Planeta Freud

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1. CONCEPTOS GENERALES

El término «psicoanálisis» se refiere a una disciplina fundada por Sigmund Freud, en la cual se pueden distinguir tres niveles:

    a) es un método de investigación de lo psíquico;

    b) es un método psicoterápico basado en esa investigación; y

    c) es un conjunto de teorías psicológicas y psicopatológicas derivadas de los datos aportados por el método de investigación y por el método psicoterapéutico (Laplanche, 316).

Aquí nos interesará solamente el segundo sentido, vinculado con la cura psicoanalítica.

La cura psicoanalítica es una de las muchas formas de psicoterapia existentes. Definamos entonces psicoterapia, y a continuación especifiquemos su enfoque psicoanalítico.

PSICOTERAPIA:

a) En sentido amplio, es todo método de tratamiento de los desórdenes psíquicos o corporales que utilice medios psicológicos y, de manera más precisa, la relación del terapeuta con el enfermo: hipnosis, sugestión, reeducación psicológica, persuasión, etc.; en este sentido, el psicoanálisis es una forma de psicoterapia (Laplanche, 324).

b) En sentido más estricto, a menudo se opone el psicoanálisis a las diversas formas de psicoterapia, por diversas razones, especialmente: la función primordial que en él desempeña la interpretación del conflicto inconsciente y el análisis de la transferencia, que tiende a su resolución.

c) Con el nombre de PSICOTERAPIA ANALITICA se designa una forma de psicoterapia basada en los principios teóricos y técnicos del psicoanálisis, aunque sin realizar las condiciones de una cura psicoanalítica rigurosa (Laplanche, 324).

Este último párrafo de Laplanche nos sugiere explícitamente la existencia de dos modalidades de tratamiento: por un lado la forma ortodoxa propuesta por Sigmund Freud, que aquí estamos llamando cura psicoanalítica; por el otro lado, una forma heterodoxa designada por Laplanche y por Kaplan como psicoterapia psicoanalítica donde, por ejemplo, la transferencia no se centra necesariamente en el analista, donde el diván no es indispensable, donde se pone más énfasis en la discusión que en la libre asociación, donde se buscan resolver conflictos específicos más que reorganizar la estructura mental del paciente, etc. (Kaplan, 620).

Autores como Rycroft prefieren el término «psicoterapia de orientación psicoanalítica» para designar las formas de la psicoterapia que utilizan la teoría freudiana en combinación con otras técnicas (Rycroft, 94), y el término «técnica analítica clásica» para designar la formulación ortodoxa del tratamiento (Rycroft, 111).

Como la presente Guía se refiere al pensamiento freudiano, en lo que sigue describiremos especialmente la cura psicoanalítica ortodoxa, tal como la planteó Freud.

CURA PSICOANALITICA: El psicoanálisis es un método psicoterapéutico caracterizado por la interpretación controlada de la resistencia, la transferencia y el deseo. En este sentido se usa la palabra ‘psicoanálisis’ como sinónimo de ‘cura psicoanalítica’. Ejemplo: emprender un psicoanálisis (o un análisis) (Laplanche, 316).


2. RESEÑA HISTORICA DE LA CURA PSICOANALíTICA

Entre 1880 y 1898 podemos ubicar los cambios más importantes en cuanto a los métodos de cura propuestos por Freud. En ese lapso de tiempo podemos distinguir a grandes rasgos, tres etapas: hipnosis, apremio y asociación libre.

Así, señala Laplanche que Freud describió en varias ocasiones el camino que le condujo desde la hipnosis, pasando por la sugestión, al establecimiento de la regla fundamental fundada en la asociación libre (Laplanche, 355).

Aquí preferiremos, para la segunda etapa, la denominación ‘apremio’ que es más específica, ya que ‘sugestión’ suele tener un significado amplio, abarcador de los otros dos métodos: la hipnosis y la asociación libre tienen un componente de sugestión.

En suma: originalmente al paciente se lo hipnotizaba, después se buscó apremiarlo, y finalmente se lo invitaba a asociar libremente. Este último método fue el definitivo, y el que explicaremos luego con el nombre de cura psicoanalítica.

a) Primera etapa.- La primera etapa implicó usar algunos procedimientos curativos, especialmente bajo hipnosis: la sugestión post-hipnótica y la catarsis. En un primer momento Freud y otros utilizaron la llamada contrasugestión (Wyss, 17) o lo que también se llama sugestión post-hipnótica: sugerir al paciente bajo hipnosis que luego, al despertar, ya no tendría más trastornos o que el síntoma no existía (Laplanche, 429).

HIPNOTISMO: Proceso de poner a una persona en estado de trance, durante el cual está despierta pero sufriendo un empobrecimiento de su facultad crítica y sometida a ‘sugestión hipnótica’ (Rycroft, 62). A su vez, definamos trance:

TRANCE: Estado de disociación que ocurre en los pacientes bajo hipnosis y en los médiums. Estados semejantes al trance ocurren en la histeria, aunque en tal caso se habla por lo común de ataques, accesos o estados oníricos. La característica común a todos esos estados es que alguna parte del yo está fuera de acción, de modo tal que el sujeto tanto somete su voluntad a otra, como actúa sobre la base de deseos y fantasías que de otro modo serían inhibidos (Rycroft, 115).

Los estados hipnóticos pueden ser inducidos por sustancias, y al respecto, definamos hipnoanálisis y narcoanálisis, dos procedimientos que no corresponden estrictamente a esta primera etapa de la historia de la cura psicoanalítica, pero que tienen cierta semejanza con los métodos que por entonces usaron Breuer y Freud:

HIPNOANALISIS: Forma de psicoterapia donde el paciente entra el sopor por sedantes que se administran antes de la sesión terapéutica. Las razones de tal tratamiento se basan en la idea de que la somnolencia del paciente reducirá la resistencia y lo hará más receptivo a las interpretaciones y sugerencias del terapeuta (Rycroft, 62).

NARCOANALISIS: Forma de psicoterapia donde el paciente recibe interpretaciones mientras está bajo la influencia de una droga hipnótica (Rycroft, 79). El narcoanálisis, utilizado principalmente en las neurosis traumáticas, persigue ante todo producir una catarsis. Mediante la administración de fármacos, se consiguen efectos parecidos a los que Breuer y Freud obtenían mediante hipnosis (Laplanche, 429/430).

En un segundo momento, Breuer y Freud utilizaron la llamada terapia catártica o método catártico:

TERAPIA CATARTICA: O método catártico. Método de psicoterapia donde el efecto terapéutico buscado consiste en una ‘purga’ o CATARSIS, una descarga adecuada de los afectos patógenos. El procedimiento permite al sujeto evocar e incluso revivir los acontecimientos traumáticos a los que están ligados dichos afectos y lograr la abreacción de estos. Históricamente, este método pertenece al periodo 18801895, donde se va creando progresivamente la terapéutica psicoanalítica a partir de los tratamientos hechos bajo hipnosis (Laplanche, 428).

La catarsis resulta de una abreacción:

ABREACCION: Descarga emocional por medio de la cual un individuo se libera del afecto ligado al recuerdo de un acontecimiento traumático, lo que evita que éste se convierta en patógeno o siga siéndolo. La abreacción puede ser provocada en el curso de la psicoterapia, especialmente bajo hipnosis, dando lugar a una catarsis; pero también puede producirse en forma espontánea, separada del trauma inicial por un intervalo más o menos prolongado (Laplanche, 1).

En los primeros días del psicoanálisis, se sostenía que la abreacción era terapéutica en sí misma, al margen de si el paciente entendía o no el significado de la experiencia reprimida (Rycroft, 27).

De acuerdo a Wyss, tres razones obligaron a Freud a abandonar estos procedimientos:

a) No atacaban la causa sino sólo el síntoma. De hecho, el síntoma podía reaparecer bajo nuevo aspecto.

b) No todos los pacientes eran hipnotizables, por lo que se requería un nuevo método aplicable a estos últimos.

c) Bajo hipnosis no podía tener lugar ni la resistencia ni la transferencia, factores que Freud poco a poco fue juzgando fundamentales para la cura.

b) 2º etapa.- Una 2º etapa, breve, fue el método del apremio: Freud colocaba la mano sobre la frente del paciente -sin hipnosis- y lo apremiaba a recordar el elemento patógeno. Las tremendas resistencias que encontró en sus pacientes lo obligó a pasar a una tercera etapa (Laplanche, 429), la asociación libre, con lo cual la búsqueda insistente del factor patógeno cedió finalmente su puesto a la expresión espontánea del paciente (Laplanche, 35).

c) 3º etapa.- La asociación libre surgió progresivamente entre 1892 y 1898. El paciente ya no era conminado a recordar el elemento patógeno sino que se lo invitaba a decir lo que se le ocurriera. A partir de estas ocurrencias se podía finalmente explorar el material reprimido.

Surge así la cura psicoanalítica, donde la asociación libre no es el único concepto importante: figuran también la neutralidad del analista, la resistencia, la transferencia, la contratransferencia, la interpretación, la construcción y la elaboración.

3 ESTRUCTURA DE LA CURA PSICOANALITICA

Muy esquemáticamente, la cura psicoanalítica se ha de producir en el contexto de una relación interpersonal entre analista y paciente, donde cada uno debe cumplir ciertas reglas: el analista debe ser neutral y el paciente debe asociar libremente.

Establecidas esas condiciones, se habrán de producir una serie de fenómenos: resistencia y transferencia en el paciente, contratransferencia en el analista, todo lo cual procurará material para interpretar y hacer construcciones. Estas son comunicadas al paciente, quien comienza un trabajo elaborativo que lo conducirá a la cura (esquema 9.1). Definamos todos estos conceptos.

NEUTRALIDAD: Una de las cualidades que definen la actitud del analista durante la cura. El analista debe ser neutral en cuanto a valores religiosos, morales y sociales, es decir, no dirigir la cura en función de un ideal cualquiera, y abstenerse de todo consejo; neutral con respecto a las manifestaciones transferenciales, lo que habitualmente se expresa por la fórmula «no entrar en el juego del paciente»; por último, neutral en cuanto al discurso del analizado, o sea no conceder a priori una importancia preferente, en virtud de prejuicios teóricos, a un determinado fragmento o a un determinado tipo de significaciones (Laplanche, 256).

La neutralidad respecto de lo transferencial está prescripta por la regla de la abstinencia:

ABSTINENCIA: (regla o principio de la): Principio según el cual la cura psicoanalítica debe ser dirigida de tal forma que el paciente encuentre el mínimo posible de satisfacciones sustitutivas de sus síntomas. Para el analista, ello implica la norma de no satisfacer sus demandas ni desempeñar papeles que el paciente tienda a imponerle. El principio de abstinencia puede, en algunos casos y el ciertos momentos de la cura, concretarse en consignas relativas a los comportamientos repetitivos del paciente que entorpecen la labor de rememoración y elaboración (Laplanche, 3).

Desde lo económico, el analista debe evitar que la libido liberada por la cura recatectice inmediatamente objetos externos: en lo posible deben transferirse a la situación analítica, a lo transferencial, pero se rechaza toda descarga que no sea expresión verbal.

Desde lo dinámico, el poder de la cura se basa en la existencia de un sufrimiento por frustración, que disminuye cuando los síntomas son reemplazados por conductas más satisfactorias (Laplanche,

3). Definamos frustración:

FRUSTRACION: Condición del sujeto que ve rehusada o se rehúsa la satisfacción de una demanda pulsional (Laplanche, 166). Desde el punto de vista de la cura, el sujeto ve rehusada aquella satisfacción por parte del analista (Laplanche, 167).

En 1915, Freud indicaba que «el tratamiento debe ser llevado a cabo en abstinencia», con lo cual se refería a que «la técnica analítica exige al profesional que este niegue a la paciente, que está ansiosa de amor, la satisfacción que ella reclama».

En 1920, sin embargo, una frase casi idéntica se refiere a la necesidad de asegurar que el sufrimiento del paciente no sea aliviado con demasiada rapidez:

«Si, debido a que los síntomas han sido aliviados y han perdido su valor, su sufrimiento se mitiga, debemos reinstalarlo en algún otro lugar bajo la forma de una privación apreciable; de otro modo, corremos el riesgo de no lograr nunca algunas mejorías excepto aquellas muy insignificantes o transitorias» (Rycroft, 27).

Kaplan señala que la regla de la abstinencia no supone, como a menudo se ha interpretado, que el paciente deba renunciar a toda gratificación pulsional durante el curso del análisis, sino que el paciente debe estar dispuesto a soportar una demora en la gratificación de sus deseos pulsionales a fin de poder hablar de ellos durante el tratamiento. Por ello debe hablarse en realidad de una frustración óptima y no total (Kaplan, 615).

La neutralidad respecto de lo cosmovisional y de los prejuicios teóricos está prescripta por la regla de la atención flotante o atención libre (cuyo correlato en el paciente sería la regla de la asociación libre):

ATENCION FLOTANTE: La atención parejamente flotante es la manera como, según Freud, el analista debe escuchar al analizado: no debe, a priori, conceder un privilegio a ningún elemento del discurso, o sea el analista debe dejar funcionar lo más libremente posible su propia actividad inconsciente y suspender las motivaciones que habitualmente dirigen su atención (Laplanche, 37).

Respecto del paciente, su regla fundamental es asociar libremente, y en relación con esto tenemos dos conceptos importantes: regla fundamental y asociación libre.

REGLA FUNDAMENTAL: Regla que estructura la situación analítica: se invita al analizado a decir lo que piensa y siente, sin seleccionar nada y sin omitir nada de lo que le venga en mente, aunque le resulte desagradable comunicarlo o le parezca ridículo, carente de interés o inoportuno (Laplanche, 355).

Esta regla se llama también regla básica y como se ve se aplica al paciente y no al analista, pues la regla prescribe que el primero hará todo lo que pueda para comunicar al segundo todo aquello que le venga en mente y sin reservas. La resistencia y la defensa se ponen de manifiesto clínicamente por las fallas en el intento de cumplir esta regla (Rycroft, 100).

La regla fundamental establece, consiguientemente, como principio del tratamiento psicoanalítico el método de la asociación libre:

ASOCIACION LIBRE: (método o regla): Método que consiste en expresar sin discriminación todos los pensamientos que vienen a la mente, ya sea a partir de un elemento dado (palabra, número, imagen onírica, representación cualquiera), ya sea en forma espontánea (Laplanche, 35).

La técnica de la asociación libre se apoya en tres supuestos:

    (a) que todas las líneas de pensamiento tienden a conducir a lo que es significativo;

    (b) que las necesidades terapéuticas del paciente y el reconocimiento de que está bajo tratamiento conducirán sus asociaciones hacia lo que es significativo, excepto en los momentos en que opera la resistencia; y

    (c) que la resistencia es minimizada por la relajación prescripta para asociar libremente, y llevada al máximo durante la concentración. En efecto, la regla de la asociación libre indica que el paciente debe informar de sus pensamientos sin reserva y que no debe intentar en absoluto concentrarse mientras lo hace (Rycroft, 33).

Como enseguida veremos, la función principal de la asociación libre es, junto con la de proporcionar el contenido para el análisis, la de inducir la necesaria regresión y la dependencia pasiva conectada con el establecimiento y desarrollo de la neurosis de transferencia (Kaplan, 91).

La definición de Laplanche recae sobre la idea de ‘libre’, pero veamos genéricamente qué significa asociación en psicoanálisis:

ASOCIACION: En el contexto de la cura, se habla por ejemplo de las ‘asociaciones de tal sueño’ para designar lo que, en las manifestaciones del individuo, se halla en conexión asociativa con el sueño en cuestión. ‘Asociaciones’ designa también el conjunto del material verbalizado en el curso de la sesión analítica (Laplanche, 33).

En el transcurso del tratamiento, deberán producirse fenómenos como la resistencia, la transferencia y la contratransferencia. Especialmente respecto de los dos últimos, si bien Freud al principio los consideró obstáculos al tratamiento, luego los juzgó imprescindibles para el mismo.

RESISTENCIA: Durante la cura psicoanalítica, resistencia es todo aquello que, en los actos y palabras del analizado, se opone al acceso de éste a su inconsciente (Laplanche, 384). La resistencia es una manifestación de defensa, con la posible excepción de la «resistencia del inconsciente», la compulsión a la repetición (Rycroft, 103). En relación con el concepto de resistencia, tenemos este otro:

REACCION TERAPEUTICA NEGATIVA: Fenómeno observado en algunas curas psicoanalíticas y que constituye un tipo de resistencia a la curación singularmente difícil de vencer: cada vez que cabría esperar, del progreso del análisis, una mejoría, tiene lugar una agravación, como si ciertos individuos prefirieran el sufrimiento a la curación. Freud atribuye este fenómeno a un sentimiento de culpabilidad inconsciente inherente a ciertas estructuras masoquistas (Laplanche, 350).

La reacción terapéutica negativa implica entonces una exacerbación de los síntomas del paciente. Pese a que el fenómeno ha sido utilizado como prueba en favor de la existencia de un masoquismo primario, es explicado con mayor frecuencia en términos de culpa provocada por la perspectiva de salud que se logra a expensas de alguna otra persona (Rycroft, 99).

Así como hay pacientes en los que vemos una exacerbación sintomática, también se puede observar una disminución de los mismos demasiado rápida. Rycroft menciona al respecto la HUIDA HACIA LA SALUD, frase utilizada para describir la recuperación sintomática rápida que algunas veces despliegan los pacientes que desean evitar la investigación psicoanalítica: probablemente se trate de una defensa maníaca (Rycroft, 64).

TRANSFERENCIA: Designa el proceso por el cual los deseos inconscientes se actualizan sobre ciertos objetos, dentro de un determinado tipo de relación establecida con ellos y, de un modo especial, dentro de la relación analítica. Se trata de una repetición de prototipos infantiles, vivida con un marcado sentimiento de actualidad (Laplanche, 439).

De acuerdo a Rycroft, el término transferencia designa:

    1. El proceso por el cual el paciente se desplaza hacia las ideas, sentimientos, etc., de su analista, que derivan de figuras previas en la vida de aquel; por el cual se relaciona con su analista como si este fuera un objeto que formó parte de su vida; por el cual proyecta sobre su analista las representaciones de los objetos adquiridas por introyecciones anteriores; por el cual proporciona al analista la significación de otro objeto, generalmente anterior.

    2. El estado mental producido en el paciente por los procesos anteriormente descriptos.

    3. En términos generales, la actitud emocional del paciente hacia su analista (Rycroft, 115).

En los primeros días del psicoanálisis, la transferencia fue considerada como un fenómeno lamentable que interfería en la recuperación de recuerdos reprimidos y que perturbaba la objetividad del paciente.

Hacia 1912, sin embargo, Freud ya había comenzado a considerarla como una parte esencial del proceso terapéutico: «finalmente todo conflicto debe ser enfrentado en la esfera de la transferencia».

No se supone, claro, que el analista sea la única persona hacia la cual los individuos tienden a transferir sensaciones que derivan del pasado, sino que el desapego del analista (su negativa a seguir el juego del paciente) crea una nueva situación donde es posible hacerle interpretar al paciente de que se está conduciendo como si el analista fuera su padre, madre, hermano, hermana o cualquier otra persona.

Tales declaraciones explícitas, hechas por el analista, son la «interpretación de la transferencia». La relación del paciente con el analista, en su calidad de padre, madre, etc., es la relación de transferencia, opuesta a la RELACION ANALITICA, que es la totalidad de la relación entre analista y paciente, incluyendo el reconocimiento de éste de la naturaleza real del contrato y transacción entre ellos y de la real personalidad del analista. Kaplan designa a esta relación como ‘relación real’ (Kaplan, 615).

La RESISTENCIA A LA TRANSFERENCIA es la utilización de la transferencia como una resistencia contra recuerdos del pasado [el paciente repite para no recordar] o para enfrentar la angustia conectada con la perspectiva de finalizar el tratamiento y de tener que privarse (en realidad, casi totalmente ilusoria) del sentido de seguridad proporcionado durante el tratamiento (Rycroft, 115/116) (Los corchetes son nuestros).

Casi siempre lo que los psicoanalistas llaman transferencia, sin otro calificativo, alude a la transferencia en la cura. La transferencia se reconoce clásicamente como el terreno donde se desarrolla la problemática de una cura psicoanalítica, caracterizándose ésta por la instauración, modalidades, interpretación y resolución de la transferencia (Laplanche, 429).

Tipos de transferencia.-

    a) La transferencia puede ser paternal, maternal, edípica, preedípica, pasiva, dependiente, oral, etc., según el objeto transferido y el estado de desarrollo que ha sido recapitulado;

    b) También puede ser positiva o negativa, según si el paciente concibe al analista como una figura benigna o malevolente (Rycroft, 116).

Dentro de la transferencia positiva a su vez podemos señalar dos tipos: la erótica y la sublimada (una paciente puede ver, en efecto, en su analista a alguien a quien seducir sexualmente, o bien a una figura paternal cariñosa, tierna y capaz de ayudarla y atenderla). Freud consideró la transferencia positiva sublimada como la que mejores posibilidades ofrecía para un tratamiento adecuado.

En relación con la transferencia tenemos que considerar 3 conceptos: actuar, acting-out y neurosis de transferencia.

ACTUAR: Según Freud, hecho por el cual el sujeto, dominado por sus deseos y fantasías inconscientes, los vive en el presente con un sentimiento de actualidad, tanto más vivo cuanto que desconoce su origen y su carácter repetitivo. Lo que Freud designa casi siempre como ‘actuar’ es la repetición de la transferencia (Laplanche, 10).

ACTING-OUT: Término usado en psicoanálisis para designar acciones que presentan casi siempre un carácter impulsivo relativamente aislable en el curso de las actividades, en contraste relativo con los sistemas de motivación habituales del individuo, y que adoptan a menudo una forma auto o heteroagresiva. En el surgimiento del acting-out el psicoanalista ve la señal de la emergencia de lo reprimido.

Cuando aparece en el curso de un análisis (dentro de la sesión o fuera de ella), el acting-out debe comprenderse en su conexión con la transferencia y, a menudo, como una tentativa de desconocer radicalmente ésta (Laplanche, 5-6).

Un paciente está en «acting-out» si lleva a cabo una actividad que puede interpretarse como sustituta del recuerdo de hechos pasados. La esencia de este concepto es el reemplazo del pensamiento por la acción, e implica tanto

    (a) que el impulso que está siendo actuado, no ha adquirido nunca representación verbal, como

    (b) el impulso es demasiado intenso como para ser descargado en palabras, o

    (c) que el paciente carece de la capacidad de inhibición. Como el psicoanálisis es una «cura hablada» que se lleva a cabo en un estado de reflexión, el «acting-out» es antiterapéutico. El «acting-out» es característico de la psicopatía y de los trastornos de conducta, y reduce su analizabilidad (Rycroft, 27).

NEUROSIS DE TRANSFERENCIA: Dentro de la teoría de la cura psicoanalítica, neurosis artificial en la cual tienden a organizarse las manifestaciones de transferencia. Se constituye en torno a la relación con el analista; representa una nueva edición de la neurosis clínica; su esclarecimiento conduce al descubrimiento de la neurosis infantil (Laplanche, 251). El hecho capital en una análisis terapéutico clásico es el establecimiento de la neurosis de transferencia y su resolución final mediante la interpretación (Kaplan, 615).

La regresión inducida por la situación analítica permite una reaparición de los conflictos infantiles y con ello se hace posible la formación de una neurosis de transferencia. En ésta, los originales conflictos y deseos infantiles se enfocan en la persona del analista, y son revividos y experimentados nuevamente (Kaplan, 91). Cuando el analista es considerado por el paciente como una figura significativa de su infancia, aquél puede reaccionar contratransferencialmente:

CONTRATRANSFERENCIA: Conjunto de reacciones inconscientes del analista frente a la persona del analizado y, especialmente, frente a la transferencia de éste (Laplanche, 84).

Rycroft especifica dos sentidos del término:

    1. La contratransferencia es la transferencia del analista en su paciente. En éste, su sentido correcto, la contratransferencia es un elemento perturbador, distorsionante del tratamiento.

    2. Por extensión, la actitud emocional del analista hacia su paciente, incluyendo su respuesta a ítems específicos de la conducta del mismo (Rycroft, 41).

En el curso de la terapia, el analista debe interpretar el material que el paciente le presenta. Este material tiene un aspecto formal (se presenta como asociaciones libres del paciente) y un aspecto de contenido (se refiere a la relación transferencial analista-paciente).

El paciente entrega al analista sus producciones para ser interpretadas. Estas producciones se denominan genéricamente ‘material’:

MATERIAL: Término usado corrientemente en psicoanálisis para designar el conjunto de palabras y comportamientos del paciente, en cuanto constituyen una especie de materia prima que se ofrece para las interpretaciones y construcciones (Laplanche, 219).

Los analistas hablan a menudo del material proporcionado por el paciente, esto es, sus declaraciones. El uso deriva del hecho de que lo que el paciente dice es utilizado por el analista como pruebas en las cuales basar sus interpretaciones. Como resultado, un paciente puede ser considerado como productor de material que el analista interpretará, siendo el material oral la prueba que hace posible las interpretaciones a nivel oral, etc. (Rycroft, 76).

Materiales típicos son los relatos de sueños, los actos fallidos y los recuerdos encubridores, por citar solamente algunos:

RECUERDO ENCUBRIDOR: Recuerdo infantil que se caracteriza a la vez por su singular nitidez y la aparente insignificancia de su contenido. Su análisis conduce al descubrimiento de experiencias infantiles importantes y de fantasías inconscientes. Al igual que el síntoma, constituye una formación de compromiso entre los elementos reprimidos y la defensa (Laplanche, 354).

