Planeta Freud

Archive for enero 12th, 2012

Agradezco a la Comisión Directiva de letra y a Enrique Tenenbaum quien me sorprendió con esta invitación que, tal vez por sorpresiva, me relanzó a pensar cuestiones en las que ya estaba interesada.

No es la primera vez que me solicitan ocuparme de temas relativos a la Proposición pero esta vez el trabajo ha tomado otro sentido para mí en tanto se trata de hablar de este tema en una jornada organizada por la institución de la que soy miembro.

No sé si sabría delimitar muy bien cuál es ese otro sentido; pero sí sé que es otro.

Destaco esto por dos motivos:

1) mostrar mi concordancia con los términos en que se nos ha formulado la invitación, me refiero a todos nosotros, los que estamos de este lado de la mesa y también ustedes: pensar la Proposición desde la perspectiva histórica que dan, desde esa fecha de 1967, 40 años más de movimiento psicoanalítico, y

2) situar, en este movimiento, la existencia de este agrupamiento de analistas que se dio por nombre letra, Institución Psicoanalítica.

La propuesta de trabajo es explícita también en otro punto: se nos convoca a trabajar los dos textos de la Proposición, el primero que fuera hablado y el escrito, aparecido en Scilicet, así como otros dos lugares en que Lacan retoma cuestiones que aborda en la exposición hablada y/o en el texto escrito.

Estos otros dos lugares son: un párrafo de la clase del 9 de Abril de 1974 (que corresponde al Seminario XXI) y un fragmento de la Intervención sobre el pase en el Congreso de la Gran Motte. Este texto corresponde a lo que fuera publicado en español bajo el título «Sobre la experiencia del en« pase Ornicar? 1, El saber del psicoanálisis.

Muchas de las cuestiones que Lacan aborda en la Proposición las encontramos a lo largo de toda su enseñanza, de todos modos, y para esta oportunidad, me interesó trabajar también la Nota Italiana y he releído todos estos textos teniendo como trasfondo, a la manera de un bajo continuo, el Seminario X sobre La Angustia, en particular, en todos los desarrollos que allí Lacan plantea respecto de la cuestión de la causa.

Lo que sigue es una suerte de collage de problemas abordados en estas diversas intervenciones de Lacan y ya no sabría indicar bien qué aspecto corresponde a cada texto.

Sí puedo decir que después de recorrer estos textos mencionados me centré en la Proposición en su versión escrita, en español publicada por Manantial en Momentos cruciales de la experiencia analítica.

Es sabido que, desde hace tiempo, está instalada en nuestra comunidad una discusión acerca del pase.

Ayer mismo, en una reunión de trabajo, colegas de otra institución me preguntaban por qué festejábamos, luego, más cautos, me preguntaron si era un festejo, por qué festejábamos los 40 años de la Proposición.

Resultaba un poco enigmático que una institución como la nuestra, que no cuenta con el dispositivo del pase, organizara una Jornada alrededor de la Proposición.

Pregunto: ¿Es que la cuestión de la que trata la Proposición se agota en el tema del pase? ¿Es que se trata simplemente de decir sí o no a la puesta en práctica de ese dispositivo?

Me abstendré de responder a estas preguntas, espero más bien, es lo que intento, que lo que siga, logre resituar estas preguntas en un nudo de problemas psicoanalíticos más complejo.

Sí diré lo siguiente: entiendo a la Proposición como un texto privilegiado en tanto me parece el precipitado, en escritura, de un formidable proyecto teórico.

Asimismo, me parece consecuencia de lo que Lacan llamó su invento: el objeto a.

Entiendo, además, que aborda cuestiones teóricas, clínicas, de la formación de los analistas, de las vicisitudes de sus agrupamientos así como del lugar del psicoanálisis en el mundo que, por haber sido planteadas, y por la forma en que lo fueron, son de absoluta actualidad.

No he cometido un lapsus, no he querido decir «no por haber sido planteadas dejan de ser actuales» sino que he querido decir eso que dije, y lo repito: «por haber sido que planteadas, y por la forma en que lo fueron, son de absoluta actualidad«.

