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Guia Freud. 04. Metapsicologia

Posted on: marzo 17, 2010

2. Metapsicologia

2.1 IDEA GENERAL

La metapsicología es la parte más abstracta y teórica del psicoanálisis y, por ello, la más fundamental en el sentido de que proporciona un marco de referencia para la comprensión de los temas restantes, más concretos, tales como por ejemplo las neurosis, los sueños o la cura analítica.

METAPSICOLOGIA: Término creado por Freud para designar la psicología por él fundada, considerada en su dimensión más teórica. La metapsicología elabora un conjunto de modelos conceptuales más o menos distantes de la experiencia, tales como la ficción de un aparato psíquico dividido en instancias, la teoría de las pulsiones, el proceso de represión, etc. La metapsicología considera tres puntos de vista: dinámico, tópico y económico (Laplanche, 225).

Las formulaciones metapsicológicas describen los fenómenos mentales en términos del aparato psíquico ficticio y contienen idealmente referencias a los aspectos topográficos, dinámicos y económicos del fenómeno en cuestión; los primeros hacen referencia a su localización dentro del aparato psíquico, esto es, tanto en el ello, el yo o el superyó; los segundos a los instintos implicados, y los últimos a la distribución de la energía dentro del aparato (Rycroft, 77).

Examinaremos sucesivamente los puntos de vista económico, dinámico, y tópico o topográfico. En relación con este último se habla también del punto de vista estructural, pero estas distinciones terminológicas serán planteadas más adelante (véase Punto de Vista Tópico).


2.2 PUNTO DE VISTA ECONOMICO

ECONOMICO (adjetivo): Califica todo lo relacionado con la hipótesis según la cual los procesos psíquicos consisten en la circulación y distribución de una energía cuantificable (energía pulsional), es decir, susceptible de aumento, de disminución y de equivalencias (Laplanche, 102).

‘Económico’ es el adjetivo correspondiente al sustantivo ‘energía’. Los conceptos y formulaciones económicas se refieren a la distribución de energía, libido, catexias dentro del aparato psíquico (Rycroft, 49). Esta energía puede incorporarse a una estructura (energía ligada o limitada), puede moverse de una estructura a otra (energía libre), o puede ser descargada en la acción (descarga) (Rycroft, 40).

ENERGIA: Suponemos que en la vida mental hay alguna clase de energía trabajando, pero no tenemos datos que nos permitan acercarnos a un conocimiento de ella por una analogía con otras formas de energía (Freud, Esquema del Psicoanálisis).

El concepto de energía fue creado por Freud para aclarar cambios de atención, interés y compromiso de un objeto a otro o de una actividad a otra (Rycroft, 50).

A la teoría clásica parece interesarle más la cantidad que la calidad de la energía: no interesa tanto qué tipo de energía circula en el psiquismo, sino cuánto circula (CUANTO o quantum), a pesar de que el psicoanálisis no tiene medios para medirla en un nivel cuantitativo.

La teoría clásica postula la existencia de cuantos de energía psíquica, que se genera en el ello, que están en condiciones de ser descargadas en acción, y de estar ligadas (vinculadas) a esas estructuras mentales que constituyen el yo (Rycroft, 43).

Esquemáticamente, podemos decir que la energía sigue una secuencia de tres etapas:

a) ingresa en el aparato psíquico,

b) es transportada por el mismo, y

c) es descargada para retornar al equilibrio inicial, lo cual es una situación bastante ideal porque la energía suele quedar ligada dentro mismo del aparato psíquico, a la espera de una descarga ulterior. En otras palabras, primero hay un aumento de energía (cuando entra), y luego una tendencia a disminuir esa cantidad (cuando es evacuada).

En relación con cada una de estas etapas, hay varios términos técnicos que aclaramos a continuación. Respecto de del ingreso de energía al aparato psíquico, encontramos las ideas de suma de excitación y estímulo.

SUMA DE EXCITACION: Uno de los términos usados por Freud para designar el factor cuantitativo cuyas transformaciones constituyen el objeto de la hipótesis económica. El término pone el énfasis en el origen de este factor: las excitaciones externas y, sobre todo, las internas (o pulsiones) (Laplanche,418). Tales excitaciones externas e internas funcionan como estímulos:

ESTIMULO: Los estímulos son tanto internos como externos, siendo los primeros impulsos instintivos que vienen de adentro del organismo pero que violan [irrumpen en] el aparato psíquico, y los últimos, impresiones sensoriales derivadas del ambiente (Rycroft, 54).

En relación con la segunda etapa, encontramos la idea de inervación:

INERVACION: Término usado por Freud en sus primeros trabajos para designar el hecho de que cierta energía es transportada a una determinada parte del cuerpo, produciendo allí fenómenos motores o sensitivos. La inervación, fenómeno fisiológico, podría producirse por conversión de energía psíquica en energía nerviosa (Laplanche,196).

En el PROYECTO DE UNA PSICOLOGIA PARA NEUROLOGOS (1985), Freud intenta basar directamente la psicología en el movimiento de energía de una neurona a otra. Efectivamente, la actividad neural consiste en el movimiento de cuantos de energía de una neurona a otra, de modo tal que ‘ideas’, ‘representaciones mentales’ e ‘imágenes’ son tratadas como estructuras unitarias (neuronas) de un aparato psíquico análogas al sistema nervioso (Rycroft, 79).

En relación a la 3º etapa, encontramos la idea de descarga:

DESCARGA: Término económico usado por Freud que designa la evacuación hacia el exterior de la energía aportada al aparato psíquico por las excitaciones, sean estas de origen interno o externo. Esta descarga puede ser total o parcial (Laplanche,96).

Ejemplos de descarga son la abreacción, las descargas emocionales en general y las actividades instintivas. Un AFECTO DE DESCARGA es una emoción que ocurre cuando un impulso está siendo descargado, en contraste con el AFECTO DE TENSION, que acompaña a la represión de un impulso (Rycroft, 46).

En relación con el punto de vista económico, examinemos por último los principios metapsicológicos.

PRINCIPIO: Enunciado teórico que se considera verdadero, y que sirve como explicación ‘última’ de los demás enunciados menos generales de la teoría, así como de los hechos de los cuales ésta se ocupa.

En psicoanálisis, los principios son básicamente los principios metapsicológicos, y más específicamente económicos porque describen como aumentan, se ‘almacenan’ y disminuyen las cantidades de energía. Por esta razón incluimos la explicación de los principios dentro del punto de vista económico.

Estos principios que muestran las visicitudes de la energía (o la tensión, o la excitación, para usar términos aproximados, menos físicos y más psico-fisiológicos) son los siguientes: inercia, nirvana, constancia, placer y realidad.

PRINCIPIO DE INERCIA (neurónica): principio de funcionamiento del sistema neurónico, postulado por Freud en EL «PROYECTO DE PSICOLOGÍA CIENTÍFICA» de 1895: las neuronas tienden a evacuar completamente las cantidades de energía que reciben (Laplanche, 293). Suponemos que Laplanche coloca ‘neurónica’ entre paréntesis, para distinguirlo del clásico principio de inercia de la mecánica newtoniana.

