Planeta Freud

Archive for the ‘Freud’ Category

En la pizarra, está escrito:

«HOMO HOMINI LUPUS» Plauto – 254/184 aC

I. Kant decía que el sujeto sufre de 3 apetitos lamentables:
Ehrsucht: Sed de honores
Herschucht: Dominación
Habsucht: Bienes.

A. Rimbau: «Yo es (un) otro»
……………………………………………………….
CHARLA:
«(A)matar: amar y matar. Dos crímenes opuestos. Una aproximación freudolacaniana.»

En el marco del Congreso de Patologías Border-Line y Delitos Complejos… Los in-diagnosticables: Semiologías Psiquiátricas en debate: DSM-IV y Semiología Francesa.

En: Instituto Criminología y Psicología Forense de Uruguay.
Montevideo, Uruguay. 10-MAYO-2013.
………………………………………………………………………….

El crimen del psicoanálisis, que tiene un autor que se llama Jacques Lacan, es este:  (/A). Lacan mató al Otro. Lo castró. Crimen viene del latín (hay una raíz indoeuropea) y quiere decir “separar”. El análisis tiene que ver también con esto.

(…)

Matar, amar y asesinar son hechos culturales, netamente humanos. No existe en el mundo de la naturaleza… y hablar de “mundo de la naturaleza” es ya un abuso del lenguaje: no hay ninguna realidad pre-discursiva. (Lacan, Seminario XX: “Los hombres, las mujeres y los niños no son más que significantes.”)

(…)

El primer problema es que el sujeto es deseado; que el deseo nos toma, que nosotros no tenemos un deseo, sino que el deseo nos tiene. Y aquí nos separamos del conductivismo, porque esto es lo insconciente.

(…)

Para Lacan el “A” simboliza el lenguaje, no es estrictamente un sujeto; y castrar el lenguaje quiere decir que para entrar a la cultura es necesario que el lenguaje esté agujerado.

El lenguaje se agujerea y automáticamente se agujerea el Sujeto. Es decir que ya queda una hianca que permitirá que el deseo se instale. Es decir, nosotros no hablamos, no cagamos, no hacemos pis, no cojemos, no hacemos absolutamente nada “por naturaleza”. El autismo comprueba que el Sujeto no habla por necesidad: hablamos porque hay un goce en el hablaje.

(…)

A partir del Significante, que agujerea el “cacho de carne”, se produce la entrada del goce en el organismo y acá entramos en problemas… Y este verbo que acá escribo, AMAR, va a solucionar este problema: pero AMAR es una solución pero también es un problema. (Lacan, Seminario VI, 3-6-59: “No hay otro malestar en la cultura que el malestar del deseo.”)

(…)

Primero es necesario que el lenguaje se agujeree y que algo penetre. Y aunque ustedes no lo crean, la que penetra acá es la mujer. Y esto que penetra es el FALO. Y los estudiantes de psicología mínimamente tienen que conocer que el FALO es el deseo de la madre. ¿Y esto qué quiere decir?

¿Qué quiso decir Freud –porque esto está en 1905- con esto? Quiso decir que la madre no quiere un hijo. La madre quiere un FALO. Es más, porque el psicoanálisis es muy antipático, lo quiere para el padre. Ni siquiera para el marido.

Es decir que la madre, por definición, es un sujeto fálico; MADRE-FÁLICA no es una mala palabra; es una necesidad para que se produzca la ecuación simbólica sino ninguna mujer puede desear un hijo. Y esto se produce a partir de una cuestión incorporada en el Deseo-de-la-Madre que es el Nombre-del-Padre.

Esta operación de atravesamiento fálico, que Lacan la bautiza sin previo aviso en el Seminario 4, como “la entrada del Espíritu Santo”, comporta dos operaciones: Behajung y Ausstossung: la incorporación del falo y la expulsión del objeto. Es decir que cuando se produce el maridaje (…) hay una pérdida que Lacan bautiza como objeto-pequeño-a.