En las sesiones, el material será interpretado por el analista en el marco de las resistencias y transferencias del paciente. Definamos entonces, interpretación:

INTERPRETACION:

    a) Deducción, por medio de la investigación analítica, del sentido latente existente en las manifestaciones verbales y de comportamiento de un sujeto. La interpretación saca a la luz las modalidades del conflicto defensivo y apunta, en último término, al deseo que se formula en toda producción del inconsciente.

    b) En la cura, comunicación hecha al sujeto con miras a hacerle accesible ese sentido latente, según las reglas impuestas por la dirección y evolución de la cura (Laplanche, 201).

La interpretación implica obtener un contenido latente a partir de un contenido manifiesto. ‘Contenido manifiesto’ y ‘material’ son conceptos similares. Indica Rycroft que la función de la interpretación es incrementar la autoconciencia, la integración, que se logra colocando al paciente en posición de estar consciente de los procesos que se desarrollan dentro de él y de los cuales estaba previamente inconsciente (Rycroft, 70). En una palabra: la interpretación torna consciente lo inconsciente.

El mismo autor cita varios tipos de interpretación, que describiremos brevemente a título ilustrativo:

    a) Interpretaciones de transferencia: relacionan la conducta y las asociaciones del paciente con su condición como tal.

    b) Interpretación de contenido: examina los impulsos y fantasías inconscientes, sin hacer referencia a los procesos defensivos que los han mantenido inconscientes;

    c) Interpretación directa: se basa únicamente en el conocimiento del simbolismo por parte del analista, sin hacer referencia a las asociaciones del paciente;

    d) Interpretación correcta: es aquella que tanto (1) explica adecuadamente el «material» que se interpreta, y (2) es formulada de tal manera y en tal momento que tiene la suficiente actualidad como para (tener sentido) desde el punto de vista del paciente.

    e) Interpretación prematura: verdadera interpretación comunicada al paciente antes de que tenga sentido para él;

    f) Interpretación mutativa: interpretación que provoca reacción en el paciente. Rycroft se refiere aquí al efecto de la interpretación, deseablemente terapéutico (Rycroft, 70).

Tanto el material como las interpretaciones pueden ser profundas o superficiales:

PROFUNDO/SUPERFICIAL: Cuando se refiere al material, «profundo» significa que el material ofrecido por el paciente deriva tanto de sus primeras épocas de vida como de zonas reprimidas de su personalidad, mientras que «superficial» significa tanto ‘reciente’ como ‘fácilmente accesible’.

Cuando se refiere a las interpretaciones, «profundo» significa que las interpretación se relaciona tanto con hechos antiguos como con ideas fuertemente resistidas. La utilización deriva del uso de metáforas geológicas para describir diferencias en la accesibilidad y la resistencia.

La metáfora tiende a insinuar el supuesto de que los primeros hechos de la biografía son de más difícil acceso y de mayor importancia que los hechos recientes (Rycroft, 93).

Si bien Freud indicó que el fin de la interpretación es hacer consciente lo inconsciente, es frecuente referirlo a su capacidad para producir insight en el paciente, formulación que nunca utilizó el creador del psicoanálisis:

INSIGHT: En psicoanálisis, es la capacidad para entender los propios motivos, estar consciente de la propia psicodinámica, apreciar el significado de la conducta simbólica (Rycroft, 68).

Los analistas hacen una distinción entre ‘insight intelectual’, la capacidad para formular correctamente la psicopatología y dinámica propias, e ‘insight emocional’, la capacidad de abarcar y sentir totalmente el significado de las manifestaciones ‘inconscientes’ y simbólicas.

El insight intelectual es calificado, generalmente, como una defensa obsesiva, ya que permite al sujeto entender y controlar aspectos de sí mismo de los cuales permanece alienado.

El emocional, por el contrario, es una evidencia de la liberación de la alienación y «de estar en contacto con el inconsciente». Es posible tener insight intelectual y carecer de insight emocional. Pese a que el insight está referido en la primera instancia a la autoconciencia y el autoconocimiento, también es utilizado para hacer referencia a la capacidad de entender a los otros. El insight es una facultad necesaria para la práctica del psicoanálisis (Rycroft, 68).

Desde ya, las únicas intervenciones del psicoanalista no son interpretativas aunque son estas las más importantes. Por dar un ejemplo, Rycroft cita la confrontación:

CONFRONTACION: Término utilizado ocasionalmente para describir una comunicación del analista por la cual éste deriva la atención del paciente a algunos aspectos de su conducta, sin ofrecer una explicación o interpretación de ella (Rycroft, 41).

Existen dos términos freudianos vinculados a ‘interpretación’, y son sobreinterpretación y construcción.

SOBREINTERPRETACION: Término que Freud usó varias veces a propósito del sueño para designar una interpretación que se deduce secundariamente, cuando ya se ha podido proporcionar una primera interpretación coherente y aparentemente completa. La sobreinterpretación tiene su razón de ser fundamentalmente en la sobredeterminación (Laplanche, 413).

Tengamos presente que SOBREDETERMINACION se refiere a un hecho donde una formación del inconsciente (síntoma, sueño, etc.) remite a una pluralidad de factores determinantes. Para lo que aquí nos interesa, remite a elementos inconscientes múltiples que pueden organizarse en secuencias significativas diferentes, cada una de las cuales, a un cierto nivel de interpretación, posee su propia coherencia (Laplanche, 411).

CONSTRUCCION: Término propuesto por Freud para designar una elaboración del analista más extensa y más distante del material que la interpretación, y destinada esencialmente a reconstituir en sus aspectos tanto reales como fantaseados una parte de la historia infantil del sujeto (Laplanche, 80).

Una construcción es una hipótesis referida a un hecho en la niñez del paciente, reconstruida sobre la base de datos proporcionados por sus asociaciones libres, pero no reunidos por el paciente mismo sino por el analista.

La creencia de Freud acerca de la importancia de los hechos específicos (traumas) en la causación de las neurosis, lo llevó a otorgar gran importancia teórica y práctica a las construcciones convincentes aún cuando procedieran de hechos tan antiguos en la vida como para suponer que su eventual recuerdo fuera improbable.

Las construcciones que más tarde tienen confirmación por recuerdos o por información de terceros, también fueron altamente valorizadas por Freud como confirmación de la agudeza histórica, científica del psicoanálisis (Rycroft, 41).

Freud desarrolla especialmente este concepto en su artículo «Construcciones en psicoanálisis», donde compara dicho proceso con la tarea del arqueólogo.

Cuando el analista comunica su interpretación al paciente, este debe comenzar su trabajo elaborativo:

TRABAJO ELABORATIVO: Proceso por el cual el analizado integra una interpretación y supera las resistencias que ésta suscita. Se trataría de una especie de trabajo psíquico que permite al sujeto aceptar ciertos elementos reprimidos y librarse del dominio de los mecanismos repetitivos. El trabajo elaborativo es constante en la cura, pero actúa especialmente en ciertas fases donde el tratamiento parece estancado y en las que una resistencia, aunque interpretada, persiste.

Correlativamente, desde el punto de vista técnico, el trabajo elaborativo resulta favorecido por interpretaciones del analista consistentes especialmente en mostrar cómo las significaciones de que se trate se vuelven a encontrar en diferentes contextos (Laplanche, 436).

La ELABORACION o trabajo elaborativo es originalmente el proceso por el cual un paciente en análisis descubre gradualmente a través de un lapso prolongado, las connotaciones totales de alguna interpretación o insight. De aquí, por extensión, el proceso de acostumbrarse a un nuevo estado de cosas o superar una pérdida o una experiencia penosa. En este último sentido, el duelo es un ejemplo de elaboración (Rycroft, 49).

Podemos considerar el trabajo elaborativo básicamente como una toma de conciencia del material reprimido. En este sentido debe distinguirse elaboración como proceso curativo, y elaboración como mecanismo de control de excitaciones por parte del aparato psíquico (como por ejemplo cuando se habla de ‘elaboración secundaria’). Aquí nos interesa exclusivamente el primer sentido.

Este trabajo elaborativo es el que en principio conducirá finalmente a la cura. ¿Cuándo un paciente se considera curado? La pregunta tiene muchas respuestas posibles, y no nos extenderemos aquí en ellas. Basta con aclarar que (Rycroft, 115) la recuperación de la capacidad de amar y de trabajar fue considerada, en los primeros días del psicoanálisis, como el criterio de un tratamiento psicoanalítico exitoso.

Un concepto relacionado con elaboración o trabajo elaborativo es juicio de condenación:

JUICIO DE CONDENACION: Operación o actitud por la cual el sujeto, aún cuando toma conciencia de un deseo, se prohibe su realización, principalmente por razones morales o de oportunidad. Freud ve en ello un modo de defensa más elaborado y más adaptado que la represión. D. Lagache ha propuesto considerarlo con un proceso de ‘desprendimiento’ del yo, que actúa especialmente en la cura analítica (Laplanche, 207).

Cabe preguntarse: ¿puede existir interpretación sin un insight o sin un trabajo elaborativo de un paciente? Sí, por ejemplo, cuando Freud interpretó un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci, o cierta obra escultórica de Miguel Angel. Al respecto, cabe esclarecer el concepto de patobiografía:

PATOBIOGRAFIA: Estudio psicoanalítico de un carácter histórico basado en las pruebas biográficas disponibles y no en una observación clínica directa. Este género sufre la grave limitación de que uno de los criterios clínicos de la interpretación correcta no se cumple: el acuerdo del paciente con ella no está presente (Rycroft, 87).


4. OTRAS FORMAS DE ANÁLISIS

La cura psicoanalítica es una de las formas de analizar el material presentado por el sujeto. Pero Freud se refirió también a otras modalidades de análisis que no tenían por objeto directo la cura en el sentido ortodoxo freudiano, pero que de alguna forma guardan una relación con ella.

Podemos distinguir (esquema 9.3):

    – Análisis didáctico
    – Análisis de control o supervisado
    – Análisis salvaje
    – Autoanálisis

ANALISIS DIDACTICO: Psicoanálisis a que se somete al que quiere dedicarse al ejercicio de la profesión de psicoanalista, y que constituye la pieza fundamental de su formación (Laplanche, 24). El análisis didáctico es el tratamiento psicoanalítico de las personas que tratan de convertirse en psicoanalistas, en contraste con el análisis terapéutico de pacientes (Rycroft, 31).

ANALISIS DE CONTROL: O supervisión. Psicoanálisis llevado a cabo por un analista en periodo de formación y del cual da cuenta, periódicamente, a un analista experimentado que le guía en la comprensión y la dirección de la cura y le ayuda a tomar conciencia de su contratransferencia. Este tipo de formación está especialmente destinado a permitir al alumno captar en qué consiste la intervención propiamente psicoanalítica, en comparación con otras formas de actuación psicoterapéutica (sugestión, consejos, orientaciones, esclarecimientos, apoyo, etc.) (Laplanche, 24).

ANALISIS SALVAJE: O psicoanálisis salvaje. En sentido amplio, tipo de intervenciones de ‘analistas’ aficionados o inexpertos, que se basan en conceptos psicoanalíticos a menudo mal comprendidos para interpretar síntomas, sueños, palabras, actos, etc. En sentido más técnico, una interpretación salvaje es la que no tiene en cuenta una determinada situación analítica, en su singularidad y dinámica actual, en especial revelando directamente el contenido reprimido sin tener en cuenta la resistencia y la transferencia (Laplanche, 318).

AUTOANALISIS: Investigación de uno por sí mismo, llevada a cabo de forma más o menos sistemática recurriendo a ciertos procedimientos del método psicoanalítico: asociaciones libres, análisis de los sueños, interpretaciones del comportamiento, etc. (Laplanche, 39).


BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

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* Bodni O, Psicopatología General, Buenos Aires, Psicoteca Editorial, 1991.

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* Freud S, Construcciones en psicoanálisis (1937)

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* Freud S, El malestar en la cultura (1930)

* Freud S, El problema económico del masoquismo (1924)

* Freud S, El yo y el ello (1923)

* Freud S, Esquema del Psicoanálisis (1938)

* Freud S, Estudios sobre la histeria (18931895)

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* Freud S, Introducción al narcisismo (1914).

* Freud S, Conferencia 26: La teoría de la libido y el narcisismo (1926)

* Freud S, Conferencia 33: La feminidad (1932)

* Freud S, La interpretación de los sueños (1900)

* Freud S, La Represión y Lo Inconsciente (1915)

* Freud S, Las pulsiones y sus destinos (1915)

* Freud S, Lecciones de introducción al psicoanálisis (19151917)

* Freud S, Los actos obsesivos y las prácticas religiosas (1907)

* Freud S, Más allá del principio del placer (1920)

* Freud S, Neurosis y psicosis (1924)

* Freud S, Observaciones sobre el concepto de inconsciente en psicoanálisis (1912)

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* Wyss D, Las Escuelas de Psicología Profunda, Madrid, Editorial Gredos, 1975, 2° edición.

8.1 GENERALIDADES

La NOSOGRAFIA es la disciplina que se ocupa de la descripción y la clasificación de las enfermedades.

La nosografía psiquiátrica, en particular, describe y clasifica las enfermedades mentales, y la NOSOGRAFIA PSICOANALITICA se refiere a la tarea emprendida por el psicoanálisis a este respecto.

El psicoanálisis no se ocupó desde un principio de construir una clasificación que abarcara la totalidad de las enfermedades mentales tratadas por la psiquiatría, sino que primero estudió aquellas más directamente accesibles a la investigación analítica. Sus principales distinciones se establecieron entre las perversiones, las neurosis y las psicosis (Laplanche, 321).

Difícilmente se pueda considerar como perfecta la diferenciación entre las estructuras psicóticas, perversas y neuróticas. Por ejemplo, la definición psicoanalítica de neurosis puede aplicarse también, al menos parcialmente, a las perversiones y a las psicosis (Laplanche, 239).

Ninguna clasificación es perfecta ni definitiva, y siempre va cambiando según y conforme las nuevas investigaciones teóricas y empíricas. Así, pueden aparecer casos inclasificables según la nosografía vigente, lo que obliga a incorporar nuevas categorías como la de CASO LIMITE, como por ejemplo y típicamente, los casos límite entre neurosis y psicosis.

Por los motivos indicados, organizaremos nuestra exposición de la nosografía psicoanalítica freudiana en cinco grandes ítems, aún cuando Sigmund Freud no resaltó particularmente la categoría ‘caso límite’ con el énfasis empleado en las restantes:

  • Neurosis

  • Psicosis
  • Perversiones
  • Casos límite
  • Relaciones entre neurosis, psicosis y perversiones.

Como indica Kaplan, la clasificación clásica en neurosis, psicosis y perversiones difiere de la clasificación que hace por ejemplo el DSM-III (Kaplan, 85). Cabe atribuir esta diferencia al hecho de que el DSM-III es más descriptivo, y en general no presupone etimologías (causas) no fehacientemente comprobadas. La clasificación psicoanalítica se basa justamente sobre todo en criterios etiológicos, y de aquí las divergencias.


8.2 NEUROSIS

a) Aspectos etiológicos

La ETIOLOGIA estudia las causas de las enfermedades. La etiología de la neurosis abarca tres tipos de consideración:

    1) ¿Qué es lo que hace que una persona sea neurótica?. Para esto, Freud recurre a los conceptos de serie complementaria y sobredeterminación.

    2) ¿Qué es lo que hace que una persona adquiera cierto tipo de neurosis y no otro? Para esto, Freud utilizó, conjuntamente con los anteriores, el concepto de elección de la neurosis.

    Y 3) ¿Qué es lo que hace que cierta persona con el mismo tipo de neurosis que otra desarrolle sin embargo un curso y una constelación de características diferentes? La primera cuestión apunta por ejemplo a diferenciar neurosis de psicosis, la segunda, a diferenciar neurosis obsesiva de neurosis de angustia, y la tercera a diferenciar un neurótico obsesivo de otro neurótico obsesivo. Veamos separadamente las dos primeras cuestiones, que son las que tienen un interés nosográfico.

Freud organizó su concepción etiológica a partir de la idea de ‘serie complementaria’, y lo hizo especialmente en relación a la neurosis, sugiriendo la existencia de una policausalidad o sobredeterminación en la misma:

SERIE COMPLEMENTARIA: Término para explicar la etiología de la neurosis y superar la alternativa que obligaría a elegir entre factores exógenos y endógenos: estos factores son, en realidad, complementarios, pudiendo cada uno de ellos ser tanto más débil cuanto más fuerte es el otro, de tal forma que el conjunto de los casos puede ser ordenado dentro de una escala en la cual los dos tipos de factores varían en sentido inverso; sólo en los dos extremos de la serie se encontraría un solo factor (Laplanche, 400).

Los factores causales que intervienen en la neurosis son ilustrados por Freud mediante un esquema en «Lecciones de introducción al psicoanálisis» (Laplanche, 450), que aparece en el esquema 8.1. Del mismo se desprende que en toda neurosis, intervienen a) factores constitucionales heredados, b) experiencias adquiridas durante la infancia, y c) factores desencadenantes.

Estos factores son complementarios entre sí. Por ejemplo, un factor constitucional débil unido a un gran peso de ciertas experiencias infantiles, producirán una neurosis tanto como la combinación de un factor constitucional fuerte y experiencias infantiles de menor peso. Desde ya, y en el mismo sentido, también debe ponderarse la influencia de los factores desencadenantes.

SOBREDETERMINACION: O determinación múltiple. En general, designa el hecho de que una formación del inconsciente (síntoma, sueño, etc.) remite a una pluralidad de factores determinantes. Una de las formas en que puede entenderse esto es la siguiente: la formación del inconsciente es la resultante de varias causas, mientras que una sola causa no basta para explicarla (Laplanche, 411).

Por ejemplo, en «ESTUDIOS SOBRE LA HISTERIA«, Freud dice que el síntoma histérico está sobredeterminado en la medida en que resulta a la vez de una predisposición constitucional y de una pluralidad de acontecimientos traumáticos (Laplanche, 411/412). En la consideración etiológica, el psicoanálisis también se preocupó por averiguar porqué ciertas personas desarrollaban un tipo de neurosis con preferencia a otros:

ELECCION DE LA NEUROSIS: Conjunto de procesos mediante los cuales un sujeto se ve inducido a la formación de un determinado tipo de psiconeurosis en lugar de otro tipo (Laplanche, 108).

Este problema preocupó siempre a Freud y puede plantearse así: ¿cómo y porqué procesos generales que explican la formación de la neurosis (por ejemplo, el conflicto defensivo) se especifican en organizaciones neuróticas lo bastante diferenciadas para que pueda establecerse una nosografía?

El pensamiento de Freud al respecto fue variando a lo largo de su obra. Sólo resaltemos que el término ‘elección de la neurosis’ apunta a cierto acto del sujeto por el cual los diferentes factores de la serie complementaria adquieran su sentido y su valor motivante (Laplanche, 108/109).

b) Cuadros sintomáticos y caracteropatías

Diversos autores (por ejemplo Kaplan en la tradición anglosajona, Ey en la tradición francesa) coinciden en indicar que, en el psicoanálisis freudiano, la clasificación de las neurosis ha seguido dos criterios diferentes: según los síntomas, y según la estructura de carácter. Así por ejemplo, la denominación ‘histeria’ califica cierta constelación de síntomas, mientras que ‘carácter histérico’ hace referencia a una determinada estructura de carácter.

Por ejemplo, Ey (Ey, 374) indica que la fisonomía clínica de las neurosis se caracteriza por:

a) Por los ‘síntomas neuróticos’. Se trata de trastornos de la conducta, de los sentimientos o de las ideas que ‘manifiestan’ una defensa contra la angustia y constituyen, en relación con este conflicto interno, una transacción de la cual el sujeto obtiene un beneficio secundario. Kaplan denomina a estos cuadros como estados neuróticos sintomáticos, y da ejemplos como la histeria, la fobia, la neurosis obsesiva, etc. (Kaplan, 85). Incluso llega a ubicar también aquí a las parafilias (perversiones), lo que revela la poca nitidez en las fronteras que delimitan las diferentes entidades nosográficas.

b) Por el ‘carácter neurótico del Yo’. Este no encuentra, en la identificación con su propio personaje, buenas relaciones con los demás y un equilibrio interior satisfactorio. Kaplan llama a estos cuadros trastornos de carácter (personalidad), aunque también son conocidos como caracteropatías. Por ejemplo: carácter fóbico, compulsivo, histérico, depresivo, pasivo-agresivo, etc. (Kaplan, 88). Aclaremos las definiciones de carácter y de caracteropatía.

CARACTER: En el sentido psicoanalítico, el carácter es la manera habitual de establecer el yo una armonía entre las tareas representadas por las exigencias internas y el mundo externo (Kaplan, 88).

CARACTEROPATIA: Un patrón o tipo de carácter particular se vuelve patológico cuando sus manifestaciones son tan exageradas que se produce una conducta destructiva hacia el individuo o hacia los demás, o el funcionamiento de la persona se vuelve distorsionado o restringido, y representa una causa de malestar para uno mismo o los demás (Kaplan, 88).

Laplanche y Fenichel son otros autores que advirtieron las diferencias de considerar la neurosis como un cuadro sintomático o como una estructura de carácter. Ambos designan a ésta última como ‘neurosis de carácter’:

NEUROSIS DE CARACTER: Tipo de neurosis en la cual el conflicto defensivo no se traduce por la formación de síntomas claramente aislables, sino por rasgos de carácter, formas de comportamiento o incluso una organización patológica del conjunto de la personalidad (Laplanche, 243). Una neurosis de carácter es aquella donde los síntomas son rasgos de carácter (Rycroft, 80)

En los ‘caracteres neuróticos’, señala Fenichel, la personalidad no parece ser uniforme o estar sólo perturbada por este o aquel suceso interruptor, sino a tal punto manifiestamente desgarrada o deformada, y con frecuencia afectada en tal extensión por la enfermedad, que resulta imposible decir donde termina la ‘personalidad’ y donde empieza el ‘síntoma’. De allí que Fenichel oponga las neurosis de carácter a las neurosis sintomáticas (Fenichel, 33).

c) Nosografía de las neurosis

A lo largo de su pensamiento, Freud fue modificando su clasificación de las neurosis, razón por la cual convendrá seguir un ordenamiento cronológico de sus ideas, hasta llegar a la actual clasificación. A tal efecto, nos basaremos en el esquema 8.2, ligeramente modificado de Laplanche (Laplanche, 238) a los efectos de una mayor claridad. Sólo tengamos presente que Freud no inició desde cero una clasificación nosográfica, sino que se basó, especialmente en cuanto a terminología, en las clasificaciones de la psiquiatría clásica. El término «neurosis», por ejemplo, no es creación de él.

En 1894 Freud encuentra, estudiando casos de histeria, que la defensa desempeñaba un papel fundamental en esta afección, extendiendo luego su conclusión a otras patologías como las fobias, las obsesiones y ciertas psicosis, con lo cual termina llamándolas a todas «psiconeurosis de defensa» (o «neurosis de defensa», o «neuropsicosis»). Así:

PSICONEUROSIS DE DEFENSA: Término de Freud de los años 18941896 para designar ciertas afecciones psiconeuróticas (histeria, fobia, obsesión, ciertas psicosis), poniendo en evidencia en ellas el papel, descubierto en la histeria, del conflicto defensivo (Laplanche, 320).

Dentro de las psiconeurosis de defensa, Freud estudió especialmente las histerias, que clasificó, según un criterio patogenético (en cuanto a su mecanismo de origen), en tres tipos: histeria de defensa, histeria hipnoide e histeria de retención.

HISTERIA DE DEFENSA: Se caracteriza por la actividad de defensa que el sujeto ejerce frente a las representaciones susceptibles de provocar afectos displacenteros. Es el prototipo de las psiconeurosis de defensa, y sobre ella recaerá casi todo el interés de Freud por estas épocas (Laplanche, 173/174).

HISTERIA HIPNOIDE: Término usado por Breuer y Freud en 1894/95. Forma de histeria que tendría su origen en los estados hipnoides; el sujeto no puede integrar en su persona y su historia las representaciones que aparecen durante esos estados. Aquellas forman entonces un grupo psíquico separado, inconsciente, capaz de provocar efectos patógenos (Laplanche, 174).

Dos conceptos podemos vincular con la histeria hipnoide: el estado hipnoide y la histeria traumática.

1) ESTADO HIPNOIDE: Término de Breuer que designa un estado de conciencia análogo al producido por la hipnosis: durante él los contenidos de conciencia que aparecen apenas entran, o no entran en absoluto, en ligazón asociativa con el resto de la vida mental, y la consecuencia sería la formación de grupos de asociaciones separadas. Breuer ve en el estado hipnoide, que introduce una escisión en la vida psíquica, el fenómeno constitutivo de la histeria (Laplanche, 130). En lo dicho se asemejan mucho el estado hipnoide y la hipnosis, solamente que esta última es artificial, provocada, mientras que el estado hipnoide es la forma clínica natural de la histeria homónima.

2) HISTERIA TRAUMATICA: Tipo de histeria descripto por Charcot donde los síntomas somáticos, en especial la parálisis, aparecen a menudo tras un periodo de latencia, consecutivamente a un traumatismo físico, pero sin que este pueda explicar mecánicamente los síntomas (Laplanche, 175).

El esquema de la histeria hipnoide recoge los dos elementos, señalados por Charcot: el traumatismo psíquico (por oposición al físico) y el estado psíquico especial (estado hipnoide, susto) durante el cual aquel acontece (Laplanche, 176).