En relación con este principio, encontramos el concepto de facilitación:

FACILITACION: término usado por Freud cuando da un modelo neurológico del aparato psíquico (1895): la excitación, al pasar de una neurona a otra, debe vencer cierta resistencia; cuando este paso implica una disminución permanente de esa resistencia, se dice que hay facilitación: la excitación escogerá la vía facilitada con preferencia a la que no lo ha sido (Laplanche, 135). Así, las neuronas tienden a evacuar completamente la energía que reciben.

PRINCIPIO DE NIRVANA: Término propuesto por Bárbara Low y recogido por Freud para designar la tendencia del aparato psíquico a reducir a cero o, por lo menos, a disminuir lo más posible en sí mismo toda cantidad de excitación de origen externo o interno (Laplanche, 295).

PRINCIPIO DE CONSTANCIA: principio enunciado por Freud, según el cual el aparato psíquico tiende a mantener la cantidad de excitación en él contenida a un nivel tan bajo, o, por lo menos, tan constante como sea posible. Esta constancia se obtiene, por una parte, mediante la descarga de energía ya existente; por otra, mediante la evitación de lo que pudiera aumentar la cantidad de excitación, y la defensa contra este aumento (Laplanche, 287).

Especialmente en relación con este principio (y en general, con todos los principios metapsicológicos), encontramos las ideas de ‘tensión’ y ‘umbral’, puesto que la tensión, al aumentar y cuando alcanza cierto umbral o techo, se descarga.

TENSION: ‘Estado de tensión’ es un término diagnóstico para una condición donde el paciente está tenso, bajo presión psíquica, etc., ya sea como resultado de una presión externa o de un conflicto interno. Las concepciones de Freud acerca de los principios de constancia y placer consideran a la ‘tensión instintiva’ como el motor básico de toda conducta (Rycroft, 113).

Psicoanalíticamente podemos considerar la tensión como el estado en el cual se encuentra el sujeto como consecuencia de la existencia, en el aparato psíquico, de una cierta cantidad de energía que necesita evacuar.

UMBRAL (o limen): En fisiología y psicología, intensidad de la estimulación que evoca una respuesta. Las teorías psicoanalíticas del instinto, la angustia, la frustración, etc., implican (generalmente sin expresarlo) la idea de un umbral, esto es, la tensión instintivas causa displacer, conduciendo a la descarga sólo si la tensión ha pasado un cierto umbral (Rycroft, 118).

Si bien el principio de constancia fue enunciado por Freud, había sido formulado por Fechner para describir la tendencia de los organismos a mantener un nivel constante de tensión. Se corresponde con el concepto fisiológico de ‘homeostasis’, establecido por el fisiólogo W. Cannon (Rycroft, 92):

HOMEOSTASIS: Los organismos, compuestos de material que se caracteriza por la más extrema inconstancia e inestabilidad, han aprendido de alguna manera los métodos para mantenerse constantes y estables ante la presencia de condiciones que podrían suponerse, razonablemente, como profundamente perturbantes (Cannon).

PRINCIPIO DE PLACER: uno de los dos principios que, según Freud, rigen el funcionamiento mental: el conjunto de la actividad psíquica tiene por finalidad evitar el displacer y procurar el placer. Dado que el displacer va ligado al aumento de las cantidades de excitación, y el placer a la disminución de las mismas, el principio de placer constituye un principio económico (Laplanche, 296).

El principio de placer, que Freud consideró en gran medida innato, se refiere a la tendencia del organismo a evitar el dolor y a buscar placer mediante la descarga de tensión (Kaplan, 76). El principio no implica que el placer es buscado positivamente sino que el displacer es evitado (Rycroft, 92). Placer se opone así a dolor o displacer. Aclaremos una diferencia entre dolor y displacer:

DISPLACER Y DOLOR: En los textos psicoanalíticos, el dolor es físico, mientras que el displacer es un dolor mental debido a la tensión instintiva y es, por consiguiente, lo que más relación tiene con el principio del placer enunciado.

En los escritos de Freud, el dolor físico es Schmerz y el dolor mental debido a la tensión es Unlust, que Strachey traduce como displacer. Otras traducciones, sin embargo, utilizan ‘dolor’ para ambas palabras alemanas (Rycroft, 48).

La psiquis, inicialmente, está bajo la influencia del principio del placer y lo obtiene alucinando la satisfacción necesaria para reducir la tensión (Rycroft, 92). En esencia, el principio del placer persiste toda la vida, pero tiene que ser modificado por el principio de realidad (Kaplan, 76).

PRINCIPIO DE REALIDAD: Uno de los dos principios que, según Freud, rigen el funcionamiento mental. Forma un par con el principio del placer, al cual modifica: en la medida en que logra imponerse como principio regulador, la búsqueda de la satisfacción ya no se realiza por los caminos más cortos sino mediante rodeos, y aplaza su resultado en función de las condiciones impuestas por el mundo exterior (Laplanche, 299).

PRUEBA DE REALIDAD: Capacidad para distinguir entre las imágenes mentales y las percepciones externas, entre la fantasía y la realidad externa, de corregir las impresiones subjetivas por referencia a hechos externos (Rycroft, 99). La vigencia del principio de realidad depende de si el sujeto es capaz o no de llevar a cabo esta prueba.

Considerado desde el punto de vista económico, el principio de realidad corresponde a una transformación de la energía libre en energía ligada; desde el punto de vista tópico, caracteriza esencialmente el sistema preconciente-conciente; y desde el punto de vista dinámico, el psicoanálisis intenta basar el principio de realidad sobre cierto tipo de energía pulsional que estaría más especialmente al servicio del yo (Laplanche, 299).

Podríamos también agregar un punto de vista genético: el principio de realidad deriva y es una modificación del principio del placer, al cual sustituye sin suprimir (Laplanche, 299-300).

Según las formulaciones originales de Freud, el principio de realidad se adquiere y aprende durante el desarrollo (Rycroft, 92). Según Kaplan en cambio, dicha función es sólo en gran parte aprendida (Kaplan, 76).

El principio de realidad busca la gratificación o descarga instintiva pero acomodándose a las posibilidades de la realidad exterior y, consecuentemente, provee los medios para el aplazamiento de la descarga. Mediante la percepción externa examinamos las posibilidades del mundo exterior, y mediante el pensamiento como proceso secundario, podemos aplazar la descarga.

En relación con el principio de realidad, finalmente, no podemos dejar de aclarar qué significa ‘realidad’ en ese contexto:

REALIDAD: El psicoanálisis utiliza ‘real’ tanto para dar a entender algo objetivamente presente como algo subjetivamente significativo. Supone que todos los fenómenos objetivos ocupan un espacio exterior al sujeto (‘realidad externa’), y que existen imágenes, pensamientos, fantasías, sentimientos, etc., que ocupan un espacio dentro del sujeto (‘realidad interna o psíquica’) (Rycroft, 99).