(…)

Esto que se perdió es lo que se busca: lo suplementario, no lo que nos complementa. (…) Y acá estamos en problemas… Nos peleamos siempre con el vecino de al lado, a lo sumo el de arriba, pero nunca el que está más allá, los odios y los amores van juntos… por eso las guerras en general se dan entre países limítrofes. (…)

Lo que está en el eje de todo es nuestro narcisismo cotidiano…

Dice Lacan en el Seminario XI: “Si hay un terreno en el discurso en que el engaño tiene probabilidades de triunfo, su terreno es el amor.”

Por definición, para el psicoanálisis, el acto es fallido: Lacan decía que el acto más logrado es el fallido. El amor es también un engaño (…) y el problema es que el neurótico  (“His majesty the baby”-como decía Freud) busca re-integrar esto que perdió: busca re-integrar su producto. Porque este objeto-a es mitad del Sujeto y mitad del Otro: y este es el problema.

(…)

La Ley, cultural obviamente, rige la Castración del Goce (Incestuoso). Para que el Sujeto transite del goce al deseo tiene que atarse a la Ley. La Ley es la nominación del NO. Por eso O. Masotta decía que la prohibición del Incesto más que una regla de prohibición es una regla del Don.

(…)

El amor es un acto fallido, es un crimen fallido; y el homicidio es un crimen logrado. Sólo que un homicidio no es más que un suicidio proyectado: y esta es la tesis de Lacan.

Por eso escribí la cita de Rimbau: “Yo es otro”. Lacan comienza su tesis con una cita de la Ética de Spinoza: “Una afección cualquiera de cada individuo difiere de la afección de otro, tanto como la esencia de uno difiere de la esencia de otro.” 

¿Por qué Lacan empezará su tesis con esta frase Spizoniana? Porque esto es lo que nos diferencia a los psicoanalistas del discurso médico: la singularidad. ¿Qué va a decir Lacan?

Va a decir que la Psicosis no es un déficit: yo no puedo comparar a un psicótico desde mi lugar de neurótico: ser psicótico no es ni mejor ni peor que ser neurótico. Y hay que diferenciar psicosis de locura. La locura es un adjetivo, un acto que denota insensatez y que Lacan va a tomar de Hegel y denota delirio de infatuación.

Para Lacan la única enfermedad –si es que la enfermedad existe- es el delirio de infatuación; ¿qué quiere decir esto? Que la única enfermedad que tenemos los Sujetos se llama YO.

Y esto es lo que toca un analista en el análisis. Y ustedes ya estarán pensando: “Ah, ¿entonces se mata por narcisismo?”- Exactamente: igual por lo cual se ama: se ama por narcisismo y se mata por narcisismo.

(…)

La psicosis es pura lógica. La psicosis es trans-fenoménica, la locura es fenoménica (…) La locura se ve, la psicosis se escucha. Es más: la psicosis se escucha aún sin desencadenar…

En general la psicosis que nos llega al consultorio es una pre-psicosis, no es la psicosis desencadenada. Locuras hay muchas: enamorarse es una locura. Lavarse 35 veces las manos o poner 7 despertadores –como los casos que analizó Freud- es una locura…

(…)
.
Vayamos al caso Aimeé: ¿qué descubre Lacan? Que la naturaleza de la cura demostrará la naturaleza de la enfermedad; es decir: que ser castigada produce la curación… Cuando el sujeto no se ata a la Ley, la Ley lo ata. (…)

¡Y qué más dice Lacan acá? Dice que la producción del delirio es directamente proporcional a la producción artística. Esto quiere decir que nuestro síntoma, el síntoma del neurótico, es poético, no es psiquiátrico. Nosotros no escuchamos el mismo síntoma que escucha el psiquiatra.