HISTERIA DE RETENCION: Diferenciada por Breuer y Freud en 1894– 95. Su patogenia se caracteriza porque los afectos no han podido ser descargados por abreacción, sobre todo en razón de circunstancias exteriores desfavorables. Freud encontrará que detrás de esta retención hay siempre una defensa (Laplanche, 175).

Todas estas afecciones psiconeuróticas que Freud venía estudiando tenían dos rasgos importantes: implicaban una actividad defensiva, como quedó dicho, pero además tenían su raíz en conflictos sexuales infantiles. Sin embargo, en 1898 Freud encuentra que hay otras neurosis donde el conflicto, si bien también sexual, no era infantil sino actual, con lo que amplió su nosografía distinguiendo las psiconeurosis de las ‘neurosis actuales’:

NEUROSIS ACTUAL: Neurosis que Freud distingue de las psiconeurosis en dos puntos:

a) el origen de las neurosis actuales no debe buscarse en conflictos infantiles sino en el presente (en desórdenes de la vida sexual actual), y

b) los síntomas no constituyen una expresión simbólica y sobredeterminada, sino que resultan directamente de la falta o inadecuación de la satisfacción sexual (Laplanche, 240). O sea, el mecanismo de formación del síntoma no es simbólico sino somático. Lo único en común con las psiconeurosis era la naturaleza sexual del conflicto.

Freud distinguió tres tipos de neurosis actuales: neurosis de angustia, neurastenia e hipocondría, aunque ésta última la agregó bastante tiempo después:

NEUROSIS DE ANGUSTIA: Neurosis que Freud distinguió: a) desde lo sintomatológico, de la neurastenia, por el predominio de la angustia (expectación ansiosa, ataques de angustia o equivalente somático de ésta); y b) desde lo etiológico, de la histeria: en la neurosis de angustia hay una acumulación de excitación sexual que se transformaría directamente en síntoma sin mediación psíquica (Laplanche, 242).

NEURASTENIA: Antes de Freud era un cuadro de fatiga física de origen ‘nervioso’, y con diversos síntomas. Freud mantiene el nombre reservándolo para una neurosis autónoma caracterizada por la impresión de fatiga física, cefaleas, dispepsia, constipación, parestesias espinales y empobrecimiento de la actividad. Busca una etiología en un funcionamiento sexual incapaz de resolver en forma adecuada la tensión libidinal (masturbación) (Laplanche, 235/236).

HIPOCONDRIA: Temor a estar enfermo o a enfermarse (Fenichel, 301). En una primera etapa Freud incluyó la hipocondría entre las neurosis actuales, pero luego las hizo corresponder con las neurosis narcisistas, correspondencia no sólo justificada por analogías estructurales, sino también por el hecho de que el síntoma de la neurosis actual es, a menudo, el núcleo y la fase precursora del síntoma psiconeurótico (Laplanche, 241).

Si Freud relacionó la hipocondría con las neurosis actuales y con las neurosis narcisistas, es porque algo tiene de cada una de ellas. Fenichel explica esto así: la hipocondría puede explicarse o bien como que la falta de descarga sexual produce malestar físico (aquí sería una neurosis actual), o bien como que la retracción de la libido del objeto al yo haga al enfermo prestar atención a su cuerpo (y aquí sería una neurosis narcisista) (Fenichel, 299).

Hoy en día, el concepto de neurosis actual tiende a desaparecer, en la medida en que, sea cual fuese el valor desencadenante que posean los factores actuales, se encuentra siempre en los síntomas la expresión simbólica de conflictos más antiguos (Laplanche, 241), es decir, las neurosis actuales serían reducibles a las psiconeurosis, que es la otra gran clasificación de las neurosis en general. Por ejemplo, analizando la hipocondría, hemos ya dicho que Freud vio en el síntoma de esa neurosis actual el núcleo y la fase precursora del síntoma psiconeurótico.

Quedan entonces diferenciadas los dos grandes grupos de neurosis: las neurosis actuales, ya vistas, y las psiconeurosis (o simplemente neurosis). En términos de Rycroft, las neurosis actuales son debidas a causas presentes y explicables en términos de los hábitos sexuales del paciente, y las psiconeurosis en cambio son debidas a causas pasadas y explicables sólo en términos de la personalidad e historia del paciente (Rycroft, 80). Veamos más en detalle estas últimas.

PSICONEUROSIS: Término usado por Freud para caracterizar las afecciones psíquicas cuyos síntomas constituyen la expresión simbólica de los conflictos infantiles, a saber, las neurosis de transferencia y las neurosis narcisistas (Laplanche, 320).

Kaplan resume en los siguientes puntos el desarrollo de las psiconeurosis, o simplemente neurosis:

    1) Existe un conflicto interno entre las pulsiones y el miedo que impide la descarga pulsional;

    2) las pulsiones sexuales están implicadas en este conflicto;

    3) el conflicto no ha sido ‘elaborado’ para conducir a una solución realista. En vez de ello, las pulsiones que buscan una descarga han sido expulsadas de la conciencia a través de la represión u otro mecanismo de defensa;

    4) la represión simplemente ha convertido las pulsiones inconscientes, no les ha quitado su poder ni las ha hecho inocuas; por consiguiente, las tendencias reprimidas (síntomas neuróticos disfrazados) han luchado por volver a la conciencia;

    5) en la primera infancia existía una neurosis rudimentaria basada en el mismo tipo de conflicto (Kaplan, 85). Los términos ‘psiconeurosis’ y ‘neurosis’ suelen tomarse como sinónimos:

NEUROSIS: Afección psicógena cuyos síntomas son la expresión simbólica de un conflicto psíquico que tiene sus raíces en la historia infantil del sujeto y constituyen compromisos entre el deseo y la defensa (Laplanche, 236).

Transcribamos brevemente aquí la idea de neurosis según dos autores: Fenichel, que destaca el aspecto económico, y Ey que destaca el aspecto dinámico de la enfermedad. Para Fenichel, todos los fenómenos neuróticos tienen por base insuficiencias del aparato normal de control. Pueden ser comprendidos como descargas de emergencia involuntaria, que sustituyen a las descargas normales (Fenichel,32).

Para Ey, las neurosis son enfermedades de la personalidad caracterizadas por conflictos intrapsíquicos que inhiben las conductas sociales. Producen más bien una perturbación del equilibrio interior, más que una alteración de sus sistema de la realidad (Ey, 374).

Laplanche aclara que hoy en día, cuando se utiliza la expresión ‘neurosis’, tiende a ser aplicada a formas clínicas relacionadas con la neurosis obsesiva, la histeria y la neurosis fóbica. Así, la nosografía actual distingue neurosis, psicosis, perversiones y afecciones psicosomáticas, mientras que se discute la posición nosográfica de las denominadas neurosis actuales, neurosis traumáticas y neurosis de carácter (Laplanche, 236).

Retomando el esquema de la evolución histórica del pensamiento de Freud, podemos decir que a partir de 1915 éste empieza a utilizar un nuevo criterio para clasificar a las psiconeurosis. Estas abarcarán ahora dos grandes grupos: las neurosis narcisistas y las neurosis de transferencia:

NEUROSIS NARCISISTA: Afección mental caracterizada por el retiro de la libido sobre el yo. Abarca el conjunto de las psicosis funcionales (los síntomas no son efecto de lesiones orgánicas). El término tiende actualmente a desaparecer del lenguaje psiquiátrico y psicoanalítico (Laplanche, 249).

Más tarde, en «NEUROSIS Y PSICOSIS» (1924) Freud distinguirá las neurosis narcisistas no solamente de las neurosis de transferencia sino también de las psicosis (Laplanche, 249). En «DUELO Y MELANCOLIA» (1917) ya caracterizaba como neurosis narcisista a la MELANCOLIA, explicándola a partir de la identificación del yo con el objeto perdido (Laplanche, 436). Los accesos melancólicos aparecen intercalados con accesos de MANIA o euforia.

NEUROSIS DE TRANSFERENCIA: Por oposición a la neurosis narcisista, la libido está siempre desplazada sobre objetos reales o imaginarios, en lugar de estar retirada de estos sobre el yo. De ello resulta que son más accesibles al tratamiento psicoanalítico, ya que se prestan a la constitución, durante la cura, de una neurosis de transferencia ‘artificial’, o sea no entendida como entidad nosográfica sino como una neurosis ‘provocada’ (Laplanche, 215). Aquí nos interesa sólo el sentido nosográfico.

Dentro de las neurosis de transferencia, Freud ubicará:

a) la neurosis obsesiva, y

b) la neurosis histérica o simplemente histeria, dentro de la cual a su vez está la histeria de angustia o neurosis fóbica, y la histeria de conversión. En los tres casos (Bodni, 129) el conflicto básico gira en torno del drama edípico, con el complejo de castración.

NEUROSIS OBSESIVA: En su forma más típica, el conflicto psíquico se expresa por los síntomas llamados compulsivos: ideas obsesivas, compulsión a realizar actos indeseables, lucha contra estos pensamientos y tendencias, ceremoniales conjuratorios, etc., y por un tipo de pensamiento caracterizado especialmente por la rumiación mental, la duda, los escrúpulos, y que conduce a inhibiciones del pensamiento y la acción (Laplanche, 250).

Freud aisló sucesivamente la especificidad etiopatogénica de la neurosis obsesiva desde el punto de vista de los mecanismos defensivos (desplazamiento del afecto hacia representaciones más o menos alejadas del conflicto original, aislamiento, anulación retroactiva), desde el punto de vista pulsional (ambivalencia, fijación a la fase anal y regresión) y, por último, desde el punto de vista tópico (relación sadomasoquista interiorizada en forma de tensión entre el yo y un superyó muy cruel).

En ciertos cuadros clínicos los síntomas no se ven a primera vista (Laplanche, 250).

Freud, en la CONFERENCIA 17 «EL SENTIDO DE LOS SíNTOMAS«, señala los tres síntomas básicos de la neurosis obsesiva:

    a) el paciente tiene ideas fijas, generalmente absurdas;

    b) experimenta impulsos extraños a él; y

    c) realiza actos contra su voluntad y desprovistos de placer, actos que son una huida de tentaciones sexuales o agresivas, y que toman la forma de rituales. Según el enfermo, predominará la idea, el impulso o el acto.

Janet distinguía dos grandes tipos de neurosis (Laplanche, 237): la histeria y la PSICASTENIA. Esta última concuerda en gran parte con lo que Freud designa como neurosis obsesiva.

HISTERIA: Neurosis que ofrece cuadros clínicos muy variados.

Se llama a veces también NEUROSIS HISTERICA.

La especificidad de la histeria está en el predominio de cierto tipo de identificación, de ciertos mecanismos (especialmente la represión, a menudo manifiesta), y en el afloramiento del conflicto edípico que se desarrolla principalmente en los registros fálico y oral (Laplanche, 171).

En relación con la histeria aparece el concepto de SIMBOLO MNEMICO. Es un término que utilizó Freud en sus primeros escritos para calificar el síntoma histérico.

Por ejemplo, los síntomas de Ana O. son símbolos mnémicos de la enfermedad y muerte de su padre, o sea símbolos del trauma patógeno o del conflicto (Laplanche, 410).

En la sistematización de Laplanche, hay dos formas de histeria: histeria de angustia e histeria de conversión.

HISTERIA DE ANGUSTIA: Neurosis cuyo síntoma central es la fobia (Laplanche, 172). La angustia está fijada de forma más o menos estable a un determinado objeto exterior (fobias) (Laplanche, 171).

Estrictamente no es sinónimo de NEUROSIS FOBICA. No sería correcto llamarla así porque el desplazamiento sobre un objeto fóbico es secundario a la aparición de una angustia libre, no ligada a un objeto, o sea primariamente es una histeria de angustia (Laplanche, 173).

HISTERIA DE CONVERSION: Histeria donde el conflicto psíquico se simboliza en los más diversos síntomas corporales, paroxísticos (ejemplo: crisis emocionales con teatralidad) o duraderos (ejemplo: anestesias, parálisis histéricas, sensación de ‘bolo’ faríngeo, etc.) (Laplanche, 171).

En relación con la histeria de conversión hay 2 conceptos: complacencia somática y zona histerógena.

    1) COMPLACENCIA SOMATICA: Expresión introducida por Freud en el caso Dora para explicar la ELECCION DE LA NEUROSIS histérica y la elección del órgano o del aparato corporal en el cual tiene lugar la conversión: el cuerpo (especialmente en el histérico) o un determinado órgano proporcionaría un material privilegiado para la expresión simbólica del conflicto inconsciente (Laplanche, 55).

    2) ZONA HISTEROGENA: Es aquella región del cuerpo de la cual Charcot, y más tarde Freud, mostraron que era, en ciertos casos de histeria de conversión, el asiento de fenómenos sensitivos especiales; calificada por el enfermo de dolorosa, esta región aparece al examen como libidinalmente catectizada, y su excitación provoca reacciones parecidas a las que acompañan el placer sexual y que pueden llegar hasta un ataque histérico (Laplanche, 476).

Hacia 1924, Freud vuelve a reestructurar su clasificación anterior, distinguiendo 3 tipos: neurosis de transferencia, neurosis narcisistas y psicosis, siendo la neurosis narcisista una categoría intermedia entre las neurosis y las psicosis.

d) Otras categorías

Fuera de los tipos de neurosis vistos precedentemente, hay otros cuadros formulados por S. Freud:

    1895. Neurosis mixta

    1920. Neurosis de destino

    1920. Neurosis traumática

NEUROSIS MIXTA: Forma de neurosis caracterizada por la coexistencia de síntomas que provendrían, según Freud, de neurosis etiológicamente distintas (Laplanche, 248).

NEUROSIS DE DESTINO: (En rigor, Freud habla de compulsión de destino). Designa una forma de existencia caracterizada por el retorno periódico de las mismas concatenaciones de acontecimientos, generalmente desgraciados, a los cuales parece hallarse sometido el sujeto como a una fatalidad exterior, mientras que, según el psicoanálisis, se deben buscar los factores de este fenómeno en el inconsciente y, específicamente, en la compulsión a la repetición (Laplanche, 245).

En relación con este concepto está el de NEUROSIS DE FRACASO, que designa la estructura psicológica de toda una gama de individuos, desde los que, de un modo general, parecen ser los artífices de su propia desgracia, hasta aquellos que no pueden soportar el conseguir precisamente lo que parecen desear ardientemente (Laplanche, 247). Freud no consideró esta forma como un cuadro neurótico más, sino apenas como un primer síntoma (Laplanche, 248).

NEUROSIS TRAUMATICA: Tipo de neurosis donde los síntomas aparecen consecutivamente a un choque emotivo, generalmente ligado a una situación donde el sujeto sintió amenazada su vida (Laplanche, 252).

En el momento del choque se manifiesta por una crisis paroxística, que puede provocar estados de agitación, estupor o confusión mental. Su evolución ulterior, casi siempre después de un intervalo libre, permitiría distinguir esquemáticamente dos casos:

    a) El trauma actúa como elemento desencadenante, revelador de una estructura neurótica preexistente; y

    b) El trauma posee una parte determinante en el contenido mismo del síntoma (repetición mental del acontecimiento traumático, pesadillas repetitivas, trastornos del sueño, etc.), que aparece como un intento reiterado de ‘ligar’ y descargar por abreacción el trauma; tal fijación al trauma se acompaña de una inhibición, más o menos generalizada, de la actividad del sujeto. Generalmente el nombre de neurosis traumática es reservado por Freud y los psicoanalistas para designar este último cuadro (Laplanche, 252/53).

En relación con las neurosis traumáticas, interesa aquí la definición de:

TRAUMA: Acontecimiento de la vida del sujeto caracterizado por su intensidad, la incapacidad del sujeto para responder a él adecuadamente y el trastorno y los efectos patógenos duraderos que provoca en la organización psíquica. En términos económicos, el traumatismo se caracteriza por un aflujo de excitaciones excesivo, en relación con la tolerancia del sujeto y su capacidad de controlar y elaborar psíquicamente dichas excitaciones (Laplanche, 447).

Fenichel asigna especial importancia a las neurosis traumáticas, ya que clasifica el conjunto de las neurosis en dos grandes grupos: NEUROSIS TRAUMATICAS y PSICONEUROSIS, aunque puede haber combinaciones de ambas.

Refiere este autor que todo fenómeno neurótico implica una insuficiencia del aparato normal de control. Por lo tanto aparecen descargas de emergencia que sustituyen las descargas normales, que el yo ya no puede dominar. Tal insuficiencia puede producirse por una excesiva cantidad de excitación (y entonces tenemos las neurosis traumáticas), o bien por un bloqueo previo de la descarga (y entonces tenemos las psiconeurosis, que son para Fenichel el resultado de un conflicto entre las exigencias instintivas y las fuerzas defensivas del yo) (Fenichel, 33-36).

Ilustremos con una metáfora ambas posibilidades: un tanque de agua puede empezar a acumular mucho líquido (muchas excitaciones) por dos razones: porque recibe mucho líquido en poco tiempo y no da tiempo a un desagote rápido por la pequeña abertura inferior (neurosis traumática) o porque, sin recibir tanto líquido, decidimos tapar dicha abertura (psiconeurosis).

Síntomas típicos de las neurosis traumáticas son: accesos emotivos fuertes, insomnio, sueños típicos donde se experimenta el trauma una y otra vez, repeticiones del mismo durante el día en forma de fantasías, pensamientos o sensaciones, y complicaciones psiconeuróticas secundarias (Fenichel, 142).

Finalmente, tengamos presente que, fuera del pensamiento freudiano, se han desarrollado nuevas categorías de neurosis, como por ejemplo las neurosis de fracaso y las neurosis familiares de René Laforgue, las neurosis de abandono de los psicoanalistas suizos, y otras muchas.

8.3 PSICOSIS

a) Definición preliminar

Las psicosis abarcan una gran cantidad de enfermedades mentales, por lo que su definición será por fuerza muy amplia:

PSICOSIS: Tanto la psiquiatría como el psicoanálisis utilizan este término para describir esas enfermedades mentales que tienden a colocar a sus víctimas en una situación ‘non compos mentis’ (que significa aproximadamente ‘no dueños de sí mismos’), en contraste con las neurosis, donde la salud del paciente nunca está en duda.

Las definiciones psiquiátricas se hacen generalmente en términos de falta de insight del paciente con respecto al hecho de que está enfermo; las definiciones psicoanalíticas incluyen, por lo general, una referencia a una falla en la prueba de realidad (Rycroft, 96).

Las psicosis están entonces ubicadas dentro de una categoría más amplia, la ENFERMEDAD MENTAL, la cual según Rycroft abarca tres entidades clínicas diferentes: las psicosis, las psiconeurosis y los trastornos de conducta (Rycroft, 77). Desde ya, hay muchas otras clasificaciones de las enfermedades mentales.

Por ejemplo Kraepelin, el padre de la psiquiatría moderna, consideraba que las principales enfermedades mentales pueden dividirse en dos grupos: la demencia precoz y la psicosis maníaco-depresiva (Rycroft, 96), ambas incluibles hoy dentro de las psicosis.

b) Caracterización psiquiátrica

Veamos en primer lugar el sentido psiquiátrico del término, como forma de introducirnos luego en el planteo psicoanalítico.

Según Laplanche, las psicosis abarcan para la psiquiatría toda una serie de enfermedades mentales, tanto si son manifiestamente organogenéticas, como la parálisis general progresiva, como si su causa última es problemática, como la esquizofrenia (Laplanche, 321).

Indica Rycroft, en efecto, que la psiquiatría distingue entre PSICOSIS ORGANICAS. debidas a enfermedades orgánicas demostrables, y PSICOSIS FUNCIONALES, en las cuales no hay lesión orgánica demostrable.

Existe al respecto una controversia entre las escuelas orgánicas y psicodinámicas en psiquiatría: para las escuelas orgánicas las psicosis funcionales obedecen a causas físicas y constitucionales aún no descubiertas, mientras que para las escuelas psicodinámicas son enfermedades psicogénicas, que difieren de las neurosis sólo por su mayor gravedad.

El mismo autor indica que las definiciones psiquiátricas de psicosis se hacen generalmente en términos de una falta de insight del paciente en cuanto al hecho de que está enfermo (Rycroft, 96).

c) Caracterización psicoanalítica

Las definiciones psicoanalíticas de psicosis incluyen por lo general una referencia a una falla en la prueba de la realidad (Rycroft, 96). Así, nos refiere Laplanche que en psicoanálisis es sobre todo una perturbación primaria de la relación libidinal con la realidad lo que constituye el denominador común de las psicosis, siendo la mayoría de los síntomas manifiestos (especialmente la construcción delirante) tentativas secundarias de restauración del lazo objetal (Laplanche, 321).

Más específicamente: para Freud la psicosis se caracteriza entre otras cosas por la incapacidad del paciente de tener un interés emocional normal por otras personas y cosas. La energía retirada de las relaciones de amor empobrecidas produce un interés anormalmente excesivo por las funciones corporales y atributos psíquicos del yo, y el psicótico pone su interés emocional más en la palabra que en lo que esta representa.

Muchos de los síntomas más eminentes de la psicosis son secundarios a esta pérdida primaria de la capacidad de amar a los demás. Freud concluyó también que las ideas delirantes, las alucinaciones y ciertas formas de conducta desorganizada representaban esfuerzos rudimentarios por parte del paciente para restaurar sus perdidos sentimientos con los objetos (Kaplan, 89).

El proceso psicótico es descripto por Freud en forma general, en trabajos medulares como «NEUROSIS Y PSICOSIS» y EN «LA PéRDIDA DE LA REALIDAD EN LAS NEUROSIS Y PSICOSIS«.

En el primero de estos trabajos, establece que el conflicto central de las psicosis se da entre el Yo y el mundo exterior, a diferencia del conflicto neurótico, establecido entre el YO Y EL ELLO.

Esta es la diferencia genética más importante entre ambas afecciones. En el segundo trabajo mencionado, Freud insiste en esta diferencia, y explica que en las neurosis el Yo, obedeciendo a las exigencias de la realidad, reprime una parte del Ello, mientras que en las psicosis el Yo, dependiendo ahora del Ello, se retrae de la realidad externa. Esto daría como resultado que en la neurosis domine el influjo de la realidad, mientras que en las psicosis domine el influjo del Ello, siendo la pérdida de la realidad un fenómeno típico de la psicosis y ajeno a la neurosis (Viganó, 29).

d) Clasificación de las psicosis

Hay muchas clasificaciones distintas de las psicosis. El carácter introductorio de la presente guía nos obliga a manejarnos con una clasificación que puede tomarse como punto de referencia más o menos habitual, y que aparece en el esquema 8.3.

La primera gran clasificación divide las psicosis en orgánicas y funcionales, como hemos dicho, y donde el criterio es eminentemente etiológico: causas orgánicas comprobables para las primeras, y ausencia de lesiones orgánicas comprobables para las segundas. Como el interés del psicoanálisis está en los factores psicógenos, su atención se ha dirigido fundamentalmente hacia las psicosis funcionales, y a estas nos atendremos en lo que sigue.

Tanto la psiquiatría como el psicoanálisis reconocen tres psicosis funcionales: esquizofrenia, psicosis maníaco-depresiva y paranoia, pese a que esta última es considerada algunas veces como una variante de la primera (Rycroft, 96). Veremos suscintamente cada una de ellas, tomando en consideración la descripción psiquiátrica y la explicación freudiana.

PSICOSIS MANIACO-DEPRESIVA: Psicosis donde se alternan los periodos de manía y de depresión. El paciente sufre una serie de ataques cíclicos de elación y depresión, con intervalos de normalidad (Rycroft, 96).

Aclaremos aquí los conceptos de manía y de elación, íntimamente vinculados entre sí, así como el término de melancolía, habitualmente ligado a la psicosis maníaco-depresiva.

ELACION: Sensación de euforia que ocurre típicamente después de un triunfo. Como término patológico, es la emoción que acompaña a la manía, y psicoanalíticamente se la entiende como una sensación de triunfo del yo sobre el superyó, cuya imaginaria hostilidad es responsable de la depresión en la fase depresiva de la psicosis maníaco-depresiva (Rycroft, 49, 75).

MANIA: Es considerada como una de las dos fases de la psicosis maníaco-depresiva, y se caracteriza por la elación, por una aceleración psicomotriz (una aceleración grosera de la actividad mental y física), y por una fuga de ideas (pensamiento rápido basado en asociaciones superficiales, e indisciplinado por falta de autocrítica) (Rycroft, 75).

MELANCOLIA: es un término en desuso para lo que ahora se llama depresión (en especial la depresión endógena) o fase depresiva de la psicosis maníaco-depresiva (Rycroft, 76). La bibliografía psicoanalítica es unánime al considerar la depresión melancólica como una forma patológica del duelo, siendo el objeto perdido un ‘objeto interno’ y no una persona real (Rycroft, 45).

Sinteticemos la explicación psicoanalítica de la psicosis maníaco-depresiva, siguiendo los lineamientos de Kaplan y Sadock.

Este tipo de pacientes tiene un tipo particular de dependencia narcisista infantil de su objeto de amor. Para compensar sus sentimientos de indignidad requiere un aporte constante de amor de un objeto amado y muy valorado. Mientras este objeto dura, el paciente puede funcionar con mucha eficacia, pero por sus tendencias autopunitivas, elige un objeto que terminará perdiéndose, con la consiguiente desilusión.

Así, él mismo crea las bases de su enfermedad, y comienza la fase depresiva. Cuando esta última cede se da paso a una exaltación temporal (manía) cuando las metas y objetos narcisistas importantes parecen estar de nuevo al alcance, cuando han sido modificados o reducidos lo suficiente para ser alcanzables en una forma realista, cuando han sido rechazados completamente o cuando el yo se repone de su choque narcisista recuperando su autoestima por distintos medios. La manía representa un medio de evitar la depresión interna.