Cuando se habla del principio de realidad o de prueba de realidad, nos estamos refiriendo a la realidad externa o ambiente.

DESREALIZACION, sin embargo, se refiere a la realidad psíquica, ya que los pacientes con este síntoma se quejan de que, pese a percibir el mundo exterior correctamente, este ya no significa nada para ellos, les parece ‘irreal’ (Rycroft, 99, 30).

Por último, intentaremos ahora relacionar estos cinco principios entre sí a partir de algunos comentarios de Laplanche y Rycroft, pero sobretodo a partir de ciertos textos decisivos como ‘Proyecto de una psicología científica’ (1895), ‘Más allá del principio del placer’ (1920) y ‘El problema económico del masoquismo’ (1924).

Para ello recurriremos a un gráfico de coordenadas cartesianas (Esquema 2.2).

En el eje de las ordenadas (Y) hemos ubicado la cantidad de energía, tensión o excitación. Por ejemplo la tensión 0 equivale al estado inorgánico, a la ausencia de vida, mientras que una cierta cantidad de excitación (por ejemplo 5, por citar una cifra cualquiera) es la mínima imprescindible para el mantenimiento y desarrollo de las funciones vitales.

En el eje de las abscisas (X) ubicamos el tiempo transcurrido, con lo cual cualquiera de las dos curvas dibujadas nos están indicando que a medida que transcurre el tiempo a lo largo de X, en un principio la excitación va aumentando, luego alcanza un punto máximo y después empieza a decrecer (curvas ascendente y descendente, respectivamente).

La curva de línea continua expresa gráficamente lo que dicen los principios de inercia y de nirvana que, en el fondo, se refieren a la misma situación: que la tensión termina evacuándose completamente, es decir hasta llegar a la tensión 0.

De hecho, Freud habló primero del principio de inercia alrededor de 1895, y luego lo reafirma hacia 1920 describiéndolo como principio de Nirvana.

Las diferencias entre ambos tienen que ver simplemente con sus ámbitos de aplicabilidad: la inercia explicaba el funcionamiento del sistema nervioso, o sea a un nivel puramente fisiológico, mientras que el nirvana explica el mismo funcionamiento a nivel psíquico, equivalencia que se funda sobre el hecho de que el funcionamiento mental tiene su base en un funcionamiento neurológico.

Como estamos en un contexto psicoanalítico, de aquí en más hablaremos de un principio de nirvana. Este principio, según Freud, es el primero en el sentido del más arcaico, pero también es el más fundamental en el sentido de que todos los demás principios (constancia, placer, realidad) son derivados de él, simples modificaciones de la tendencia primordial hacia la tensión cero (nirvana).

Consiguientemente, desde que el ser humano es concebido en la fecundación, ya trae como bagaje este principio de nirvana. Pero si este principio actuara en forma libre y exclusiva, el organismo reduciría su tensión a cero y entonces moriría.

Por lo tanto el organismo comienza a funcionar según el principio de constancia (esquema 2.2, curva de línea discontinua), que permite la descarga en forma parcial, no total, por ejemplo hasta el nivel de tensión 5, compatible con la vida. Esto no significa que haya desaparecido el principio de nirvana: de hecho tiende a reaparecer durante la existencia del individuo hasta que finalmente termina por prevalecer sobre el principio de constancia, ya que la muerte a la larga resulta inevitable. Si el organismo sigue viviendo es porque aún sigue teniendo prioridad el principio de constancia.

Al comienzo de sus desarrollos teóricos, en 1895 Freud plantea solamente un principio de inercia (léase Nirvana), pero deja entrever un esbozo del principio de constancia cuando supone que efectivamente, hay una tendencia a mantener la excitación constante y distinta a cero, pero verá en esto algo secundario impuesto por la necesidad de vivir.

Desde esta perspectiva inercia y constancia se oponen, pues la constancia se opondría a la descarga a cero (podemos pensar que al menos una parte de la energía que ingresa al organismo, serviría para contrarrestar la tendencia a cero impuesto por el principio de nirvana: una especie de energía de mantenimiento de las funciones vitales).

Más adelante, en ‘Más allá del principio del placerFreud equipara ambos principios, e incluso dentro de ese mismo artículo da prácticamente la misma definición del principio de constancia y del principio de nirvana. Laplanche habla entonces aquí de una ambigüedad en el texto de Freud.

Sin embargo, esta ambigüedad se diluye cuando más tarde, EN ‘EL PROBLEMA ECONóMICO DEL MASOQUISMO’, relaciona el principio de nirvana con la pulsión de muerte, o sea con la reducción de la tensión a cero, algo evidentemente distinto a lo que afirma el principio de constancia.

Dice Rycroft que pese a que Freud usa a veces el principio de constancia para implicar que los organismos tratan de abolir toda tensión interna (tienen un instinto de muerte), su mejor uso se produce cuando hace referencia a la necesidad de mantener un nivel óptimo de tensión (Rycroft, 92).

Veamos ahora la relación de estos principios con el principio del placer.

Si observamos el esquema 2.2, veremos que la última parte de ambas curvas es descendente, lo que significa que tanto el principio de nirvana como el principio de constancia postulan una reducción o disminución final de la tensión. Sabemos por otro lado que el principio del placer relaciona la disminución de la tensión con un afecto placentero.

La pregunta inevitable es la siguiente: ¿con qué debemos relacionar el principio del placer? ¿Con el principio del nirvana o con el de constancia, habida cuenta de que en ambos hay una reducción de la tensión?

A lo largo de su pensamiento Freud consideró ambas posibilidades:

a) Numerosas formulaciones de Freud asimilan el principio del placer al principio de constancia. Más concretamente, el principio de constancia es el fundamento económico del principio del placer: el aumento de tensión es experimentado como displacentero y su reducción como placentera, es decir, ciertos niveles de tensión guardan una correspondencia con ciertas percepciones subjetivas de displacer o placer.

No obstante esto, Freud dirá que la equivalencia no es exacta pues en ciertos casos, como por ejemplo en la unión sexual, el aumento de tensión se acompaña de placer, lo cual llevará a la distinción entre placer preliminar y placer final.

b) En otras formulaciones, especialmente en ‘Más allá del principio del placer‘, Freud relaciona el principio de placer con el principio de nirvana, llegando incluso a preguntarse si el principio de placer no se encuentra tal vez al servicio de la pulsión de muerte (nirvana), ya que el principio de nirvana sugiere una profunda ligazón entre el placer y la aniquilación (las personas pueden disfrutar agrediendo o destruyendo). El vínculo entre estos dos principios fue de todas maneras, siempre muy problemático para Freud.

Por lo dicho, si se asimila el principio de placer al de nirvana, entonces el primero se opone al principio de constancia pues buscaría la reducción de la tensión a cero. Y alternativamente, si se asimila el principio de placer al de constancia, entonces el principio de placer se opone al principio de nirvana, es decir a la muerte, quedando entonces del lado de las pulsiones de conservación o de vida.