(…)

No existe la ferocidad ni la violencia en el reino animal, esos son significantes-humanos. (…) Ningún animal mata por violencia o por ferocidad; esto que le enseñamos a los nenes: “el león es malo y el pajarito es bueno”-eso es un fantasma nuestro. Los animales no son ni buenos ni malos.

El animal mata por instinto. Es más, si me pongo muy lacaniano podría decir que el animal no (sabe que) mata. Matar, dice Lacan, como la palabra “muerte” existe en el Sujeto porque la podemos decir: de hecho el animal no “sabe” que se va a morir. Y este es el único saber humano. (…)

El síntoma es una manera elegante –neurótica- de tapar la muerte, de tapar la castración. Y no hay que tener ningún miedo de poner esta fórmula: Castración = Muerte. Esta es la única muerte que el Sujeto conoce. (…) Y toda muerte es del narcisismo.

(…)

Ferocidad, violencia, crimen, asesinato, homicidio: todos significantes humanos. (…) Digo que el crimen, como el amor, no tiene nada que ver con los genes. Ustedes saben que se descubren genes para todos…

Y esto es una cuestión política-ideológica; porque no es casualidad que en los países que se investigan estas cuestiones decir que hay un gen del criminal de raza negra, al racismo, hay un solo paso. Estas son cosas propias del ser humano.

¿Y qué es lo más propio del ser humano aparte del narcisismo? La pulsión, que no se puede traducir como instinto.

Por eso Lacan decía en su conferencia de mayo de 1950: “Pero esa misma crueldad implica la humanidad. A un semejante apunta, aunque sea en un ser de otra especie. Ninguna experiencia como la del análisis ha sondeado en la vivencia esta equivalencia de que nos advierte el patético llamamiento del Amor: a ti mismo golpeas.

Y la helada deducción del Espíritu: en la lucha a muerte por puro prestigio se hace el hombre reconocer por el hombre.

Si en otro sentido se designa por instintos a conductas atávicas cuya violencia hubo de hacer necesaria la ley de la selva primitiva y si las que algún doblamiento fisiopatológico liberaría, a la manera de los impulsos mórbidos, del nivel inferior en que parecen contenidas, bien podemos preguntarnos por qué, desde que el hombre es hombre, no se revelan también impulsos de excavar, de plantar, de cocinar y hasta de enterrar a los muertos.” 

Ahora que leo “enterrar a los muertos” recordé que O. Masotta decía que en toda tumba hay un espejo escondido… Espejo es sinónimo de semejante. El ser humano empieza la cultura cuando empieza a enterrar a sus semejantes… Fíjense que todo tiene que ver con no-aceptación de que vamos a morir…
.
Y por si todavía no se entendió, ¿por qué amar es un crimen? Porque para amar –y esto en la primera etapa de enamoramiento el Sujeto no lo percibe porque está alienado- para amar es necesario matar.

Es necesario castrar-me: matar mi narcisismo. Porque sino no puedo amar-al-otro; me sigo amando a mi mismo: como Narciso y su Mito que sigue mirando al espejo (al lago); y ¿cuál es su tragedia?

Porque así como hay una tragedia en Edipo –aparte del Drama- hay una tragedia en Narciso: la tragedia es que no puede tomar agua –es decir: acceder a su deseo-, porque si toma agua se difumina su imagen.

Entonces es una tragedia estar cristalizado en su propia imagen, es una tragedia para el Sujeto no poder amarse más que así mismo, no poder amar… Entonces, claro que son dos crímenes opuestos…

¿Y por qué me voy a castrar? La castración, lo digo como Lacan lo dice en el Seminario III, es simplemente -en dos palabras-: perder para ganar.

Marcelo Augusto Pérez

“(A)matar: amar y matar. Dos crímenes opuestos.

Una aproximación freudolacaniana.” -Fragmento-
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EN: Congreso de Patologías Border-Line y Delitos Complejos…

Los in-diagnosticables: Semiologías Psiquiátricas en debate: DSM-IV y Semiología Francesa.