Comprende la negación de la realidad interna, dolorosa, y la huida a la realidad externa, pues la persona maníaca no desea enterarse de sus propios sentimientos, no puede permitirse la empatía con los demás y está emocionalmente aislada (Kaplan, 90).

Freud explica la depresión melancólica especialmente en «DUELO Y MELANCOLIA» (1917). Allí afirma que, mientras en el duelo normal el sujeto puede catectizar nuevos objetos con la libido antes depositada en el objeto perdido, en la melancolía la libido no es desplazada sobre nuevos objetos sino sobre el yo, es decir, se produce una identificación del yo con el objeto perdido.

Así, los reproches del yo hacia la persona perdida se convierten en autorreproches, dirigidos desde la conciencia moral (o lo que más tarde Freud llamará superyó).

La melancolía tiende a transformarse en manía, y otras veces hay una alternancia cíclica entre ellas. Ambas afecciones estarían relacionadas, según Freud, porque mientras la melancolía lucha por retener al objeto perdido identificado con el yo, la manía lucha por liberarse de dicha identificación.

ESQUIZOFRENIA: Grupo de enfermedades que se presentan clínicamente como muy distintas entre sí, pero donde es posible encontrar ciertos rasgos comunes: incoherencia del pensamiento, de la acción y de la afectividad (designadas con las palabras clásicas discordancia, disociación, disgregación), la separación de la realidad con replegamiento sobre sí mismo y predominio de una vida interior entregada a las producciones de la fantasía (autismo), actividad delirante más o menos acentuada, siempre mal sistematizada; por último, el carácter crónico de la enfermedad, que evoluciona con ritmos muy diversos hacia un ‘deterioro’ intelectual y afectivo, conduciendo a menudo a estados de aspecto demencial, constituye, para la mayoría de los psiquiatras, un rasgo fundamental sin el cual no puede diagnosticarse esquizofrenia (Laplanche, 128).

Originalmente, Kraepelin designó este grupo de patologías como ‘demencia precoz’, aludiendo al hecho de que aparecía en la adolescencia (Rycroft, 44). Más tarde Bleuler prefirió llamarlo ‘esquizofrenia’ (mente dividida o disociada) con el fin de resaltar lo que él consideraba el síntoma fundamental: la disociación o escisión (Spaltung) (Laplanche, 128) (Rycroft, 52). Aclaremos estos últimos términos:

DISOCIACION: Designa…

    1) Situación donde dos o más procesos coexisten sin llegar a estar conectados o integrados, y

    2) proceso defensivo que lleva a dicha situación. Suele hablarse de disociación con referencia a procesos (por ejemplo disociación del estado consciente), y de escisión en relación con estructuras (escisión del yo) (Rycroft, 47).

ESCISION DEL YO: Término utilizado por Freud para designar un fenómeno muy particular observado especialmente en el fetichismo y las psicosis: la coexistencia, dentro del yo, de dos actitudes psíquicas respecto a la realidad exterior en cuanto ésta contraría una exigencia pulsional: una de ellas tiene en cuenta la realidad, la otra reniega de la realidad sustituyéndola por una producción del deseo.

Ambas actitudes coexisten sin influirse recíprocamente (Laplanche, 125). En general, ‘escisión’ designa un proceso por el cual una estructura mental pierde su integridad y es reemplazada por 2 o más estructuras-partes (Rycroft, 52).

No es lo mismo un esquizofrénico que un esquizoide.

ESQUIZOIDE:

    1. Originalmente, persona donde hay un divorcio entre las funciones emocionales e intelectuales. El término deriva de Bleuler, quien sostuvo que tal divorcio era el trastorno esencial de la esquizofrenia.

    2. Por extensión, cualquier persona cuyas características sugieran una comparación con la esquizofrenia o que, de convertirse en psicótico, es más propensa a convertirse en esquizofrénico que en maníaco-depresivo.

    3. De aquí, por extensión mayor, retraído, receloso, que tiende a tener una intensa vida de fantasía (Rycroft, 53).

Enfoque freudiano de la esquizofrenia.- La esquizofrenia es planteada como un fenómeno regresivo a estadios muy primitivos del desarrollo. La fijación predisponente debe situarse al comienzo del desarrollo que conduce del autoerotismo al amor objetal (Laplanche, 130).

La regresión esquizofrénica se precipita normalmente por una pérdida o frustración, como consecuencia de la cual el sujeto retira la libido del mundo exterior (Kaplan, 90).

Esta libido es a continuación cargada sobre el yo, dando lugar por ejemplo a estados de grandeza megalomaníaca por la carga sobre el yo, y a actitudes de desinterés, mutismo, negativismo u hostilidad (Fenichel, 469) por la descarga de la realidad exterior.

Este retorno de la libido sobre el yo fue designado por Freud RETRACCION de la libido, a diferencia de la INTROVERSION, típica de la neurosis, donde la libido carga objetos fantaseados.

En una segunda etapa, el esquizofrénico desarrolla un proceso de restitución, donde intenta reenviar la libido yoica nuevamente hacia el mundo exterior: síntomas restitutivos son por ejemplo las alucinaciones y los delirios. En suma, el proceso esquizofrénico puede ser descripto en términos de retracción primero, y restitución después, teniendo cada proceso su propia sintomatología. Aclaremos el significado de restitución dentro de la teoría freudiana:

RESTITUCION: Proceso por medio del cual un paciente esquizofrénico o paranoide construye delirios que le restauran un sentido de significación. Según Freud (1911) el paranoide experimenta una catástrofe interna, simbolizada con frecuencia por la idea de una catástrofe mundial, cuyo resultado es que todo le resulta indiferente e intrascendente. Luego construye delirios que restauran el significado del mundo.

«La formación delirante, que tomamos como un producto patológico, es en realidad un intento de recuperación, un proceso de reconstrucción» (Rycroft, 103).

El proceso esquizofrénico es también descripto por Freud, como hemos visto, en términos de un conflicto entre el yo y la realidad exterior, en el marco de su descripción de las psicosis en general.

Un párrafo de Laplanche sintetiza las explicaciones en términos de retracción-restitución y la planteada en términos de conflicto yo-realidad: en las psicosis se produce al principio una ruptura entre el yo y la realidad, que deja al yo bajo el dominio del Ello; en un 2º tiempo, el yo reconstituiría una nueva realidad, conforme a los deseos del ello (Laplanche, 323). En el primer tiempo ocurre la retracción libidinal, y en el segundo la restitución.

Mencionemos, finalmente, el problema esquizofrénico en términos de representaciones de cosa y de palabra. Freud sostuvo que en la esquizofrenia, el paciente aparta catexia de las representaciones de las cosas (o sea, las despoja de significación) y luego trata a las representaciones de las palabras como si fueran cosas, construyendo un mundo delirante sobre la base de palabras y no de objetos.

En el pensamiento esquizofrénico, las palabras están sujetas al proceso primario, o sea, son tratadas como la gente normal trata a las imágenes visuales en los sueños (Rycroft, 91), o sea, recurre a mecanismos como la condensación, el desplazamiento, etc. Freud se ve obligado a introducir su hipótesis de las representaciones de cosa y de palabra, precisamente, para poder explicar el proceso esquizofrénico al respecto (Wyss, 94).

Clasificación de las esquizofrenias.- Clásicamente, la psiquiatría distingue tres formas de esquizofrenia: hebefrénica, catatónica y paranoide (Laplanche, 128) (Rycroft, 53). En otras clasificaciones se agrega la forma clínica simple (Viganó, 95), y en la última versión del DSM, en el DSM-IV, se consideran los subtipos paranoide, desorganizado, catatónico, indiferenciado y residual (DSM-IV, 284).

PARANOIA: Psicosis crónica caracterizada por un delirio más o menos sistematizado, el predominio de la interpretación, la ausencia de debilitación intelectual, y que generalmente no evoluciona hacia la deteriorización. Freud incluye en la paranoia no sólo el delirio de persecusión, sino también la erotomanía, el delirio celotípico y el delirio de grandeza (Laplanche, 270).

No debe confundirse la paranoia con la esquizofrenia paranoide. En la paranoia, los delirios están organizados en un sistema coherente, mientras que en la esquizofrenia paranoide están mal sistematizados (Rycroft, 86).

Asimismo, en el contexto de la nosografía establecida por Freud, hay una relación específica entre paranoia y esquizofrenia, que consignamos en el párrafo siguiente.

Hemos visto la clasificación de las psicosis en psicosis maníaco-depresiva, esquizofrenia y paranoia. Nos resta sintetizar las diversas modificaciones que realizó Freud a lo largo del tiempo en relación con la nosografía de las psicosis, modificaciones que aparecen esquematizadas en el esquema 8.2.

En ese esquema, podemos ver 3 etapas:

    1) Hasta 1898, Freud no hizo una distinción especial e incluyó ciertas psicosis dentro de las psiconeurosis.

    2) A partir de 1915, Freud distingue, dentro de las psiconeurosis, las neurosis de transferencia y las neurosis narcisistas, siendo estas últimas las psicosis funcionales (sin lesión orgánica).

    3) Hacia 1924, Freud distingue por un lado las neurosis narcisistas y por el otro las psicosis. Dentro de estas últimas ubicará a la esquizofrenia y a la paranoia, mientras que la psicosis maníaco-depresiva persistiría incluida como neurosis narcisista. Hoy en día, hemos indicado, se incluye dentro de las psicosis la esquizofrenia, la paranoia y la psicosis maníaco-depresiva.

Nos resta aclarar la relación freudiana entre paranoia y esquizofrenia, y como juega en este contexto la entidad designada como parafrenia.

PARAFRENIA:

    a) Término propuesto por Kraepelin para designar psicosis delirantes crónicas que, como la paranoia, no se acompañan de debilitación intelectual ni evolucionan hacia la demencia, pero se asemejan a la esquizofrenia por sus construcciones delirantes ricas y mal sistematizadas, a base de alucinaciones y fabulaciones.

    b) Término propuesto por Freud para designar, sea la esquizofrenia («parafrenia propiamente dicha»), sea el grupo paranoia-esquizofrenia. En la actualidad, la acepción de Kraepelin ha prevalecido totalmente sobre la propuesta por Freud (Laplanche, 269).

Relación esquizofrenia-parafrenia.- Freud, en efecto, prefirió llamar parafrenia a la esquizofrenia, y ello por dos razones (Laplanche, 269):

    a) la expresión ‘parafrenia’ designaba mucho mejor que ‘esquizofrenia’ el mecanismo profundo de la enfermedad, y

    b) ‘parafrenia’ se parece más a ‘paranoia’ que esquizofrenia, con lo cual quedaba enfatizada la unidad de las psicosis y su división en estas dos vertientes (parafrenia y paranoia), es decir, su íntimo parentesco (Laplanche, 130, 269).

Más tarde, en «INTRODUCCIóN AL NARCISISMO» (1914) Freud amplia el sentido de parafrenia, que abarcará el grupo paranoia-esquizofrenia, llamando a esta última ‘parafrenia propiamente dicha’ (Laplanche, 269).

Relación esquizofrenia-paranoia.- Simplificando esta relación en el contexto de la obra de Freud, diremos que el creador del psicoanálisis por un lado distinguió nítidamente ambas entidades, pero por otro lado desdibujó sus límites.

    a) Freud intentó en varias ocasiones diferenciar esquizofrenia de paranoia, diciendo que ambas debían distinguirse en dos niveles: en el nivel de los procesos y en el nivel de las fijaciones. En cuanto a los procesos, en la esquizofrenia predomina el proceso de ‘represión’ o retiro de las catexis de la realidad sobre el proceso inverso de restitución, y dentro de estos últimos, predominio de aquellos que son afines a la histeria (alucinación) sobre los propios de la paranoia, que se parecen más a los de las neurosis obsesiva (proyección). En cuanto a las fijaciones, estas son más precoces en la esquizofrenia que en la paranoia (Laplanche, 130).

    b) Por otro lado, dijimos que Freud desdibujó los límites entre ambas entidades, cuando admite que los síntomas paranoicos y esquizofrénicos pueden asociarse. De hecho, indicó, ambas psicosis pueden combinarse en múltiples formas, como lo ilustra el caso Schreber, y eventualmente el enfermo puede pasar de una a otra. Para ello Freud da una explicación genética.

Si Kraepelin distinguía paranoia de esquizofrenia paranoide, y Bleuler incluía por el contrario la paranoia dentro del grupo de las esquizofrenias, Freud incluiría en la paranoia algunas formas llamadas paranoides de la esquizofrenia, especialmente por considerar que la ‘sistematización’ del delirio no constituye un buen criterio para definir la paranoia (para Freud, la ‘demencia paranoide’ de Schreber es esencialmente una ‘paranoia’).

Para Freud, la paranoia se define por su carácter de defensa contra la homosexualidad. Cuando predomina este mecanismo en un delirio llamado paranoide, esto constituye para Freud una razón suficiente para relacionarlo con la paranoia, incluso en ausencia de ‘sistematización’ (Laplanche, 271).

8.4 PERVERSIONES

a) Caracterización

Rycroft, hemos dicho, clasifica el conjunto de las enfermedades mentales como psicosis, neurosis y trastornos de conducta. La psiquiatría contemporánea ubica a las perversiones como trastornos de conducta, sobre la base de que los ‘síntomas’ son conductas que el paciente, según su propia expresión, goza, y no incapacidades que le pueden producir sufrimiento (Rycroft, 89). Definamos entonces brevemente trastorno de la conducta.

TRASTORNO DE LA CONDUCTA: Término de diagnóstico psiquiátrico que abarca la psicopatía, las perversiones y las adicciones, condiciones que tienen en común que sus «síntomas» consisten en una conducta que la sociedad (y a veces el ‘paciente’ mismo, cuando está de humor reflexivo) desaprueban (Rycroft, 116).

La unidad clínica de los trastornos de conducta ha sido enfatizada también por autores como Fenichel, quien dedica todo un único capítulo de «Teoría psicoanalítica de las neurosis» a estos trastornos, y que titula «Perversiones y neurosis impulsivas» (Fenichel, 367).

Los trastornos de conducta provocan algunos problemas formales acerca de la naturaleza de la enfermedad mental, ya que los «síntomas» son, en primera instancia al menos, actos voluntarios por los que la sociedad como un todo, y la ley en particular, hacen responsables al paciente. Las perversiones están sujetas, en general, a explicación psicoanalítica, pero sólo excepcionalmente al tratamiento psicoanalítico (Rycroft, 116). Examinemos la perversión, entonces, desde el punto de vista freudiano.

PERVERSION: Desviación con respecto al acto sexual «normal», definido como coito dirigido a obtener el orgasmo por penetración genital, con una persona del sexo opuesto. De un modo más general, se designa como perversión el conjunto del comportamiento psicosexual que acompaña a tales atipias en la obtención del placer sexual (Laplanche, 272).

Perversiones sexuales son comportamiento sexuales regresivos que sustituyen, con predilección y a veces en forma exclusiva, las condiciones normales del orgasmo o las conductas relacionadas con él. No sólo deforma el comportamiento o las relaciones sexuales, sino que entraña también de acuerdo con la aberración del deseo sexual notables alteraciones en el carácter, la personalidad y la vida social (Ey, 340).

Para el psicoanálisis, las perversiones son manifiestamente de carácter sexual. Cuando se ha cedido completamente a los impulsos patológicos, se produce el orgasmo. Son personas donde la sexualidad es infantil, y donde todas sus energías sexuales se concentran en un instinto parcial en particular, que compite con la supremacía genital (Laplanche, 368-369).

Desde este punto de vista, la perversión adulta aparece como la persistencia o reaparición de un componente parcial de la sexualidad (Laplanche, 273). Mientras el predominio de las pulsiones parciales ocurre en la niñez no cabe hablar de perversión, porque para el psicoanálisis el niño es ‘normalmente’ un perverso polimorfo. Sólo a partir de la pubertad todas las pulsiones parciales se subordinarán a la supremacía genital.

Los requisitos previos que deben llenarse, por último, para hacer posible el desarrollo de una perversión son básicamernte dos:

1) un factor constitucional de facilitación orgánica: el sujeto nace con ciertas zonas erógenas más sensibles, y b) ciertas experiencias infantiles que condujeron a la fijación patógena decisiva. A diferencia de la fijación neurótica, en la fijación perversa ha ocurrido una simultaneidad de la gratificación sexual, con un sentimiento de seguridad o reaseguramiento que se opone a un temor inhibidor (Fenichel, 413).

b) Clasificación de las perversiones

Es posible clasificar la gran variedad de perversiones sobre la base de un criterio (Laplanche, 272): en qué condiciones se obtiene el orgasmo. El orgasmo puede conseguirse de dos maneras:

1) con objetos (que a su vez pueden ser objetos externos, como otra persona del mismo sexo, o bien partes del propio cuerpo, como el caso del coito anal), o

2) con situaciones (por ejemplo pegando, mirando, vistiéndose de mujer, etc.). Esta clasificación es simplemente didáctica, porque en la práctica es posible hallar combinaciones de ellas.

Repasemos las principales perversiones.

HOMOSEXUALIDAD: Conducta sexual donde el objeto de satisfacción es otra persona del mismo sexo. Según Freud (1914), el amor homosexual difiere del heterosexual en que es narcisista, ya que el objeto es amado en razón de su similitud con lo que el sujeto es, alguna vez fue o espera ser en algún momento, opuesto al amor heterosexual, que es anaclítico, es decir, dependiente del objeto que proporciona aquello que el sujeto no puede ser (Rycroft, 63). Lesbianismo es la designación específica para la homosexualidad femenina.

PEDOFILIA: O paidofilia. Literalmente significa amor a los niños, pero en la práctica, su sentido se reserva a la tendencia a cometer delitos sexuales contra ellos. No existe ningún estudio psicoanalítico sobre la pedofilia, pero las pruebas sociológicas sugieren

    (a) que raramente se la asocia con violencia contra la víctima,

    (b) que no es una perversión en el sentido de ser la forma de conducta sexual ‘preferida’ del sujeto, y

    (c) que la víctima suele ser voluntaria (Rycroft, 87).

ZOOFILIA: Bestialismo. Satisfacción sexual obtenida con animales (Rycroft, 122).

NECROFILIA: Satisfacción sexual obtenida con cadáveres.

FETICHISMO: Perversión en la cual la satisfacción sexual se obtiene por intermedio de un objeto llamado ‘fetiche’. Un fetiche es un objeto al cual el individuo le atribuye significación sexual y ante cuya ausencia es incapaz de una excitación de ese tipo. Un fetiche es tanto un objeto inanimado o una parte no sexual de una persona, artículos de adorno, y de los animados, típicamente el pelo o los pies (Rycroft, 58).

El fetichismo es un ejemplo clásico de pensamiento regido por el proceso primario que influye sobre la conducta ya que

    (a) el fetiche tiene múltiples significados derivados de la condensación, el desplazamiento y la simbolización de otros objetos, y

    (b) el fetichista se conduce como si en realidad fueran esos otros objetos, y no está más perturbado por la incongruencia o el absurdo que un soñador mientras está soñando (Rycroft, 58).

Esos otros objetos representados por el fetiche constituyen en última instancia el pene, con lo cual debemos relacionar el fetichismo con el complejo de castración.

Freud explica el fetichismo, en efecto, a partir de una negación del temor a la castración, donde el yo está escindido en dos partes: uno acepta la realidad de la castración, mientras la otra parte reniega de dicha realidad (Rycroft, 52).

Fenichel describe el ‘razonamiento’ del fetichista del siguiente modo:

«El pensar que hay seres humanos sin pene, y que yo mismo podría ser uno de ellos, hace imposible que yo pueda permitirme una excitación sexual [pues podrían castrarme]. Pero ahora veo aquí un símbolo del pene en una mujer [por ejemplo el pelo, o los pies, o sus medias, es decir un fetiche]; esto me ayuda a eliminar mi temor, y de este modo puedo permitirme excitarme sexualmente» (Fenichel, 386) (los corchetes son nuestros).

TRASVESTISMO: O travestismo. Perversión sexual donde el sujeto manifiesta obtener placer sexual vistiéndose con las ropas del sexo opuesto. Virtualmente limitado a los hombres, no es en sí mismo un indicador de homosexualidad y es compatible con la actividad heterosexual (Rycroft, 118).

De acuerdo a Fenichel, el trasvestista masculino adopta simultáneamente la actitud del homosexual masculino (pues sustituye el amor hacia la madre identificándose con ella) y la actitud del fetichista (al negarse a reconocer la carencia de pene en la mujer). Fantasea con la idea de que la mujer tiene pene superando así su angustia de castración, y se identifica con la mujer fálica así creada (Fenichel, 389).

SADISMO: Perversión sexual donde el sujeto expresa sentir placer erótico si inflinge dolor en el otro. Por ejemplo, el sadismo oral o placer en morder. Rycroft señala que no está muy claro si el sadismo es un simple componente del instinto, o si es una fusión de impulsos libidinales y agresivos; o si el elemento agresivo se debe a tendencias destructivas innatas o al resultado de una experiencia de frustración o humillación. Tampoco está muy claro si el «placer» sádico reside en ver cómo el otro sufre, o en la sensación de poder derivada de estar en condiciones de inflingir dolor (Rycroft, 104).

MASOQUISMO: Perversión sexual donde el sujeto expresa sentir placer si se inflinge dolor a sí mismo. El masoquismo es tanto una real como una aparente excepción del principio del placer. Tiende a ser explicado de las siguientes formas:

    (a) como transformación en lo contrario del sadismo,

    (b) como identificación con el compañero sádico,

    (c) como un paliativo de la culpa al experimentar castigo y dolor simultáneamente con el placer,

    (d) como una erotización de un rol sumiso, originalmente adoptado para apaciguar a las figuras autoritarias, y

    (e) como manifestación del instinto de muerte (Rycroft, 76).

EXHIBICIONISMO: Perversión sexual donde el varón expone sus genitales a una mujer. Por extensión, toda conducta motivada por el placer de ser observado, de mostrarse ante los demás, etc. Freud califica al exhibicionismo como un componente del instinto y como un componente normal de la sexualidad infantil (Rycroft, 55).

El exhibicionismo es un recurso contra el temor a la castración. Señala Fenichel que este reaseguramiento contra la castración puede ser obtenido por un exhibicionista masculino de las siguientes maneras:

    1) dice inconscientemente a sus supuestos espectadores: «reaseguradme de que tengo pene reaccionando a la vista del mismo»,

    2) «reaseguradme de que mi pene os atemoriza, y entonces no tendré que estar atemorizado yo» (identificación con el agresor), y

    3) «te muestro lo que yo quisiera que pudieras mostrarme a mí». Aquí, el exhibicionismo no sólo es una máscara de la escoptofilia (placer por mirar lo del otro), sino también se emplea como recurso mágico para que la niña atacada pueda exhibir precisamente la misma cosa, o sea un pene (Fenichel, 390-391), y así, si la niña tiene pene no hay porqué temer a la castración.

El exhibicionismo como perversión no existe en la mujer. Sin embargo, la exposición no genital de todas las otras partes del cuerpo con un propósito de placer preliminar, es más común en la mujer que en el hombre (Fenichel, 391).

VOYEURISMO: O escoptofilia (placer al mirar). Perversión sexual donde la forma preferida de actividad sexual del sujeto es mirar a las partes o actividades sexuales de otros. Desde el planteo clásico, el voyeurismo deriva de la escoptofilia infantil, uno de los componentes del instinto infantiles. También considera al voyeurismo y al exhibicionismo como opuestos pareados, siendo el primero la versión activa del segundo, y el segundo la versión pasiva del primero (Rycroft, 120).

En el inconsciente de los voyeurs se hallan las mismas tendencias que en los exhibicionistas. Sucede con frecuencia que los voyeurs quedan fijados a experiencias que provocaron su angustia de castración, ya se trate de escenas primarias o de la contemplación de genitales adultos. El paciente intenta negar el fundamento de este miedo repitiendo, con algunas alteraciones, las escenas temidas (Fenichel, 393).

8.5 CASOS LIMITE

CASO LIMITE: Expresión utilizada generalmente para designar afecciones psicopatológicas situadas entre la neurosis y la psicosis, especialmente las esquizofrenias latentes que presentan una sintomatología de apariencia neurótica (Laplanche, 49).

Estos casos se llaman también casos limítrofes, estados límite o «bordeline«. Para Rycroft, un caso límite es un paciente que está en la frontera que separa neurosis de psicosis, esto es, tanto uno cuya psicopatología desafía la clasificación o uno cuyos mecanismos son psicóticos pero cuyo comportamiento no determina que sea tratado como tal.

El uso surge del hecho de que los sistemas de diagnóstico suponen una mutua exclusión entre neurosis y psicosis, mientras que la observación clínica muestra que tal mutua exclusión no existe (Rycroft, 74).

Los borderline suelen padecer una ansiedad crónica y difusa, y sus síntomas neuróticos son múltiples. La sexualidad suele ser promiscua y, en ocasiones, perversa. Su organización de personalidad puede ser inclusiva o infantil y la necesidad imperativa de gratificar sus impulsos se expresa episódicamente, dando lugar a un característico acting-out. El narcisismo suele ser un elemento predominante en su estructura de carácter. Bajo estos elementos se oculta un núcleo paranoico basado en la proyección de una rabia oral primitiva El borderline tiene poca tolerancia incluso a niveles bajos de ansiedad, y carece de canales adecuados para la sublimación de sus impulsos (Kaplan, 89).