2.3 PUNTO DE VISTA DINAMICO

En física, la dinámica estudia el movimiento de los cuerpos en relación a las fuerzas que lo producen. De aquí deriva la concepción dinámica freudiana: en el psiquismo se supone que actúan fuerzas, siendo especialmente importantes aquellas que se enfrentan u oponen entre sí, generando el llamado conflicto.

DINAMICO (adjetivo): califica un punto de vista que considera los fenómenos psíquicos como resultantes del conflicto y de la composición de fuerzas que ejercen un determinado empuje siendo éstas, en último término, de origen pulsional (Laplanche, 100).

En relación con el punto de vista dinámico, están los conceptos de ‘conflicto psíquico’ y ‘represión’.

CONFLICTO: Oposición entre fuerzas aparente o evidentemente incompatibles (Rycroft, 41). Los conflictos pueden ser externos, cuando se oponen una fuerza exterior y una fuerza interna del sujeto, y pueden ser internos o intrapsíquicos, cuando se oponen internamente dos fuerzas.

Estos últimos son de especial interés para el psicoanálisis, y pueden ser calificados indistintamente como conflictos internos, psíquicos o intrapsíquicos:

CONFLICTO PSIQUICO (o intrapsíquico): en psicoanálisis se habla de conflicto cuando, en el sujeto, se oponen exigencias internas contrarias. El conflicto puede ser manifiesto (por ejemplo entre un deseo y una exigencia moral, o entre dos sentimientos contradictorios) o latente, pudiendo expresarse éste último de un modo deformado en el conflicto manifiesto y traducirse especialmente por la formación de síntomas, trastornos de la conducta, perturbaciones del carácter, etc. (Laplanche, 77).

El psicoanálisis considera al conflicto como constitutivo del ser humano y ello desde distintos puntos de vista: entre el deseo y la defensa, entre los diferentes sistemas o instancias, entre las pulsiones, conflicto edípico, etc. En este último caso no sólo se enfrentan deseos contrarios, sino que estos a su vez se enfrentan con lo prohibido (Laplanche,77).

Los conflictos intrapsíquicos se refieren a los que tienen lugar entre dos partes de la misma mente, en contraste con el conflicto entre personas (Rycroft, 71). Ejemplos son el conflicto entre impulsos instintivos (por ejemplo libidinal y agresivo), o entre estructuras (por ejemplo yo y ello) (Rycroft, 41).

REPRESION: Es considerada por Laplanche en dos sentidos.

a) En sentido propio: operación por medio de la cual el sujeto intenta rechazar o mantener en el inconsciente representaciones (pensamientos, imágenes, recuerdos) ligados a una pulsión. La represión se produce en aquellos casos donde la satisfacción de una pulsión (susceptible de procurar por sí misma placer) ofrecería el peligro de provocar displacer en virtud de otras exigencias.

La represión es particularmente manifiesta en la histeria, si bien desempeña también un papel importante en las restantes afecciones mentales, así como en la psicología normal. Puede considerársela como un proceso psíquico universal, en cuanto se hallaría en el origen de la constitución del inconsciente como dominio separado del resto del psiquismo.

b) En sentido más vago: el término ‘represión’ es usado en ocasiones por Freud en un sentido que lo aproxima a ‘defensa’ debido, por una parte, a que la operación de la represión en el sentido a) se encuentra, al menos como un tiempo, en numerosos procesos defensivos complejos (en cuyo caso la parte es tomada como el todo) y, por otro lado, debido a que el modelo teórico de la represión es usado por Freud como el prototipo de otras operaciones defensivas (Laplanche, 375).

Habría dos tiempos en la represión: lo que ha sido reprimido en el primer tiempo (represión originaria) tiende a irrumpir de nuevo en la conciencia en forma de derivados, siendo sometido entonces a una segunda represión (represión con posterioridad) (Laplanche, 94).

Relacionamos el punto de vista dinámico con conflicto y represión porque punto de vista dinámico significa fuerzas que se oponen (conflicto), y porque un ejemplo fundamental de esta oposición ocurre en la represión, donde hay una fuerza pulsional que pugna por descargarse, y otra fuerza de sentido contrario que la reprimirá.

Podemos ir sintetizando la vinculación entre los tres puntos de vista metapsicológicos del siguiente modo:

La energía fluye libremente y busca descargarse (aspecto económico), pero existen barreras que se oponen a esa descarga, o sea se producen enfrentamientos entre fuerzas contrarias (aspecto dinámico). Todo esto acontece en un escenario, en un ‘lugar’, metafóricamente hablando, llamado ‘aparato psíquico’ y diferenciado en sistemas o instancias (aspecto tópico), diferenciación que va ocurriendo paulatinamente a lo largo de la vida y especialmente durante los primeros cinco años (esto último es un punto de vista genético, que Freud suele agregar también en su metapsicología, en especial en la segunda tópica).


2.4 PUNTO DE VISTA TOPICO

En relación con este punto de vista, se suelen emplear los calificativos de TOPICO, TOPOGRAFICO y ESTRUCTURAL. No existe un acuerdo estricto en el empleo de estos términos para calificar la teoría freudiana del aparato psíquico, pero valgan las siguientes consideraciones:

a) Los calificativos de ‘tópico’ y ‘topográfico’ destacan el aspecto espacial del aparato psíquico, como si sus diversas instancias ocupasen un lugar en él. En cambio la denominación ‘estructural’ destaca el hecho de que esas instancias están interrelacionadas entre sí, influyéndose mutuamente.

b) Compiladores como Kaplan denominan modelo topográfico a la primera teoría del aparato psíquico, y modelo estructural a la segunda teoría (Kaplan, 77 y 79). Otros en cambio, como Rycroft, denominan por ejemplo a la segunda teoría como punto de vista topográfico y estructural, simultáneamente (Rycroft, 40). Por su parte Laplanche habla de las dos tópicas freudianas para referirse a ambas teorías (Laplanche, 431).

c) Hay aún otras opiniones. Sólo destacaremos que ambos adjetivos, tópico y estructural, son igualmente aplicables tanto a la primera como a la segunda teoría por cuanto en ambas se habla de ‘lugares’ y de ‘interrelaciones’.

TOPICA: Teoría o punto de vista que supone una diferenciación del aparato psíquico en cierto número de sistemas dotados de características o funciones diferentes y dispuestos en un determinado orden entre sí, lo que permite considerarlos metafóricamente como lugares psíquicos de los que es posible dar una representación espacial figurada (Laplanche, 431).

El punto de vista tópico insiste sobre las ideas de ‘lugar’ y ‘ficción’. Aquí se habla de la ficción de un aparato psíquico extendido en el espacio y cuyas instancias son localizables en un diagrama visual.

Corrientemente se habla de dos tópicas freudianas: la primera donde se establece una distinción fundamental entre los sistemas inconsciente, preconsciente y consciente, y la segunda tópica que distingue tres instancias: el ello, el yo y el superyó (Laplanche, 431).

