido muy diferente, y más eso se vuelve sometido a las transformaciones de la ciencia, más es lo que domina toda nuestra vida cotidiana y hasta la incidencia de nuestros objetos a.

No puedo [seguir con esto] ahora, pero si hay uno de los frutos más tangibles, que ahora pueden ustedes palpar todos los días, de lo que son los progresos de la ciencia, eso es que los objetos a corren por todas partes, aislados, solitos y siempre listos para capturarlos en la primera vuelta de esquina.

Con esto no aludo a otra cosa que a la existencia de lo que llamamos los mass-media, a saber, esas miradas errantes y esas voces retozonas por las que ustedes están muy naturalmente destinados a estar cada vez más rodeadossin que haya para soportarlas otra cosa que [lo que está interesado] por el sujeto de la ciencia que se las vierte en los ojos y en las orejas.

Pero eso tiene su contraparte – ustedes todavía no se dieron cuenta, aunque hayan atravesado – a pesar de todo, cierto número de ustedes que no tenía sólamente un año o dos en ese momento, pero, ciertamente, se produjeron no pocas cosas – esto es que, probablemente en razón de esta estructura profunda, los progresos de la civilización universal van a traducirse, no sólamente por un cierto malestar, como ya se había dado de cuenta de ello el señor Freud, sino por una práctica, que verán que va a volverse cada vez más extendida, que no dejará ver inmediatamente su verdadero rostro, pero que tiene un nombre que, aunque se lo transforme o no, siempre querrá decir lo mismo y que va a suceder: la segregación.

Los señores nazis, ustedes podrían tener para con ellos un considerable reconocimiento por eso, fueron unos precursores, y además tuvieron inmediatamente imitadores, un poco más al Este, en cuanto a lo que es concentrar a la genteesto es el tributo de esta universalización en tanto que ella no resulta sino del progreso del sujeto de la ciencia.

Es precisamente en tanto que ustedes son psiquiatras que podrían tener algo que decir sobre los efectos de la segregación, sobre el verdadero sentido que tiene eso.

Porque saber cómo se producen las cosas permite muy ciertamente darles una forma diferente, de un impulso menos brutal y, si ustedes quieren, más conciente, que si no se sabe a qué se cede, vuestralo que ustedes representan, si puedo decir, en la historia, y como las cosas van rápidas, lo que se verá muy rápidamente, no sé, quizá en unos pocos 30 o 50 años, es que ya había, antiguamente, algo que se llamaba el cuerpo de los psiquiatras, y que se encontraba en una posición análoga a lo que habrá entonces que inventar para comprender de qué se tratará en las mudanzas que van a producirse y a niveles sobre los cuales ustedes pueden contar, que serán planetarios, en lo que se producirá a nivel de esas iniciativas constituyentes de una nueva repartición [interhumana] y que se llamará: el efecto de segregación.

En ese momento el historiador dirá: Dios mío, los queridos psiquiatras, en efecto, nos dan un modelito de lo que podría haberse hecho en ese momento como cogitación que hubiera podido servirnos, pero en verdad no nos lo han dado, porque en ese momento dormían, dormían, ¿por qué?

Dios mío, porque ellos jamás vieron bien claramente de qué se trataba en su relación con la locura a partir de cierto período; ellos no lo vieron, Dios sabe por qué, se dirá, no lo vieron justamente porque tenían medio para verlo.

Simplemente porque el psicoanálisis estaba ahí, y porque el psicoanálisis es demasiado difícil. ¿Por qué es demasiado difícil?

Porque el psicoanálisis, ellos hicieron de él, después de todo, algo que más bien podremos llamar un medio de ascenso social.

¿De ascenso social a qué? Oh, Dios mío, a algo que no es muy complicado: yo he hablado mucho con mis colegas norteamericanos, de cuestiones de técnica, por ejemplo, y, lo que les parecía decisivo para el mantenimiento de ciertos hábitos, de ciertas costumbres, de una cierta rutina, y bien, señores, ellos lo decían: era su tranquilidad; nada les parecía más decisivo para motivar la manera, por ejemplo, con que es levantada o cerrada la sesión, que el hecho de que ellos podrían estar absolutamente seguros de que a las 5 menos diez ellos tomarían tranquilamente su whisky.

Les doy mi palabra de que no exagero.

Para decir todo, todavía hay muchas otras cosas para el reposo en el psicoanálisis tal como está organizado actualmente, aunque más no fuere por esta especie de progresión, de incita… de ascenso seguro a posiciones que se consideran como tanto más eminentes cuanto que uno es supuesto detentar un saber que los otros, los pequeños, los novicios, en fin, aquéllos a quienes todavía no se le habría dado… en fin… la baraka, la bendición, no tendrían.

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