8.6 RELACION ENTRE NEUROSIS, PSICOSIS Y PERVERSIONES

a) Neurosis-psicosis

1) Como quedó indicado anteriormente, el núcleo de la neurosis es un conflicto entre el yo y el ello (y el yo se alía con la realidad exterior), mientras que en la psicosis, en conflicto central es entre el yo y la realidad exterior (y el yo se alía con el ello). Este es el punto de vista de la segunda tópica freudiana (Laplanche, 323), de donde se desprenden los mecanismos defensivos involucrados en cada caso: represión en la neurosis, y renegación en la psicosis. En efecto, mientras el neurótico comienza reprimiendo las exigencias del ello, el psicótico comienza por renegar de la realidad (Laplanche, 363).

En otras palabras, según Freud los conflictos psicóticos ocurren primariamente entre el individuo y su ambiente, y los conflictos neuróticos se producen en el interior de la personalidad, entre deseos infantiles inconscientes y actitudes adultas (Kaplan, 89).

2) También hemos indicado anteriormente que en la neurosis, se produce una introversión de la libido (pasaje de la libido del mundo externo a objetos fantaseados), mientras que en la psicosis se produce una retracción (pasaje de la libido del mundo externo al yo). Estos procesos son explicados por Freud en «Introducción al narcisismo».

3) Las neurosis implican una fijación a estadios menos primitivos que en las psicosis. Señala Laplanche que en ambos cuadros hay regresión, sólo que a distintas etapas. Por ejemplo, un esquizofrénico volvería a ser un lactante, mientras que un neurótico obsesivo regresaría a la etapa anal (Laplanche, 359).

4) Desde ya, las defensas en el psicótico son también más primitivas y están menos organizadas que en el neurótico. El psicótico utiliza sobre todo la negación, la distorsión y la proyección, reflejándose como huida, retraimiento social o la simple inhibición de los impulsos. Estos mecanismos defensivos están mucho menos organizados que las defensas neuróticas como la represión o la formación reactiva (Kaplan, 89).

5) Algunas psicosis, llamadas psicosis orgánicas, tienen causas físicas demostrables que explican los síntomas sin hacer referencia ya sea a la personalidad del paciente o a cualquier motivo que este tenga para desear estar enfermo. Las neurosis se asemejan a las enfermedades físicas en el sentido de que tienen síntomas de los cuales el paciente se queja, pero son inexplicables si no se hace referencia a la personalidad y motivos del paciente, esto es, son creaciones del paciente mismo y no simplemente los efectos de causas que operan sobre él (Rycroft, 77).

6) Las psicosis, aún cuando sean de origen psicogénico, son inaccesibles al tratamiento psicoanalítico, esgrimiéndose la razón de que se trata de trastornos narcisistas en los que el paciente es incapaz de formar una transferencia, cosa que sí ocurre en las neurosis (Rycroft, 96). Estas circunstancia es lo que llevó a Freud a distinguir las neurosis de transferencia (neurosis propiamente dichas) de las neurosis narcisistas (psicosis).

7) Autores como Fenichel dejan planteado el problema de si la diferencia entre neurosis y psicosis es cuantitativa o cualitativa.

Dice, concretamente, que queda aún por averiguar si aquello en que difiere una enfermedad de otra se debe a diferencias de profundidad dentro de un proceso en lo esencial similar, o más bien cada una de ellas tiene una etiología diferente y obedece a leyes distintas de la patología (Fenichel, 467).

8) Por último, sinteticemos algunos aspectos históricos. Originalmente, algunos cuadros neuróticos como las obsesiones y las fobias se incluían dentro de las psicosis, demencias o delirios (Laplanche, 237).

Es así que al principio, ‘psicosis’ designaba cualquier enfermedad mental, y sólo a fines del siglo XIX se diferenció la psicosis de la neurosis, considerándose a esta última una enfermedad funcional de los nervios (sin lesión detectable) y donde el enfermo no era enviado al asilo (Laplanche, 321).

Hacia 1894, Freud clasifica las defensas patológicas en neurosis y psicosis, incluyendo entre estas últimas a la confusión alucinatoria, la paranoia y la psicosis histérica (que diferencia de la neurosis histérica) (Laplanche, 322).

b) Psicosis-perversión

En sus últimos trabajos, especialmente sobre el fetichismo (una perversión), Freud observó ciertas semejanzas en cuanto a uso de defensas como la renegación de la realidad y la escisión del yo, típicas de la perversión, pero que también aparecían en las psicosis (Laplanche, 274).

c) Neurosis- perversión

1) La típica relación establecida por Freud (1916) indica que la perversión es el negativo de la neurosis, porque mientras el neurótico reprime su sexualidad, el perverso la libera y disfruta, aunque a nivel de instintos parciales. La neurosis, señala Laplanche, es una perversión ‘negativa’ en la medida en que la perversión es la manifestación en bruto, no reprimida, de la sexualidad infantil (Laplanche, 274).

Una formulación alternativa es que el pervertido regresa a la sexualidad infantil, mientras que el neurótico utiliza otras defensas, ya sea en lugar de o después de la regresión (Rycroft, 89).

2) La perversión sería entonces una regresión a la fijación anterior de la libido (Laplanche, 273). Con todo, a medida que se desarrolla la teoría de las perversiones, parece dudoso que pueda reconocerse en éstas el modelo de una fijación equiparable a la simple persistencia de un vestigio genético. El hecho de que se encuentren en el origen de las perversiones conflictos y mecanismos similares a los neuróticos, pone en tela de juicio la aparente simplicidad del concepto de fijación (Laplanche, 158).

3) Las perversiones se combinan, a menudo, con neurosis, la mayor parte de las veces, a causa de la común fijación pregenital, con las neurosis obsesivas y las psicosis.

De hecho, los diversos casos corresponden a las 3 posibilidades siguientes:

    1) La perversión y la neurosis se desarrollan una junto a otra. El yo del perverso, en su lucha con el conflicto edípico, presta su conformidad a un representante de la sexualidad infantil. Esto no excluye, sin embargo, la posibilidad de usar simultáneamente, contra los impulsos perjudiciales, algunos otros mecanismos de defensa, que pueden formar la base de una neurosis. En este caso, la perversión y la neurosis corren paralelas.

    2) Una neurosis viene a complicar una perversión primariamente establecida. Así, puede suceder también que una persona con una perversión bien desarrollada se encuentre ante una situación que, o bien hace que su perversión se vincule más estrechamente a la situación edípica, o bien representa un incremento del temor a la castración. Las situaciones de esta índole exigen nuevas medidas de defensa y éstas, a su vez, pueden crear una neurosis.

    3) Una perversión se suma a una neurosis primariamente establecida. Por ejemplo, los síntomas de una inveterada neurosis obsesiva pueden resultar tan gratificantes como para tomar la apariencia de una perversión secundaria (Fenichel, 412).

7.1 ANGUSTIA

En un sentido muy amplio, la ANGUSTIA es, como el miedo, el susto o el pánico, un afecto displacentero que surge en respuesta a una situación juzgada como peligrosa.

Desarrollaremos aquí un sentido más restringido, que es el propiamente psicoanalítico.

Convendrá desarrollar este tema desde un punto de vista cronológico, es decir, como fue Freud elaborando sus ideas sobre la angustia a través del tiempo. Suelen distinguirse, en este sentido, una primera teoría de la angustia (1894), y una segunda teoría de las angustia (1926), aún cuando hay una transición muy gradual entre ambas. Incluso autores como Rycroft señalan tres teorías sucesivas de la angustia (Rycroft, 31), y otros como Thompson indican sub-etapas dentro de cada teoría (Thompson, 117).

a) Primera teoría de la angustia

Podemos sintetizar la formulación final de esta primera teoría en los siguientes términos: dificultades neuróticas generan una inhibición sexual, y esta sexualidad frustrada se convierte con frecuencia, fisiológicamente, en angustia. O sea: la neurosis lleva a frustrar el orgasmo, y esta frustración produce angustia.

Debemos enfatizar (Thompson, 117) que aquí la angustia no parece resultar de una lucha con el problema neurótico mismo sino que se produce como resultado de la frustración del orgasmo normal (como por ejemplo la eyaculación precoz, la impotencia, etc.).

Esta 1º teoría establece entonces, aunque indirectamente, una relación entre neurosis y angustia: la neurosis lleva a la angustia. Esto contrastará con la segunda teoría de la angustia, donde los términos se invierten: son las tentativas por superar la angustia lo que configurarán una neurosis.

b) Segunda teoría de la angustia

Esta segunda teoría se encuentra desarrollada especialmente en «INHIBICIóN, SíNTOMA Y ANGUSTIA», de 1926, y sus conceptos importantes son: angustia automática, señal de angustia, y angustia ante un peligro real. Examinemos cada uno por separado, para luego hacer una síntesis entre ellos.

ANGUSTIA AUTOMATICA: Reacción del individuo cada vez que se encuentra en una situación traumática, es decir, sometido a una afluencia de excitaciones, de origen externo o interno, que es incapaz de controlar. Según Freud, la angustia automática se opone a la señal de angustia (Laplanche, 27), llamada también a veces angustia señal.

La angustia automática suele también llamársela ANGUSTIA PRIMARIA.

El término ‘angustia automática’, creado en la segunda teoría sobre la angustia, aunque la idea es en Freud más antigua, se refiere a un tipo de reacción: no prejuzga el origen interno o externo de las excitaciones traumatizantes (Laplanche, 27).

Directamente relacionados con la angustia automática, encontramos otros tres conceptos mutuamente relacionados entre sí: estado de desamparo, trauma, y protección contra las excitaciones. El desamparo del bebé es el prototipo de la situación traumática: esta es la situación generadora del sentimiento de desamparo.

Afortunadamente el bebé cuenta con una capa protectora contra las excitaciones externas masivas, que lo puede resguardar del trauma, pero hasta cierto punto. De hecho, el trauma es considerado (Laplanche, 305) como una efracción (fractura, rotura) sobre una amplia extensión del protector contra las excitaciones. Definamos los tres conceptos más explícitamente:

ESTADO DE DESAMPARO: Estado del lactante que, dependiendo totalmente de otra persona para la satisfacción de sus necesidades (sed, hambre), se halla impotente para realizar la acción específica adecuada para poner fin a la tensión interna. Para el adulto, el estado de desamparo es el prototipo de la situación traumática generadora de angustia (Laplanche, 94).

TRAUMA: Acontecimiento en la vida del sujeto caracterizado por su intensidad, la incapacidad del sujeto de responder a él adecuadamente y el trastorno y los efectos patógenos duraderos que provoca en la organización psíquica.

En términos económicos, el traumatismo se caracteriza por un aflujo de excitaciones excesivo, en relación con la tolerancia del sujeto y su capacidad de controlar y elaborar psíquicamente dichas excitaciones (Laplanche, 447).

PROTECCION CONTRA LAS EXCITACIONES: Expresión de Freud, dentro de un modelo psicofisiológico, que designa una determinada función y el aparato que le sirve de soporte. La función consiste en proteger al organismo contra las excitaciones provenientes del mundo exterior que, por su intensidad, ofrecerían el peligro de destruirlo. Este aparato se concibe como una capa superficial que envuelve al organismo y filtra pasivamente las excitaciones (Laplanche, 304).

El principal concepto de la segunda teoría freudiana de la angustia es la idea de angustia señal (Laplanche, 400).

ANGUSTIA SEÑAL: O señal de angustia. Término introducido por Freud en la reestructuración de su teoría de la angustia (1926) para designar un dispositivo puesto en acción por el yo, ante una situación de peligro, con vistas a evitar el ser desbordado por el aflujo de excitaciones. La señal de angustia reproduce en forma atenuada la reacción de angustia vivida primitivamente en una situación traumática, lo que permite poner en marcha operaciones defensivas (Laplanche, 399).

La señal de angustia es un ‘resultado’: es la manifestación subjetiva del hecho de que una determinada cantidad de energía o de excitaciones no es controlada o no podrá controlarse.

Este afecto, reproducido en forma de señal, tiene una explicación económica: debió ser experimentado pasivamente en el pasado como angustia automática, en ocasión de encontrarse el sujeto en una situación traumatizante (Laplanche, 400). ‘Pasivamente’ significa que el bebé queda a merced del afecto displacentero, prácticamente sin posibilidad de actuar sobre él atenuándolo.

Notemos (Kaplan, 84), que la señal de angustia no es una reacción frente a un peligro consumado: aparece más como una forma de prevenirse contra el peligro, mediante la instrumentalización de medidas protectoras contra él, porque el sujeto ha aprendido a un nivel preconicen o inconsciente aspectos de una situación que alguna vez fueron traumáticos.

ANGUSTIA REAL: O, mejor, angustia ante un peligro real. Término creado por Freud en el marco de su segunda teoría de la angustia: angustia ante un peligro exterior que constituye para el sujeto una amenaza real (Laplanche, 27).

La angustia ante un peligro real se opone a la angustia ante la pulsión. En general, se sostiene que una amenaza pulsional de por sí es generadora de angustia. En cambio para Anna Freud, la pulsión sólo sería ansiógena en cuanto ofrece el riesgo de suscitar un peligro real (Laplanche, 27-28).

Además, en la Conferencia 26 Freud indica que la angustia ante el peligro real surge cuando hay una amenaza a la autoconservación del individuo, mientras que la angustia ante la emergencia de la pulsión está más vinculada con la sexualidad.

Podemos resumir ahora la segunda teoría de la angustia, guiándonos mediante el esquema adjunto. El lactante se ve invadido por excitaciones intensas, de origen externo e interno, que no puede controlar. Esta situación traumática genera una angustia automática (algo automático es, en neurofisiología, algo que no puede controlarse, como por ejemplo el movimiento intestinal).

Andando el tiempo y a medida que el yo se desarrolla, éste adquiere la capacidad de defenderse de la angustia. Esto no significa que impida la aparición de la angustia. Aparece un ‘poquito’ de angustia que le sirve de señal al yo para que pueda inmediatamente instrumentar medidas defensivas: de aquí el nombre de ‘señal de angustia’.

Podemos hacer una comparación con el mecanismo de la vacuna. Cuando nos dan la vacuna contra la tuberculosis, nos están inyectando el bacilo causante de la enfermedad. Sin embargo, nos es administrado en forma atenuada o disminuida, lo suficiente para que nuestro organismo no se enferme pero sí genere defensas (es decir, fabrique anticuerpos) contra la tuberculosis, quedando así en lo sucesivo protegido contra ella. Los bacilos inyectados son una «señal» dada al organismo para que este monte las defensas eficaces.

Cuando Freud habla de señal de angustia, se refiere sobre todo a la angustia generada por excitaciones o peligros internos: angustia ante la emergencia de la pulsión, sexual o agresiva, ante la castración, ante el superyó, etc.

Esto significa que esta señal de angustia pudo haber provenido de una situación traumática no real, no generada por excitaciones externas y efectivamente sufrida pasivamente por el sujeto, sino imaginada por este último.

Ahora bien: una vez aparecida la señal de angustia, caben 2 posibilidades:

a) Las defensas instrumentadas resultan eficaces o exitosas, en cuyo caso la angustia cede, es controlada, y el aparato psíquico retorna a la normalidad; un ejemplo es el juego infantil, donde el niño repite activamente la situación traumática antes vivida pasivamente, y siente placer al darse cuenta que ‘ya no necesita sentir angustia’ porque ve que jugando puede controlar activamente la situación, pudiendo así superar sin temor una situación que antes lo hubiera angustiado.

b) Las defensas fallan, y entonces el aparato psíquico se ve inundado de angustia (situación similar a la angustia automática, porque no puede controlarla). Es entonces cuando se manifiesta la neurosis de angustia (si el peligro es interno y desconocido conscientemente por el sujeto), o el pánico (si el peligro es externo y conocido). En un contexto freudiano, desde ya, nos interesa la evolución hacia la neurosis.

Este pasaje de la señal de angustia a la neurosis de angustia por fallas defensivas es lo que Freud llamó DESARROLLO DE ANGUSTIA.

Pero hay otra posibilidad: que la defensa fallida sea una represión neurótica.

Esta represión evita el desarrollo de la angustia (Bodni, 117) pero es fallida porque no logra evitar el permanente retorno de lo reprimido, de manera que el yo está desarrollando permanentemente una actitud defensiva que lo hace consumir gran cantidad de energía, que podría haber sido destinada a actividades productivas. El yo no ha aprendido a defenderse exitosamente.

Debemos tener presente, también, para juzgar el carácter normal o patológico de la defensa, la edad del sujeto: la predominancia de una defensa como la formación reactiva en la fase anal es normal, no así si ello ocurre en el adulto.

En suma: para la 2º teoría, una situación de angustia es generadora de la neurosis. Ya dijimos que esto contrasta con el punto de vista opuesto que había sostenido Freud en la primera teoría, donde un estado neurótico inespecífico hacía que el individuo no descargase adecuadamente la excitación sexual, lo cual a su vez le generaba angustia.

En otras palabras: para la primera teoría la neurosis lleva a la angustia, y para la segunda teoría la angustia lleva a la neurosis, es decir, como decía Freud ya en 1923, la neurosis surge de las tentativas por controlar la angustia.

c) Angustia, miedo y susto

Por último, digamos que Freud hará distinciones entre ANGUSTIA, MIEDO y SUSTO. Al respecto, sus ideas fueron evolucionando cronológicamente de la siguiente manera.

a) En un principio, Freud advirtió que el miedo y la angustia se manifestaban corporalmente en forma muy similar. Por lo tanto, intentó averiguar si ambas obedecían a la misma causa. En el marco de su primera teoría de la angustia concluyó que no: el miedo tiene como causa un peligro real, y forma parte del instinto de autoconservación, pero no pudo encontrar una explicación semejante para la angustia, que provenía de una situación de frustración sexual (Thompson, 118).

b) En «MÁS ALLÁ DEL PRINCIPIO DEL PLACER» (1920) propone distinguir entre angustia, miedo y susto. El miedo es una reacción frente a un peligro conocido, es decir frente a un objeto conocido. La angustia es en cambio una reacción frente a un peligro desconocido: es un estado de espera del peligro y la preparación para éste, aunque sea desconocido.

El susto es, por su parte, una reacción frente a una situación de peligro donde, independientemente de si es o no conocido, lo importante es que el sujeto no está preparado para enfrentarla, es decir, Freud hace recaer aquí el énfasis sobre el factor sorpresa.

Precisamente, SUSTO se define como una reacción frente a una situación de peligro o a estimulaciones externas muy intensas, que sorprenden al sujeto en un estado de no-preparación, por lo que no puede protegerse de ellas o dominarlas (Laplanche, 423).

En la angustia hay, en cambio, una cierta preparación frente al peligro.

c) Los desarrollos posteriores, como en «INHIBICIóN, SíNTOMA Y ANGUSTIA» (1926), Freud retoma esa oposición entre susto y angustia, ubicando al primero como angustia automática y a la segunda como señal de angustia.

Como se ve, se mantiene la oposición, porque la angustia automática implica un estado de no-preparación, y la segunda una actitud de espera activa que protegerá contra el desarrollo de la angustia (Laplanche, 424).

d) Otros tipos de angustia

Fuera de los tipos de angustia ya indicados, en la literatura psicoanalítica freudiana y no freudiana se describen otros muchos tipos de angustia. A modo de ejemplo, tomemos las siguientes caracterizaciones, adscribibles al pensamiento de S. Freud:

ANGUSTIA DE CASTRACION: Es aquella provocada por amenazas reales o imaginarias a la función sexual (Rycroft, 32). Según Bodni, es uno de los conceptos psicoanalíticos más importantes, por cuanto para Freud, en última instancia toda angustia es angustia de castración, (Bodni, 116) tomada ésta en un sentido amplio.

ANGUSTIA DE SEPARACION: Es aquella provocada por la amenaza de separación de los objetos concebidos como esenciales para la supervivencia (Rycroft, 32).

ANGUSTIA FOBICA: Angustia provocada por algún objeto o situación externos, fuera de toda proporción con su real peligrosidad (Rycroft, 59). La fobia permite un eficaz control de la angustia, porque la amenaza queda desplazada a un objeto externo evitable (Bodni, 116).

7.2 DEFENSA

a) Generalidades

Hay defensas contra peligros exteriores, como cuando nos defendemos de un animal salvaje. Pero las defensas a que alude el psicoanálisis están relacionadas con peligros internos. La angustia, como afecto displacentero asociado a la inminencia de una descarga pulsional (peligro interno), suscita en el yo operaciones defensivas, debido a que está en juego la misma constancia e integridad del sujeto.

DEFENSA: Conjunto de operaciones cuya finalidad está en reducir o suprimir toda modificación que pueda poner en peligro la integridad y la constancia del individuo biopsicológico. El yo encarna dicha constancia y busca mantenerla, y por tanto es el yo el agente de aquellas operaciones.

De un modo general, la defensa afecta las excitaciones pulsionales, y electivamente a las representaciones (recuerdos, fantasías) que aquellas comportan, en una situación determinada capaz de provocar esas excitaciones en cuanto incompatibles con el equilibrio yoico, y por ende displacenteras para éste. Los afectos displacenteros, motivos o señales de la defensa, pueden ser también objeto de ésta última.

El proceso defensivo procede de acuerdo a ciertos MECANISMOS DE DEFENSA más o menos integrados al yo, tiene a menudo un carácter compulsivo y actúa, al menos, parcialmente, en forma inconsciente (Laplanche, 89).

Es así que en la defensa debemos distinguir dos aspectos: la finalidad de la defensa y los motivos de la defensa. La finalidad de la defensa es mantener y restablecer la constancia y la integridad yoica, evitando toda perturbación que se traduciría subjetivamente como displacer.

Los motivos de la defensa son aquellos elementos que aparecen como una amenaza y que ponen en marcha el proceso defensivo: básicamente es la señal de angustia. En general, las defensas se intrumentan frente a los peligros provenientes del ello (pulsiones), del superyó (amenazas moralistas) y de la realidad exterior (peligros reales).

Puede llamarnos la atención el hecho de que la inminencia de la descarga pulsional sea experimentada por el yo como displacentera (dando lugar a defensas contra ella), cuando por otro lado sabemos que la descarga pulsional es algo placentero. En otras palabras, ¿porqué el yo se angustia ante la pulsión, cuando esta es placentera? Esta cuestión es, según Laplanche, un problema teórico fundamental que Freud siempre tuvo presente (Laplanche, 91) (Fenichel, 157-158).

La cuestión intentó resolverse de varias maneras, no necesariamente excluyentes entre sí. Veamos la sistematización de Fenichel (Fenichel, 69-70):

1) La excitación instintiva trae el recuerdo de experiencias dolorosas de la época de la lactancia, donde temporariamente no estaban disponibles los objetos satisfactores de aquella excitación. Por tanto, aquellas excitaciones producen la impresión que pueden ser peligrosas. Sería como decir: «No quiero sentir hambre de pecho porque me hace acordar la época donde el pecho no estaba».

2) Amenazas y prohibiciones externas que recaen sobre las pulsiones, volviéndose entonces estas peligrosas porque su satisfacción acarrearía un castigo.

3) La violencia de los propios impulsos reprimidos del niño es proyectada al exterior, y esto le coloca a la expectativa de drásticos castigos.

4) Más tarde, las amenazas y prohibiciones provendrán del interior, del Superyó. La angustia ante la emergencia pulsional se convierte entonces en sentimiento de culpa.

Sobre estas cuestiones, el lector puede también consultar, para ampliar su información, el artículo «Defensa», de LaplanchePontalis, en la pág. 91.

b) Mecanismos de defensa. Criterios de clasificación

Los MECANISMOS DE DEFENSA son operaciones específicas utilizadas por el yo en respuesta a la percepción de una amenaza psíquica, con el fin de neutralizar sus efectos. Son a menudo compulsivas e inconscientes, y toman la forma de configuraciones sui generis de sentimientos, pensamientos o conductas. Bodni recalca que las defensas son patrones para entender la estructura de cualquier cuadro clínico (Bodni, 117).

Los mecanismos defensivos pueden ser clasificados con arreglo a diversos criterios, que podemos designar como criterios genético, psicopatológico y tópico.

a) Criterio genético: Según su aparición y/o importancia en cada fase del desarrollo libidinal. Ejemplo: defensa oral.

b) Criterio psicopatológico: Según sean normales (exitosas) o patológicas (fallidas). A su vez, dentro de estas últimas, según a qué cuadro psicopatológico correspondan típicamente. ejemplo: defensa obsesiva.

c) Criterio tópico: Según sean contra el ello, contra el superyó o contra la realidad exterior.

Ejemplo: defensas frente a la pulsión (ello).

Hay una relación del criterio psicopatológico con los otros dos criterios: con el criterio genético porque, en general, cuanto más regresiva es la defensa, más grave la patología; y con el criterio tópico, porque el predominio de defensas frente a ciertas instancias (ello, realidad exterior, etc.) configurarán cuadros psicopatológcos bastante específicos.

a) Criterio genético.- Cada etapa del desarrollo libidinal tiene defensas características, que posteriormente suelen subsistir (Kaplan, 82). Por ejemplo: en la fase oral encontramos típicamente la proyección, la introyección (especialmente la incorporación) y la negación. En la fase anal encontramos la formación reactiva (vergüenza, disgusto). Desde la fase fálica en adelante encontramos mecanismos más maduros, como la represión o la sublimación. Si en la vida adulta tienden a predominar las defensas de las fases pregenitales, la personalidad conserva un aspecto infantil.