Freud incluyó también dentro de esta última el ideal del yo.

SISTEMA: Se toma como sinónimo de instancia.

INSTANCIA: Alguna de las diferentes sub-estructuras, dentro de una concepción a la vez tópica y dinámica del aparato psíquico.

Ejemplos: instancia de la censura (1º tópica), instancia del superyó (2º tópica) (Laplanche, 197).

El conjunto de todas las instancias constituyen el aparato psíquico, concepto que es central dentro del punto de vista tópico. Este punto de vista no es otra cosa que la teoría freudiana del aparato psíquico:

APARATO PSIQUICO: término que subraya ciertos caracteres que la teoría freudiana atribuye al psiquismo: su capacidad de transmitir y transformar una energía determinada y su diferenciación en sistemas o instancias (Laplanche, 30). Freud dice: «suponemos que la vida mental es la función de un aparato al cual atribuimos las características de estar extendido en el espacio y de estar formado por diversas porciones (o sea el ello, el yo y el superyó)» (Freud, ESQUEMA DEL PSICOANáLISIS).

El aparato psíquico está regido por dos modos de funcionamiento: el proceso primario y el proceso secundario (véase esquema 2.3).

Freud desarrolló sucesivamente dos tópicas. La primera viene ya perfilándose en ‘PROYECTO DE UNA PSICOLOGIA PARA NEUROLOGOS’ (1895), pero aparece formulada en el capítulo 7 de ‘LA INTERPRETACION DE LOS SUEÑOS’ (1900), mientras que la segunda empieza a surgir a partir de 1920 y queda explícitamente planteada en ‘EL YO Y EL ELLO ‘(1923).

Veámoslas separadamente.

a) Primera tópica

Según la primera tópica, el aparato psíquico está formado por tres instancias: el inconsciente, el preconsciente y el consciente, constituyendo las dos últimas el llamado sistema preconciente-conciente (véase esquema 2.10). El consciente aparece también en relación con los nombres de conciencia o SISTEMA PERCEPCION-CONCIENCIA, y ello porque una función básica de este sistema es la percepción:

PERCEPCION: Proceso de comenzar a estar consciente de algo. El psicoanálisis distingue entre percepción externa e interna, siendo la base de la primera las sensaciones derivadas de los órganos sensoriales, y de la última el estado consciente de comenzar a advertir progresivamente los procesos mentales internos (Rycroft, 88).

La distinción entre estas instancias se basa especialmente en el grado de actualización de los recuerdos. En el inconsciente están inscriptos todos aquellos hechos que, por más esfuerzo que hagamos no podemos recordarlos, y sólo aparecen bajo hipnosis, o bien luego de un trabajo analítico que atenúe las resistencias, generalmente arduo.

Ejemplos de estos hechos: qué hicimos el 23 de agosto de 1990 a las 6 de la tarde.

Este es un recuerdo banal: el psicoanálisis destaca especialmente los hechos que resultaron altamente displacenteros o traumáticos para el sujeto, generalmente infantiles, razón por la cual fueron reprimidos y entonces no tienen fácil acceso a la conciencia.

Por ejemplo, haber sufrido una violación. También resultan de difícil acceso las pulsiones, en la medida en que estas son consideradas peligrosas o amenazantes (fuente de angustia) Indica Kaplan que las ideas reprimidas pueden alcanzar la conciencia cuando la censura está dominada (como en la formación del síntoma neurótico), cuando se debilita (como en el sueño), o cuando es engañada (como en las bromas) (Kaplan, 77).

Otra forma de acceso es por el trabajo analítico. El mismo autor explica que en el inconsciente, los recuerdos han perdido su conexión con la expresión verbal, y cuando se vuelven a aplicar las palabras al vestigio del recuerdo olvidado, pueden alcanzar la conciencia una vez más (Kaplan, 77).

En el preconsciente están los recuerdos fácilmente actualizables mediante un simple acto de voluntad, por lo cual no están tan sometidos a la influencia de la represión. Por ejemplo, si en este momento recordamos nuestro número telefónico, este recuerdo ha pasado del preconsciente al consciente, es decir, se ha actualizado.

Finalmente el consciente no es otra cosa que lo que captamos en este momento, aquí y ahora, sea que se trate de un recuerdo ahora actualizado, sea que se trate de un dato de la percepción actual, en especial si es visual o auditivo.

Rycroft indica que, en sentido amplio, los procesos y datos preconscientes e inconscientes pueden ser calificados como inconscientes. Los primeros son ‘descriptivamente inconscientes’ (o preconscientes), y los últimos ‘dinámicamente inconscientes’ (o inconscientes).

Los recuerdos, la información, las habilidades, etc., que pueden ser recordadas cuando son necesitadas, son descriptivamente inconscientes;; los recuerdos, fantasías, deseos, etc., cuya existencia sólo puede ser inferida, o que solo se hacen conscientes luego de la erradicación de alguna resistencia, son dinámicamente inconscientes (Rycroft, 66).

En los esquemas 2.4, 2.5, y 2.6 se indican las definiciones de conciencia, preconsciente e inconsciente. Las mismas deben complementarse con las siguientes observaciones:

a) En los 3 esquemas se incluyen en 1º lugar un punto de vista ‘descriptivo’, que apunta a mostrar qué se entendía por conciencia e inconsciente antes del psicoanálisis, y en los cuales Freud se apoyó originalmente. Antes del psicoanálisis no existía el vocablo ‘preconsciente’, pero sí ‘subconsciente’ o ‘subconciencia’:

SUBCONSCIENTE o subconciencia: término usado en psicología para designar, ora lo que es débilmente consciente, ora lo que se halla por debajo del umbral de la conciencia actual o es incluso inaccesible a ésta; usado por Freud en sus primeros trabajos, como sinónimo de inconsciente, el término fue rápidamente rechazado a causa de los equívocos a que se prestaba (Laplanche, 414).

b) En el esquema 2.4, ‘conciencia’ está definida como conciencia psicológica, no moral.

c) En relación con el consciente, se habla de un estado consciente:

ESTADO CONSCIENTE:

1. El estado de advertir las cosas, en oposición a estar dormido, anestesiado o en coma.

2. La facultad de autoconciencia, ausente en los animales (Rycroft, 54).

Los ensayos de Freud sobre el estado consciente se han perdido, y por ello sabemos poco de sus opiniones al respecto. Sabemos que Freud le asignaba la función de la prueba de realidad, que estaba regido por el proceso secundario, que tenía una función integrativa, y que ‘acercarlo para su conexión con las imágenes verbales’ era un requisito esencial para el ingreso del pensamiento inconsciente al estado consciente (Rycroft, 54).

d) El preconsciente y el inconsciente están separados por la censura:

CENSURA: función que tiende a impedir, a los deseos inconscientes y a las formaciones que de ellos derivan, el acceso al sistema preconciente-conciente (Laplanche, 53). Censor o censura fue, en las primeras formulaciones de Freud, el organismo mental responsable de la distorsión de los sueños y de la represión. El censor es el antecedente teórico del superyó (Rycroft, 38).

e) En relación con el inconsciente, definimos otro concepto:

DERIVADO DEL INCONSCIENTE: término usado a menudo por Freud (sobretodo en los textos metapsicológicos de 1915) dentro de su concepción dinámica del inconsciente: éste tiende a hacer resurgir en la conciencia y en la acción producciones que se hallan en conexión más o menos lejana con aquél. Estos derivados de lo reprimido son, a su vez, objeto de nuevas medidas de defensa (Laplanche, 94).

f) Siempre en el contexto de la primera tópica se puede plantear un punto de vista genético. Al respecto señala Laplanche que de un modo muy esquemático aparecen en Freud dos versiones muy distintas: una, de matiz genético que será reforzada por la segunda tópica, consistente en suponer la aparición y diferenciación progresiva de las instancias a partir de un sistema inconsciente, cuyas raíces se hunden en lo biológico («todo lo que es consciente ha sido primariamente inconsciente»); la otra intenta explicar la constitución de un inconsciente por el proceso de la represión, solución que conduce a Freud a postular, en un primer tiempo, una represión originaria (Laplanche, 433).

g) Laplanche usa y menciona las siguientes ABREVIATURAS: Ics (inconsciente), Pcs (preconsciente), Pc-Cs (percepción-conciencia), y Pcs-Cs (sistema preconciente-conciente). Todas ellas empiezan con mayúsculas, lo que indica que se trata de sustantivos, y entonces designan sistemas o instancias. En cambio las abreviaturas en minúsculas, como ‘ics’, designan, como en este caso, el inconsciente como adjetivo, o sea califica contenidos inconscientes.

b) Pasaje de la primera tópica a la segunda tópica

Qué llevó a Freud a pasar de la primera a la segunda tópica? Indica Kaplan que las principales deficiencias de la primera tópica radican en no poder explicar dos importantes características del conflicto mental:

a) Muchos de los mecanismos de defensa que los pacientes usaban contra el sufrimiento no eran, al principio, accesibles a la conciencia. Evidentemente, por tanto, la fuerza de la represión no puede atribuirse al preconsciente considerando que esta región de la mente era, por definición, accesible a la conciencia (Kaplan, 77). En este sentido, Laplanche refiere que el principal motivo que clásicamente se invoca para el pasaje de la primera a la segunda tópica es la consideración creciente de las defensas inconscientes, lo que impide hacer coincidir los polos del conflicto defensivo con los sistemas anteriormente establecidos: lo reprimido con el Inconsciente, y el yo con el sistema Preconciente-conciente (Laplanche, 434).

b) Los pacientes demostraban con frecuencia una necesidad inconsciente de castigo. Sin embargo, según la primera tópica, la fuerza moral que hacía esta demanda estaba asociada con las fuerzas anti-instintivas accesibles al conocimiento en el preconsciente (Kaplan, 77).

Ambas críticas se encontraban entre las importantes consideraciones que llevaron a Freud a descartar la primera tópica en el punto que se preocupaba por atribuir procesos específicos a regiones específicas de la mente. Llegó a comprender que lo más importante era si estos procesos eran primarios o secundarios. Los conceptos de la primera tópica que siguieron siendo útiles se refieren a las características de los procesos primario y secundario, a la importancia esencial de la satisfacción de los deseos, a la tendencia a la regresión en situaciones de frustración, y a la existencia de un inconsciente dinámico (Kaplan, 77).

Veamos la versión de Rycroft. En el consciente rige el proceso secundario. Sin embargo a veces los pensamientos conscientes pueden ser inconscientes, con lo cual es posible que la actividad mental sea a la vez ‘descriptivamente inconsciente’ y ‘dinámicamente consciente’.

Tal actividad se llama ‘preconsciente’. La situación inversa aparece en los sueños, donde somos conscientes de manifestaciones del inconsciente. Las contradicciones de este tipo llevaron a Freud a cambiar la terminología durante la década del 20, cuando el consciente se convirtió en el yo y el inconsciente en el ello (Rycroft, 41).

Más específicamente, la teoría psicoanalítica de las defensas implica el supuesto de percepción ‘inconsciente’, tanto de percepciones externas como internas, pues dice que las defensas están para prevenir que impulsos o recuerdos se hagan conscientes. Esto implica que el organismo mental que inicia una defensa, debe percibir la percepción amenazante antes de hacerlo perceptible al estado consciente. Tal una de las razones que llevaron a Freud a reemplazar lo consciente por el yo.

Con anterioridad a este cambio de terminología, fue necesario asegurar que el consciente era inconscientemente consciente de algún impulso prohibido. El yo, sin embargo, es definido como parcialmente inconsciente y se sostiene que es capaz de realizar ajustes automáticos, inconscientes, a los cambios en la tensión interna. No es difícil, sin embargo, encontrarse con textos analíticos que caen en la trampa de asegurar que un paciente estaba inconscientemente consciente (o advertido) de algo (Rycroft, 88).

Podríamos decir que las cosas podrían simplificarse si convenimos en llamar yo al consciente, y ello al inconsciente. En este caso el pasaje de la primera a la segunda tópica hubiera sido sólo un cambio en la terminología, no en las ideas. Pero desgraciadamente las cosas se complican cuando se constata que hay ciertas percepciones y ciertas descargas motrices (funciones yoicas) que…¡son inconscientes!…

Por ejemplo, como indica Fenichel, hay estímulos que están ‘por debajo del umbral’, y que demuestran haber sido percibidos sin haber sido jamás conscientes. Existe también una motilidad inconsciente, como sucede en el sonambulismo (Fenichel, 31).

Es así que el yo ya no puede ser homologado al consciente, y debe abarcar también capas más profundas, preconscientes e inconscientes, con lo cual deja de haber una coincidencia entre yo y consciente.

Otro ejemplo de actividad inconsciente del yo son el empleo de los mecanismos de defensa, ejemplo especialmente importante en la medida que es una de las principales razones que justificaron, como quedó dicho, el pasaje de la primera a la segunda tópica.

c) 2º tópica

De acuerdo a la segunda tópica, el aparato psíquico está constituido por el ello, el yo y el superyó (véase esquema 2.10). Sus definiciones y características aparecen en las esquemas 2.7, 2.8 y 2.9, y deben complementarse con las siguientes observaciones:

a) Al referirse al yo, Freud discrimina a lo largo de su obra un yo-placer y un yo-realidad:

YO-PLACER, YO-REALIDAD: Términos utilizados por Freud aludiendo a una génesis de la relación del sujeto con el mundo exterior y del acceso a la realidad. Ambos términos se oponen siempre entre sí, pero con acepciones demasiado distintas como para dar una definición unívoca de ellos, y con significaciones que se imbrican demasiado para ser fijadas en múltiples definiciones (Laplanche, 472).