Y es desde esta perspectiva que entiendo que la Proposición merece una jornada dedicada a su discusión.

Detengámonos ahora en el término proposición. No todo hecho de lenguaje lo es. Una proposición es un tipo particular de enunciado tal que puede atribuírsele un valor de verdad: verdadero/falso.

Equivale a lo que en lógica se denomina juicio. En tanto atribución de verdad supone la existencia. Sabemos que Lacan algo sabía de Aristóteles pero sabemos también, que, como freudiano, no se contentaba con él (Aristóteles).

Y es aquí que comienzan los problemas y las dificultades ya que la proposición se plantea en relación a cuestiones que tienen otro régimen de verdad y un orden de razón, otro, que lo proposicional.

Sé que es un poco condensado pero el tiempo no me permite otra cosa así que lo diré así: la proposición gira alrededor de dos cuestiones que son heterotópicas respecto de lo proposicional ya que se tratará de situar, por un lado, lo que es del orden de lo indecidible (cuando rodea cuestiones relativas al estatuto del psicoanalista, a su existencia lógica) y, por otro, lo que es del orden de lo imposible (el objeto a; no hay relación sexual que pueda escribirse, es imposible que se escriba, marca de imposibilidad que soporta el saber del analista).

¿Se advierte la paradoja? Se trata de afirmar V/F de aquello que no acepta este tipo de atribución.

Si el régimen proposicional ordena la razón en términos de verdad esta proposición que Lacan nos propone, sobre el psicoanalista de la Escuela, tiene como objeto a aquél que ha hecho la experiencia y que algo sabe sobre los impasses de inadecuación entre razón y verdad.

Si hay algo que recorre toda la enseñanza de Lacan es la división, para el sujeto del inconsciente, entre saber y verdad, y ¿quién más que el que advino al lugar de psicoanalista puede testimoniar de esta división, en tanto que, habiendo desupuesto el sujeto del saber se ha convertido en la verdad de esta división?

La destitución del SsS no autoriza a desentenderse de esta función del saber dado que funcionará como razón de la transferencia que, esta vez, se le dirige.

De este saber supuesto, el de su analizante, nada sabe, y sólo hallará los significantes en que se articula, por encuentro.

Esto no lo autoriza a una posición socrática, a sólo saber que nada sabe, ni a optar por el polo de la verdad que, Lacan advierte, conduce a la religión. Uno de los discursos que hace límite al psicoanálisis.

El otro, la ciencia. Y lo que Lacan nos propone es un tratamiento del saber textual tomando como modelo el saber en lo real propio de la ciencia.

Es el dispositivo escritural lo que le interesa, por eso dice:

«lo que tiene que saber puede ser delineado con la misma relación ‘en reserva según la que’ opera toda lógica digna de ese nombre. Eso no quiere decir nada ‘particular ’, pero eso se articula en cadenas de letras tan rigurosas que, a condición de no fallar ninguna, lo no-sabido se ordena como el marco del saber

Se trata de la guía que da el grafo al análisis, el que deberá recorrerse en todos sus puntos y siguiendo todos los vectores. Lacan especificará , algo más tarde, este «particular» al plantear que el saber que el analista aloja es el «que ay relación que pueda escribirse no h«.

Siguiendo el paradigma de Godel, Lacan pretende demostrar esta imposibilidad, pero con la advertencia de que el modelo de la ciencia, a tener en cuenta, es necesario, pero no suficiente, para lo que es de la especificidad del psicoanálisis.

Me interesa detenerme en esta diferencia entre condición necesaria y condición suficiente, ya que son los mismos términos que usará cuando pretenda dar cuenta de cómo alguien adviene al lugar de psicoanalista.

Les pido se distraigan un poco conmigo en relación a esta diferencia. Dados a y b, condición necesaria es que «aunque no hubiese b sin a, seguiría habiendo a sin b«.

En cambio, a es condición suficiente de b cuando hay b siempre que haya a«.

Es importante recalcar que esta cuestión de las condiciones necesaria/suficiente, se plantea en lógica en torno a la relación antecedente/consecuente y, lo que es más importante para nosotros, en torno a la relación causa/efecto.