En: Instituto de Criminología y Psicología Forense de Uruguay.

Montevideo / 10-5-2013

Marado“Vos te imaginás adonde hubiera llegado yo, si no me hubiese encontrado con la droga?”, Diego Armando Maradona, nro 10 de la Selección Nacional Argentina, allá por los 80.

Palabras al director Emir Kusturica, en un documental sobre su vida. Más adelante relata el gol a los ingleses, hecho con la mano en el mundial de Mexico´86, que la hinchada canta “la mano del “die” y que en la melodía se transforma en “la mano de “dio”. Porque Maradona es un dios no sólo para los argentinos, sino indiscutiblemente para los napolitanos.

Pero, ¿Qué costo hay que pagar para estar en el lugar del dios, cuando se es un humano común y corriente? Porque si no pago ningún costo, pues tengo la certeza que soy un dios, bueno, ya eso es harina de otro costal y nos movemos en el campo de la locura.

Pareciera que el costo que tuvo que pagar “el Diego”, fue el de la droga, que lo hacia sentirse realmente un dios, en la cancha, que todo lo podía. Sin embargo, esa misma droga lo fue diezmando al punto de ponerlo varias veces al borde de la muerte.

Cuenta él, en el mismo film, que la sensación era de “estar tener delante coágulos negros de sangre, y él tratando de salir y no poder, no poder”. No obstante, con mucho, mucho esfuerzo y mucho más dinero, dice que pudo rehabilitarse.

¿Qué es esta violencia contra sí mismo? Porque no deja de serlo, esta cuestión de las drogadicciones.

Freud dice en su texto “Pulsiones y sus destinos” (1915), que habría 4 destinos diferentes para la pulsión: la represión, la sublimación, el trastorno hacia lo contrario y la vuelta hacia la persona propia.

Nos da el ejemplo que en el caso de la vuelta contra la persona propia, la agresión que estaría destinada al objeto (entendiendo por tal el no-yo, el mundo exterior, un objeto de la realidad, una persona, el propio entorno, etc). Decíamos esa violencia destinada al objeto cambiaría de sentido, y entonces en vez de ser un objeto externo el agredido pasa uno mismo a tomar ese lugar.

Esto que viene a decir Freud es muy interesante, y habría que prestarle mucha atención pues, hoy por hoy, estamos siendo confrontados con la problemática de la droga todo el tiempo y en todos lados.

Entonces las preguntas que se desprenden son:

¿Por que descargar violencia contra el objeto? Y
¿Por qué devolver esa violencia en contra de la persona propia?

Se descarga violencia contra el objeto como reacción ante una violencia recibida. Aunque para nada específica, esta sería la respuesta a la pregunta 1, líneas más abajo la ampliaremos.

Y lo siguiente contestaría la pregunta 2: Me pongo yo en el lugar del objeto a ser agredido pues es la única posición que me es posible ocupar.

De estas dos ideas surge una nueva pregunta que es:

¿Cuál es esa violencia que recibimos y quien la imparte?

La máxima violencia que se puede ejercer contra alguien es justamente la de ponerlo en el lugar de objeto, al que se puede manipular, utilizar y hasta desechar. El ejemplo típico de esto es la violación, donde el agresor se presenta a los ojos de la víctima como un ser omnipotente, ya que puede decidir entre la vida y la muerte. Máxima angustia. Terrible ansiedad. Uno es un objeto a merced de otro terrible y feroz.

Dejando de lado este extremo, pero que nos sirve como referencia, podemos preguntarnos que si bien en menor escala y de distinta forma, ¿no es esta la posición que ocupamos hoy los ciudadanos en la sociedad de consumo, en el mundo globalizado, donde sólo somos un número cuando hay que votar e importantes cuando consumimos, si y solo si, en tanto consumamos. ?