La oposición entre yo-placer y yo-realidad fue adelantada por Freud sobre todo EN ‘FORMULACIONES SOBRE LOS DOS PRINCIPIOS DEL FUNCIONAMIENTO PSíQUICO’ (1911), ‘LAS PULSIONES Y SUS DESTINOS’ (1915), y ‘LA NEGACIóN’ (1925) (Laplanche, 472).

En rigor, Freud habla de tres etapas en el yo: el yo-realidad primitivo, propio de la etapa autoerótica, el yo-placer o yo de placer purificado, propio del narcisismo, y finalmente el yo-realidad definitivo, regido ya por el principio de realidad. El primero percibe todo lo displacentero dentro de sí, mientras que la realidad exterior le es indiferente.

En una segunda etapa el yo introyecta lo placentero que advierte en la realidad exterior y proyecta hacia afuera todo lo displacentero (‘quedó purificado’), constituyéndose así el yo-placer, donde todo lo placentero está dentro de él y todo lo displacentero queda afuera.

Y finalmente en una tercera etapa, el yo intentará encontrar afuera una fuente de placer: un objeto real que corresponda a la representación del objeto primitivamente satisfactor y perdido: esto corresponde a la prueba de realidad: el yo-realidad definitivo se ha instalado (Laplanche, 473-474).

b) Respecto del superyó, se suele mencionar su severidad. En relación con esta SEVERIDAD DEL SUPERYó cabe afirmar, con Rycroft, lo siguiente: el superyó no es una réplica fiel de las figuras reales introyectadas, porque el yo también incorpora a ellas sus propias características, con lo cual la severidad o intolerancia del superyó deriva, al menos en parte, de la violencia de los propios sentimientos del sujeto en la infancia (Rycroft, 110-111).

c) Además de las 3 instancias clásicas, Freud habló también de un ‘ideal del yo’:

IDEAL DEL YO: Término usado por Freud en su segunda tópica. Instancia de la personalidad que resulta de la convergencia del narcisismo (idealización del yo) y de las identificaciones con los padres, con sus sustitutos y con los ideales colectivos. Como instancia diferenciada, el ideal del yo constituye un modelo al que el sujeto intenta adecuarse (Laplanche, 180).

De acuerdo a Rycroft, es la concepción del sí mismo de cómo desea ser. Algunas veces usado como sinónimo de superyó, pero con mayor frecuencia se hace la distinción de que la conducta que está en conflicto con el superyó provoca culpa, mientras que aquella que está en conflicto con el ideal del yo provoca vergüenza (Rycroft, 121). Aclaremos que la vergüenza deriva también de la emergencia de los impulsos anales.

Al respecto, se habla de conductas y deseos YO-DISTONICOS cuando son incompatibles con los ideales del individuo o su concepción de sí mismo. En caso contrario se los califica como YO-SINTONICOS. Se trata siempre de juicios de valor hechos por el mismo sujeto (Rycroft, 121-122).

d) Integración de las dos tópicas

Según Laplanche, Freud no renunció a armonizar las dos tópicas. En varios lugares de su obra da una representación sobre un modelo espacialmente presentado del conjunto del aparato psíquico, en la cual coexisten las divisiones yo-ello-superyo y las divisiones inconciente-preconciente-conciente.

Esto puede verse por ejemplo en ‘EL YO Y EL ELLO’, pero la exposición más precisa al respecto está en el capítulo 4 de ‘ESQUEMA DEL PSICOANáLISIS’ (Laplanche, 434).

En el esquema 2.10 presentamos un modo en que pueden quedar resumidas las vinculaciones entre ambas tópicas en base a las afirmaciones de Freud. Como allí vemos, en el modelo final del aparato psíquico el ello es totalmente inconsciente, mientras que el yo y el superyó tienen partes conscientes, preconscientes e inconscientes.

En la 1º tópica, ‘consciente, ‘preconsciente’ e ‘inconsciente’ funcionan como sustantivos, o sea designan instancias o sistemas, pero en el modelo definitivo pasan a ser adjetivos calificativos, o sea califican los contenidos del ello, del yo y del superyó.

Por ejemplo: en la 1º tópica se dice «el inconsciente es una instancia o lugar del aparato psíquico…» (‘inconsciente’ es sustantivo y está en el sujeto gramatical), mientras que en la formulación final se dice «el ello es inconsciente», o «las defensas yoicas son inconscientes» (‘inconsciente’ es adjetivo y está en el predicado).

e) Las instancias y sus conflictos

El punto de vista tópico tomado aisladamente nos muestra la parte estática del aparato psíquico. Pero este aparato tiene su dinámica, que aparece cuando entre las instancias surgen los conflictos (y que también involucran simultáneamente alianzas con otras instancias).

No se puede aislar una de otra las 4 funciones del yo: trabarse en lucha con las exigencias instintivas, con el superyó y con las exigencias del mundo externo: deben unificarse estas tres esferas interdependientes de acuerdo con el principio de la «función múltiple» (Fenichel, 533). Incluso hay trastornos que derivan de la forma de coordinar los impulsos provenientes de las tres fuentes, es decir, la función múltiple del yo puede estar a su vez perturbada (Fenichel, 582).

Aclaramos que este principio de la función múltiple no es de Freud sino de Waelder, pero ayuda a la comprensión del tema: habla de una tendencia a lograr el máximo resultado con el mínimo esfuerzo. Por ejemplo, un acto que satisface una exigencia ambiental puede, también, gratificar el instinto y satisfacer al superyó (Fenichel, 522).

Las relaciones entre las instancias influyen a su vez sobre las relaciones con otras instancias. Por ejemplo, los conflictos entre el yo y el ello o entre el yo y el superyó, obligan al yo a cambiar su conducta con los objetos externos (Fenichel, 566).

A pesar de esta complejidad en las interrelaciones, expondremos brevemente cada conflicto por separado, por razones didácticas.

El esquema 2.11 muestra que hay dos tipos de conflictos, a los que podemos calificar como intersistémicos (entre instancias) e intrasistémicos (dentro de cada instancia).

Como puede verse, se ha considerado también como instancia a la realidad externa: por varias razones Freud mismo se vio inducido a atribuir a la realidad misma el papel de una verdadera fuerza autónoma, casi como el de una instancia del aparato psíquico (Laplanche, 323).

Examinemos ejemplos de cada tipo de conflicto.

1 YO-ELLO Es el conflicto central en las neurosis, donde el superyó puede aliarse con el ello o bien con el yo, según el tipo de trastorno neurótico. También está involucrada una alianza yo-realidad externa contra el ello, de manera que, a partir del conflicto de base yo-ello, tenemos las siguientes variantes:

a) Yo+Realidad versus Ello: el yo del neurótico obedece al mundo externo y se vuelve contra el ello mediante la iniciación de una represión (Fenichel, 492).

b) Yo+Realidad+Superyo versus Ello: en las neurosis el yo obedeciendo las exigencias de la realidad (y del superyó), reprime las reivindicaciones pulsionales (Laplanche, 323).

c) Yo versus Ello+Superyo: Especialmente en las neurosis obsesivas, todas las defensas yoicas usadas contra los instintos pueden terminar también dirigidas contra los sentimientos de culpa provenientes del superyó (Fenichel, 157).