Las defensas más arcaicas, por último, se apoyan en funciones biológicas. Así, suele decirse por ejemplo que la incorporación (del alimento) sirve de base a la introyección, la asimilación (del alimento) a la identificación, y la eyección (por ejemplo el vómito), a la proyección.

b) Criterio psicopatológico.- En un cuadro aparte se sintetizan los principales mecanismos de defensa descriptos en el psicoanálisis freudiano. En el mismo, están indicadas las defensas exitosas, como la sublimación, y las patógenas. Algunas de estas, como el aislamiento son casi invariablemente patológicas, y otras como la represión o la identificación, pueden ser normales o patógenas, según su intensidad, su inflexibilidad y/o el contexto en que se instrumentan.

De acuerdo con Rycroft, las defensas normales son técnicas del yo para dominar, controlar, canalizar y utilizar fuerzas que pueden conducir a una neurosis, mientras que defensas neuróticas son fallas en las defensas normales (Rycroft, 44).

Las defensas exitosas dan lugar a la cesación de lo que se rechaza, mientras que las defensas ineficaces obligan a una repetición o perpetuación del proceso de rechazo, para evitar que los impulsos irrumpan nuevamente (Fenichel, 167).

Anna Freud fue una de las psicoanalistas que clásicamente sistematizaron los mecanismos de defensa, y al respecto identificó una defensa normal (la sublimación), y nueve defensas neuróticas (regresión, represión, formación reactiva, aislamiento, anulación, proyección, introyección, vuelta contra sí mismo y transformación en lo contrario) (Rycroft, 44). Las dos últimas no fueron especificadas explícitamente por Sigmund Freud como defensas, sino como dos posibles destinos de las pulsiones, en «Las pulsiones y sus destinos».

c) Criterio tópico.- Bodni desarrolla una clasificación según este criterio, que se basa en textos de Freud donde este habla de las tres servidumbres del yo (por ejemplo en «EL YO Y EL ELLO» y en «NEUROSIS Y PSICOSIS»). El yo puede defenderse de tres instancias: del ello, de la realidad exterior y del superyó, y por lo tanto, el criterio tópico clasifica las defensas como defensas frente a la pulsión, defensas frente a la realidad exterior, y defensas frente al superyó.

El prototipo de la defensa frente a la pulsión es la represión, mediante la cual el Yo se enfrenta con el empuje pulsional del Ello, impidiendo su descarga motriz. Afecta tanto a las pulsiones sexuales como a las agresivas.

Antes de la aparición de la represión preexisten defensas ‘pre-represivas’, pero que resultan ineficaces porque no les es posible evitar la descarga pulsional con la misma eficacia que lo hace la represión, y además implican un sufrimiento. Por ejemplo, en la vuelta sobre sí mismo, donde el yo se ofrenda como objeto masoquista (Bodni, 118 y 121)

Después de instalada la represión aparecerán defensas ‘post-represivas’, como por ejemplo la negación (ver cuadro de defensas), que permiten expresar un deseo siempre y cuando se le agregue el adverbio ‘no’ (Bodni, 125).

El prototipo de las defensas frente a la realidad exterior es la DESMENTIDA o renegación, según la traducción considerada (ver cuadro de defensas).

Hay otra defensa similar, denominada DESESTIMACION o REPUDIO, retrabajada como ‘forclusión’ por Lacan. Bodni explica la diferencia entre renegación y desestimación en los siguientes términos: en la renegación hay un doble discurso («la castración existe pero no existe»), es decir, el sujeto admite la existencia del problema de la castración. En cambio la desestimación es previa a la fase fálica que es donde se plantea dicho problema, y consiste directamente en desestimar en forma total la existencia del mismo, repudiándolo (Bodni, 127).

Respecto de las defensas frente al superyó, Freud se refiere a ellas al estudiar las melancolías (en «Neurosis y psicosis»), aunque no les dedicó una especial profundización, sosteniendo que consideraba abierta la investigación sobre el tema (Bodni, 128).

c) Principales mecanismos de defensa

REPRESION: Mecanismo donde los contenidos mentales inaceptables son desterrados o mantenidos fuera de la conciencia, y se observa tanto en el desarrollo normal, como en la formación de síntomas neuróticos y psicóticos. Freud reconoció dos tipos de represión:

a) la represión propiamente dicha (el material reprimido estuvo antes en el ámbito consciente); y

b) la represión primaria (el material reprimido nunca estuvo antes en el ámbito consciente) (Kaplan, 83).

Mencionamos a la represión en primer lugar, porque Freud ha utilizado el modelo teórico de la represión como el prototipo de otras operaciones defensivas (Laplanche, 375).

SUPRESION: Acto consciente de controlar e inhibir un impulso, emoción o idea inaceptables. Se diferencia de la represión en que ésta última es inconsciente (Kaplan, 83).

JUICIO DE CONDENACION: Operación o actitud mediante la cual el sujeto, aún cuando toma conciencia de un deseo, se prohibe su realización, principalmente por razones morales o de oportunidad. Freud ve en ello un modo de defensa más elaborado y más adaptado que la represión (Laplanche, 207). A diferencia de la supresión, en el juicio de condenación no necesariamente se da una expulsión del deseo fuera de la conciencia (Laplanche, 422).

AISLAMIENTO: Separación de un pensamiento o una conducta de tal forma que se rompan las conexiones con otros pensamientos o con el resto de la existencia del sujeto. Típico de la neurosis obsesiva, este mecanismo implica por ejemplo pausas en el curso del pensamiento, fórmulas, rituales y, de un modo general, toda medida que permita establecer un hiato (corte, discontinuidad) en la sucesión temporal de pensamientos o actos (Laplanche, 17). El aislamiento es una defensa típica de la neurosis obsesiva, donde tiene el mismo papel que la represión en la histeria (Rycroft, 29).

ANULACION (o anulación retroactiva): Mecanismo donde la persona realiza simbólicamente al revés algo inaceptable que ya ha sido hecho o contra lo cual el yo debe defenderse. Se trata de una defensa primitiva, una forma de acción mágica. De naturaleza repetitiva, se observa habitualmente en el trastorno obsesivo-compulsivo (Kaplan, 83). Mediante esta defensa, el sujeto se esfuerza en hacer como si pensamientos, palabras, gestos o actos pasados no hubieran ocurrido, para lo cual lleva a cabo un pensamiento o conducta de significación opuesta (Laplanche, 28).

DESPLAZAMIENTO: Mecanismo donde el componente emocional de una idea u objeto inaceptable se transfiere a otro más aceptable (Kaplan, 83) y con el cual tiene algún vínculo asociativo. Este mecanismo se ve especialmente en los sueños, aunque está también en la formación de los síntomas psiconeuróticos y, en general, en toda formación del inconsciente (Laplanche, 98).

FORMACION REACTIVA: Sustitución de conductas, pensamientos o sentimientos que el yo juzga inaceptables, por otros diametralmente opuestos. Por ejemplo: odiar al objeto amado para defenderse del impulso erótico hacia él, o bien amar al objeto odiado para defenderse de la pulsión agresiva. Otros ejemplos son el pudor como reacción a las tendencias exhibicionistas, la cortesía como defensa contra la crueldad, la limpieza contra la coprofilia, etc. Es típica de la neurosis obsesiva.

IDENTIFICACION: Mecanismo por el cual una persona modela su forma de ser según la forma de ser de otra persona. En este proceso, el yo se altera de una manera más o menos permanente. El primer mecanismo de identificación es la incorporación (Kaplan, 83).

INCORPORACION: Mecanismo donde la representación mental de otra persona o de alguno de sus aspectos son asimilados en uno mismo mediante un proceso figurativo de ingestión oral simbólica. Es una forma especial de introyección y es el primer mecanismo de identificación (Kaplan, 83).

IDENTIFICACION CON EL AGRESOR: Incorporación de la imagen mental de otra persona que representa una fuente de frustración del mundo exterior. Ejemplo clásico: la identificación del niño con el padre, fuente de frustración por ser el rival respecto de su madre. Al no poder dominarlo o huir de él, se ve obligado a identificarse con su imagen (Kaplan, 83).

El nombre de esta defensa es de Anna Freud, pero Sigmund Freud lo describió por ejemplo en «Más allá del principio del placer«.

INTROYECCION: Interiorización inconsciente y simbólica de la representación psíquica de un objeto externo odiado o amado con el fin de establecer proximidad y tener la presencia constante del objeto. Se lo considera un mecanismo defensivo inmaduro (Kaplan, 83). La introyección como defensa busca reducir la angustia por la separación del objeto, pero es también un proceso normal que lleva a la autonomía yoica (Rycroft, 71).

NEGACION: Rechazo de la existencia de realidades desagradables, externas o internas. Si se reconociera su existencia, se generaría angustia (Kaplan, 83).

RENEGACION: Modo de defensa donde el sujeto rehúsa reconocer la realidad de una percepción traumatizante, principalmente la ausencia de pene en la mujer. Este mecanismo fue especialmente invocado por Freud para explicar el fetichismo y las psicosis (Laplanche, 363). La expresión ‘renegación’ alude a negar una negación: el perverso afirma que ‘no’ es verdad que la mujer ‘no’ tenga pene (Bodni, 126).

La renegación presupone una ESCISION DEL YO, vale decir, la coexistencia dentro del yo de dos actitudes psíquicas respecto de la realidad exterior en cuanto esta contraría una exigencia pulsional: una tiene en cuenta la realidad, y la otra reniega de ella sustituyéndola con una producción del deseo. Ambas actitudes coexisten sin influirse recíprocamente (Laplanche, 125).

Esta escisión no es propiamente una defensa del yo, sino una forma de lograr la coexistencia de dos procedimientos defensivos: uno dirigido hacia la realidad (renegación), y otro hacia la pulsión, pudiendo este último además conducir a la formación de síntomas neuróticos, como por ejemplo los fóbicos (Laplanche, 127).

Si bien Freud ilustró la renegación en el fetichismo, esta puede ser también una defensa operativa, por ejemplo cuando el soldado debe desmentir el peligro para poder adaptarse a la situación de combate, o cuando desmentimos la muerte de un ser querido para dar tiempo al aparto psíquico a asimilar la pérdida y evitar un trauma (Bodni, 127).

Sinónimo: desmentida.

PROYECCION: Atribución a otra persona de ideas, sentimientos e impulsos generalmente inconscientes que son indeseables o inaceptables para ella. Por ejemplo: «No soy yo quien seduce, sino el otro quien me seduce a mí». La proyección protege de la ansiedad derivada de un conflicto interior. Exteriorizando todo lo inaceptable, la persona lo afronta como una situación no vinculada a ella (Kaplan, 83).

Defensa muy arcaica, se la ve por ejemplo en la paranoia y en algunas formas normales de pensamiento, como la superstición (Laplanche, 306).

RACIONALIZACION: Mecanismo donde la conducta, los motivos o los sentimientos inaceptables se justifican lógicamente o se hacen conscientemente tolerables por medios plausibles (Kaplan, 83). Procedimiento mediante el cual el sujeto intenta dar una explicación, lógicamente coherente o moralmente aceptable, a una actitud, acto, idea, sentimiento, etc., cuyos motivos verdaderos no percibe. Especialmente se habla de una racionalización del síntoma, de una compulsión defensiva, de una formación reactiva. La racionalización interviene también en el delirio, sistematizándolo (Laplanche, 349).

INTELECTUALIZACION: Mecanismo por el cual el sujeto se implica en pensamientos muy abstractos para evitar experimentar angustia. No confundir con la racionalización.

Esta defensa (Laplanche, 198) implica dar forma discursiva a conflictos y emociones, con el fin de controlarlos. Se ve por ejemplo en la cura, cuando el paciente da importancia al pensamiento abstracto, por sobre la emergencia y el reconocimiento de los afectos y fantasmas.

REGRESION: Retorno parcial o total a pautas defensivas anteriores. Se ve en muchas alteraciones psiquiátricas, sobre todo en la esquizofrenia (Kaplan, 83). Laplanche no hace referencia a la regresión como un mecanismo defensivo, lo que sí hace Rycroft, cuando señala que la regresión intenta combatir la angustia regresando a puntos de fijación pasados.

El mismo autor indica sin embargo que, en general, no se la admite como una defensa, porque la regresión lleva al sujeto a una situación aún peor, donde reedita la angustia correspondiente a la etapa a la que ha regresado. Por ejemplo: regresar del nivel fálico al oral implica combatir la angustia de castración, per a cambio se experimenta la angustia de separación de la fase oral (Ryctoft, 101).

SIMBOLIZACION: Mecanismo donde una idea u objeto sustituye a otro en virtud de alguna semejanza entre ambos. Los símbolos así formados protegen de la ansiedad vinculada a la idea u objeto original (Kaplan, 83).

SUBLIMACION: La energía asociada a impulsos inaceptables se reorienta hacia canales personal y socialmente aceptables. Al contrario de otras defensas, la sublimación ofrece cierta gratificación mínima del impulso instintivo (Kaplan, 83).

SUSTITUCION: Mecanismo donde una persona sustituye un deseo, impulso, emoción o meta inaceptable, por otro más aceptable (Kaplan, 83).

7.3 SINTOMA

a) Aclaración terminológica

El término ‘síntoma’ proviene originalmente de la medicina, y luego fue utilizado por el psicoanálisis otorgándole éste una significación específica.

En medicina se suele distinguir entre signos, síntomas y síndromes. Un signo es un fenómeno observado por el médico que le indica la presencia de algún proceso patológico (por ejemplo un incremento desmesurado de leucocitos), y que puede ser también observado por el paciente o no. En cambio el síntoma es un fenómeno percibido por el paciente en sí mismo y para el cual reclama alivio (por ejemplo un dolor de estómago).

Un síndrome (Rycroft, 108), es un grupo de signos y síntomas que se saber ocurren en forma conjunta, pero que no constituyen por sí mismos una enfermedad, ya sea porque las conexiones entre ellos son desconocidas o porque puede ser la manifestación de una variedad de enfermedades.

Por otra parte, también se sostiene que los grandes síndromes mentales (Ey, 73) constituyen una especie de mosaico de síntomas, cuyo conjunto característico importa tener presente para conocer y analizar los cuadros clínicos de manera correcta.

Nos interesa aquí, sin embargo, el significado específico del término síntoma en la teoría psicoanalítica freudiana.

En este contexto, si bien Freud investigó las neurosis y las psicosis, su teoría del síntoma se aplica especialmente a las neurosis y, dentro de estas, a las psiconeurosis (y más específicamente a lo que después denominaría psiconeurosis de transferencia, tales como la neurosis obsesiva, la histeria de angustia, la neurosis fóbica, etc.).

Por lo tanto, en lo sigue haremos principalmente una caracterización del síntoma, entendido este como síntoma psiconeurótico.

SINTOMA: Es la expresión simbólica de la transacción entre un deseo (pulsión, impulso) y una defensa contra él. Ante la emergencia del deseo el yo experimenta angustia, por lo que monta defensas contra ella. La lucha entre el deseo y la defensa culmina en un ‘arreglo’ entre ambos, urdido por el yo, transacción denominada síntoma.

El síntoma presenta varias características importantes: es un derivado del inconsciente; es una formación de compromiso; es un proceso sobredeterminado; y es la expresión de un proceso psiconeurótico.

DERIVADO DEL INCONSCIENTE: Término que Freud usa dentro de su concepción dinámica del inconsciente. Este tiende a hacer resurgir en la conciencia y en la acción producciones que están en conexión más o menos lejana con aquel. Son derivados de lo reprimido (Laplanche, 94).

Sin embargo, para que lo reprimido pueda ser aceptado en la conciencia, debe sufrir algunos cambios, debe ser procesado por los mecanismos de elaboración psíquica (condensación, desplazamiento, etc.) que disfrazarán el material reprimido hasta hacerlo irreconocible y por lo tanto aceptable. De esta forma, las representaciones reprimidas se hallan deformadas por la defensa hasta resultar irreconocibles.

El síntoma resulta ser así una FORMACION DE COMPROMISO o FORMACION TRANSACCIONAL, ya que al mismo tiempo satisface el deseo inconsciente (porque lo expresa) y la defensa contra él (porque lo expresa disfrazadamente). Precisamente, el síntoma tiene el valor de un símbolo, por representar en forma indirecta y figurada un conflicto o un deseo inconscientes.

También dijimos que el síntoma es un proceso sobredeterminado, entendiendo SOBREDETERMINACION en los dos sentidos identificados por Laplanche, es decir, el síntoma como determinado por varias causas, y el síntoma como poseedor de variadas significaciones (Laplanche, 411).

En el caso especial del síntoma neurótico, esas significaciones tienen un contenido sexual.

Toda la caracterización anterior, sin embargo, también es aplicable a otras manifestaciones del inconsciente, tales como los sueños, las fantasías, los actos fallidos, los chistes, y sin embargo tales manifestaciones no se designan como síntomas. Por lo tanto, a todo lo anterior debemos agregar la cuarta característica: el síntoma es el resultado de un proceso psicopatológico, a diferencia de las otras formaciones del inconsciente ya mencionadas, consideradas normales.

El síntoma es ante todo un resultado, un producto de un proceso previo que desembocará en la formación del primero, proceso cuyas características definirán su carácter patológico. Por lo tanto, consideraremos este proceso examinando sucintamente cómo se forman los síntomas.

b) Formación de síntomas

FORMACION DE SINTOMA: Término utilizado para designar el hecho de que un síntoma psiconeurótico es el resultado de un proceso especial, de una elaboración psíquica (Laplanche, 164).

Por tratarse de una Guía orientativa de Consulta, seremos aquí muy esquemáticos en nuestra descripción de la formación de síntomas. El proceso aparece sintetizado en el diagrama de «Formación de síntomas», que guiará nuestra exposición.

Sucesivamente veremos:

  1. Emergencia del impulso (deseo, pulsión).
  2. Instauración del conflicto impulso-defensa.
  3. Estancamiento de la libido.
  4. Formación de síntomas neuróticos.
  5. Desarrollo posteriores del síntoma.

1) Emergencia del impulso (deseo, pulsión).- En el proceso de formación del síntoma existe originariamente una pulsión que busca su descarga. Obviaremos aquí las diferencias que puedan existir entre IMPULSO, pulsión y deseo. Emplearemos indistintamente esas denominaciones para designar todo aquello que, emergiendo del ello, busca su descarga o satisfacción.

Cuando se trata de formación de síntomas, Freud suele emplear más bien la denominación’ deseo’, por lo que haremos algunas consideraciones a su respecto (el lector puede obviarlas sin perder una continuidad en la lectura).

DESEO: En la concepción dinámica freudiana, uno de los polos del conflicto defensivo: el deseo inconsciente tiende a realizarse restableciendo, según las leyes del proceso primario, los signos ligados a las primeras experiencias de satisfacción. El psicoanálisis ha mostrado, basándose en el modelo del sueño, cómo el deseo se encuentra también los síntomas en forma de transacción (Laplanche, 96).

El deseo es de alguna forma el motor de la conducta humana. Esta tiende siempre, directa o indirectamente, a reproducir una primera experiencia de satisfacción:

EXPERIENCIA DE SATISFACCION: Tipo de experiencia originaria postulado por Freud, consistente en el apaciguamiento, en el lactante, gracias a una intervención exterior, de una tensión interna creada por la necesidad. La imagen del objeto que satisface adquiere entonces un valor electivo en la constitución del deseo del sujeto. Podrá ser recatectizada en ausencia del objeto real (satisfacción alucinatoria del deseo). Guiará constantemente la búsqueda ulterior del objeto que satisface (Laplanche, 133).

El sujeto busca siempre, por caminos directos (alucinación) o indirectos (acción orientada por el pensamiento) una identidad con la percepción que quedó unida a la primera experiencia de satisfacción. Ambos caminos se llaman, respectivamente, búsqueda de una identidad de percepción y de una identidad de pensamiento:

IDENTIDAD DE PERCEPCION-IDENTIDAD DE PENSAMIENTO: Términos utilizados por Freud para designar aquello hacia lo que tienden, respectivamente, el proceso primario y el secundario. El proceso primario tiende a encontrar una percepción idéntica a la imagen del objeto resultante de la experiencia de satisfacción. En el proceso secundario, la identidad buscada es la de los pensamientos entre sí (Laplanche, 183).

Sea cual fuere la forma en que el deseo busca realizarse, siempre tiende a dicha realización. Es lo que se denomina el cumplimiento (o realización) del deseo:

CUMPLIMIENTO (O REALIZACION) DEL DESEO: Formación psicológica en la cual el deseo se presenta imaginariamente como cumplido. Las producciones del inconsciente (sueño, síntoma y, por excelencia, fantasía) constituyen cumplimientos de deseo en los que éste se expresa en una forma más o menos disfrazada.

Como puede advertirse, en principio el deseo nunca se satisface totalmente, sino en forma disfrazada. Una de las razones es que al deseo se opondrá una defensa, generándose un conflicto cuya resolución implicará que el deseo podrá realizarse, pero en forma velada y parcial, no directa y total.

2) Instauración del conflicto impulso-defensa.- La inminencia de la descarga pulsional (o de la realización del deseo) es experimentada por el sujeto como peligrosa, razón por la cual a aquella catexis se le opondrá una fuerza opuesta, una contracatexis defensiva.

Esta defensa se monta más específicamente frente a los afectos displacenteros asociados al peligro: angustia, sentimientos de asco, culpa, vergüenza, etc., designados en general con el nombre de MOTIVOS DE LA DEFENSA.

Queda así instaurado, ya desde la infancia, el conflicto entre impulso y defensa. Este conflicto no implica un estado patológico. La salud o la enfermedad surge a partir de cómo ese conflicto será resuelto. Aquí examinaremos su curso patológico, porque estamos hablando de la formación de síntomas.

Instalado el conflicto, pueden suceder dos cosas:

a) que las fuerzas del impulso y la defensa queden igualadas, produciéndose un estancamiento de la libido, es decir, un bloqueo de la descarga pulsional;

b) que las fuerzas del impulso y la defensa se desequilibren en algún sentido, sea que se intensifique el impulso, la defensa, o ambas simultáneamente. A este respecto, Bodni indica que los síntomas pueden efectivamente deberse tanto a la defensa como al retorno de lo reprimido (impulso), y que en una organización clínica podrán estudiarse momentos de éxito, de transacción y de fracaso de las defensas (Bodni, 117), que corresponden respectivamente al síntoma como defensa, al síntoma como transacción propiamente dicha, y al síntoma como impulso.

Consideraremos en primer lugar la posibilidad del estancamiento libidinal, tomando en cuenta una afirmación de Fenichel según la cual el estancamiento precede al desequilibrio impulso-defensa:

«Un cambio en un estado de estancamiento, operado a causa de un conflicto neurótico, sólo parece posible gracias a la irrupción del impulso originario o a una intensificación de la defensa, aunque existe, en realidad, una tercera posibilidad: que ocurran ambas cosas a la vez» (Fenichel, 225).

3) Estancamiento de la libido.- Si las fuerzas defensivas se oponen a las fuerzas pulsionales quedando ambas más o menos equilibradas, la libido queda sin posibilidad de una descarga, es decir, se estanca:

ESTANCAMIENTO DE LA LIBIDO: Proceso económico que Freud supuso podía hallarse en el origen de la entrada en la neurosis o la psicosis: la libido que no encuentra camino hacia la descarga se acumula en las formaciones intrapsíquicas; la energía acumulada se utilizará en la constitución de síntomas (Laplanche, 132).

Este estancamiento libidinal puede conducir a una neurosis actual, a una psicosis, o a un comportamiento normal.

Freud considera en las neurosis actuales una acumulación de excitaciones sexuales que no encuentran una adecuada descarga.

Las fuerzas pulsionales y defensivas, al estar igualadas, consumen mucha energía (la misma energía que ponemos cuando apretamos un puño contra el otro), y de ahí la sintomatología negativa denominada INHIBICION, aunque hay también sintomatología positiva, como desasosiego, inquietud, angustia difusa, sensaciones dolorosas de tensión y descargas de emergencia que representan tentativas de liberarse de la tensión (como las crisis de angustia o de rabia), y que dan lugar a dificultades para dormir (Fenichel, 198).

El estancamiento puede conducir también a conductas normales, como la sublimación o la transformación de la tensión actual en actividad que conduce a la obtención de un objeto satisfactorio (Laplanche, 133).

Más tarde, Freud también postuló un estancamiento libidinal en las psicosis, y más concretamente, un estancamiento de la libido sobre el yo. La HIPOCONDRIA, asociada a la evolución esquizofrénica, traduce la insoportable acumulación de la libido narcisista. Asimismo el DELIRIO representa un intento de volver a situar la energía libidinal en un mundo exterior formado de nuevo (Laplanche, 133).

4) Formación de síntomas neuróticos.- Un determinado factor desencadenante, puede producir un desequilibrio entre las fuerzas pulsionales y las defensivas, haciendo que: a) se intensifique el impulso, b) se intensifique la defensa, y c) se intensifiquen ambos mutuamente, que es en realidad lo que finalmente ocurre, porque el aumento de la intensidad de uno de los polos conflictivos redundará en un aumento del otro.

Estas 3 posibilidades darán síntomas psiconeuróticos distintos: en el 1º caso el síntoma será principalmente la expresión del impulso, en el 2º, de la defensa, y en 3º, de ambos.

En el 1º caso estamos frente a una formación sustitutiva, y en el segundo caso, en presencia de una formación reactiva. Esto es explicado por Laplanche en lo siguientes términos:

«Todo síntoma, en cuanto es producto del conflicto defensivo, constituye una formación transaccional. En la medida en que es principalmente el deseo el que busca su satisfacción en el síntoma, este aparece sobre todo como FORMACION SUSTITUTIVA; por el contrario, en las FORMACIONES REACTIVAS lo que prevalece es el proceso defensivo» (Laplanche, 165).