¿Qué? No importa. Lo fundamental es el consumo para que siga girando la rueda de la economía. Acaso, ¿no es esta una máxima violencia en la que uno se mueve y trata de reprimir su angustia? ¿No es similar esta posición al ejemplo anterior frente a un otro sordo e omnipotente?

Esta es la problemática de la adicción, permítaseme tomarle prestado la forma de escribirlo al Dr. Braunstein, como “a-dicción”, en donde podemos pensar al prefijo “a” significando “sin” y “dicción” como decir.

Así, sería esta la problemática del sin decir, del no hablar, del no comunicarse; porque somos considerados y consideramos como objetos, y sin saber, caemos en esa dialéctica.

Objetos y a los objetos no se les habla, con los objetos uno no se comunica. Uno se comunica con sujetos y es de esto, de lo que se trata, de poder escuchar al otro como un sujeto que proyecta, que anhela, que desea.

Por tanto, siempre algo le va a faltar, pues esa es la esencia del ser humano, proyectarse y desear. Por eso, cuando alcanzamos el objeto u objetivo deseado (para el caso es lo mismo), la alegría nos dura un ratito y ya estamos proyectando y deseando de nuevo con miras al futuro.

El problema se presenta cuando uno compra la idea que es el objeto, lo que me trae satisfacción, cuando es en realidad el desear mismo la posibilidad de ser feliz.

De esta forma, llegamos así a tratar de explicar la problemática de las a-dicciones, del no decir, de la sin palabra, de la no comunicación, de considerar al otro como un objeto de goce y no como un sujeto deseante, sobre el que se ejerce la máxima violencia y que genera la máxima angustia.

Para cerrar sólo me queda preguntarles y preguntarme: ¿En esto de las a-dicciones, no entrarían también los adictos al juego, a la comida, la bebida, el trabajo, el gimnasio, las dietas,……?

Leido en Psicoanálisis Moebius

 

EL PSICOANALISIS HA VUELTO A DAR FUERZA A FIGURAS DE SIGLOS
Concepciones de la infancia

Jueves, 1 de julio de 2010

No sólo la literatura muestra otra infancia, sino que es necesario contar con el recurso a la infancia de la psicología, señala Germán García en este artículo. Y agrega: «Una niñez sin infancia podrá inventar recursos que ahora no imaginamos».


Por German García *

InfantesPaul Laurent Assoun ha inventariado las referencias a la literatura de Sigmund Freud: por orden de importancia están Shakespeare y Goethe, después Sófocles, Schiller, Cervantes y Flaubert.

Los relatos de histeria de Freud son posteriores a Madame Bovary, sus relatos de obsesiones vienen después de La tentación de San Antonio, ambas obras de Flaubert. Entre sus predilectos seguían algunos más cercanos, como Heine, Milton, Jacobsen, Ibsen, Spiitteler, A. France, Schnitzler, Lichtenberg, etcétera. (1)

Nuestra literatura es otra y un filósofo atento al psicoanálisis como J. F. Lyotard habla de la infancia en términos muy diferentes: como retorno en Joyce, como prescripción en Kafka, como desorden en Valéry y como «voces» en Freud.

Separo, de manera deliberada, la «sobrevivencia» en Arendt y «las palabras» en Sartre. Esas infancias, en lo que tienen de políticas, están en límites advertidos y trabajados por una decisión posterior. (2)

No sólo la literatura muestra otra infancia, sino que es necesario contar con el recurso a la infancia de la psicología: las discusiones sobre la 1º infancia, en particular, dicen más sobre el mundo de los observadores que sobre el mundo de los niños.

Los observadores se ha dicho descuidan las experiencias negativas de la infancia y también idealizan la vida de las mujeres que tienen hijos.

Charles Darwin, durante la década de 1870, publicó dos importantes análisis de la expresión en el niño pequeño.

Las observaciones de Darwin dan lugar a 2 teorías sobre la dinámica mental:

la 1º, que los niños nacen con facultades mentales o «instintos» innatos y la segunda, que las características mentales son hábitos construidos sobre la asociación entre acontecimientos y reacciones que han ocurrido simultáneamente en el pasado (Ben S. Bradley, 1989).