Si el saber de la ciencia es condición necesaria pero no suficiente para el saber del analista, ¿de dónde se garantiza la suficiencia para este saber que nos atañe?

De la falta, una de cuyas formas es lo no-sabido, como leíamos en lo que antes citamos. O, lo que es lo mismo, el deseo, cuya articulación se aísla en esa guía que da el grafo para el análisis.

No hay analista sino en relación a quien porta la marca de una cierta relación con el saber (relación que no sea la de rechazo, la de no querer saber).

El analista deberá haber cernido el horror, el horror de saber y trocarlo en entusiasmo. Si él, el analista no es llevado al entusiasmo podrá haber habido análisis, pero no hay chance de que haya analista.

¿Se advierte la crítica al clásico trípode freudiano en relación a la formación del analista: análisis, control, seminarios de textos?

El análisis es condición necesaria, pero no suficiente, para que haya analista. De este paso, cuya enunciación es «deseo del analista«, de este paso de «haber sido psicoanalizante» a «analista» es de lo que se trata de dar cuenta.

¿Será posible su demostración?

La práctica del análisis no alcanza para demostrar la existencia de analista.

¿Cómo entonces?

Lacan apela acá a un principio y a un paso constructivo. En cuanto al principio lo enuncia así: El analista sólo se autoriza por él mismo.

Principio en el que nos autorizamos a sospechar la influencia de Benveniste, tanto para lo que tiene que ver con el «se autoriza» (las relaciones entre autoridad, autor, acto para el performativo en la lengua) como para el «él mismo» (las referencias a la tercera persona que no es propiamente una persona).

Habrá que considerar, al respecto, el valor gramatical de la transferencia, valor en que juega un papel primordial el objeto a.

En cuanto al paso constructivo, se tratará de producirlo, de mostrarlo. Wittgenstein en el horizonte. Si el análisis no alcanza para demostrar la existencia del analista, ésta , la existencia del analista, habrá que mostrarla.

De allí el testimonio y la producción de este paso por la producción de un aparato que al reproducir el paso lo producirá y lo mostrará.

La Proposición, más se la recorre , más muestra el impasse.

No hay continuidad ni concordancia entre la argumentación enunciativa de la proposición y el aparato cuya práctica se propone. Este empalme entre intensión y extensión muestra un impasse.

Se habla del fracaso del pase. Y sí, se trata de un funcionamiento que no deja de no funcionar. Pero la apuesta es a que algo se escriba, una detención, una escansión, una puntuación. Para que, por los caminos de la repetición, algo se relance. Se reproduzca ese paso a producir. Aún.

Por otra parte: si Lacan insiste en que la suficiencia la tomamos de la falta y ha ubicado (Seminario X) la falta como teniendo que ver con la causa, ésta tiene por efecto el deseo, y da un resultado: el síntoma.

Entre la causa y el síntoma, ese gap que es el deseo, esa cuyo valor se anota como «x» -? o como «a».

El aparato a producir es una escritura. Para los sujetos interesados el pase podrá tener más o menos consecuencias.

Para el psicoanálisis, lo que cuenta es la apuesta a que algo de la hiancia, de ese agujero donde se resuelve la transferencia, se pruebe en tanto algo cesa, de escribirse.

La apuesta es que algo de ese paso del psicoanalizante al psicoanalista que tiene una puerta cuyo gozne es el resto que hace su división, se escriba.

Nada más lejos de anécdotas o pasiones yoicas. Nada más lejos de suficiencias de prestancia imaginaria.

En cuanto a los distintos agrupamientos de analistas, llámense Institución, Escuela, Sociedad, los pensamos como nombres de síntomas.

De este síntoma de los analistas de tener que estar pasándosela con el pase , que es interrogación acerca de la legitimidad de su posición. De ahí que cada agrupamiento tiene que vérselas con cómo arreglarse con eso.

En cuanto al nuestro, imagino (tal vez deseo), en el hecho de esta Jornada, algo así como un punto de detención. De corte. Lo por venir dirá si así fue y si así fue, qué nuevos caminos de la repetición se habrán abierto.

Aída Dinerstein
Octubre/2007


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