En la formación sustitutiva hay una intensificación del retorno de lo reprimido, y la energía pulsional se libera por ejemplo bajo la forma de angustia. Este fracaso de la defensa aparece en la histeria de angustia. En oposición, si se verifica un incremento de las defensas, ello dará lugar a formaciones reactivas (ver cuadro de defensas), o a «lagunas» por efecto de la represión, que es la principal defensa en las psiconeurosis.

Dijimos que, de acuerdo con Fenichel, en definitiva lo que ocurre es que el síntoma expresa a la vez el deseo y la defensa. Podemos verlo por ejemplo en la histeria, donde el deseo se expresa como seducción y la defensa como rechazo, o en la neurosis obsesiva, donde el deseo se expresa como idea obsesiva y la defensa como acto compulsivo destinado a neutralizarla.

5) Desarrollo posteriores del síntoma.- Una vez constituido el síntoma, el yo puede adoptar frente a él dos actitudes opuestas:

a) Lo experimenta como displacentero, en cuyo caso montará nuevas defensas, pero, esta vez ya no frente a la pulsión, sino contra el mismo síntoma, instaurándose así un SINTOMA SECUNDARIO (desde ya, el síntoma primario es el que deriva directamente del conflicto impulso-defensa).

Por ejemplo, frente a un impulso anal, el sujeto podrá defenderse mediante un síntoma de excesiva limpieza. Esta obsesión por la pulcritud a su vez puede hacerle al sujeto la vida insoportable, y entonces desarrolla una nueva defensa sintomática: la extrema suciedad, que se constituye como síntoma secundario.

b) Lo experimenta como una utilidad extra: lo que ocurre cuando el yo advierte que puede sacar algún beneficio extra del síntoma, denominado beneficio secundario, y que no debe confundírselo con el beneficio primario:

BENEFICIO PRIMARIO DEL SINTOMA: El síntoma psiconeurótico se constituye porque resulta beneficioso para el sujeto: es la manera que tiene para escapar a sus conflictos psíquicos (HUIDA EN LA ENFERMEDAD) a través de una transacción entre ambos polos del conflicto.

La reducción de la tensión y el conflicto a través de la enfermedad neurótica, o sea del síntoma, es el propósito o beneficio primario del trastorno. Sin embargo, el yo puede aún obtener un beneficio extra o secundario (Kaplan, 85):

BENEFICIO SECUNDARIO DEL SINTOMA: El síntoma puede servir al yo para obtener ventajas del mundo externo provocando compasión para conseguir atención o simpatía, manejando a los demás o incluso recibiendo una compensación económica (Kaplan, 85).

El beneficio secundario difiere del primario en varios aspectos, como por ejemplo a) aparece con posterioridad, como ganancia suplementaria respecto del beneficio primario, y b) es extrínseco en relación con el carácter inicial de la enfermedad y con el sentido de los síntomas originales, generados para ‘solucionar’ un conflicto psiconeurótico (Laplanche, 44).

Cada tipo de neurosis tiene su forma característica de beneficio secundario. Por ejemplo el fóbico, al hacer una regresión a la infancia, obtiene protección.

El histérico puede obtener ventajas materiales o de otro tipo llamando la atención con acciones espectaculares, y en el neurótico compulsivo existe con frecuencia un beneficio narcisista a través del orgullo de la enfermedad (Kaplan, 85).

En síntesis: el beneficio primario es la liberación de la angustia y el conflicto al que se llegó por su formación, mientras que el beneficio secundario son las ventajas prácticas logradas por el uso del síntoma para influir o manipular a los otros (Rycroft, 35).

6.1 NORMALIDAD Y SALUD

Consideremos previamente los conceptos de ‘normalidad‘ y ‘salud‘ en psicoanálisis. La normalidad se opone a la anormalidad, y la salud se opone a la enfermedad.

NORMALIDAD: Si tomamos como norma un ser humano ideal, designaremos como normal a toda aquella persona real que se acerque a ese ideal, y como anormal a cualquiera otra que se desvíe apreciablemente de dicha norma ideal.

ANORMALIDAD: Sociólogos, psicólogos y psicoanalistas consideran que una conducta es anormal «cuando se desvía de la conducta considerada normal, tanto por parte de la sociedad donde el sujeto vive, o bien por parte de la teoría a la cual el científico adhiere. La conducta homosexual, por ejemplo, es descripta como anormal tanto porque la sociedad considera como norma a la heterosexualidad, como porque la teoría la considera una perversión del desarrollo. En el primer caso anormal significa ‘desviado socialmente’, y en el segundo significa ‘enfermo'» (Rycroft,81).

Aquellos que dan más importancia al primer criterio, tienden a considerar enferma a la persona desviada de la norma social, y por lo tanto entenderán la salud como ajuste y conformismo.

«Los vínculos entre el psicoanálisis y la biología obligan a los psicoanalistas a definir la normalidad en términos de salud (es decir en términos de integración y liberación del conflicto), y no en términos de ajustes exitosos a cualquier sociedad en particular» (Rycroft,81).

Dentro del psicoanálisis, quienes siguieron esta última línea que lo aleja de la biología y lo acerca a la sociología, están K. Horney, E. Fromm y H. S. Sullivan.

SALUD: Estrictamente, es «un estado de totalidad e integración, en cambio ‘normal’ es un estado muy próximo a cierta norma, cualquiera que esta fuere y que cada autor toma como standard de comparación» (Rycroft,104).

Cuando a continuación hablemos de formaciones normales del inconsciente, consideremos especialmente la normalidad en términos de salud, es decir como integración y liberación del conflicto patógeno.

6.2 FORMACIONES DEL INCONSCIENTE

El psicoanálisis sostiene que las pulsiones, tanto sexuales como agresivas, buscan descargarse permanentemente, pero también dice que existen barreras que obstaculizan esas descargas. Frente a esta situación conflictiva, el sujeto buscará producir de alguna forma la descarga, a pesar de la barrera.

FORMACIONES DEL INCONSCIENTE: La continua presión pulsional, las barreras que se oponen a su descarga y la instrumentación de soluciones a ese conflicto son en buena medida inconscientes: el sujeto no se da cuenta, no es consciente de estos procesos. Lo único que aflora a la conciencia son los resultados o productos de esos intentos por resolver el conflicto, exteriorizaciones de la actividad inconsciente llamadas producciones, derivados o formaciones del inconsciente.

La expresión ‘formaciones del inconsciente’ no es un término técnico específico del psicoanálisis, pero permite englobar los significados de ‘formación sustitutiva’ y ‘formación transaccional’ incluyendo en una misma idea el carácter sustitutivo y transaccional de las producciones inconscientes. En relación con este tema, consideremos los significados precisos de tres conceptos: ‘formaciones sustitutivas’, ‘formaciones transaccionales’ y ‘formaciones reactivas’.

FORMACION DE COMPROMISO O TRANSACCIONAL: «Forma que adopta lo reprimido para ser admitido en lo consciente, retornando en el síntoma, en el sueño y, de un modo más general, en toda producción del inconsciente: las representaciones reprimidas se hallan deformadas por la defensa hasta resultar irreconocibles. De este modo, en la misma formación pueden satisfacerse (en un mismo compromiso) a la vez el deseo inconsciente y las exigencias defensivas» (Laplanche, 161).

Vemos entonces que en toda formación transaccional el deseo y la defensa contra éste, los dos polos del conflicto, deben llegar a un acuerdo. Si como resultado del mismo es el deseo quien más ganó, tendremos ‘formaciones sustitutivas’, y si en cambio lo que predomina es la defensa tendremos ‘formaciones reactivas’ (Laplanche, 163 y 165). El deseo y la defensa están ambos siempre presentes, y según cada caso predominará uno u otra. De aquí que una formación de compromiso sea definido también como ‘cualquier fenómeno mental que es el producto de un conflicto, y quien expresa parcialmente a ambas partes de dicho conflicto» (Rycroft, 59).

Definamos entonces las formaciones sustitutivas, como derivados donde prevalece el deseo, y las formaciones reactivas, como derivados donde prevalece la defensa.

FORMACION SUSTITUTIVA: «Designa los síntomas o formaciones equivalentes, como los actos fallidos, los chistes, etc., en tanto que reemplazan los contenidos

inconscientes. Esta sustitución debe entenderse en un doble sentido: económico, por cuanto el síntoma aporta una satisfacción que reemplaza al deseo inconsciente; y simbólico, al ser sustituido el contenido inconsciente por otro siguiendo ciertas líneas asociativas» (Laplanche, 165).

En la formación sustitutiva el deseo busca realizarse, y para ello aflora a la conciencia sustituido por otra cosa, que se convierte entonces en una satisfacción sustitutiva. Un deseo inconsciente por ejemplo, aparece en la conciencia veladamente realizado como un chiste.

Cuando, como en los casos que estamos viendo, lo que predomina es el deseo sobre la defensa, hablamos también de un ‘cumplimiento o realización del deseo’.

CUMPLIMIENTO O REALIZACION DE DESEO: «Formación psicológica en la cual el deseo se presenta imaginariamente como cumplido. Las producciones del inconsciente (sueño, síntoma y, por excelencia, la fantasía) constituyen cumplimientos de deseo en los que éste se expresa en una forma más o menos disfrazada» (Laplanche, 87).

La representación disfrazada de un deseo es un caso particular de SIMBOLISMO: «en sentido amplio, modo de representación indirecta y figurada de una idea, de un conflicto, de un deseo inconscientes; en este sentido, puede considerarse en psicoanálisis como simbólica toda formación sustitutiva» (Laplanche, 406).

FORMACION REACTIVA: «Actitud o hábito psicológico de sentido opuesto a un deseo reprimido y que se ha constituido como reacción contra éste (por ejemplo, pudor que se opone a tendencias exhibicionistas)» (Laplanche, 162). «Proceso defensivo (mecanismo de defensa) por el cual un impulso inaceptable es dominado por la exageración o hipertrofia de la tendencia opuesta. La cortesía puede ser una formación de reacción contra la crueldad, la limpieza contra la coprofilia, etc.» (Rycroft, 59).

«En términos económicos, la formación reactiva es una contracatexis de un elemento consciente, de fuerza igual y dirección opuesta a la catexis inconsciente. Las formaciones reactivas pueden ser muy localizadas y manifestarse por un comportamiento particular, o generalizadas hasta constituir rasgos de carácter más o menos integrados en el conjunto de la personalidad» (Laplanche, 162).

La formación reactiva puede aparecer en la enfermedad o en la salud.

Desde el punto de vista clínico, «las formaciones reactivas pueden adquirir valor de síntoma por lo que representan de rígido, de forzado, de compulsivo, por sus fracasos accidentales, y por el hecho de que a veces conducen directamente a un resultado opuesto al que conscientemente se busca» (Laplanche, 162).

«La formación reactiva es considerada en la teoría clásica como una defensa obsesiva y por lo general se admite que el impulso inconsciente, rechazado, sobrevive en forma original, infantil. Algunas veces, sin embargo, se prevé la posibilidad de una formación reactiva sobre la base de la sublimación, donde el impulso infantil deja de ser reprimido para ser transformado» (Rycroft, 59).

La solución sublimatoria tiene relación con la formación reactiva como fenómeno no patológico, en la medida en que la sublimación permite el desarrollo normal del yo, como indicaron S. Freud y A. Freud (Rycroft, 102 y 109).

6.3 FORMACIONES NORMALES Y PATOLOGICAS

Los conflictos entre el deseo y la defensa están presentes en todos los sujetos, sean sanos o enfermos. Tanto unos como otros buscarán resolver ese conflicto mediante formaciones normales o patológicas, respectivamente. Las primeras son soluciones exitosas, y las segundas fallidas.

Más específicamente, hablamos de formaciones normales cuando la resolución del conflicto implica un adecuado control de las pulsiones sin demasiado gasto energético en la actividad defensiva, con lo cual el sujeto podrá derivar energía hacia actividades productivas tales como el desarrollo de su yo, o también amar y trabajar. Una formación patológica implica un inadecuado control de la actividad pulsional que obliga al sujeto a organizar su vida alrededor de una permanente acción defensiva. El síntoma es el ejemplo típico de formación patológica.

Las formaciones normales del inconsciente están también relacionadas con la preeminencia del principio de realidad sobre el principio de placer original, es decir, el sujeto que, sin dejar de buscar el placer, aprendió a dar ciertos rodeos y modos sustitutivos aceptables para disfrutarlo, sobre la base de las restricciones que le impone la realidad exterior.

A los efectos de sistematizar de alguna forma nuestros conocimientos, clasificaremos las formaciones normales en cinco grupos:

1) Fantasías

2) Sueños

3) Actos fallidos

4) Chistes

5) Sociedad y cultura

Como vemos, se trata de conductas o características socialmente aceptadas, y que de alguna forma permiten la canalización de los impulsos, o pulsiones, o deseos en una forma exitosa y eficaz. Estas formaciones normales las vemos también en los enfermos: esto significa que una formación normal no se define en términos de quién la realiza, sino en función de la definición teórica vista precedentemente. 

6.4 FANTASIAS

Consideraremos aquí las fantasías en general, sean normales o patológicas, pero haciendo especial hincapié en las primeras.

FANTASIA: «Guión imaginario donde se halla presente el sujeto y que representa, en forma más o menos deformada por los procesos defensivos, la realización de un deseo y, en último término, de un deseo inconsciente» (Laplanche, 138).

Si cierro los ojos y me imagino una escena donde una mujer está seduciendo a un hombre, esta producción imaginaria es un ejemplo de fantasía. El sujeto (yo mismo) aparezco en la escena en este caso como espectador, y mi deseo de ser seducido aparece disfrazado porque, también en este caso particular, no soy yo quien aparece sino otro.

«La fantasía se presenta bajo distintas modalidades: fantasías conscientes o sueños diurnos, fantasías inconscientes que descubre el análisis como estructuras subyacentes a un contenido manifiesto, y fantasías originarias» (Laplanche, 138). También, «las fantasías pueden ser profundas o superficiales, orales, anales, fálicas, genitales, conscientes o inconscientes, libidinales o agresivas, creativas o neuróticas, histéricas, obsesivas, depresivas, esquizoides, paranoides, etc.» (Rycroft, 58).

Si bien Freud distingue entre los diversos tipos de fantasía, a él le interesó resaltar más sus semejanzas que sus diferencias (Laplanche, 140-141): la actividad fantasmática, generadora de fantasías, es constitutiva del ser humano y, como quedó dicho, apunta a la realización de un deseo.

Podemos considerar como casos particulares de fantasías a los sueños diurnos (ensoñaciones) y a los sueños propiamente dichos, o sueños nocturnos, que se constituyen mientras dormimos.

SUEñO DIURNO: «Freud designa con este nombre un guión imaginario en estado de vigilia, subrayando así la analogía entre este ensueño y el sueño. Los sueños diurnos constituyen, como el sueño nocturno, cumplimientos de deseos; sus mecanismos de formación son idénticos, con predominio de la elaboración secundaria» (Laplanche, 417).

La enorme importancia de los sueños nocturnos dentro del psicoanálisis clásico nos obliga a considerarlos separadamente, como sigue a continuación.

6.5 SUEÑOS

a) Generalidades

Nos referiremos aquí a los sueños nocturnos, o simplemente sueños, o sueños propiamente dichos, que son aquellos que aparecen cuando el sujeto está durmiendo. Empecemos entonces por distinguir ‘dormir’ y ‘soñar’.

DORMIR: Freud considera el dormir simplemente como una necesidad fisiológica. Recientes investigaciones han mostrado que el dormir comprende dos fases sucesivas: el dormir normal, y el dormir paradojal. El sueño ocurre en esta última etapa (Rycroft,48).

SUEñO, SOñAR: «Actividad mental que tiene lugar durante el dormir, [por la cual producimos] una serie de imágenes o hechos imaginados. El psicoanálisis supone que los sueños tienen significado psicológico, que pueden conducir a una interpretación de los mismos» (Rycroft, 109).

En ‘LA INTERPRETACION DE LOS SUEñOS’, Freud concluyó que los sueños, «como el síntoma neurótico, son la expresión consciente de una fantasía o deseo inconsciente que no es fácilmente accesible al estado de vigilia. Aunque los sueños eran considerados una de las manifestaciones normales de la actividad inconsciente, se demostró más adelante que se parecían a los pensamientos patológicos de los pacientes psicóticos en estado de vigilia» (Kaplan, 78).

Podríamos redondear una definición del sueño desde la teoría psicoanalítica, diciendo que los sueños son una realización alucinatoria y disfrazada de deseos infantiles reprimidos (inconscientes), tanto de tipo sexual como agresivos. Más adelante, Freud admitió que había excepciones, constituidas por los sueños traumáticos (véase recuadro). Más abajo volveremos sobre esta importante caracterización del sueño.

Didácticamente, podemos decir que los sueños atraviesan por diferentes etapas: el sueño soñado, el sueño recordado, el sueño relatado y el sueño interpretado. Esto significa que primero soñamos (sueño soñado), y luego, al despertar, podemos o no recordarlo. Si lo recordamos, luego podremos o no relatarlo. Y al relatarlo, el analista procede a interpretarlo, es decir a identificar el deseo inconsciente que buscó su realización en el sueño.

En sentido amplio, interpretar un sueño es asignarle un significado que incluso podemos dar nosotros, no sólo fuera de la sesión sino aún fuera de la teoría psicoanalítica, como cuando interpretamos un sueño como un presagio o una solución a algún problema irresoluble en la vigilia. En la teoría clásica, sin embargo, lo que tiene importancia es la interpretación realizada dentro del contexto de la sesión analítica, en el proceso de la cura.

El sueño puede ser descripto como un proceso que tiene, en sentido muy amplio, una serie de etapas que son las siguientes:

1) Iniciación del sueño

2) Trabajo del sueño

3) Interpretación del sueño

1) Iniciación del sueño: «En opinión de Freud, diversos estímulos iniciaban la actividad soñadora: estímulos sensoriales nocturnos, residuos diurnos, e impulsos infantiles reprimidos» (Kaplan, 78).

De todos ellos, especialmente importante son los deseos infantiles reprimidos, y particularmente los sexuales. Simultáneamente, mientras dormimos se relaja la censura, de manera que se debilita la represión que en la vigilia controlaba la emergencia de dichos deseos sexuales infantiles.

Los residuos o restos diurnos, por su parte, son definidos de esta manera:

RESTOS DIURNOS: «Dentro de la teoría psicoanalítica del sueño, elementos del estado de vigilia del día anterior que se encuentran en la narración del sueño y en las asociaciones libres del individuo que ha soñado; se hallan en una relación más o menos lejana con el deseo inconsciente que se realiza en el sueño» (Laplanche, 386)

2) Trabajo del sueño: Esencialmente, es un proceso por el cual los pensamientos y deseos inconscientes son disfrazados para que puedan tener acceso a la conciencia, lo que se realiza bajo la forma de imágenes, sobretodo visuales.

TRABAJO DEL SUEñO se define como el «conjunto de las operaciones que transforman los materiales del sueño (estímulos corporales, restos diurnos, pensamientos del sueño) en un producto: el sueño manifiesto. El efecto de este trabajo es la deformación (Laplanche, 438).

La DEFORMACION es el «efecto global del trabajo del sueño: los pensamientos latentes se transforman en un producto manifiesto difícil de reconocer» (Laplanche, 93). Tales pensamientos latentes son transformados en imágenes:

REPRESENTABILIDAD (CONSIDERACION DE LA): «Exigencia a la que se someten los pensamientos del sueño: experimentan una selección y una transformación que los sitúan en condiciones de ser representados por imágenes, especialmente visuales». (Laplanche, 366).

El trabajo del sueño «utiliza diversos mecanismos, incluido el simbolismo, el desplazamiento, la condensación, la proyección y también la elaboración secundaria» (Kaplan, 78). Examinemos brevemente cada uno, teniendo presente que todos esos mecanismos sirven a un solo propósito: ocultar o disfrazar el deseo inconsciente lo suficiente como para que sea aceptable.

DESPLAZAMIENTO: «Transferencia de emociones del objeto original, a un sustituto o representación simbólica de este objeto en el sueño. Por ejemplo, la madre puede ser representada visualmente en el sueño por una mujer desconocida o alguien que tiene menor importancia emocional para el que sueña» (Kaplan, 78).

O también puede decirse que el desplazamiento «consiste en que el acento, el interés, la intensidad de una representación puede desprenderse de ésta para pasar a otras representaciones originalmente poco intensas, aunque ligadas a la primera por una cadena asociativa» (Laplanche, 98). En general, es «el proceso por el cual la energía (catexia) es transferida de una imagen mental a otra. En los sueños es lo que hace que una imagen pueda simbolizar a otra» (Rycroft, 47).

No obstante esta última afirmación, no es lo mismo desplazamiento que SIMBOLIZACION: «mientras que el simbolismo es la sustitución de un objeto por otro, el desplazamiento es la transferencia de afectos de un objeto a otro» (Kaplan, 78).

CONDENSACION: «Mecanismo por el cual varios deseos, impulsos o actitudes inconscientes se combinan y expresan en una sola imagen. Un monstruo que ataca en el sueño de un niño puede representar no sólo al padre del que sueña, sino también a algunos aspectos de la madre, y hasta también sus propios impulsos primitivos» (Kaplan, 79)

En la condensación, «una representación única representa por sí sola varias cadenas asociativas, en la intersección de las cuales se encuentra. Desde el punto de vista económico, se encuentra catectizada de energías que, unidas a estas diferentes cadenas, se suman sobre ella» (Laplanche, 76). También podría decirse que la condensación es «el proceso según el cual dos (o más) imágenes se combinan (o pueden combinarse) para formar una imagen compuesta que está investida de significado y energía derivados de ambas» (Rycroft, 40).

PROYECCION: Mediante este proceso, «los impulsos o deseos inaceptables de la persona que sueña son percibidos en el sueño como procedentes de otra persona. Además, la persona a la cual se atribuyen estos impulsos inaceptables es, con frecuencia, la persona a quien van dirigidos los propios impulsos inconscientes del que sueña. Por ejemplo, una persona que tiene un deseo intenso, pero reprimido, de ser infiel a su cónyuge, puede soñar que aquél le ha sido infiel a él» (Kaplan, 78).

Tal es el sentido propiamente psicoanalítico de proyección, que también puede caracterizarse como «la operación por la cual el sujeto expulsa de sí y localiza en el otro (persona o cosa) cualidades, sentimientos, deseos, incluso ‘objetos’, que no reconoce o que rechaza en sí mismo» (Laplanche, 306).

Al despertar, podemos recordar y relatar el sueño. En este momento comienza a funcionar el último mecanismo de disfrazamiento onírico, que es la elaboración secundaria.

ELABORACION SECUNDARIA: «Recomposición del sueño destinada a presentarlo en forma de un guión relativamente coherente y comprensible» (Laplanche, 107). Más específicamente, «las características absurdas, ilógicas y extrañas del sueño (los efectos distorsionantes del simbolismo, el desplazamiento y la condensación) adquieren la coherencia y la racionalidad retenidas por el soñador» (Kaplan, 79).

O sea, por la elaboración secundaria «un sueño es modificado por la necesidad del soñador de darle una mayor coherencia y consistencia interna. Representa la contribución de los procesos secundarios al texto de un sueño» (Rycroft, 40).

Observemos las diferencias entre los primeros mecanismos (condensación, desplazamiento, etc.) y el último mecanismo (la elaboración secundaria). Los primeros ocurren mientras la persona está dormida y soñando, y constituyen un proceso primario, mientras que el segundo ocurre cuando la persona ya se despertó y relata su sueño, siendo este relato dirigido por un proceso secundario.

En función de estas diferencias, proponemos denominar a los primeros mecanismos de’ elaboración primaria’, para distinguirlos de los segundos, ya calificados como mecanismos de ‘elaboración secundaria’ por la teoría clásica. A todos juntos podemos calificarlos de mecanismos de elaboración en general, con la precaución de no entender ‘elaboración’ como descubrimiento del paciente de las connotaciones de alguna interpretación, sentido éste que nada tiene que ver con la elaboración en el primer sentido.

El relato manifiesto del sueño es breve en comparación con su contenido latente. Esto se debe al trabajo previo de la condensación. «Sin embargo, la condensación no debe considerarse sinónimo de resumen: así como cada elemento manifiesto viene determinado por varias significaciones latentes, también sucede a la inversa, es decir, que cada una de éstas puede encontrarse en varios elementos; por otra parte, el elemento manifiesto no representa bajo una misma relación cada una de las significaciones de que deriva, de forma que no las engloba como lo haría un concepto» (Laplanche, 76).

3) Interpretación del sueño: Así como el trabajo del sueño disfraza o tapa los contenidos inconscientes, la interpretación es el proceso inverso que permitirá quitar esos disfraces e identificar los deseos, fantasías, recuerdos, pensamientos inconscientes reprimidos. Podemos entonces decir que el trabajo del sueño parte de un contenido latente y lo transforma en manifiesto, mientras que la interpretación. al revés, parte de ese contenido manifiesto para averiguar el contenido latente. Aclaremos entonces esta terminología.

El sueño posee un contenido manifiesto y un contenido latente.

CONTENIDO MANIFIESTO: Es «el sueño antes de haber sido sometido a la investigación analítica, tal como se presenta al sujeto soñador que hace la narración del mismo. Por extensión se habla de contenido manifiesto en relación con toda producción verbalizada (desde la fantasía a la obra literaria) que se intenta interpretar por el método analítico» (Laplanche, 82).

«El sueño manifiesto, que encarna el contenido experimentado del sueño y que la persona que sueña puede o no ser capaz de recordar al despertarse, es el producto de la actividad del sueño» (Kaplan, 78).