La 2º de estas teorías está en la raíz del asociacionismo y del conductismo. El asociacionismo, surgido en Inglaterra en el siglo XVIII, tiene incidencia tanto en Darwin como en Freud.

Los científicos que estudian a los niños escribe Bradley no se limitan a medir y calcular, son partícipes del debate sobre la condición moral de la vida humana, condición que se retrotrae en el tiempo a través de siglos de poesía y enseñanza religiosa.

La imagen de la primera infancia como el paraíso que acompaña a la «maldición del sexo«, reaparece en las diferentes vertientes de la psicología:

«Desde la publicación de El origen de las especies hacia el final del siglo XIX, a muchos pensadores escribe Clarke Stewart les intrigaba la posibilidad de dibujar paralelismos entre el niño y el animal, entre el humano primitivo y el niño, entre las primeras fases de la historia de la humanidad y el desarrollo infantil. Se consideraba al ser humano en desarrollo como un museo natural de la historia natural humana. De este modo, se pensaba que el desarrollo del niño revelaba el desarrollo de la especie«.

Freud estilizó esta herencia en su concepto de repetición y, mediante la introducción de las identificaciones, convirtió al yo en un cementerio poblado de restos de objetos perdidos (modelo, melancolía) y reforzó el aserto con un ello que era el resultante de yoes anteriores.

El yo como imagen del cuerpo se debe a ello los antepasados que mediante el superyó impone los designios de la especie al individuo.

Infierno y/o paraíso

La infancia con sus rasgos infernales y su reverso paradisíaco no «traduce» la experiencia de los niños, sino el recurso adulto al pasado histórico y personal.

El psicoanálisis, en su recurrir a la infancia, ha vuelto a dar fuerza a figuras de siglos, mediante la estrategia del simbolismo, incluso en la misma discusión sobre el concepto de símbolo.

El paraíso originario de Freud, el infierno primario de M. Klein, la oscilación entre uno y otro (cuerpo despedazado/júbilo) del espejo de Lacan, organizan esa persistencia.

La reversión del tiempo, típica de los cuentos de hadas, se encuentra en la versión común de «regresión«. El tiempo irreversible de cualquier relato adquiere el nombre de «castración», etcétera.

Una niñez sin infancia es el fin de esos topoi, pero como aquel hombre que no tuvo infancia de la historieta puede ser el comienzo de un nuevo saber, de un nuevo amor con otros recursos.

Esta ausencia de infancia, de neurosis infantil en el adulto, se anuncia en los relatos de algunos psicóticos, que van del presente absoluto de la certeza al presagio de una destrucción futura, donde el adulto hegeliano parece dejar atrás la infancia griega de Heidegger y la adolescencia reflexiva de Descartes.

Pero una niñez sin infancia podrá inventar recursos que ahora no imaginamos.

El hombre sin infancia tampoco es adulto.

«El valor científico de la observación de los bebés es retórico. Permite a los científicos sacar conclusiones que no serían capaces de sacar de otra manera«. Ben S. Bradley. 1989.

(1) P Laurent Assoun, Littérature et psychanalyse, Ed. Ellipses, París, 1996.

(2) J F. Lyotard, Lecturas de infancia, Ed. Eudeba, Bs. As., 1997.

* Fragmento de un artículo publicado en la revista Consecuencias, nº 4, abril 2010.

Psicoanálisis – El porvenir del lacanismo argentino

Sigmund Freud -hijo de su época- participa de los ideales de la Ilustración, pero no se lo puede ubicar en serie porque se sitúa -al decir de Lacan- en un vuelco de la historia en el que Freud mismo y su reflexión se alojan, allí donde Freud cambia la relación del hombre con el logos, allí donde el hombre -antes que pensar- habla.