En esta fórmula vemos también otro aspecto: una alianza ello-superyo. Esto sucede en los casos de una reacción regresiva grave, cuando las funciones del superyó pueden sexualizarse una vez más o pueden resultar impregnadas por la agresión, adoptando una calidad de destructividad primitiva (habitualmente anal), que refleja la calidad de los impulsos destructivos en cuestión (Kaplan, 82).

Además, se supone que las energías del superyó derivan del ello, esto es, que la tendencia a la autoagresión del superyó proporciona un escape a los impulsos agresivos propios del sujeto. Tal es un ejemplo de vuelta contra sí mismo (Rycroft, 111).

El conflicto yo-ello no implica necesariamente neurosis: el yo en su función defensiva normal ejerce cierto control sobre la vida instintiva (Kaplan, 81), y sólo cuando la intensidad de esta oposición conflictiva pasa cierto umbral, se crean las condiciones para la instalación de la neurosis.

2. YO-REALIDAD EXTERNA

Es el conflicto central en las psicosis. El yo del psicótico se aparta del mundo externo, que pone límites a su libertad instintiva. Fenichel indica que esta fórmula simplista en rigor se aplica a una minoría de casos de psicosis alucinatorias (Fenichel, 493).

En realidad casi siempre ocurre, como en la esquizofrenia, que apartarse de la realidad no sirve al propósito de lograr mayor placer instintivo, sino al de combatir las tendencias instintivas hacia los objetos. La realidad es repudiada más por las tentaciones que encierra que por sus efectos de frustración (Freud, El principio de realidad en las neurosis y psicosis, ejemplo de la joven enamorada del cuñado).

3. YO-SUPERYO

Hemos visto como yo y superyó pueden entrar en conflicto en el contexto de las neurosis (caso 1-c, arriba), pero aquí indicaremos el conflicto yo-superyo como característico de la melancolía (ubicada por Freud como neurosis narcisista). Indica Laplanche que fue la consideración de los delirios de autoobservación, de la melancolía y del duelo patológico lo que llevó a Freud a plantearse la oposición entre yo y superyó (Laplanche, 420).

En la melancolía, el objeto perdido es introyectado, formando parte del yo, es decir una parte del yo se identifica con el objeto perdido (Freud, DUELO Y MELANCOLíA). A partir de aquí pueden darse dos posibilidades, según que el objeto introyectado se ponga del lado del yo, o del lado del superyó:

a) Yo+objeto introyectado versus superyó;

b) Yo versus superyo+objeto introyectado.

(Véase Fenichel, 443, 447-448).

4. SUPERYO-REALIDAD EXTERNA

Alexander plantea la posibilidad de que un ambiente infantil desusado haya dado lugar a la formación de un superyó cuyas valoraciones son contrarias a las del superyó corriente en una sociedad determinada (Fenichel, 563).

5. ELLO-REALIDAD EXTERNA

Es necesario que previamente un conflicto originario entre el ello y el mundo externo sea transformado en un conflicto entre el ello y el yo, para que pueda producirse un conflicto neurótico (Fenichel, 155; Kaplan, 79-80). En rigor, entonces, el conflicto Ello-mundo externo revela (o es reducible a) un conflicto Ello-yo (Fenichel, 156).

6. ELLO-SUPERYO

La descarga pulsional del ello es contrarrestada o regulada, además del yo, por el superyó, que contiene internalizados los valores morales (Kaplan, 79).

7. ELLO-ELLO Hablamos aquí de la posibilidad de conflictos entre pulsiones. Por ejemplo, el eterno conflicto entre las pulsiones de vida y muerte (o entre pulsiones libidinales y agresivas).

Sin embargo, por otro lado Freud indica que en la esfera del ello no hay contradicciones, y que instintos de fin contradictorio pueden ser satisfechos uno tras otro o hasta simultáneamente (Fenichel, 155).

Hechos clínicos parecen probar que unos instintos pueden coartar otros instintos, como en la sobrecompensación de un impulso mediante un impulso opuesto, y más concretamente, cuando la homosexualidad puede reprimir impulsos heterosexuales, o el sadismo reprimir el masoquismo (Fenichel, 154 y 582).

En rigor, en tales casos el conflicto es intersistémico (yo-ello), pues uno de los instintos representa al yo, es decir es apoyado por una defensa yoica o fortalecido para servir a esa defensa. Uno de los instintos aparece entonces como defensa frente al otro, con lo cual los conceptos de ‘instinto’ y ‘defensa’ pasan a ser relativos. Fenichel concluye, a partir de esto, que el hecho de que existen conflictos entre instintos no obliga a cambiar la fórmula conocida de que el conflicto neurótico tiene lugar entre el Ello y el yo (Fenichel, 155).

Con tales comentarios, Fenichel busca un esclarecimiento de las formulaciones de Freud, cuando este sostiene que el conflicto neurótico tiene lugar entre pulsiones, es decir, entre el Ello y el Yo (Freud, EL YO Y EL ELLO; NEUROSIS Y PSICOSIS).

En efecto, preocupado por dar al yo, simétricamente a la sexualidad, un soporte pulsional, Freud se ve inducido a describir el conflicto como la oposición entre las pulsiones sexuales y las pulsiones del yo (Laplanche, 464).

8. YO-YO

No hablaremos aquí del tradicional jueguito que desveló nuestras horas infantiles, y porqué no adultas. Si partimos de la base que el yo produce síntomas, estos síntomas pueden a su vez alcanzar cierto monto de displacer, y entonces el mismo yo puede montar defensas contra ellos.

Así por ejemplo, Fenichel indica que el yo puede montar defensas contra sus propios síntomas cuando advierte que estos expresan con demasiada evidencia instintos rechazados. Mientras no sean muy intensos o mientras predomine su significado de defensa, podrán ser tolerados (Fenichel, 512).

En rigor el yo monta su defensa contra el síntoma en tanto este representa la pulsión emergente, con lo cual este conflicto intrasistémico podría traducirse o hacerse derivar de un conflicto intersistémico yo-ello.

9. SUPERYO-SUPERYO

Después de la instauración de un superyó ‘normal’, circunstancias ulteriores pueden dar lugar a la creación de un doble ‘parasitario’ de este superyó, de tendencia opuesta al primero (Fenichel, 563; Freud, Introduction to Psychoanalysis of War Neuroses, 1921).

Laplanche da otro ejemplo, cuando habla de un posible conflicto entre los polos de identificación paterno y materno, dentro del superyó (Laplanche, 79).

En síntesis, muchos conflictos intrasistémicos pueden reducirse a conflictos intersistémicos, y muchos de estos últimos, a conflictos del yo con las demás instancias.

http://sites.google.com/site/pcazau/

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