CONTENIDO LATENTE: «Los pensamientos y deseos inconscientes que, según Freud, amenazan con despertar al que sueña, son descritos como el contenido latente del sueño» (Kaplan, 78).

El contenido latente es el «conjunto de significaciones a las que conduce el análisis de una producción del inconsciente, especialmente el sueño. Una vez descifrado, el sueño no aparece ya como una narración formada por imágenes, sino como una organización de pensamientos, un discurso, expresando uno o varios deseos» (Laplanche, 81).

Qué función cumplen los sueños? Básicamente dos, interrelacionadas entre sí: realizan deseos, y son el guardián del dormir. En primer lugar mediante el sueño podemos realizar nuestros deseos infantiles reprimidos Freud afirmó que «cada sueño representa de algún modo la satisfacción de un deseo, una forma de gratificación de un impulso instintivo inconsciente en forma fantaseada» (Kaplan, 78). Se trata de un fenómeno esencialmente regresivo (véase recuadro: «Sueño y regresión«).

Los deseos aparecen realizados pero en forma disfrazada. Si apareciesen directamente generarían en la persona un monto de afecto (por ejemplo angustia o ansiedad) que la despertaría, interrumpiendo así un proceso fisiológico vital como es el dormir. Los sueños, entonces, tomados como realizaciones disfrazadas o desfiguradas de deseos, aseguran el dormir, o son el ‘guardián del dormir’ .

Según Freud la función de los sueños es preservar el dormir por medio de la representación de los deseos cumplimentados que, de otra manera, despertarían al soñador» (Rycroft, 110).

El mismo autor señala que «recientes investigaciones fisiológicas sugieren que no soñamos con el objeto de preservar el dormir, sino que, por el contrario, dormimos con el objeto de soñar» (Rycroft, 100). Efectivamente, «parece probable que la función del dormir-soñar (fase paradojal del dormir) sea la de permitir el procesamiento de los datos ingresados el día previo» (Rycroft, 48), con lo cual el dormir estaría simplemente para procesar la información mediante el sueño.

Los diferentes contenidos que aparecen en el sueño son entendidos como SIMBOLOS, es decir, como elementos que representan contenidos inconscientes. Freud utiliza (Rycroft, 107) este vocablo para referirse también a los síntomas como expresiones simbólicas.

En el caso de los sueños, el significado de los símbolos debe descifrarse según la experiencia y situación individual de cada persona. «La aparente excepción a esto, los ‘símbolos universales’ que están en los sueños, la mitología y el folklore, se explican por referencia a la uniformidad de los intereses fundamentales y perennes de la humanidad» (Rycroft, 107).

b) Sueños displacenteros

Si clásicamente los sueños expresan una realización de deseos, es decir algo en principio placentero, es preciso explicar porqué entonces hay sueños de angustia, pesadillas, sueños de castigo y sueños traumáticos

Los sueños expresan en forma disfrazada los deseos, porque en una expresión directa el displacer de la prohibición es mayor que el placer de su realización.

Cuando los mecanismos de disfraz fallan, entonces aparecen los sueños de angustia y las pesadillas, y cuando no fallan pero amenazan con fallar, aparecen los sueños de castigo. Por último, de los cuatro casos los sueños traumáticos constituirían la única excepción a la teoría del sueño como realización de deseos. Definamos cada concepto.

SUEñOS DE ANGUSTIA: Los mecanismos del trabajo del sueño sirven para descargar los impulsos evitando su descarga directa, protegiendo así al que sueña de la intensidad y dolor excesivos que acompañarían dicha descarga. Si estos mecanismos fallan, el yo reacciona angustiándose (Kaplan, 79, donde figuran como ‘sueños de ansiedad’).

PESADILLAS: «Las pesadillas y los sueños de angustia constituyen fallas en la elaboración de los sueños que normalmente convierten el deseo inaceptable del sueño latente en un sueño manifiesto ‘inofensivo'» (Rycroft, 100). La diferencia reside en el afecto liberado: terror o angustia, respectivamente.

SUEñOS DE CASTIGO: En estos, «el yo prevé la condenación del superyó si los impulsos reprimidos encuentran expresión directa en el sueño. Anticipándose a las terribles consecuencias [de esta directa expresión], en el sueño las exigencias del superyó son satisfechas y expresan fantasías de castigo» (Kaplan, 79).

SUEñOS TRAUMATICOS: En lugar de expresar la realización de deseos, estos sueños «simplemente repiten una experiencia traumática» y Freud los reconoció como una excepción (Rycroft,100,109), atribuyéndolos a la acción de una compulsión a la repetición (Laplanche, 451).

c) Sueño y regresión

En ‘LA INTERPRETACIóN DE LOS SUEÑOS’, en un agregado de 915 Freud introduce tres formas de regresión, con la idea de mostrar que el sueño es un fenómeno esencialmente regresivo, cosa que explica porqué tiene un carácter alucinatorio (regresión tópica, suspensión del examen de realidad), porqué retrotrae al sujeto a su infancia (regresión temporal o cronológica), y porqué el sueño utiliza medios de expresión y comportamientos más primitivos tipificados como procesos primarios, como por ejemplo el lenguaje en imágenes. (regresión formal).

REGRESION TOPICA: Regresión «que se efectúa a lo largo de una sucesión de sistemas psíquicos que la excitación recorre normalmente según una dirección determinada» (Laplanche,357).

«La teoría expresa que la energía que durante la vigilia va a la musculatura y es descargada en la acción, está compelida por las inhibiciones que operan en el dormir, a regresar a los órganos sensoriales provocando alucinaciones. El supuesto subyacente… es que la psiquis está construida como un arco reflejo con impulsos psíquicos que se mueven ‘normalmente’ desde las terminaciones sensoriales a las motoras, y compelidos solo durante el dormir a moverse en la dirección opuesta, regresiva» (Rycroft, 101).

El llamado ‘esquema del peine’ de Freud, intenta graficar el mecanismo de la regresión tópica.

REGRESION TEMPORAL: «En sentido temporal, la regresión supone una sucesión genética y designa el retorno del sujeto a etapas superadas de su desarrollo (fases libidinales, relaciones de objeto, identificaciones, etc.)» (Laplanche, 357). En 1916, Freud llega incluso a considerar el dormir como una regresión al estado uterino: necesitamos dormir porque al parecer «no estamos en condiciones de tolerar ininterrumpidamente el mundo exterior».

REGRESION FORMAL: «En sentido formal, la regresión designa el paso a modos de expresión y de comportamiento de un nivel inferior, desde el punto de vista de la complejidad, de la estructuración y de la diferenciación» (Laplanche, 357) Por ello hacer una regresión significa por ejemplo desestructurarse. En términos más técnicos, regresión formal implica un retorno del proceso secundario al proceso primario (Laplanche, 358), vale decir, del reinado del principio de realidad al del principio del placer (Laplanche, 302).

6.6 ACTOS FALLIDOS

Freud desarrolla su hipótesis sobre los actos fallidos principalmente en «EL MECANISMO PSÍQUICO DEL OLVIDO» (1898), y luego, más sistemáticamente, en «PSICOPATOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA» (1901) y en el capítulo segundo de «INTRODUCCIÓN AL PSICOANÁLISIS» (1916).

ACTO FALLIDO: «Acto en el cual no se obtiene el resultado explícitamente perseguido, sino que aparece reemplazado por otro. Se habla de actos fallidos no para designar el conjunto de los errores de la palabra, de la memoria y de la acción, sino aludiendo a aquellas conductas que el individuo habitualmente es capaz de realizar con éxito, y cuyo fracaso tiende a atribuir a la falta de atención o al azar» (Laplanche, 9).

Freud demostró que los actos fallidos son, como los síntomas, formaciones de compromiso entre la intención consciente del sujeto y lo reprimido (Laplanche, 9). En otras palabras, los actos fallidos son actos generalmente insignificantes, breves y de escasa importancia en la vida cotidiana, donde el sujeto intenta deliberada o conscientemente realizar una acción, pero hace otra distinta (su acción deliberada ‘falla’) debido a la interferencia de una intención inconsciente.

Ejemplos: equivocaciones verbales, olvidos y pérdidas.

Si al iniciar su conferencia, el orador dice «Vamos a terminar… perdón, a comenzar estas charlas…», en su equivocación aparece la intención inconsciente (desea terminar la conferencia), y luego la corrige explicitando su intención consciente (comenzar la conferencia). El sujeto puede o no advertir su error y rectificarlo.

Sinónimos: acciones fallidas, actividades fallidas, parapraxias.

PARAPRAXIA: «Una acción defectuosa debido a la interferencia de algún deseo, conflicto o cadena de pensamientos inconscientes. Los lapsus de la lengua y de la pluma son las parapraxias clásicas», y son expuestos por Freud para demostrar la existencia de procesos mentales inconscientes en la persona sana (Rycroft, 86).

Esto significa que quedan excluidos de los actos fallidos todos aquellas conductas debidas a causa orgánica (por ejemplo las afasias motoras o sensitivas). También se excluyen acciones derivadas de fallas en la atención o la memoria consideradas normales (por ejemplo: nadie puede recordar textualmente una página recién leída).

Clasificación de los actos fallidos.- Freud establece una clasificación definitiva en «INTRODUCCION AL PSICOANáLISIS«, dividiéndolos en tres grandes grupos (esquema 1):

1) Equivocaciones verbales, que pueden cometerse al hablar (equivocación oral), al escribir (equivocaciones en la escritura), al leer (equivocaciones en la lectura) o al escuchar (falsa audición).

2) Olvidos temporales, que abarcan cuatro ejemplos importantes: el olvido de nombres propios, el olvido de palabras extranjeras, el olvido de propósitos («no recuerdo que tenía que hacer») y el olvido de impresiones («no recuerdo qué pasó cuando estuve con tal persona o cuando presencié tal evento»).

3) Actos de término erróneo o pérdidas, con dos ejemplos centrales: la imposibilidad de encontrar un objeto que habíamos guardado, y perder definitivamente un objeto. Este tercer grupo de actos fallidos se caracteriza porque falta el carácter temporal, donde el olvido o la pérdida son definitivos y constituyen especial motivo de asombro o irritación por parte de quien los padecen.

Existen también actos fallidos que son una combinación de los anteriores, como por ejemplo un olvido y un error vinculados con la misma situación.

6.7 CHISTES

Esta temática aparece en Freud por ejemplo EN «EL CHISTE Y SU RELACION CON EL INCONSCIENTE» (1905) y en «EL HUMOR» (1927).

En este último texto, Freud dice que desde un punto de vista económico, el humor resulta placentero, y la fuente de este placer reside en el ahorro del despliegue afectivo: uno se ahorra los afectos que la situación hubiese provocado normalmente, eludiendo mediante un chiste la posibilidad de semejante despliegue emocional.

Mediante el humor el yo logra triunfar sobre la adversidad de la realidad. Ambos rasgos -el repudio de las exigencias de la realidad y la imposición del principio del placer- aproxima al humor a los procesos regresivos o reaccionarios que vemos en la psicopatología.

Al rechazar la posibilidad de sufrir, el humor es otro método en la larga serie de métodos usados por el aparato psíquico para rehuir aquel sufrimiento (método neuróticos, psicóticos, embriaguez, ensimismamiento, éxtasis, etc.) pero sin pagar el precio de la enfermedad.

En este proceso juega un papel importante el superyó, quien al generar el humor ‘consolaría’ al yo protegiéndolo del sufrimiento, como si le dijese «¡el mundo no es tan cruel! Es un juego de niños bueno para ser tomado en broma».

En «EL CHISTE Y SU RELACIóN CON EL INCONSCIENTE» Freud relaciona el chiste, entre otras cosas, con los sentimientos de culpa. El motivo por el cual se relata un chiste es siempre el intento de lograr la aprobación del auditorio para la culpa subyacente en los impulsos censurables ocultos en el chiste. En los términos de Fenichel, se trata de una defensa contra los sentimientos de culpa donde esta culpa es compartida, y por ende aliviada.

Fenichel refiere también que otro tanto ocurre con la creación artística y con la formación de grupos.

Así, «el artista obtiene el alivio de su sentimiento de culpa al inducir al auditorio a participar en el hecho que él, el artista, comete en la fantasía, y el espectador siente igual alivio al darse cuenta de que el artista se atreve a expresar impulsos prohibidos. El compartir la culpa tiene también una importancia básica en la formación de grupos» (Fenichel, 194).

Podemos ir advirtiendo entonces la semejanza entre el humor y otras manifestaciones de la actividad humana como el arte y la sociedad, lo que nos lleva a explicar, por último, estas manifestaciones, también como formaciones del inconsciente.

6.8 SOCIEDAD Y CULTURA

Dentro de las formaciones normales del inconsciente incluiremos, también, las llamadas manifestaciones culturales del ser humano: el arte, la filosofía, la ciencia, el juego, el deporte, las actividades recreativas, la literatura, la religión, etc., y, especialmente, las instituciones sociales (sociedad). En su dimensión como arte, también podemos incluir al humor, ya examinado anteriormente.

Si bien la RELIGION puede considerársela como una formación normal, es, de los ejemplos citados, un caso que Freud relaciona especialmente con una patología: la neurosis obsesiva.

En 1907, Freud indicaba que, dadas las muchas semejanzas entre los actos obsesivos y las prácticas religiosas, «uno puede arriesgarse a considerar a la neurosis obsesiva como una contraparte patológica de la formación de una religión, y a describir a las neurosis como una religiosidad individual, y a la religión como una neurosis obsesiva universal» (Freud, LOS ACTOS OBSESIVOS Y LAS PRACTICAS RELIGIOSAS).

A lo largo de su obra Freud ha insistido en que todas estas manifestaciones culturales y sociales no son independientes de la actividad pulsional inconsciente, y más aún: la cultura en todas sus facetas es el producto o el resultado de procesos tales como la sublimación, y ciertas descargas pulsionales coartadas o inhibidas en su fin.

En efecto, las pulsiones, originalmente sexuales y agresivas, son canalizadas creativamente hacia nuevos fines constituyendo producciones culturales, de manera tal que quedan total o parcialmente desexualizadas y desagresivizadas. Definamos, entonces, estos conceptos.

SUBLIMACION: «Proceso postulado por Freud para explicar ciertas actividades humanas que aparentemente no guardan relación con la sexualidad, pero que hallarían su energía en la fuerza de la pulsión sexual. Freud describió como actividades de resorte principalmente la actividad artística y la investigación intelectual. Se dice que la pulsión se sublima, en la medida en que es derivada hacia un nuevo fin, no sexual, y apunta hacia objetos socialmente valorados» (Laplanche, 415), aunque «Freud sugirió también la posibilidad de una sublimación de las pulsiones agresivas» (Laplanche, 417).

También la sublimación es definible como un «proceso de desarrollo por el cual las energías instintivas son descargadas en formas no instintivas de conducta.

El proceso implica

(a) un desplazamiento de energía desde actividades y objetos de interés primario (biológico) hacia aquellos de menor interés instintivo;

(b) una transformación de la calidad de la emoción que acompaña a la actividad de modo tal que es ‘desexualizada’ y ‘desagresivizada’; y

(c) una liberación de la actividad de los dictados de la tensión instintiva (o sea las variaciones en la intensidad de la actividad cultural no se corresponden con la variación de la tensión instintiva). Algunas definiciones incluyen el elemento social, o sea que las verdaderas sublimaciones serían socialmente aceptables» (Rycroft).

La sublimación y la formación reactiva tienen algunas semejanzas, sólo que la primera es un mecanismo considerado normal, y la segunda un mecanismo patológico.

Sigamos el esquema 2, que nos muestra la diferencia entre ambos procesos, habida cuenta de que «no siempre se reconoce fácilmente, en la literatura psicoanalítica, la diferencia fundamental entre una formación reactiva…y una sublimación…» (Fenichel, 180).

El mismo esquema ya está mostrando las diferencias esenciales, y está mostrando también dos variantes de la sublimación (A y B) y dos variantes de la formación reactiva (C y D).

Un ejemplo del caso B, suministrado por el mismo Freud: en una persona normal, un interés anal primitivo es reemplazado por cierta repugnancia -no muy intensa- hacia las heces (dirección opuesta a la pulsión original), sin un intenso interés inconsciente residual hacia las mismas. En el caso D, la actitud ‘contrafóbica’ consiste en hacer la misma cosa que originariamente fue temida (misma dirección de la pulsión original), lo que sirve al propósito de mantener a raya (coartar) el intenso deseo originario (Laplanche, 180).

COARTADO O INHIBIDO EN SU FIN: «Califica una pulsión que, por efecto de obstáculos externos e internos, no alcanza su modo directo de satisfacción (o fin) y encuentra una satisfacción atenuada en actividades o relaciones que pueden considerarse como aproximaciones más o menos lejanas del primer fin» (Laplanche, 54).

Si bien son ideas muy similares, Freud marca una diferencia (Laplanche, 54) entre pulsiones sublimadas y pulsiones coartadas o inhibidas. Estas últimas parecen ser un inicio de sublimaciones, y no llegan a ser aún a ser sublimaciones porque no han abandonado todavía totalmente sus fines sexuales directos, como puede verse en los lazos de ternura entre padres e hijos (que en su origen eran sexuales), y los sentimientos de amistad o los lazos afectivos en el matrimonio, nacidos de la atracción sexual.

De acuerdo a Rycroft, «se dice que una relación está inhibida del fin si el sujeto no tiene interés erótico consciente en el objeto. Los ejemplos comunes son la amistad, el amor platónico y los afectos entre parientes. El concepto supone que, ante la ausencia de una inhibición, las amistades serían relaciones homosexuales abiertas, el amor platónico sería consumado y el incesto tendría lugar» (Rycroft, 68).

Cuando la pulsión coartada en su fin se desexualiza totalmente, pasa a denominarse pulsión sublimada. Definamos entonces dessexualización y desagresivización.

DESEXUALIZACION: «Proceso mediante el cual la energía libidinal infantil pierde su cualidad primitiva, erótica, cuando los impulsos pregenitales a los cuales está incorporada participan en la sublimación y en el desarrollo del yo» (Rycroft, 47).

Un ejemplo típico de desexualización aparece en el complejo de Edipo, cuando el niño, amenazado con la castración, decide abandonar sus objetos incestuosos desexualizándolos.

Otro ejemplo es la EPISTEMOFILIA, o «placer en la obtención de conocimiento. Existe una tendencia a considerar la sed de conocimientos tanto como un derivado de la escoptofilia, esto es como extensión de la curiosidad sexual, o como una sublimación de los impulsos orales» (Rycroft, 51).

DESAGRESIVIZACION: «Proceso por el cual la energía infantil agresiva pierde esa cualidad al participar en la sublimación los impulsos a los que se halla ligada» (Rycroft, 46).

Los procesos sublimatorios son indispensables para el desarrollo yoico, y contienen una dosis importante de creatividad.

CREATIVIDAD: «La capacidad de crear productos imaginarios que son apremiantes, convincentes, significativos, etc.» (Rycroft, 42).

Según este autor, el psicoanálisis clásico buscó explicar la creatividad comparándola con procesos neuróticos, por ejemplo, demostrando que el contenido de novelas o cuadros pueden interpretarse como fantasías edípicas, siendo entonces dicha actividad creadora un sueño neurótico durante la vigilia.

Al final de su vida, Freud terminó planteando que no creía que el psicoanálisis tuviera que hacer alguna contribución a la estética.

Entre las diversas creaciones culturales del hombre, está también la SOCIEDAD: el hombre ha creado instituciones sociales, y en su origen volvemos a encontrar una actividad pulsional que ha sido derivada hacia otros fines.

Freud desarrolló esta hipótesis principalmente en cinco trabajos, que, cronológicamente, son los siguientes:

1913 TOTEM Y TABú

1921 PSICOLOGíA DE LAS MASAS Y ANALISIS DEL YO

1928 EL PORVENIR DE UNA ILUSIóN

1930 EL MALESTAR EN LA CULTURA

1939 MOISES Y EL MONOTEíSMO

En «TOTEM Y TABU» Freud sostuvo que los sistemas sociales «basados en tabúes y el totemismo que se observan en sociedades primitivas derivan de un conflicto entre el padre y los hijos por la madre, conflicto que en la historia primitiva del hombre determinó que los hijos celosos se asociaran para matar y devorar al padre.

Este ‘pecado original’ originó el remordimiento, que erigió tabúes como medidas defensivas contra los sentimientos incestuosos prohibidos, y tótems para reforzar la identificación del hijo con el padre.

Según Freud el complejo de Edipo se origina en ese parricidio primitivo y las fobias infantiles a los animales son una repetición del totemismo (la rivalidad con el padre por el amor de la madre conduce al niño a desplazar su temor y odio hacia un animal)» (Deutsch y Krauss, 149).

Por su parte, Strachey dice que la principal contribución de Freud a la antropología social está en este artículo, especialmente en la cuarta parte donde plantea su hipótesis de que de la horda primordial y el asesinato del padre proceden todas las posteriores instituciones sociales y culturales.

TOTEM: «Término antropológico para el animal, planta u otro objeto que es venerado por una tribu o comunidad en especial, y que es tratado como un símbolo de ésta o como su protector. Para Freud el tótem simboliza al padre primario, que fue asesinado cuando sus hijos se rebelaron contra su dominio de la horda primaria» (Rycroft, 115).

TABU: En sentido amplio, designa «cualquier acción que está prohibida por la autoridad o por la presión social. En los textos psicoanalíticos, los tabús mencionados con mayor frecuencia son los del incesto, y la matanza del animal tótem, excepto en ocasiones ceremoniales.

En ‘TOTEM Y TABU’ Freud especula con la idea de que el tabú del incesto surgió como resultado de la necesidad subyacente de los varones de la horda primaria, de evitar luchas entre ellos después de haber asesinado al padre primario quien, con anterioridad a su muerte, había reservado para sí a todas las mujeres.

 La teoría supone que el tabú evitaba que los hijos poseyeran precisamente a esas mujeres que eran la razón del asesinato del padre» (Rycroft, 111).

Redondearemos lo dicho tomando como referencia una síntesis de Rycroft. Freud se basó en la hipótesis de Darwin, quien había conjeturado que la horda primaria fue la estructura original de la sociedad humana, un grupo donde un varón dominante, el padre primitivo, tenía varias hembras que reservaba para sí y mantenía bajo dominio al resto de los varones. Freud utilizó esta hipótesis para explicar tres cosas:

a) el origen de la exogamia y el tabú del incesto: el padre primitivo guardaba las mujeres para sí y forzaba a otros varones potentes a abandonar el grupo;

b) el origen de la culpa: los hijos acordaban matar al padre y se dividían las mujeres entre ellos, pero sentían y transmitían a sus descendientes sus culpas por haber cometido parricidio e incesto; y

c) el totemismo: el animal tótem simboliza al padre asesinado (Rycroft, 91-92). El planteo del PARRICIDIO es mencionado por Freud tanto en relación con la horda primitiva, como hemos visto, como en relación al Complejo de Edipo (deseos de muerte hacia el padre) (Rycroft, 86), existiendo entre ambos sentidos una vinculación.

En «PSICOLOGíA DE LAS MASAS Y ANALISIS DEL YO» Freud analiza porqué las sociedades se mantienen unidas, y para ello recurre a dos ideas:

a) libido desexualizada: la gente se mantiene unida por amistad, considerado como un amor inhibido en su fin, desexualizado o sublimado, y

b) identificación: la gente se mantiene unida en un grupo primario porque ha elegido el mismo líder como ideal del yo, se ha identificado con él y por tanto se han identificado entre sí.

La identificación no presupone sentimientos solamente positivos hacia el líder, porque es también una defensa contra sentimientos hostiles hacia el superior (el padre) y como un medio indirecto de ‘llegar a ser’ el líder al identificarse con él. De este modo, según Freud, el sentimiento social se basa, hasta cierto punto, en una inversión de lo que inicialmente fue un sentimiento hostil (Deutsch y Krauss, 149).

La explicación psicoanalítica de las masas sociales es igualmente aplicable en términos generales a los grupos más pequeños. Habíamos ya indicado que, desde el psicoanálisis, la gente se reúne en grupos como medio de defensa contra los sentimientos de culpa. EN «PSICOLOGíA DE LAS MASAS» Freud enfatiza más bien los lazos libidinales como los factores cohesionantes del grupo.

En general, las «formulaciones psicoanalíticas destacan la identificación entre los miembros, la identificación de los miembros con un líder, y la relación con el enemigo común, desempeñando los tres factores un importante papel en la disminución de los efectos disociativos de la rivalidad entre los miembros» (Rycroft, 61).

En «EL PORVENIR DE UNA ILUSION» Freud indicó que como precio por su protección, la sociedad exige que el individuo controle o renuncie a ciertas gratificaciones instintivas. Tales exigencias generan hostilidad, que se neutraliza mediante la identificación con la autoridad que prohibe y la internalización de ésta.

Dios es para el adulto casi lo mismo que los padres para el niño desvalido, y creer en Dios le ayuda a sobrellevar sus sentimientos de impotencia frente a la naturaleza y, como pago de esta ayuda, está más dispuesto a controlar o renunciar a las gratificaciones instintivas, que podrían perjudicar a la sociedad (Deutsch y Krauss, 149-150).

En «EL MALESTAR EN LA CULTURA», Freud vuelve a expresar que los fines del individuo y la sociedad no coinciden, Habló de una agresividad innata, principal fuerza desintegradora de la sociedad, por lo que ésta debe controlarla inrternalizándola en forma de superyó y dirigiéndola contra el yo, con lo cual, bajo la influencia de este superyó sádico, el yo puede volverse masoquista o autodestructivo (Deutsch y Krauss, 150).


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