La Ilustración no sólo produjo ideales. Si en La Fenomenología del Espíritu Hegel desarrolla el momento del terror en el capítulo “La Ilustración” no es sino porque el terror político es su producto.

Hegel introduce -bajo el recurso de la parodia- una sentencia tomada de la Biblia: “El miedo al Señor es el comienzo de la sabiduría» (Proverbios 1.7). No es el miedo a Dios sino al ente inmanente de la cara macabra.

Al final de la Primera Guerra Mundial, Freud postulará la pulsión de muerte en disyunción con cualquier ilusión homeostática y hablará de la pérdida de los valores ilustrados.

Ninguna felicidad en el programa de la naturaleza, dirá Freud. Nada en el cosmos está preparado para eso, dirá Lacan.

En pleno siglo XX, Adorno y Horkheimer -cuyo heredero es
Habermas– en Dialéctica de la Ilustración la critican en un intento por salvarla. No la salvaron, se tuvieron que exiliar no bien asumió el nazismo. No correrá mejor suerte Freud.

Se puede rastrear retroactivamente en la trivialidad de la muerte hegeliana la banalidad del mal arentdiana. Acaso porque los valores kantianos estaban perdidos, en la Argentina la cara macabra cobró la más macabra de sus caras. Padecemos aún sus consecuencias. La historia del psicoanálisis en la Argentina no quedó exenta. De relatar esta historia –sin reducirla a una cronología- se ocupa Marcelo Izaguirre en su libro Jacques Lacan: El anclaje de su enseñanza en la Argentina (Ed. Catálogos).

Voy a ser contundente: no se puede no leer este libro.

A partir del mismo nadie podrá refugiarse en el “pecado de la ignorancia”, quedando bajo responsabilidad de los “malintencionados” seguir sosteniendo aquello que lzaguirre, con un trabajo fundamentado y documentado, desmitifica.

Hay en este autor lúcido, comprometido y con coraje, una posición política y ética, hasta de singular mirada si se quiere. Obtiene partiendo de las pequeñas y grandes historias, de los silencios y lo silenciado, de los malentendidos, e incluso de operaciones adversas, algo que sin duda permite pensar no sólo el anclaje de las enseñanzas de Jacques Lacan en la Argentina, sino también su reverso no simétrico: el anclaje de la Argentina en la enseñanza de Jacques Lacan.

Hay en este libro una tesis demostrada: son falaces tanto la afirmación de que el lacanismo se desarrolló y creció a partir de 1976 bajo el imperio del terror, como la imputación de complicidad con el régimen.

Izaguirre demuestra que el anclaje de la enseñanza de Lacan se produjo con mucha antelación, y su crecimiento exponencial se produjo a partir del retomo a la democracia. Para alcanzar su demostración hace hablar a vivos y muertos, basta decir que el índice onomástico ocupa 17 páginas y que hay un libro dentro del libro en sus notas.

Izaguirre sitúa el anclaje de la enseñanza en una 1º charla que Oscar Masotta dio en 1964 referida a Lacan. «Cabecera de playa” es el término a retener.

Fue “ese golpe táctico” el que “daría lugar a una estrategia” con la conformación del 1º grupo lacaniano en 1967, subordinado a “una política psicoanalítica” a partir de 1972.

Nuestro autor remarca que, así como Masotta es el nombre princeps pero no el único responsable de la introducción del lacanismo en Argentina, Germán García -tampoco el único- es un actor privilegiado en su sostenimiento. No es sólo su modo de rendirle homenaje.

Marcó su encuentro con el psicoanálisis, permitiéndole «entender que es una práctica atravesada por multiplicidad de discursos, en la que se anudan clínica, cultura y política». Este libro lo prueba.

La historia del psicoanálisis institucional en la Argentina a partir de 1942; la de la hegemonía del klieinismo y la escisión de la APA en Plataforma y Documento; la de la confrontación psicoanálisis-médico/psicoanálisis-laico; la del psicoanálisis en la universidad y el hospital público; la de los grupos marxistas y los freudo-marxistas; la de la dystichia (mal encuentro) de los grupos freudo-marxistas con el psicoanálisis lacaniano; la del exilio de los psicoanalistas lacanianos y la consecuente propagación de la enseñanza de Lacan en los países de habla hispana; la del encuentro con Lacan en Venezuela, recibido por jóvenes psicoanalistas argentinos; la de la fundación de la Escuela de Orientación Lacaniana en Buenos Aires; la del psicoanálisis francés; y la historia política de la Argentina de la 2º mitad del siglo XX; todas estas historias y otras se anudan en el texto casi de un modo borromeico; alcanza con cortar una cuerda para que se desanuden todas.

No es lengua muerta, toca lo más vivo de lo actual. Así como hubo quienes atacaron al lacanismo vinculándolo a lo peor, hoy están los que quieren acallarlo en complicidad con grandes intereses que pretenden “curar” desde una concepción del hombre de la cual Primo Levi daría cuenta perfectamente.

Corría 1974 (10 años después de que Lacan hiciera lo propio en París) cuando Masotta funda la escuela, en la parodia, «La audacia -dice Izaguirre– radicaba en que se trataba de gente ‘en formación’ más que de psicoanalistas ya formados”.

Masotta con su acto fundó el porvenir del psicoanálisis lacaniano en la Argentina. El libro de lzaguirre es sin duda una importante contribución a ese proceso.

Viviana Fruchtnicht para Revista Ñ, 5 Jun 2010

miércoles, enero 24, 2007

http://bernaltieneunblog.blogspot.com/2007/01/59.html

Cuando se habla de “patología” en el ser humano, se alude a un daño, a un desorden en el cuerpo físico. El organismo humano como tal, suele tener, si no ha sido dañado o maltratado en alguno de sus órganos, un funcionamiento armónico y saludable.

Si algo no funciona o funciona mal, entonces hay enfermedad, es decir “patología”. Pero esta palabra también se emplea a propósito de la mente, de la psique humana.

Los trastornos mentales o “psicopatológicos”, hacen referencia a que algo “no anda bien” en la mente de un sujeto. La “psicopatología” describe los trastornos mentales en la medida en que lo psíquico es considerado como un órgano más del cuerpo, el cual tiene como función fundamental, ayudar a la adaptación del ser humano a la realidad.

El hecho de considerar la mente como un órgano, es lo que ha llevado a la ciencia contemporánea a reducir toda psicopatología a la ciencia del cerebro; es decir que la causa de la enfermedad mental se la busca únicamente en la materia gris.

En los animales también hay una dimensión mental. Si un ser viviente tiene un aparato sensorial -vista, oído, tacto, olfato y gusto- que le permita sentir y percibir el ambiente, entonces se puede decir que tiene una mente.

Lo mental como órgano sólo es posible si hay un aparato sensorial; lo uno es consecuencia de lo otro. El psiquismo es, entonces, aquello que viene a completar la parte orgánica del ser viviente.

El aparato sensorial, más lo mental, le permite a cualquier animal, buscar y encontrar lo necesario para sobrevivir. El animal que está libre en su hábitat natural, testimonia una adecuación entre lo mental y lo físico. Y esto es un estado ideal, un ideal que el ser humano expresa con el refrán “mente sana en cuerpo sano”.

Pero mientras que los animales forman parte de un todo armónico con el espacio que los rodea, el ser humano parece no funcionar así. Éste demuestra tener una fuerte inclinación a destruir su entorno y su organismo.

Y este comportamiento autodestructivo por parte del sujeto habla de una profunda patología en él. Algo “no anda bien” en su psiquismo, en su mente; y esto, que hace parte de su «naturaleza», no parece tener solución en él.

Publicado por Hernando en 7:02 PM
Etiquetas: mente, patología, psique


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